LAS SECUELAS DE LOS EVENTOS TRAUMATICOS

Por distintas razones, de orden natural, social, político, etc. siempre existe la posibilidad que una persona, cuando menos se lo espera, pase por un momento de angustia intensa, desesperación o de un impacto emocional severo, comúnmente conocido como momento o evento traumático, donde por lo general puede estar en peligro su vida, su integridad física o emocional o de alguien cercano, o sencillamente le toca presenciar ese peligro, esa muerte o daño en otras personas.
Cuando lamentablemente una persona pasa por una experiencia donde ha vivido algún peligro o se ha sentido imposibilitada ante una situación muy estresante e inesperada, como un accidente severo, una catástrofe natural, un atraco o secuestro, u otro evento altamente traumático, generalmente, en los días siguientes suele haber momentos en que esta persona experimenta crisis ansiosas con miedos intensos a través de recuerdos, sueños o pesadillas, en oportunidades sin motivo aparente o en ocasiones en que es expuesta a situaciones o estímulos similares o asociados.
Se puede afirmar que estas reacciones están dentro de lo esperado como normal en la mayoría de las personas, que a medida que van pasando los días van modificando la emoción asociada al recuerdo para crear y recuperar la tolerancia al contenido de dichos recuerdos.
Sin embargo, hay personas que presentan una sintomatología más severa y con mayor frecuencia, muy comúnmente en las primeras semanas siguientes al evento traumático. En estas personas es frecuente observar:
- aparición de crisis de desesperación
- permanentes sueños y pesadillas donde reviven lo sucedido
- sentimientos de culpabilidad por seguir vivo o no haber podido evitar lo ocurrido
- bloqueos psicológicos con reducción de la expresión de los sentimientos llegando incluso a presentar crisis de amnesia que le impiden recordar el evento traumático
- reducción o pérdida de interés en actividades antes placenteras
- sensación de un futuro de desolación y restricción de la vida afectiva

El Stress Postraumático
Cuando la frecuencia e intensidad de estos síntomas no va desapareciendo en los treinta días siguientes al evento traumático e incluso siguen presentándose mucho tiempo después de lo sucedido, se considera que la persona ha desarrollado un cuadro de Stress Postraumático, con consecuencias muy limitadoras que afectan el normal desenvolvimiento de la persona en su entorno familiar, social y laboral, que la puede llevar a traumas mayores que imposibiliten su reinserción a la cotidianidad.
La persona que ha desarrollado un stress postraumático comúnmente tiende a organizar su vida alrededor del trauma, lo cual imposibilita la integración de esa experiencia traumática a los otros eventos de su vida. Aún años después de ocurrido el acontecimiento la persona refiere que las experiencias revividas son tan vivas como cuando ocurrieron.
Por supuesto que la vulnerabilidad emocional de la persona, así como la magnitud del evento van a ser relevantes para el desarrollo y la severidad del trastorno. Por ende el significado y valoración que cada uno de a lo sucedido será factor determinante para el desarrollo y posterior recuperación.

El tratamiento vs. La evitación
Cuando un familiar o amigo, está pasando o ha desarrollado la sintomatología propia del Stress Postraumático, lejos de actuar con evitación, como por ejemplo no hablar del problema o evitar todo estímulo que pueda asociarse al evento, lo ideal es orientarlo hacia la posibilidad de ser tratado terapéuticamente. Para ello existen modalidades como la farmacoterapia, la psicoterapia, la terapia familiar y de grupo y otras técnicas terapéuticas que suelen incluso combinarse para obtener los mejores resultados para que la persona logre integrar la experiencia traumática con otros eventos de su vida.
Abrir un espacio para experiencias nuevas y gratificantes es altamente recomendable, como nuevas experiencias asociadas al placer, actividades físicas o al aire libre, actividades artísticas, ejercicios de relajación, etc.
En todo caso, es importante tener en cuenta que no se trata de “borrar” o pensar que la experiencia vivida va a desaparecer del repertorio de vida de la persona, de lo que se trata es que pueda ser asimilada como tal, que pase a ser parte de su vida y la persona recupere su normal interacción psicosocial.

Gerardo J. Velásquez D.
Psicólogo
gvelasquez99@cantv.net

EL MIEDO AL ÉXITO


Es muy frecuente encontrar a alguien que se lamenta de no obtener los logros en los objetivos y metas que se plantea, también hay personas que emprenden proyectos personales, de estudio, negocio, etc. dejándolos a medio camino y en otros casos sencillamente vemos como muchas personas viven en un aparente conformismo con la vida. Sin embargo al analizar muchos de estos casos podemos detectar que detrás de esos lamentos, frustraciones, indecisiones o aparente conformismo, se esconde con mucha frecuencia un gran miedo a no saber como manejar su vida con las consecuencias que acarrea el solo hecho de haber alcanzado el éxito.
Y es que, aunque todos de una u otra forma desean o sueñan con el éxito, son muy pocos los que empiezan y se mantienen en su proceso hasta alcanzar ese sueño.


Lo primero a considerar: Como hemos compartido anteriormente, sabemos que el miedo es simplemente una emoción y que esta emoción la vamos a experimentar cada vez que nos toca enfrentar un cambio. El problema se presenta cuando a causa de este miedo generamos una especie de parálisis disfrazada en excusas, saboteos, indecisiones, desconociendo o peor aún negando, que es el miedo lo que está generando esos obstáculos.
¿Qué pasaría si alcanzo mi proyecto?, ¿cómo sería si alcanzo mi objetivo?, ¿y qué tal si fracaso?, ¿cómo me verán mis familiares o amigos que se han quedado estancados?. Estas y muchas preguntas parecidas pueden ayudarnos a precisar a qué específicamente le tenemos miedo. En otras palabras jugando con la imaginación acerca de nuestras actitudes y por supuesto analizando las creencias sobre los supuestos fracasos, el cambio, lo desconocido, los juicios de los familiares, amigos, compañeros de trabajo, la envidia, o la posibilidad de mantenernos o no con el éxito alcanzado.
Si hacemos una reflexión acerca de los “inconvenientes” que presentamos que nos impiden conseguir nuestros objetivos o metas en el camino de nuestros sueños, será necesario revisar las consecuencias que van implícitas con el éxito. Solo identificando nuestros temores podremos enfrentar y actuar sobre los mecanismos que consciente o inconscientemente desarrollamos para auto sabotearnos.


Mecanismos de sabotaje:
Cuando estamos anclados como consecuencia del miedo, sea este miedo consciente o inconsciente, vamos a desarrollar una serie de mecanismos para torpedearnos el camino y de una u otra manera encontrar justificaciones que nos convierten muchas veces en victimas y en consecuencia libres de “culpa”, ya que me siento mejor cuando digo “es que no puedo o no he podido”, a cuando digo “no he querido, o tengo miedo de…”. Entre estos mecanismos podemos citar como muy comunes los siguientes:

La postergación: Es muy común evitar o postergar conscientemente lo que se percibe como desagradable o incómodo. El problema se presenta cuando esta postergación se convierte en una estrategia de nuestro vivir cotidiano, haciendo rutina la evasión a través de este mecanismo. De manera que se convierte en un hábito el aplazar o postergar en forma sistemática las tareas que se imaginan dificultosas, desagradables o incómodas. Muchas veces esta conducta no termina en el "no hacer" sino que se complementa con una serie de actividades sustitutas que resultan más placenteras y una batería de justificaciones que solo alejan la posibilidad de alcanzar el temido éxito.

El no asumir la responsabilidad: Es imposible generar un proceso de cambio si no asumimos plenamente la responsabilidad de ese cambio. Cuando un objetivo no depende de lo que yo haga, sino de lo que pase en el entorno, de lo que hagan o decidan otras personas, de que me gane la lotería, evidentemente será un objetivo mal formulado y estará muy lejos la posibilidad de verlo alcanzado. Es necesario hacerse cargo responsablemente de todos los elementos envueltos, como la administración del tiempo, de los recursos, de las decisiones y sus consecuencias. Las personas exitosas, se ocupan en descubrir qué hicieron mal, reconocen sus fallas y enseguida proceden a corregirlas, en vez de culpar a otros. Esta disposición de admitir y corregir errores es consecuencia de su sentido de responsabilidad.

La falta de perseverancia: En todo camino vamos a encontrar obstáculos. Si cada vez que estamos ante una interferencia vamos a pararnos o a desviar el curso, jamás vamos a lograr el trayecto trazado. Se puede decir que la perseverancia es una característica común que marca y separa a los triunfadores del resto de las personas que no lo son, sea este triunfo en la ciencia, los negocios, el deporte o cualquier proyecto que se establezca como meta. Muchas veces se emprende un proyecto con mucho convencimiento que todo será muy fácil y pronto nos damos cuenta que la tarea no es tan sencilla. En ese momento viene la sensación de desánimo y en consecuencia el abandono. Lo cual suele repetirse con mucha facilidad no importa el objetivo que se trace.

Si nos damos cuenta que estamos postergando mucho, que encontramos muchas circunstancias ajenas que entorpecen nuestros proyectos, o que abandonamos fácilmente ante las dificultades, probablemente estemos utilizando estos mecanismos para evadir y no enfrentar al miedo.

Revisando algunas creencias:
Muchas veces el miedo al éxito está en las creencias, las cuales suelen constituirse en el principal elemento motivador o inhibidor.
Por ejemplo la creencia de que las personas exitosas no comenten errores. La verdad es que los errores son parte de todo proceso de aprendizaje. Es entender que el problema no está en no cometer errores, sino aprender de tales errores y NO repetirlos.
Otra creencia es que para ser exitoso hay que sacrificarse, sacrificar la familia, el disfrute y hasta trabajar de sol a sol. Siendo la realidad que el éxito no depende de un exagerado sacrificio, sino de una adecuada planificación, ejecución y constancia.
Otras veces está en creer que el triunfador es autosuficiente y no requiere ni recibe ayuda, lo que obviamente se convierte en una gran limitante. El pedir ayuda y apoyarse en otros es algo absolutamente normal y que en ningún momento ha de restar mérito a los logros alcanzados.
Por último, el significado que le damos al fracaso, se puede convertir por sí solo en un gran miedo, al extremo que preferimos quedarnos estancados y renunciar a nuestros sueños sólo para evitar la derrota. Si en lugar de hablar de fracasos los tomáramos como resultados distintos a lo esperado, o como lo plantea la Programación Neurolingüística, como una información para aprender y corregir, tal fracaso pasa en realidad a ser un medio de aprendizaje y el empuje para seguir en el proceso.

