LA RESPONSABILIDAD DE SER QUIEN SOY


Basta prestarle atención a las conversaciones del día a día con familiares, amigos, colegas, compañeros de trabajo, etc. para caer en cuenta que en un altísimo porcentaje, cuando se tratan asuntos o problemas que afectan particularmente a una persona, con mucha facilidad esta persona encuentra que tales problemas tienen su origen en el entorno, poniendo la responsabilidad o “culpa” afuera. Así entonces se escuchan juicios como: “es que mi jefe es un amargado”, “mi pareja me hace enojar”, “no estudié porque no tuve quien me ayudara”, “es que mis hijos no quieren entender que…”, “es que con este gobierno…, con este patrono…, con este clima…” y así un sinnúmero de argumentos que si bien pueden servir de alguna forma de alivio, ya que elimina los juicios hacia sí mismo que muy pocos quieren aceptar, por otro lado representa una casi absoluta imposibilidad de reacción para abordar satisfactoriamente la situación que en un momento dado o incluso por años viene afectando a la persona, ya que desde esta manera de ver, escuchar y sentir al mundo, siempre será el entorno el que ha de moverse o actuar para que las personas puedan ser más o menos felices.

La Responsabilidad:
El concepto de Responsabilidad desde el punto de vista psicoterapéutico es uno de los pilares fundamentales que toda persona ha de entender si quiere realmente avanzar en su salud mental y emocional. La Psicoterapia Gestalt ha sido una de las corrientes que más ha aclarado el punto, siendo la Responsabilidad uno se sus principios fundamentales, el cual consiste en que las personas han de hacerse responsables de todo lo que dicen o hacen en su vida, independientemente del esfuerzo o resultados de tales acciones. Es entender que siempre soy “yo” quien decido hacer lo que hago, decir lo que digo, vivir o trabajar donde vivo o trabajo.

Historia y Cultura:
Lamentablemente, tal vez por razones de costumbre y hasta culturales, desde pequeños empezamos a aprender que las cosas que nos ocurren generalmente responden o tienen su origen en el entorno, entendiendo por este entorno a todo aquello animado o inanimado al que haremos responsable, o como popularmente se habla “le echaremos la culpa” de todo lo que nos sucede. De esta forma ya cuando el niño está empezando a caminar y por razones obvias de su proceso de aprendizaje tropieza con la mesa y cae, nunca falta un familiar que alienta al niño pegándole a la “mesa maluca” que se atravesó en su camino. Desde allí comienza el aprendizaje que seguirá en el colegio, donde en su proceso natural de aprendizaje y adaptación tendrá diferencias con otros niños, pero escuchamos a su mamá que dice “él no golpea a otros niños, él se defiende… el otro empezó”, y así sigue el niño aprendiendo que la maestra es buena o mala, que el profesor “lo raspó”, y va creciendo siempre viendo afuera la responsabilidad, encontrándose de adulto con las naturales excusas que lo libran de todo pecado, que si no tuve un padre, que si el jefe, que si el gobierno, que mi pareja, que el clima o cualquier persona o aspecto del entorno a quien pueda recostar esa responsabilidad.

Una cuestión de elección:
Como expresa Jorge Bucay, en su libro Cuentos Para Pensar, “…si bien es cierto que yo no puedo hacer todo lo que quisiera hacer, es absolutamente cierto que cualquiera puede No hacer lo que No quiera hacer”. De manera que entonces soy totalmente responsable de todo lo que hago o dejo de hacer y por ende de sus consecuencias. Que lo hago por evitar algo, para conseguir algo, por alguien, etc. No importa, siempre será mi elección y mi responsabilidad.
También de esta manera estaré tomando conciencia que no es el otro quien puede hacerse cargo de mis elecciones, ni yo, a menos que yo lo quiera, hacerme cargo de las suyas. Porque salvo cuando somos niños y forzosa y necesariamente somos totalmente dependientes, siempre seremos responsables de lo que elegimos ser, no importa que queramos echarle la culpa al medio, a las circunstancias o a los otros. Se trata de una elección. Elegimos lo que queremos ser o hacer, elegimos a nuestros amigos, elegimos a nuestra pareja, donde aceptamos trabajar, nuestros comportamientos, y algunos con razón podrán decir, bueno pero no elegimos a nuestros padres o a nuestros hijos, sin embargo siempre será nuestra elección aceptar o no manipulaciones, mandatos, maltratos, malcriadeces, etc. De modo que siempre será nuestra responsabilidad.