Algunos factores a considerar:
Si nos hemos dado cuenta que el problema radica en el miedo a enfrentar las consecuencias que conlleva el triunfar, entonces nos queda identificar las estrategias que hemos venido utilizado para sabotearnos las posibilidades de ese triunfo. Así, además de los mecanismos antes citados hemos de revisar por ejemplo:
¿Con qué tipo de personas nos estamos relacionando?. ¿Estas personas nos inspiran la motivación o nos desaniman o refuerzan nuestras limitaciones?. Podemos asegurar que es fácil contagiarnos con el entusiasmo o el desánimo de las personas que nos rodean.
¿A qué le prestamos más atención, al trecho recorrido o a lo que nos falta recorrer?. Muchos abandonan la lucha porque tienen la impresión de que les falta mucho trecho que recorrer para llegar a la meta. Esta actitud conlleva a una predisposición a abandonar.
¿Qué tan convencidos estamos de lo que queremos?. ¿Es real el deseo o es parte de la ficción o el juego para bloquearnos la voluntad?. Sabemos que la voluntad es lo que nos impulsa a movernos en la dirección que queremos, de manera que todo lo que interceda en esa voluntad será discordante en el camino hacia los objetivos o metas propuestas.
¿Se ha hecho un hábito o costumbre el no terminar lo que se inicia?. Esta costumbre puede estar anclada de algunos resultados poco satisfactorios en la vida de la persona. Al no haber conseguido las recompensas que esperaban, algunas personas desarrollan una actitud mental que los inclina a no querer esforzarse inútilmente según su manera de ver o sentir las cosas, por algo que no se da rápidamente.

Si puedes convertirte en triunfador: Una vez aclarados los verdaderos temores, las estrategias y mecanismos que solemos utilizar y la certeza de lo que realmente queremos hacer, será entonces más fácil pasar a la acción en aras de hacer realidad nuestros sueños. La gran diferencia entre el que triunfa y el fracasado, es que el triunfador enfrenta problemas y temores igual que el fracasado, pero el triunfador se sobrepone, aprende y sigue adelante.
Vale la pena descubrir qué queremos de la vida, plantearnos las metas que nos permitirán alcanzar eso que queremos y ejecutarlas. Entender y enfrentar nuestros miedos, en lugar de negarlos, será tan importante como la confianza en nosotros mismos y la convicción de que podemos alcanzar los logros propuestos.

Gerardo Velásquez
Psicólogo
gvelasquez99@cantv.net

LAS FALSAS PROMESAS PARA EL AÑO NUEVO


LAS FALSAS PROMESAS PARA EL AÑO NUEVO
Una vez más nos preparamos para iniciar un nuevo año llenos de esperanzas y con el compromiso de llevar adelante unas cuantas promesas. ¿Pero realmente son compromisos esas promesas o sencillamente son palabras que se llevará el viento? ¿Volverán a ser solo palabras pronunciadas como una costumbre más de las actividades que culturalmente se incluyen en la celebración de la llegada de un nuevo año?
Es interesante hacer un alto para recapacitar sobre esas promesas que, en la mayoría de los casos solo en unos pocos días ya ni siquiera se recordarán, o peor aún en otros se convertirá en una nueva sensación de frustración de no lograr los objetivos o cambios propuestos.

Muchas veces se inician las acciones con mucha euforia, pero al pasar los días esa euforia empieza a ceder terreno para continuar en la misma “zona de costumbre”, con las mismas rutinas, los mismos proyectos congelados, la misma actitud y comportamiento ante familiares y amigos, etc.

Yo me atrevo a asegurar que por ser tales promesas parte de un ritual que acompaña la celebración, como el abrazo, el brindis, la ingesta de las uvas y otras costumbres de acuerdo a la tradición, no están acompañadas de la verdadera intención que requiere una decisión de cambio y por supuesto, no representan un compromiso real sino una parte más de la fiesta.

¿Porqué esperar para el año nuevo?
El solo hecho que tengamos que esperar un nuevo año para hacer cosas que bien pudiéramos iniciar en cualquier momento ya le resta seriedad y por ende da poca probabilidad a que se lleven a cabo tales promesas.
Prometemos buscar un nuevo empleo, cambiar el régimen alimenticio, comprar un carro nuevo, ir al gimnasio y hasta cambios de comportamiento con nuestros seres queridos como ser más tolerantes, ser mejores padres o hijos. Podemos imaginarnos qué tan seria puede ser una promesa por ejemplo de hacer una dieta, supuestamente pensando en un beneficio para mi salud, pero a la vez diciendo como es bastante común escuchar “déjame comer de todo porque el lunes empiezo una dieta”, esta promesa será tan seria como afirmar “ya que a partir del mes que viene empezaré a abrazar a mis hijos, por ahora puedo seguir ignorándolos o golpeándolos”. Aunque parezca absurdo, el mensaje que damos a nuestro inconsciente cuando postergamos cambios u objetivos es que tales cambios u objetivos no son verdaderamente importantes y por ende innecesarios.

Querer versus Tener o Necesitar
Nunca será igual llevar a cabo acciones pensando que tengo la obligación de hacerlo a cuando existe el interés y el deseo genuino de llevar a cabo tales acciones. En eso está en juego gran parte de los bloqueos que impiden que se hagan algunos cambios que conscientemente nos decimos que vamos a hacer. Como he mencionado en otras oportunidades, cuando acepto que siempre es mi elección hacer o no hacer, entonces será más congruente y por ende más factible que se puedan generar los cambios.
No es lo mismo decir “quiero mantener una buena figura y mejorar mi salud”, que “estoy muy gordo y tengo que rebajar”. No es lo mismo decir “me gusta vestir y comer bien y esto lo obtengo si mantengo un trabajo estable”, a decir que tengo que trabajar por el “bozal de arepa” que representa mi trabajo. Evidentemente la motivación será diferente y el resultado igualmente diferente.

Si revisamos la manera en que nos motivamos a hacer las cosas, vale la pena revisar el lenguaje que usamos. En la Programación Neurolingüística (PNL) estas formas se denominan Operadores Modales, asociados al “tengo”, “quiero”, “voy a” o “necesito” en los cuales se pueden observar importantes diferencias: “Tengo Que” está vinculado con el dolor, el esfuerzo, lo pesado, la obligación y la clásica tarea, resultando ser una forma muy pesada para motivarnos; “Voy A Hacerlo” es directo y te lleva a la acción sin muchos cuestionamientos. El inconsciente recibe una orden precisa sobre la acción o tarea a realizar; “Quiero Hacerlo” es mucho más efectivo ya que une la acción con el compromiso personal de tener la voluntad de hacer las cosas como una opción voluntaria y no obligada. Por último, “Necesito Hacerlo” es muy parecido al "Tengo Que" con una connotación de obligación a la tarea, aunque justificada y razonada en términos de nuestras necesidades conscientes.

Las interferencias y la formulación de los objetivos
Normalmente no realizamos o postergamos los cambios por diversos factores. Como cita Robert Diltz, la fórmula del cambio es muy sencilla, simplemente se trata de saber el estado donde estamos e identificar el estado ideal donde queremos estar. Sin embargo, aun con los recursos y la disponibilidad para llevar adelante el cambio, activamos interferencias o bloqueos que entorpecen el logro de los objetivos de cambio. Entre otras interferencias están las creencias, la flojera, el miedo al cambio, la inseguridad, falta de convencimiento, falta de compromiso o simplemente porque en el fondo es algo que no deseamos hacer pero no reconocemos.
Conociendo que existen tales interferencias y peor aún, que en gran medida son bloqueos inconscientes, podemos apoyarnos en la propuesta de la PNL para la formulación de objetivos, con una técnica sencilla guiada por simples preguntas que me permito extraer del “Cuestionario de la Buena Forma” presentado por Judith de Lozier y expuesto por Alexa Mohl en su libro “El Aprendiz de Brujo”:
Expresarlo en forma positiva: Implica lo que uno quiere hacer, no lo que no quiere hacer. ¿Qué es lo que específicamente quieres o deseas?. El cerebro no distingue de afirmaciones positivas o negativas. Decir "No quiero tener sobrepeso" es codificado solo con el término sobrepeso. En su lugar es ideal decir por ejemplo "Quiero estar delgada".
Demostrable en forma sensorial: Ver, escuchar y sentir como sería una vez alcanzado el objetivo. ¿Cómo te darías cuenta que lograste el objetivo? ¿Que verás, oirás, sentirás?. Muchas veces ni siquiera podemos darnos cuenta que estamos alcanzando el objetivo.
Especificado y contextualizado: Definir los contextos en los que se desea y en lo que no se desea. ¿Cuándo, dónde, con quién lo deseas? ¿Cuándo, dónde y con quién no?. Decir por ejemplo en cualquier momento o más adelante lo hago, es casi siempre seguro que ese momento no llegará.
Iniciado y mantenido por el propio sujeto: El logro del objetivo debe basarse en los propios recursos y no en los de otras personas. ¿Qué necesitas para lograrlo? ¿Qué te impediría lograrlo? ¿Depende de ti lograrlo?. Muchas de las promesas u objetivos están basadas más en deseos de que ocurran cosas que escapan a nuestra responsabilidad y posibilidad. No depende de mi que mi hijo sea médico, o que me den el ascenso al que estoy aspirando.
Chequeo ecológico: El objetivo debe ser coherente tanto con las creencias y otros objetivos de la persona, como con el medio inter-personal en que se desenvuelve. ¿En qué te beneficia si lo logras? ¿Qué podrías perder si lo logras? ¿Cómo afectará a tu entorno si lo logras? ¿Cómo afectará tu vida futura?. Muchas veces el logro de un objetivo puede convertirse en un problema mayor e inconscientemente desarrollaremos la interferencia para evitar ese problema. Por ejemplo, el temor a la reacción de un marido celoso al verse más delgada y atractiva. O tengo la creencia que cambiar de residencia o empleo me alejará de personas queridas.
Que valga el esfuerzo: Evaluar que la inversión afectiva y material justifique lo que se desea alcanzar. ¿Vale el esfuerzo que he de realizar? ¿Lo cambiaría por otro objetivo?. Muchas veces los objetivos o cambios planteados se hacen por la moda, la voluntad o deseos de otras personas, resultando por ende una gran carga emocional el camino hacia su logro.

LA CONGRUENCIA Y LA CONSTANCIA
En todo caso, se trate o no de un nuevo año, el secreto siempre estará en la congruencia total de lo que queremos ser y hacer en todos sus sentidos. Es estar convencidos que la vía más expedita de configurar nuestras vidas consiste en emprender la acción, para, como suelo repetir frecuentemente, HACER QUE LAS COSAS SUCEDAN. Siempre existirán los temores al fracaso y el miedo al cambio. Sin embargo algunos pueden quedarse a esperar que los deseos se hagan realidad, mientras otros llevarán adelante las acciones necesarias para alcanzarlos. De cada uno dependerá el grupo al que queremos y elegimos pertenecer.

Gerardo J. Velásquez D.
Psicólogo
gvelasquez99@cantv.net

LAS DROGAS, DESTRUCCIÓN Y PERDICIÓN DE LA ADOLESCENCIA


Volviendo al tema de la adolescencia, en esta oportunidad quiero avocarme a un aspecto bien delicado que afecta a un gran número de familias, como es la adicción a las drogas y su impacto en la adolescencia, ya que es precisamente en esta etapa donde suele iniciarse el problema. El ser joven va generalmente acompañado de la búsqueda de aventura, curiosidad y placer desmedido. Por otra parte, está también la común rebeldía, la impulsividad y la inexperiencia, que inciden en generar comportamientos sin la medida de las futuras consecuencias. En estos comportamientos siempre está presente la posibilidad que el adolescente se inicie en el consumo de drogas.

LOS FACTORES DE RIESGO
No se puede decir que existan razones específicas que determinarán que un joven se encaminará hacia el consumo y posterior adicción a las drogas, de hecho, se suele afirmar que la droga no respeta sexo, apellido, estatus social, lugar de residencia, etc. Sin embargo la experiencia determina que sí existen factores de riesgo que lo hacen más probable. Por supuesto el seno familiar, la manera de criar y educar a los hijos y el afecto que se les da van a jugar un papel fundamental.
Podemos mencionar que más riesgo presentará el joven que muestra problemas con la figura de autoridad, que presenta síntomas depresivos o de ansiedad, que suele manifestar quejas por aburrimiento y que tiene problemas para demostrar sus sentimientos.
Por otra parte estará también en mayor riesgo el adolescente cuya familia presenta antecedentes de drogodependencia, él que pertenece a familias donde las relaciones interpersonales son problemáticas, y sumado a eso, que en el medio donde se desenvuelve tenga mayor posibilidad de hacer amigos consumidores.

EL CAMINO A LA ADICCIÓN
Para nadie es un secreto las terribles consecuencias a la que se puede enfrentar una persona y sus seres queridos una vez que se llega a la adicción. Sin embargo, a tal adicción no se llega de la noche a la mañana. Esto puede ser rápido, pero por lo general es un proceso que, al igual que una enfermedad se puede evitar o parar si se detecta y se actúa a tiempo.
En la mayoría de los casos el inicio en el consumo de drogas viene posterior al consumo de las drogas socialmente aceptadas como son el alcohol y el cigarrillo, para luego, por razones de curiosidad, para sentirse bien, para reducir el estrés o por simple presión social de los amigos, comienzan a probar otras sustancias como la marihuana, con la falsa creencia de que ésta es una droga "suave" y no adictiva, el extasis, la cocaína u otras drogas similares. Esto puede quedar en una simple curiosidad satisfecha sin mayores consecuencias, o el consumo puede continuar hasta la terrible llegada a la adicción.
Apoyándome en el volumen escrito por Luis Salazar Lozano ¿Cómo saber si mi hijo consume drogas? para el Centro Victoria del Perú, voy a identificar tres niveles de consumo, que van a determinar una patología que crece de un nivel a otro, con el agravante que no se tiene conciencia que se va en ese camino. De allí el papel importante que debe jugar la familia, para identificar las características de comportamientos que pueden ser motivo de alarma para detectar la posibilidad que se esté ante un caso de consumo de drogas y en consecuencia actuar:

El Consumidor Ocasional: Hablamos de consumidor puesto que ya no se trata de experimentar, ya que de hecho se conoce bien el efecto que la sustancia hace a la persona. Entre los comportamientos que se suelen presentar en este nivel de consumo están:
- Tiene la mentalidad de que el fin de semana es sagrado para él
- Sus salidas a la calle, fiestas y reuniones se hacen más frecuentes
- Pide permiso para dormir en casa de amigos o para ir a campamentos o viajes, más veces de lo acostumbrado
- Se queda más tiempo afuera y, al regresar, evita el contacto con los miembros de la familia
- Trata de no explicar sus actividades fuera de casa y, si lo hace, suele caer en contradicciones
- Tiene amigos nuevos y desconocidos para la familia
- Se despreocupa de su forma de vestir
- Baja su rendimiento e interés en los estudios
- Tiene un apetito exagerado o deja de comer
- Se vuelve distante a la familia
- Trata de disminuir su aliento con caramelos de menta y usa gotas para los ojos
Estos comportamientos de manera aislada no son indicativos de consumo ocasional, pero si existen cuatro o más de estos signos, es una señal de alerta que no se debe descuidar. En este nivel no se puede hablar de la existencia de una patología, pero es importante insistir que el camino se ha iniciado y no se tiene conciencia del riesgo que existe de continuar hacia la adicción.

El consumidor frecuente: En este nivel ya estamos en frente de una patología. El peligro es mayor porque el joven cree que tiene control sobre la droga y hace afirmaciones como “yo domino la droga y cuando quiera la puedo dejar”, “sólo consumo porque estoy en una mala racha sentimental, cuando se me pase, consiga otra novia, trabajo, etc. la dejaré” y otras afirmaciones similares que van tapando una realidad que día a día se va agravando. Aquí podemos encontrar comportamientos como:
- Prácticamente no pasa tiempo en casa. Evita contacto con la familia. Siempre tiene citas reuniones, etc.
- Es frecuente que llegue a casa al día siguiente, especialmente los fines de semana
- Recibe llamadas telefónicas de desconocidos y sale de casa de improviso con cualquier excusa
- Pasa largos períodos de encierro y soledad dentro de su habitación
- Muestra estados emocionales variables entre alegría y depresión
- Se muestra agresivo cuando se invade su privacidad
- Descuida su aspecto personal y su condición física decae
- Su ropa queda impregnada de olor semejante a hierba quemada si consume marihuana, o tiene un olor más penetrante, similar al kerosene, si consume sustancias más fuertes
- En sus bolsillos se puede encontrar palitos de fósforo partidos, papel de armar cigarrillos u otros residuos
- Llega a extremos de conducta: Come, duerme o se ríe exageradamente, o pierde totalmente el apetito, padece de insomnio y habla más de la cuenta
- Nunca tiene y siempre necesita más dinero
- Es mucho más frecuente el uso de caramelos y chicles o pastillas para el aliento y de gotas para los ojos

El adicto: Este es el resultado y triste final del proceso, donde la enfermedad alcanzó su máximo nivel. El adicto tiene conciencia de su adicción y a pesar de negar su condición sufre por ello. Se siente preso de su adicción, ya que aunque lo intente suele fracasar en el control o interrupción del consumo. En este nivel la familia vive en constante zozobra, porque nunca sabe que va a pasar con él y entra en la desesperación e impotencia de querer ayudarlo y ver que sus intentos se desvanecen. Entre los comportamientos más resaltantes encontramos:
- Ha creado caos y desconfianza total en la relación familiar
- Es un depredador de su casa. Se lleva cuanta cosa esté a su paso que pueda vender
- Reacciona con violencia cuando entran a su habitación o revisan sus cosas
- Introduce adictos en el hogar, los presenta como amigos y normalmente recibe visitas de personas de dudosa reputación
- Ante la necesidad de consumir alcanza tal insensibilidad que ni el llanto de su madre lo detiene
- Muestra profundas ojeras y su rostro prácticamente ha perdido la sonrisa
- Es muy creativo para mentir, inventa toda clase de historias para logar dinero para su vicio.
- Tima a todo el que pueda
- Puede llegar a cometer cualquier delito para conseguir la droga
De allí el resto del camino va desde la cárcel, el hospital y hasta la muerte.

LA RESPONSABILIDAD DE LA FAMILIA
Sabemos que la mejor prevención viene dada de la misma familia, donde:
Las relaciones familiares se promueven con un balance entre la calidez emocional sin descuidar la disciplina.
Se actúa modelando conductas adecuadas, así como normas, principios y valores
Se enfrentan y se resuelven los problemas
Se establecen bases de confianza entre padres e hijos
Se manifiesta permanentemente el afecto y el amor

Es difícil el poder determinar cuáles de los adolescentes van a experimentar y parar ahí, y cuáles van a desarrollar problemas serios. De allí la importancia y el papel fundamental que juega la familia. No se trata de volverse perseguidores u obsesivos, lo importante es estar alerta y sobre todo entender, en lugar de negar, que el problema puede ocurrir.
Lo primero es asegurarse que se está ante un adolescente que se inició en el consumo y confrontarlo con la verdad, en cuyo caso es importante que no se reaccione con violencia, sino de una forma amigable, abordando el problema de una manera directa y honesta, manteniendo siempre una actitud de ayuda firme, pero afectiva.
Siempre hay que tener presente que el consumidor y más si es adicto se convierte en un mentiroso y manipulador por excelencia, de manera que se tiene que evaluar muy bien la información que se reciba de él.
Si se trata de un consumidor ocasional, las probabilidades de solucionar el problema en casa son altas, estableciendo un mejor diálogo, dando mucho afecto, amor y apoyo emocional. En caso de ser frecuente o adicto, es importante la ayuda especializada.
En todo caso siempre será clave que la persona acepte que está ante un serio problema y asuma la responsabilidad de su recuperación.

Gerardo J. Velásquez D.
Psicólogo
gvelasquez99@cantv.net

LA RESPONSABILIDAD DE SER QUIEN SOY


Basta prestarle atención a las conversaciones del día a día con familiares, amigos, colegas, compañeros de trabajo, etc. para caer en cuenta que en un altísimo porcentaje, cuando se tratan asuntos o problemas que afectan particularmente a una persona, con mucha facilidad esta persona encuentra que tales problemas tienen su origen en el entorno, poniendo la responsabilidad o “culpa” afuera. Así entonces se escuchan juicios como: “es que mi jefe es un amargado”, “mi pareja me hace enojar”, “no estudié porque no tuve quien me ayudara”, “es que mis hijos no quieren entender que…”, “es que con este gobierno…, con este patrono…, con este clima…” y así un sinnúmero de argumentos que si bien pueden servir de alguna forma de alivio, ya que elimina los juicios hacia sí mismo que muy pocos quieren aceptar, por otro lado representa una casi absoluta imposibilidad de reacción para abordar satisfactoriamente la situación que en un momento dado o incluso por años viene afectando a la persona, ya que desde esta manera de ver, escuchar y sentir al mundo, siempre será el entorno el que ha de moverse o actuar para que las personas puedan ser más o menos felices.