Soy “Yo” no es “Uno” o “La Gente”:
Una manera de darse cuenta y tomar más conciencia de los problemas que nos toca enfrentar es prestándole atención a nuestro lenguaje. Aunque estemos haciendo ver que nos referimos a nosotros mismos, no es lo mismo decir por ejemplo “porque uno en esta situación se tiene que molestar” a decir “Yo ante esta situación me molesto”. Cuando digo “uno”, “la gente” u otra generalización, no hago referencia a alguien en especial y asumo que el hecho afecta por igual a todas las personas, de manera que pareciera que se escapa de mis manos la posibilidad de actuar para que “a mi” y no “a uno” o “a la gente” me deje de molestar tal situación, o ponga los límites asertivamente para evitar que se repita o siga ocurriendo.
Por otro lado “uno se tiene que molestar” deja una obligación ficticia de “tener” que molestarse. Se trata de convertir el lenguaje impersonal en personal y aprender a asumir la responsabilidad de nuestras acciones o reacciones, siendo entonces un ser más activo que hace cosas, en lugar de un ser pasivo al que le suceden las cosas.

La responsabilidad y el cambio:
Como ya lo he expresado, colocar la responsabilidad afuera puede representar cierto alivio que puede evitar un desagradable sentimiento de culpa, sin embargo es muy importante destacar que a la vez que repartimos culpas y responsabilidades, se hace más difícil poder avanzar en la solución de situaciones o problemas que hemos de enfrentar, ya que por definición, si la causa está afuera, no depende de mi actuar para generar un cambio, sólo me quedaría esperar o pedir a Dios que los otros cambien. El problema está en que yo tengo todo el poder para hacer cambios en mí mismo, pero muy poco poder, por no decir cero poder, para hacer que los demás cambien.
Se trata entonces de dos elementos claves y necesarios para el cambio, aceptar mi responsabilidad y por supuesto querer el cambio con todas sus posibles consecuencias.
Cierta colega en ton de adivinanza me preguntó ¿cómo hace un psicólogo para cambiar un bombillo? y luego de dar algunas respuestas fallidas, me acotó, “no hace nada, simplemente espera que el bombillo quiera cambiar”. Esta metáfora ilustra la falacia de pensar que el psicólogo, el psiquiatra, el sacerdote, el sanador, el astrólogo, el docente o cualquier otro con funciones similares pueda tener el poder de cambiar a alguien que no quiera cambiar. Sencillamente no es posible.
Es necesario aceptar e involucrarme con la totalidad de lo que estoy haciendo, así como sentir que soy yo quien lo está sintiendo. Es necesario tomar la responsabilidad de mis emociones y entender que queramos o no, somos absolutamente responsables de nosotros mismos. Y esto es también entender que no somos responsables de los problemas de las otras personas, que así como entiendo y asumo mi responsabilidad, cada quien ha de hacer igual con lo suyo. Acotación que hago, dada la cantidad de personas que viven lamentándose porque "tienen" que ayudar o hacerse cargo de problemas de familiares o amigos. Por supuesto no significa que esté mal ayudar a alguien, lo que no me parece bien es hacerlo como una obligación.

Asumiendo el control responsablemente:
La invitación entonces es a que tomemos y aceptemos el control para dirigir nuestra vida. Se trata de vivir como yo quiero y no como los demás quieren, porque aun con nuestros sentimientos y emociones, los cuales no planificamos sino que aparecen como reacciones ante eventos internos o externos, hemos de entender que estas son reacciones derivadas de nuestros pensamientos, de manera que aunque sea de forma automática e inconsciente también tengo cierta responsabilidad en tales emociones, y aún más somos completamente responsables de lo que hacemos como consecuencia de esos sentimientos o emociones. Se trata de una fórmula sencilla, ante el evento, sea este externo o interno, dejamos rodar un pensamiento que desencadenará la emoción y la consecuente reacción, y ¿quién puede hacerse responsable de mi pensamiento?. No es que alguien me ofenda, es que yo me siento ofendido; no es que mi pareja me maltrata, es que yo acepto ser maltratado; no es que el jefe o en mi trabajo abusen de mi, es que yo me siento abusado o permito que abusen de mi…, y pudiera llenar hojas con ejemplos, lo que siempre estará presente es que con esta manera de vivir siempre habrá algo o alguien que tendría que cambiar para yo poder ser feliz. Bien vale la pena mantener y no ceder ese poder y estar dispuesto a decir “yo soy quien soy y de eso me hago responsable”


GERARDO J. VELÁSQUEZ D.
gvelasquez9@gmail.com