La Responsabilidad:
El concepto de Responsabilidad desde el punto de vista psicoterapéutico es uno de los pilares fundamentales que toda persona ha de entender si quiere realmente avanzar en su salud mental y emocional. La Psicoterapia Gestalt ha sido una de las corrientes que más ha aclarado el punto, siendo la Responsabilidad uno se sus principios fundamentales, el cual consiste en que las personas han de hacerse responsables de todo lo que dicen o hacen en su vida, independientemente del esfuerzo o resultados de tales acciones. Es entender que siempre soy “yo” quien decido hacer lo que hago, decir lo que digo, vivir o trabajar donde vivo o trabajo.

Historia y Cultura:
Lamentablemente, tal vez por razones de costumbre y hasta culturales, desde pequeños empezamos a aprender que las cosas que nos ocurren generalmente responden o tienen su origen en el entorno, entendiendo por este entorno a todo aquello animado o inanimado al que haremos responsable, o como popularmente se habla “le echaremos la culpa” de todo lo que nos sucede. De esta forma ya cuando el niño está empezando a caminar y por razones obvias de su proceso de aprendizaje tropieza con la mesa y cae, nunca falta un familiar que alienta al niño pegándole a la “mesa maluca” que se atravesó en su camino. Desde allí comienza el aprendizaje que seguirá en el colegio, donde en su proceso natural de aprendizaje y adaptación tendrá diferencias con otros niños, pero escuchamos a su mamá que dice “él no golpea a otros niños, él se defiende… el otro empezó”, y así sigue el niño aprendiendo que la maestra es buena o mala, que el profesor “lo raspó”, y va creciendo siempre viendo afuera la responsabilidad, encontrándose de adulto con las naturales excusas que lo libran de todo pecado, que si no tuve un padre, que si el jefe, que si el gobierno, que mi pareja, que el clima o cualquier persona o aspecto del entorno a quien pueda recostar esa responsabilidad.

Una cuestión de elección:
Como expresa Jorge Bucay, en su libro Cuentos Para Pensar, “…si bien es cierto que yo no puedo hacer todo lo que quisiera hacer, es absolutamente cierto que cualquiera puede No hacer lo que No quiera hacer”. De manera que entonces soy totalmente responsable de todo lo que hago o dejo de hacer y por ende de sus consecuencias. Que lo hago por evitar algo, para conseguir algo, por alguien, etc. No importa, siempre será mi elección y mi responsabilidad.
También de esta manera estaré tomando conciencia que no es el otro quien puede hacerse cargo de mis elecciones, ni yo, a menos que yo lo quiera, hacerme cargo de las suyas. Porque salvo cuando somos niños y forzosa y necesariamente somos totalmente dependientes, siempre seremos responsables de lo que elegimos ser, no importa que queramos echarle la culpa al medio, a las circunstancias o a los otros. Se trata de una elección. Elegimos lo que queremos ser o hacer, elegimos a nuestros amigos, elegimos a nuestra pareja, donde aceptamos trabajar, nuestros comportamientos, y algunos con razón podrán decir, bueno pero no elegimos a nuestros padres o a nuestros hijos, sin embargo siempre será nuestra elección aceptar o no manipulaciones, mandatos, maltratos, malcriadeces, etc. De modo que siempre será nuestra responsabilidad.

Soy “Yo” no es “Uno” o “La Gente”:
Una manera de darse cuenta y tomar más conciencia de los problemas que nos toca enfrentar es prestándole atención a nuestro lenguaje. Aunque estemos haciendo ver que nos referimos a nosotros mismos, no es lo mismo decir por ejemplo “porque uno en esta situación se tiene que molestar” a decir “Yo ante esta situación me molesto”. Cuando digo “uno”, “la gente” u otra generalización, no hago referencia a alguien en especial y asumo que el hecho afecta por igual a todas las personas, de manera que pareciera que se escapa de mis manos la posibilidad de actuar para que “a mi” y no “a uno” o “a la gente” me deje de molestar tal situación, o ponga los límites asertivamente para evitar que se repita o siga ocurriendo.
Por otro lado “uno se tiene que molestar” deja una obligación ficticia de “tener” que molestarse. Se trata de convertir el lenguaje impersonal en personal y aprender a asumir la responsabilidad de nuestras acciones o reacciones, siendo entonces un ser más activo que hace cosas, en lugar de un ser pasivo al que le suceden las cosas.

La responsabilidad y el cambio:
Como ya lo he expresado, colocar la responsabilidad afuera puede representar cierto alivio que puede evitar un desagradable sentimiento de culpa, sin embargo es muy importante destacar que a la vez que repartimos culpas y responsabilidades, se hace más difícil poder avanzar en la solución de situaciones o problemas que hemos de enfrentar, ya que por definición, si la causa está afuera, no depende de mi actuar para generar un cambio, sólo me quedaría esperar o pedir a Dios que los otros cambien. El problema está en que yo tengo todo el poder para hacer cambios en mí mismo, pero muy poco poder, por no decir cero poder, para hacer que los demás cambien.
Se trata entonces de dos elementos claves y necesarios para el cambio, aceptar mi responsabilidad y por supuesto querer el cambio con todas sus posibles consecuencias.
Cierta colega en ton de adivinanza me preguntó ¿cómo hace un psicólogo para cambiar un bombillo? y luego de dar algunas respuestas fallidas, me acotó, “no hace nada, simplemente espera que el bombillo quiera cambiar”. Esta metáfora ilustra la falacia de pensar que el psicólogo, el psiquiatra, el sacerdote, el sanador, el astrólogo, el docente o cualquier otro con funciones similares pueda tener el poder de cambiar a alguien que no quiera cambiar. Sencillamente no es posible.
Es necesario aceptar e involucrarme con la totalidad de lo que estoy haciendo, así como sentir que soy yo quien lo está sintiendo. Es necesario tomar la responsabilidad de mis emociones y entender que queramos o no, somos absolutamente responsables de nosotros mismos. Y esto es también entender que no somos responsables de los problemas de las otras personas, que así como entiendo y asumo mi responsabilidad, cada quien ha de hacer igual con lo suyo. Acotación que hago, dada la cantidad de personas que viven lamentándose porque "tienen" que ayudar o hacerse cargo de problemas de familiares o amigos. Por supuesto no significa que esté mal ayudar a alguien, lo que no me parece bien es hacerlo como una obligación.

Asumiendo el control responsablemente:
La invitación entonces es a que tomemos y aceptemos el control para dirigir nuestra vida. Se trata de vivir como yo quiero y no como los demás quieren, porque aun con nuestros sentimientos y emociones, los cuales no planificamos sino que aparecen como reacciones ante eventos internos o externos, hemos de entender que estas son reacciones derivadas de nuestros pensamientos, de manera que aunque sea de forma automática e inconsciente también tengo cierta responsabilidad en tales emociones, y aún más somos completamente responsables de lo que hacemos como consecuencia de esos sentimientos o emociones. Se trata de una fórmula sencilla, ante el evento, sea este externo o interno, dejamos rodar un pensamiento que desencadenará la emoción y la consecuente reacción, y ¿quién puede hacerse responsable de mi pensamiento?. No es que alguien me ofenda, es que yo me siento ofendido; no es que mi pareja me maltrata, es que yo acepto ser maltratado; no es que el jefe o en mi trabajo abusen de mi, es que yo me siento abusado o permito que abusen de mi…, y pudiera llenar hojas con ejemplos, lo que siempre estará presente es que con esta manera de vivir siempre habrá algo o alguien que tendría que cambiar para yo poder ser feliz. Bien vale la pena mantener y no ceder ese poder y estar dispuesto a decir “yo soy quien soy y de eso me hago responsable”


GERARDO J. VELÁSQUEZ D.
gvelasquez9@gmail.com

LA HIPNOSIS COMO HERRAMIENTA TERAPÉUTICA

Generalmente hablar de Hipnosis se asocia a situaciones donde se lleva a un sujeto a un estado donde “hará” todo lo que el hipnotizador le diga que haga, en otras palabras, el sujeto pierde el control de lo que hace o hará. Nada mas lejos de la realidad es esta asociación que comúnmente se hace de la Hipnosis. Sin embargo, esa creencia, esa ignorancia de lo que es y significa la Hipnosis es uno de los principales motivos que impiden a muchas personas probar esa herramienta terapéutica, que les podría ser de mucha utilidad en el tratamiento de algunos trastornos psicofisiológicos que puedan estar padeciendo. Por eso es oportuno hacer algunas aclaratorias acerca de lo es y lo que no es Hipnosis. En otras palabras hablaremos de la Hipnosis Terapéutica, también conocida como Hipnoterapia.

Cuando citamos la Hipnoterapia nos estamos refiriendo a un proceso mediante el cual se lleva a la persona a un estado de “trance”, en el que alcanza una relajación muy placentera, caracterizada por una sensación muy agradable de pesadez y una relajación muscular, donde el Sistema Nervioso Autónomo se hace más receptivo, y dado que el inconsciente es parte fundamental de dicho sistema, puede ser fácilmente alcanzado por las palabras o sugerencias del hipnoterapeuta sin la interferencia de la mente consciente de la persona. Esto permite llegar a raíces de problemas emocionales más profundos, que debidamente canalizados por el terapeuta puede proporcionar a la persona herramientas efectivas que lo ayuden a superar tales problemas.

Cuando hablamos de trance, independientemente de la profundidad que alcance ese estado, es importante aclarar que no supone que la persona quede a voluntad del hipnoterapeuta, perdiendo el control y la autoridad sobre sus acciones y pensamientos. Por el contrario, siempre estará en contacto con la realidad, escuchando al hipnoterapeuta, y cualquier evento que choque con sus principios y valores será inmediatamente rechazado por éste. De manera que NUNCA hará algo que no quiera consciente o inconscientemente hacer. Por eso lo principal para aprovechar los beneficios de una sesión, es confiar plenamente en el hipnoterapeuta y colaborar en el proceso. De lo contrario, si la desconfianza o la falta de colaboración no están presentes será imposible lograr un adecuado estado de trance y en consecuencia no se alcanzarían los objetivos previstos. Por eso es necesario aclarar estos puntos a toda persona que quiera ser tratada con hipnoterapia. De allí que los mejores resultados se obtienen con una persona que: quiere ser hipnotizada, que tiene la voluntad y el deseo de cooperar con el terapeuta, que posee una buena capacidad de imaginación y lo más importante, que es lo suficientemente inteligente para comprender las explicaciones que se le dan y tomar parte activa en el proceso.

Diferencia entre Relajación e Hipnosis
Aunque una relajación bien guiada y bien acogida por la persona resulta en un trance, y de hecho es fundamental para la hipnosis de la persona, cuando se desarrolla una sesión de hipnoterapia, la diferencia fundamental es que el hipnoterapeuta intentará siempre dejar en la mente inconsciente sugestiones positivas, previamente elaboradas para cada caso, que han de ayudar al sujeto a superar el problema que lo motivó a acudir a la terapia.

La Hipnosis Ericksoniana
Cuando hablamos de hipnosis terapéutica, vale destacar al Dr. Milton Erickson, Médico Psiquiatra (1902 – 1980) uno de los profesionales que más aporte dejó en esta materia, quien sirvió de guía para que pudiéramos entender y en consecuencia seguir desarrollando la hipnosis como excelente herramienta en psicoterapia. Y aunque no es la intención extendernos en la vida del Dr. Erickson, si vale la pena al menos resaltar los supuestos que él destacó y que dieron paso a una mejor comprensión y en consecuencia una mayor utilización de la hipnosis en el campo psicoterapéutico. Esa suposiciones básicas son:
- Cada persona es única
- Toda experiencia es un recurso
- Todo el mundo tiene los recursos necesarios para enfrentar los retos de la vida
- La mente inconsciente es un almacén de recursos
- La hipnosis accede a la mente inconsciente
- El trance es una experiencia natural
Si se entienden y se está de acuerdo con cada uno de estos supuestos, Paciente e hipnoterapeuta podrán hacer la alianza perfecta para que el proceso sea lo más productivo posible.

¿Qué peligros o efectos secundarios puede generar la hipnosis?
Esta pregunta es otra de las razones que llevan a las personas a ver con temor a la hipnosis. Sin embargo, no existe peligro alguno cuando la práctica hipnoterapeuta es llevada a cabo por una persona que conoce y tiene la experiencia en el trabajo con hipnoterapia. Por una parte, el temor mayor que se expresa es el creer que no se regresará del estado de trance. Como se indicó anteriormente, las características elementales del trance coinciden con un profundo estado de relajación, que pudiera llevar a la persona a dormirse, de manera que sencillamente “regresaría” luego de un rato de sueño, que no es lo que se busca en la sesión y por lo tanto se perdería la intención. Por otro lado, no es prudente trabajar hipnosis con pacientes que sufren de epilepsia porque puede presentarse una convulsión durante el proceso e igualmente, además del momento desagradable, no tendría el resultado buscado.
En relación a los efectos secundarios, estos suelen ser positivos, pues lo que realmente se desarrolla es una habilidad para alcanzar estados de relajación por cuenta propia, que son de gran utilidad para controlar situaciones estresantes en el futuro. Así mismo, luego de las sesiones de hipnosis el sueño suele ser más profundo y reparador, generando un mejor descanso tanto físico como mental.

La utilidad de la hipnosis en la psicoterapia
La hipnosis ha sido más utilizada en el campo médico como anestesia y como técnica de ayuda a la psicoterapia. En esta última ha sido de gran ayuda en el tratamiento de diversos trastornos emocionales como las fobias, el miedo escénico, el corte de dependencia física o emocional, el control de la obesidad, problemas con los estudios, el insomnio, vicios como el cigarrillo y el alcohol. En otras palabras, cualquier alteración producida por la mente es susceptible de ser tratada y eliminada con la hipnosis.
No se trata de presentar la hipnoterapia como la única o mejor salida para el tratamiento de trastornos emocionales, de lo que se trata es de desmitificarla y reconocer que por años ha resultado ser una excelente ayuda en el tratamiento terapéutico, que vale la pena considerar al menos cuando otras técnicas no han sido satisfactorias en la solución de problemas emocionales que nos estén afectando.

Gerardo J. Velásquez D.
Psicólogo – Neuroterapeuta
gvelasquez99@cantv.net

EL ZURDO EN UN MUNDO PENSADO PARA DERECHOS

A través de la historia, la definición de “normalidad” siempre ha dado el mayor peso a las mediciones estadísticas. Por supuesto que cuando se trata de los seres humanos, esta regla no es distinta, de manera que existen y siempre han existido ciertos comportamientos de cómo la mayoría de las personas han de manifestar su forma de pensar y actuar, y alteraciones a esas expectativas de pensamiento y acción con mucha facilidad se han determinado y tratado como desviaciones delicadas que han llevado a la humanidad a calificar como enfermos, dementes y hasta brujos a personas que simplemente han sido distintos a la norma estadística.
Ser zurdo o zurda no ha escapado de esta situación, dado que estadísticamente las personas siniestras siempre han sido una gran minoría y por ende una violación a la “normalidad”, al extremo que en épocas de la edad media fueron perseguidas, castigadas y hasta quemadas en la época de la “Santa” Inquisición por ser considerados diabólicos o hijos del demonio, y hasta épocas mucho más recientes se les consideraba personas con cierta discapacidad o problemas que podían corregirse forzándolos desde niños a convertirse en diestros, utilizando cualquier tipo de estrategia desde amarrarles la mano zurda hasta castigarlos por utilizar dicha mano.

Si bien es cierto que, al igual que muchos otros paradigmas, con la experiencia y el aporte científico hoy en día se considera el ser zurdo como una característica de la persona y no un defecto a corregir, no es menos cierto y es muy fácil darse cuenta que el mundo en que vivimos está diseñado y hecho, por supuesto dado a que esa es la mayoría, para personas diestras. En consecuencia la minoría, en este caso los zurdos o siniestros, deben adaptarse a este diseño del mundo. De manera que aceptado o no, a diario el zurdo va desde pequeño enfrentando obstáculos que no se encuentran las personas diestras.
Es por ello que el niño zurdo puede ser catalogado como torpe, dado que por supuesto le resulta más difícil utilizar los instrumentos que han sido elaborados para los derechos, desde pasar por la incomodidad de adaptarse a un pupitre que para ellos está “al revés”, las tijeras, los instrumentos musicales y deportivos, hasta el pasamanos de una escalera. Al final, lógicamente se da la adaptación y sencillamente dejan de percibir tales experiencias como obstáculos.

El origen:
La lateralidad del cerebro: De acuerdo a los estudios científicos se ha determinado que el cerebro, que físicamente se encuentra dividido en dos hemisferios, distribuye lateralmente cruzado la cadena de redes neuronales que rigen todo el sistema nervioso periférico, que está distribuido a lo largo de todo el cuerpo. Es decir, las conexiones que se inician en un lado del cerebro se van a cruzar y distribuir en el otro lado del cuerpo humano. De manera que la utilización del lado derecho del cuerpo está regida por el hemisferio izquierdo del cerebro y la utilización del lado izquierdo del cuerpo está dirigido por el hemisferio derecho.

Por otro lado, a los hemisferios cerebrales se les atribuyen funciones específicas que determinan que el hemisferio izquierdo es el lógico, el que se encarga de la parte racional y normativa, el lenguaje, la escritura y el pensamiento analítico. Por su parte al hemisferio derecho se le atribuyen las funciones analógicas, donde se desarrolla la creatividad, las habilidades espaciales, la capacidad de síntesis y el talento artístico.
También las estadísticas demuestran que, probablemente la misma necesidad histórica y científica de buscar la racionalidad y lógica a todo cuanto enfrentamos en la vida, ha forzado a un mayor desarrollo y utilización del hemisferio izquierdo, y en consecuencia al ser éste el lado dominante la mayoría de órdenes están destinadas a la parte derecha del cuerpo. Ante este paradigma los zurdos vienen a ser una excepción, ya que en ellos es el hemisferio derecho el dominante, y por ende es su lado izquierdo el más desarrollado. Pero igualmente se entiende y las estadísticas de nuevo así lo determinan que entonces los zurdos tienen con mayor probabilidad muy buenas habilidades artísticas y creativas, y eso no significa que no posean las habilidades dirigidas por el hemisferio izquierdo sino que las anteriores les resultan más fáciles que a la mayoría de los diestros. Lo cierto es que ser zurdo o derecho no es una elección, es una característica de la persona que viene definida genéticamente a nivel cerebral.
Si esta explicación apoyada en la ciencia es válida, también es importante reconocer que los seres humanos somos seres que nos adaptamos con facilidad, y que gran parte del comportamiento lo desarrollamos por imitación y necesidad, de manera que el modelaje que recibe el niño ya va llevándolo a que desarrolle más las habilidades diestras que las siniestras, así como también algunos deciden por sí mismos, ante inconvenientes en la escuela o en el hogar, o por querer parecerse a la mayoría de sus condiscípulos reorganizar su actividad motora manual en el sentido inverso al suyo por naturaleza.

Ventaja o Desventaja:
Desde mi juicio, el proceso de adaptación conlleva a una necesidad de desarrollar habilidades adicionales a las que puede tener una persona diestra. Es difícil que un diestro utilice la mano zurda con la misma habilidad que el siniestro usa la mano derecha, ya que desde pequeños prácticamente se ven obligados a aprender a emplear la mano derecha casi tanto como su mano izquierda, por lo tanto se suele hacer natural trabajar con ambas manos. Esto puede resultar ser una ventaja en las actividades que requieren el uso del lado izquierdo, porque la mayoría de las personas derechas desarrollan menos las extremidades de esta parte de su cuerpo, por no sentir la necesidad de hacerlo.
Por otra parte, es también considerado y actualmente muy promovido que la estimulación de la utilización del hemisferio No Dominante, resulta ser un ejercicio que activa una mayor cantidad de redes neuronales que resulta altamente beneficioso para el funcionamiento del cerebro en todas sus dimensiones. De manera que, forzados o no y siguiendo con esta premisa, los zurdos deberían entonces estar aprovechando la utilización de las funciones cerebrales en mayor proporción que la mayoría de las personas diestras.
Sin embargo y a pesar de estas observaciones, es muy relativo determinar lo ventajoso o desventajoso de tal característica. Habrá los que se inclinen por destacar las ventajas y los que se inclinen por hacer énfasis en las desventajas. En todo caso ya es bastante con que hoy en día se haya venido cambiando el paradigma y la consecuencia del mismo de tratar de forzar a un niño a ir contra la naturalidad de su tendencia de lateralidad.

El respeto a la condición de zurdo:
A pesar que los estudios demuestran que cada vez es más aceptado como natural que un niño traiga su tendencia a la utilización predominante de su mano izquierda, el diseño de los objetos y el sistema educativo muchas veces parecen decir lo contrario, y por las distintas razones expuestas aún siguen existiendo personas, que desde luego con la mejor intención, tratan de dirigir en el pequeño la orientación muchas veces forzada a que dejen de usar predominantemente la mano zurda para que se metan en los parámetros “normales” de comportamiento con el respectivo predomino del uso de su mano derecha, lo que lejos de ser beneficioso puede ser totalmente contraproducente en el sano desarrollo emocional del niño, dejando secuelas que en ocasiones pasa hasta a la generación de traumas emocionales que incluso los pueden seguir afectando en su vida adulta.
Aunque desde los primeros meses se puede intuir la tendencia de lateralidad predominante, es entre los 5 y 7 años cuando se puede precisar que el niño en definitiva será zurdo o derecho. En todo caso, lo recomendable es dejarlo ser, darle la ayuda que necesite en el desarrollo de sus habilidades naturales independientemente de la mano que esté utilizando para aprender tales habilidades, bien sea la utilización de instrumentos de comida, el amarrarse los cordones de los zapatos, etc. Siempre buscando que desarrolle la destreza necesaria en consonancia con un adecuado desarrollo de su aprendizaje sin tratar de imponer el uso obligado de la otra mano.
Lo ideal sería, aunque esto no siempre va a depender de los padres o docentes, que una vez determinado el predominio del uso de la mano zurda, se considere y actúe asumiendo tal característica como algo normal en el niño y actuar con él siempre considerando su mano izquierda como su mano hábil, como por ejemplo entregando los objetos en esa mano o ayudándolo a escribir con esa mano. Siempre con el objetivo de no desarrollar diestros obligados con riesgos de convertirlos en sujetos fracasados o emocionalmente limitados.

Algunos mitos:
El ser diestro o siniestro incide en que unos sean más inteligentes que los otros: Definitivamente, aunque los zurdos puedan tender a ser más creativos y tener más imaginación y capacidad de relación, no significa que sean menos hábiles para las actividades lógico intelectuales.
Hay que educar a los zurdos para que aprendan a usar la mano derecha: Como hemos visto, la capacidad para usar la mano izquierda proviene de una preponderancia del hemisferio derecho del cerebro y obligarles a usar la derecha es hacerles ir en contra de su naturaleza. En todo caso sería igual pensar que a los derechos hay que enseñarles a usar la mano zurda.
El proceso de adaptación al mundo de los derechos es traumático para los zurdos: Como igualmente se ha expuesto, los seres humanos tenemos una habilidad innata de adaptación y aunque algunos pueden ser más sensibles, no representa ningún problema existencial tal adaptación, al contrario sí puede resultar traumático la obligatoriedad a cambiar su condición natural de ser zurdos.
El uso de ambas manos es positivo para su integración en el entorno: La integración se dará en forma natural en los zurdos al igual que en los derechos. De hecho algunos especialistas concuerdan que aunque la estimulación de ambos hemisferios es importante, en el proceso de aprendizaje es más importante que el niño tenga un punto claro de referencia que distinga a la perfección la derecha de la izquierda.

Lo más importante es que, a estas alturas del avance científico y tecnológico, de los constantes cambios de paradigma, de la construcción de nuevas creencias que han echado por tierra posiciones enmarcadas entre las grandes “verdades” de la vida, hay que no sólo reconocer que la lateralidad que determina la preponderancia del uso de una u otra mano no es un defecto de la minoría, sino sencillamente una característica y pasar de esa aceptación a la acción, desarrollando cada vez mas alternativas, sobre todo en los niveles primarios de la educación, para que se hagan más equitativos los procesos educativos en los niños siniestros.


Gerardo J. Velásquez D.
Psicólogo
gvelasquez99@cantv.net

EL MIEDO, UNA EMOCIÓN CONTROVERSIAL


Cuando se habla de emociones, se suelen dar calificativos de “emociones positivas” y “emociones negativas”, dando carácter positivo entre otras al amor, la alegría y negativas a la tristeza, la rabia, el miedo, etc. Sin embargo, vale la pena preguntarse hasta qué punto la emoción se merece el calificativo. ¿Será positivo el amor cuando se sufre por él?, ¿Será negativo el miedo cuando ayuda a evitar un problema?, ¿Es positivo o negativo sentir tristeza ante una pérdida importante?. Definitivamente, no es en la emoción propiamente dicha donde se encuentra lo positivo o negativo de experimentarla, sino en la forma en que ésta afecta a la persona.

En esta oportunidad quiero hacer referencia al miedo, una de las emociones que comúnmente está asociada a aspectos negativos y contraproducentes para las personas. Y antes de seguir, aquí es necesario hacer una distinción, no es lo mismo sentir miedo que vivir asustado. El miedo como tal es sencillamente una emoción que se produce ante la presencia de un estímulo, sea éste externo, por ejemplo ante la presencia de un perro rabioso, o interno, ante un pensamiento de preocupación por un evento específico. En otras palabras es una reacción normal cuando estamos ante una situación real o imaginaria que nos resulta amenazante (un accidente, un examen, una entrevista de selección, la espera de un diagnóstico médico, etc.). Se suele sentir una sensación de opresión en el pecho, mariposeos en el estómago, sudoración, aumento en las palpitaciones u otros síntomas físicos que desaparecen cuando desaparece también la causa que los ha provocado.
Por otra parte, vivir asustado o con temores, suele ser un estado emocional que acompaña a la persona sin que necesariamente exista una causa lógica que esté causando el mismo. Ejemplo, miedo a tener una pareja, a iniciar un proyecto, a cambiar de trabajo, a mudarse, al futuro, o los típicos miedos fóbicos a las alturas, los aviones, hablar en público, etc.

NO TENGA MIEDO DE TENER MIEDO
Tratándose de una emoción, es imposible siquiera pensar que podamos evitar tener miedo. Todos hemos sentido y seguiremos experimentando sentimientos de miedo a lo largo de nuestra vida, independientemente de los motivos que han originado dicho miedo. De manera que no se trata de evitar tener miedo, sino de, por una parte evaluar hasta donde hay razones reales para tenerlo, o si es más producto de nuestra creación, y por otra parte, el cómo estamos actuando ante los miedos que se nos presentan.

Cuando el miedo se presenta, nos avisa de un potencial peligro, e invita a la acción, a la preparación y uso de la energía para protegernos o proteger aquello que apreciamos. Siendo así un excelente impulsor de acciones positivas y por ende un buen motivador.

Viendo las cosas desde esta perspectiva, lo ideal no es tratar de evitar el miedo, sino saber canalizar la energía que éste proporciona y encausarla hacia la acción, en lugar de dispersarla o perderla. Perdemos esa energía cuando negamos el miedo o cuando tratamos de esconderlo o lo derivamos hacia respuestas no productivas. La idea es hacernos dueños de nuestros miedos, reconocerlos, sacarlos hacia afuera, mirarlos cara a cara, apreciar su fuerza, su utilidad, la energía potencial que acumulan y convertirlos en nuestros aliados.

ES QUE NO SE A QUÉ LE TENGO MIEDO, SÓLO SE QUE LO SIENTO…
Una situación que en ocasiones se presenta, es que muchas personas alegan sentir miedo, pero ni siquiera se detienen a evaluar a qué específicamente le tienen miedo, pueden identificar las situaciones que le disparan sus miedos, como salir sólo, usar el Metro, hablar en público, etc. Y se limitan sólo a evitarlas. El problema es que si no hay precisión de lo que se quiere evitar, será muy difícil encontrar alternativas de solución.
Una manera de precisar es preguntándonos, ¿qué pasaría si…? Tantas veces como sea necesario, y tantas respuestas como fueran necesarias, como una conversación consigo mismo, como esta por ejemplo, si la situación fuera miedo a salir solo:
.- ¿qué podría pasarme?
.- que me de un ataque de pánico
.- Y ¿qué puede pasar si me da un ataque de pánico?
.- que me desmaye
.- Y si me desmayo, ¿qué puede pasar?
.- que nadie me ayude o me roben
.- y ¿qué tan probable sería, que me de un ataque de pánico, que además me desmaye y en lugar que alguien me ayude me dejen tirado en la calle o me roben?
Al final, no solo se busca precisar el miedo, sino destacar, eso que tanto se teme luce bastante improbable de que pase.
DE LA EMOCIÓN A LA ENFERMEDAD
Como he expresado, entonces tener miedo puede resultar muy útil cuando nos ayuda a canalizar, actuar o evitar situaciones que pueden ser potencialmente peligrosas. Pero, ¿Qué sucede cuando los miedos son creencias o ilusiones que vivimos como si fueran ciertas? ¿Qué sucede cuando, aún existiendo motivos reales nos sentimos paralizados, incapaces de verificar los hechos y de actuar hacia nuestros propósitos?. Cuando los temores se escapan de nuestro control se pueden convertir en una auténtica enfermedad que acaba por restringir y coartar la vida del afectado.

Antes de caer en una patología negativa como consecuencia del miedo, es necesario empezar por aceptarlo y examinarlo para determinar su origen y si está o no infundado. Puede que se trate de miedos que se remontan a la niñez, tal vez como consecuencia de falsas creencias implantadas por nuestros padres en su afán protector, o a un aprendizaje que nos llevó a tener miedo de las cosas nuevas, de lo desconocido o de todo aquello para lo que no teníamos explicación. Aprendizajes que están muy bien almacenados en nuestro inconsciente y que aún siendo ahora adultos funcionan bajo el mismo esquema de cuando fuimos niños.
Cuando la persona no es capaz de discernir entre las situaciones que realmente son amenazantes y las que está creando ella misma, lo que sucede es que la realidad se convierte en un caos y así toda su vida se vuelve insegura.

A veces, sencillamente utilizamos nuestros miedos para justificar nuestra imposibilidad de llevar a cabo ciertas cosas. Elegimos tener miedo con tal de no salir de nuestra zona de comodidad. Y odiamos admitirlo porque creemos que tener miedo está mal.

COMO ABORDARLO EN LUGAR DE EVITARLO
Entendiendo que como toda emoción, el miedo es algo que no se planifica o que se puede hacer a un lado sólo con la razón y la intención. Lo recomendable es reflexionar acerca del mismo y canalizar lo mejor posible las acciones respectivas.
Una manera que puede ayudarnos es siguiendo los postulados que plantea Susan Jeffers, autora del libro “Aunque Tenga Miedo, Siga Adelante”, que se expresan como sigue:
- El miedo nunca desaparecerá mientras, siga creciendo.
- La única manera de liberarse del miedo a hacer algo es hacerlo.
- La única manera de sentirme mejor es... enfrentarlo.
- No soy el único que siente miedo en un terreno poco familiar, les pasa igual a todos los demás.
- Vencer el miedo asusta menos que convivir con un miedo subyacente que proviene de la impotencia.
- Entender y encarar al miedo bajo estos postulados debe conducir, en lugar a un caos o una parálisis emocional, a una postura de autocrecimiento y aprendizaje.

Igualmente, Susan Jeffers, en el citado libro ofrece algunas sugerencias, que pueden ser útiles ante situaciones que generan temor, y que me permito traer en esta oportunidad:
ESTABLEZCA SUS PRIORIDADES
Deténgase a pensar en lo que quiere conseguir en la vida. Para la mayoría de nosotros esto es muy difícil de descubrir, ya que nos han adiestrado a edad temprana para hacer lo que otros quieren que hagamos. No tenemos contacto con lo que realmente nos brinda satisfacción. Es importante recordar que los objetivos cambian sin cesar a medida que se avanza por la vida y que uno debe seguir revaluándolos constantemente. En cualquier caso, mediante la confusión se llegará finalmente a la claridad.
CONFÍE EN SUS IMPULSOS
Muy a menudo su inconsciente manda mensajes bien fundados sobre la elección preferible en determinado momento. Cuando empiece a prestarle atención a sus impulsos, le sorprenderá comprobar qué bueno es el consejo que se está dando a sí mismo.
NO SE OBSTINE... ¡CORRÍJALO!
Es muy importante confiar en cualquier decisión que uno tome y entregarse a ella. Pero si no resulta... ¡Cámbiela! Muchos estamos tan consagrados a tomar la decisión “correcta” que, aunque descubramos que no nos gusta el camino que hemos elegido, nos atenemos a él a toda costa. Lo que realmente es una locura. Tiene un valor enorme aprender que si a uno “no” le gusta algo, se trata, simplemente, de que hay que cambiar de camino.
Cuando se decida a variar el rumbo, será criticado a menudo por los que le rodean. Mucha gente se queda atascada en situaciones poco satisfactorias porque han puesto demasiado en ello y sienten que sería una pena desperdiciarlo.
En la vida, el secreto no está en preocuparse por haber tomado una decisión errónea: ¡Es aprender cuándo hay que corregirla!

Cuando canalizamos el miedo mediante acciones concretas, siempre existirá una mayor probabilidad de reducir los daños que pueden ocurrir. Si evitamos cualquier situación de riesgo también evitamos la posibilidad de crecer. Para que una vida sea más plena es necesario tener un poco de valor, asumir un poco más de riesgo en nuestras decisiones y aprender cada día tanto de nuestros aciertos como de nuestros errores.
Gerardo J. Velásquez D.
Psicólogo
gvelasquez99@cantv.net

EL CUIDADO CORPORAL Y LA SALUD MENTAL


Para nadie es un secreto que lo que está ocurriendo con nuestra mente se verá reflejado en nuestro cuerpo. Cada vez hay más investigaciones que demuestran científicamente la característica holística del ser humano, lo que significa que somos un ente único e indivisible que responde con todo su ser ante las situaciones que la vida le depara. De allí que sea prácticamente imposible evitar que emociones o pensamientos incidan directamente sobre la salud y el cuerpo físico, al mismo tiempo que es imposible separar el efecto en la salud mental y emocional que ha de generar el estado y las condiciones físicas de una persona.
Entendiendo esta característica holística, entonces es importante destacar que el proceso para propiciar una salud integral debe englobar tanto el cuidado y promoción de eventos dirigidos al sano manejo de nuestras emociones, como la atención y dedicación que debemos dar a nuestro cuerpo.
Con esto quiero destacar que todo aquello que podamos hacer en beneficio de nuestro cuerpo físico, bien sea en pro de mejorar la belleza, tonificar los músculos, hasta el sólo placer de sentir y disfrutar de un buen descanso corporal, va a redundar en un estímulo positivo a nuestra salud mental y equilibrio emocional.

HONRA TU CUERPO
El mensaje es claro, se trata entonces que para una salud mental y emocional, hay que darle al cuerpo la importancia que tiene y esto hay que entenderlo desde una perspectiva integral, que ha de englobar una alimentación sana y disciplinada, un espacio para el ejercicio físico, una adecuada atención a la estética y belleza física y por supuesto un tiempo para la relajación y el descanso.
De nada vale, una inversión en una liposucción si no corregimos el hábito de alimentación. Muy poco ayuda el ejercicio físico si no presto atención a mi estética. Hacer una dieta sacrificada y no poner en movimiento los músculos probablemente deje una fea flacidez corporal. De manera que hablar de honrar el cuerpo es honrarlo en todo su ser, no ayudarlo por una parte, mientras que por otra lo destruyo. Aunque suene algo gastado, no hay duda que “para tener una mente sana necesitamos un cuerpo sano”.

La alimentación:
La manera como nos alimentamos responde a un aprendizaje inconsciente que hemos transformado en hábito, como la mayoría de los actos que realizamos. Por ejemplo, no puedo dejar de comer hasta que el plato esté completamente vacío, aunque ya haya saciado el hambre. Esto puede ser un aprendizaje en respuesta a un mandato recibido reiteradamente de niño como “dejar comida es un pecado”. O el acto inconsciente de vivir “picando” todo el día y después afirmar convencido que “casi no como”.
No se trata aquí de determinar qué y en qué cantidades comer. Por supuesto es muy importante crear conciencia del tipo y cantidad de alimento que ingerimos y procurarnos de una alimentación sana y balanceada, para lo cual podemos guiarnos por un especialista en nutrición. Lo que si quisiera resaltar aquí es el Cómo lo hacemos, cuáles son nuestras creencias acerca de las comidas y bebidas, cómo es el tiempo que dedico al momento de comer y el desarrollo de patrones alimentarios, es decir, la manera de ejecutar esta actividad.
Es importante que el momento de comer se haga sin apuros, en el lugar adecuado y en perfecta armonía. Se ha de tratar en todo lo posible de evitar comer en un ambiente estresante, oyendo o viendo noticias desagradables, de pié con una “bala fría” porque no alcanza el tiempo, en el mismo escritorio donde trabajamos, etc. Mientras comemos debemos estar concentrados primordialmente en la comida y en el acto mismo de comer y disfrutar de ese acto como un ritual que merece respeto.

El ejercicio:
Frecuentemente aparecen más y más estudios que determinan que el sedentarismo es sinónimo de enfermedad, para algunos, tan dañino como el consumo de sustancias tóxicas como el cigarrillo o el alcohol en exceso. El ejercicio es por sí sólo una excelente terapia para el Sistema Nervioso. Sin embargo, muchos lo dejan de un lado considerando que es muy grande el esfuerzo que han de hacer, que el tiempo no les alcanza, o innumerables excusas asociadas al hecho de ver al ejercicio como una obligación y no como un disfrute y un cariño a ese templo que llamamos Cuerpo.
Hacer ejercicio no es necesariamente pertenecer a un gimnasio o dedicarse a una actividad forzada y agotadora. Se trata de poner al cuerpo en movimiento, y para ello basta con caminar, pero disfrutando ese caminar. No es “yo hago mucho ejercicio porque mi trabajo es caminar” o “porque me voy a pié a mi trabajo”. Es darse por entero a ese momento con la conexión mente cuerpo y la sensación de su bienestar. Es disfrutar el momento sin abusar del cuerpo físico. Si resulta incómodo el caminar hay alternativas igualmente saludables como hacer bailoterapia, nadar, practicar yoga o Tai chi.

Un espacio para la estética:
No cabe duda que la belleza exterior es un reflejo de una salud interior tanto física como emocional. Nuestra salud y belleza están ligadas. No se puede criticar a una mujer porque desea subir su busto, hacerse una cirugía para corregir o mejorar alguna parte de su cuerpo. Todo lo contrario si el efecto tiende a darle un auge a su autoestima en una sociedad donde la belleza juega un papel importantísimo.
Factores que vienen desde el nacimiento, el clima, la mala alimentación, el tipo de piel, van a incidir en la belleza física. Sin embargo hoy existen una gran cantidad de alternativas que están al alcance de la mayoría de las personas y que pueden ser utilizadas con el objeto de mejorar la apariencia física. Si bien es cierto que muchas opciones pueden resultar muy costosas, no es menos cierto que hay opciones para todos los estratos.
Cuando se habla de estética no necesariamente hay que referirse a la cirugía. Se trata también del cuidado de la piel, los dientes, el modo de vestir, los detalles, etc.
Para nadie es un secreto el proceso psicológico que enfrenta un adolescente que ve como su cara se deteriora como consecuencia del acné. Problema que muchas veces le deja marcas no solo físicas sino severos trastornos emocionales. De igual manera se puede captar el cambio positivo en un adolescente o adulto que corrige una deformación en sus dientes o que mejora su estilo de vestir.
No importa el sexo, la edad o el rol que se desempeñe, el cuidado de la apariencia física siempre jugará un papel importante en la autoimagen y la autoestima.

La relajación y el descanso:
El estilo de vida moderno, cargado de tensiones y presiones pone estrés en nuestro cuerpo y mente, y precisamente el estrés es una de las principales causas de los problemas de salud, siendo incluso por sí mismo generador de múltiples enfermedades por alteración del Sistema Inmunológico. Algunas personas se acostumbran a mantener tal estado de tensión que ni siquiera son capaces de pensar que pueden hacer actividades que rebajen esas tensiones y le devuelvan la tranquilidad, o ven como modas o actividades sin sentido muchas de la variedad de alternativas que existen para darle al cuerpo su merecido descanso.
Siempre corriendo, siempre con prisa, siempre haciendo algo y a veces muchas cosas a la vez, “peleando con el tiempo”, resolviendo los problemas en el trabajo, en la casa, etc. Sin darnos cuenta que de esta manera acortamos la vida. Que el impacto en la salud física y mental es muy alto y que el cuerpo pronto empezará a pasar la factura.
Cuando se mantiene la vida bajo estrés es difícil concentrarse, la ansiedad aumenta, nos volvemos irritables. También desperdiciamos nuestra energía porque los músculos al estar más tensos usan más energía. Vale la pena detenerse un poco y ver qué tiempo le damos al descanso, cuántas horas se duermen.
Hay muchas maneras de darle al cuerpo un trato que redunde en una mejor tranquilidad emocional. Por supuesto hay que dormir el tiempo suficiente que permita la recuperación de la energía luego de un día de actividad. Es cada vez más reiterado los beneficios que otorgan unos minutos diarios para meditar o sencillamente relajarse haciendo una desconexión con las responsabilidades rutinarias. O el inmenso placer que da al cuerpo y la mente un agradable masaje terapéutico. Estas actividades de dedicación al descanso y a la caricia mental y corporal, generan efectos positivos tanto a nivel físico como mental.

Por último y tan importante como los aspectos mencionados están el placer y el disfrute de hacer estas actividades. Con el entusiasmo del amor a sí mismo, no es comer por comer, hacer ejercicios porque me lo manda el doctor, mejorar mi apariencia porque mi pareja me está dejando de querer o darle el descanso o el cariño a nuestro cuerpo porque los dolores corporales ya no los soportamos. La esencia está en disfrutarlos con todos los sentidos y la firme creencia que todo lo que hacemos por nuestro cuerpo y nuestra mente es porque así lo merecemos.

Gerardo Velásquez

CUANDO LOS HIJOS SE VAN...


“EL SÍNDROME DEL NIDO VACÍO”
La “carrera” o “profesión” de ser padres suele en oportunidades ser vista, sentida y en consecuencia llevada, como un proceso que no tiene fin. La situación, condiciones de vida y oportunidades para los jóvenes, a medida que han ido pasando los años, ha hecho que los hijos permanezcan más tiempo bajo la tutela y dependencia de los padres, situación que en cierta manera ha podido contribuir a que tal “carrera” se perciba de esa manera como que no tuviera fin.

Sin embargo, la realidad es que tarde o temprano, por las razones propias de una sana evolución siempre ha de llegar el momento que los hijos emprendan la retirada y dejen su hogar de origen para dar paso a su independencia, dar inicio a un nuevo proyecto de vida, casarse, tener su propio hogar, etc.

A pesar que como padres estamos conscientes que ese momento llegará, no siempre el mismo es recibido con beneplácito y por el contrario puede surgir uno de los momentos de mayor fragilidad, desde el punto de vista psicológico, que se convierte en una de las etapas más difíciles que han de enfrentar los padres que han construido su proyecto de vida sobre la exclusiva base de una familia regular.

Este problema es comúnmente conocido como el Síndrome del Nido Vacío, haciendo la alusión metafórica al vuelo que inevitablemente ha de dar el pichón una vez que sus alas están lo suficientemente desarrolladas y las condiciones de partida están dadas. Este hecho, que tal vez debería vivirse con una sensación de logro, y, en algunos casos, como un gran alivio, pasa a dejar un vacío tanto físico como emocional en esos padres que de pronto se encuentran con una sensación de vacío en sus vidas.

Si bien es cierto que ambos pueden sentir y experimentar ese vacío, suele ser más difícil para la madre afrontar la separación física y emocional de sus hijos, sobre todo cuando su paradigma de vida, una vez afrontada la maternidad, ha sido volcado a la casi exclusiva razón de ser de su existencia. Problema que se agrava aún más si se trata de una ama de casa que no ha trabajado fuera del hogar o de una madre soltera o separada que dedicó su vida sólo a jugar el rol de madre.

La manifestación del Síndrome
Este Síndrome se puede considerar como un trastorno afectivo emocional, que se puede manifestar de diferentes maneras sin que necesariamente se tenga conciencia de las causas de los síntomas o problemas que se manifiestan. Lo más común es la aparición de un cuadro depresivo donde aparecen los sentimientos de tristeza y de pérdida, problemas de insomnio o exceso de sueño, falta de apetito, cansancio inexplicable, pensamientos de no encontrar motivos para vivir, cuyas consecuencias se hacen sentir no sólo en el plano psíquico, sino también en el físico. Dado que, muchas veces no son conscientes de lo que les pasa, suelen acudir a la consulta del médico por diferentes dolencias físicas, manifestación o reaparición de enfermedades. Situación que, afectará a la persona en forma integral, su cuerpo, su raciocinio, su libido, la autoimagen y valoración, las expectativas hacia el futuro, etc.

El vacío de la identidad
En muchos casos, la identidad de la persona, queda exclusivamente definida por el rol de madre que ha jugado en la custodia y educación de sus hijos, olvidando que además de madre es mujer, hija, esposa, trabajadora, profesional, amiga, etc. de manera que el vacío del nido se traduce en un vacío de identidad, en una pérdida del ser mismo al ya no contar con las responsabilidades propias de su rol de madre.
Esta identidad determinada por el rol de madre no necesariamente cambia porque la mujer mantenga o haya mantenido una actividad laboral o profesional, cuando su percepción de vida y razón de ser y de hacer, siempre ha sido bajo el lema de dar lo mejor de sí en la responsabilidad de velar, criar y educar a sus hijos.

La dinámica de la vida
Asumir conciencia de la situación es ya un paso hacia la adopción de medidas que sirvan de preparación para el momento de llegar a otra etapa más en la vida.
Porque definitivamente es una etapa del ciclo de vida que nos lleva desde el mismo nacimiento a ir experimentando cambios a lo largo de nuestra vida, que van desde la salida de un vientre protector, la niñez, la adolescencia, el matrimonio, el nacimiento de los hijos, y, con ellos, desde el primer día que osamos dejarlos solos en el colegio, hasta el día que dicen adiós y emprenden su propio vuelo.
Es necesario conocer estos ciclos para entender que son cambios normales e inevitables. De tal manera que nos vayamos preparando para enfrentar ese cambio, donde la familia se reduce y los padres vuelven a quedarse solos, como hace ya muchos años pero envueltos en una relación diferente.

¿Qué hacer?
Es muy poco probable evitar el proceso de autonomía de los hijos, y aunque muchos padres, temerosos de su propia inseguridad pueden jugar a la sobreprotección eterna, obviamente no resultaría psicológicamente saludable a sus hijos esa posición. De manera que cuando se acepta como inevitable y saludable ese proceso que ha de llegar, se estará en mejor condición de comenzar a trabajar dándole un cambio de significado. En lugar de vivirlo como una pérdida, podría asumirse como un periodo de crecimiento y posibilidades de autodesarrollo.
Se trata entonces de crecer con los hijos y saber adaptarse a sus distintas evoluciones. Como todo cambio, por positivo que este sea, siempre se experimentará un sentimiento de pérdida, pero también de satisfacción y alegría por el papel preponderante que se ha jugado en todo ese proceso de crecimiento.
Pensar que este proceso no va a afectar a los padres y más aún a la madre es quedarse en la negación de desarrollar y vivir el duelo de esa pérdida. Por eso es importante insistir que toda separación, y mucho más la de los hijos, conlleva un proceso de pérdida que es necesario asumir como normal y en consecuencia elaborarlo para aceptarlo. Es una nueva transición que requerirá ajustes para la continuidad de una vida sana.
Puede pensar en todas las cosas que ahora tiene tiempo para hacer como algunas que podemos señalar:
· Puede ser una ocasión para reavivar la relación de pareja
· Para reconocer los aspectos positivos de lo que acaba de concluir y de las oportunidades de la etapa que se abre.
· Puede ser la oportunidad para retomar aficiones o incluso iniciar nuevos hobbies.
· Vale la pena reordenar el tiempo y dedicar unas horas cada día al ejercicio físico, a las salidas y a entretenimientos diversos.
· Puede ser el momento de mudarse a un lugar más acorde con su nueva etapa. Un lugar a su medida y gusto, entretenido y fácil de manejar.
· Puede ser la oportunidad de organizar un viaje. Con la pareja, un familiar o un amigo o amiga.
· Es importante recordar que el hijo o hijos, estén cerca o estén lejos, están en un proceso de crecimiento y desarrollo pero siguen siendo sus hijos, y siempre se pueden hacer encuentros agradables y placenteros.
Por supuesto, en algunos casos este proceso, a pesar de todo puede ser muy duro. Siempre está la alternativa de conversar con alguien que haya ya pasado por ese proceso, o con un profesional que le ayude a elaborar el duelo de la mejor manera posible.

Gerardo J. Velásquez D.


LOS COMPORTAMIENTOS OBSESIVOS


En el día a día de las personas suelen presentar un sinnúmero de comportamientos que, por ser realizados en forma automática pasan con mucha frecuencia desapercibidos, aunque sin darnos cuenta se pueden convertir en importantes causas de estrés y hasta pasar a ser verdaderos trastornos del comportamiento, con consecuencias muy negativas para el desarrollo de la persona en los distintos espacios de la vida, bien sea el familiar, social o laboral.
Entre estos comportamientos queremos hacer mención a las llamadas obsesiones y compulsiones. Hay algunas personas que tienden a preocuparse demasiado por los problemas de cada día y a dar "vueltas y vueltas" a situaciones, conversaciones o imágenes sin poder controlar y parar en un momento determinado este torbellino de representaciones. También hay personas que presentan unas altas tendencias de perfeccionismo, el orden, la limpieza, el detalle en el vestir, comer, la atención a los hijos, etc.
Algunas personas conviven amigablemente con estas conductas, sin embargo la gran mayoría, por lo menos mantiene un cierto nivel de estrés permanente, dado que en su día a día comienzan a tener dificultades que suelen reflejarse en sus relaciones, en la administración de su tiempo, en ataques de angustia al sentirse incluso esclavas de tales comportamientos.

Del pensamiento al comportamientoEn todo comportamiento obsesivo existe un componente básico del pensamiento. Es el pensamiento lo que le da el carácter de obsesivo. En otras palabras, las obsesiones son ideas, pensamientos recurrentes que se experimentan como intrusos, no deseados e inapropiados y causan ansiedad o malestar significativos. Por ejemplo, pensar que todo está contaminado, sentirse o verse siempre con sobrepeso, tener constantes pensamientos sobre la muerte, etc. El problema se agrava a medida que existe una mayor conciencia de que tales pensamientos no necesariamente van cónsonos con la realidad y que suelen ser producto de su propia mente, lo que hace que la persona intente ignorar o suprimir estos pensamientos, impulsos o imágenes, o bien trata de neutralizarlos mediante otros pensamientos o actos, dando lugar a conductas compulsivas como un mecanismo de defensa frente a la angustia que le generan tales pensamientos.
Por su parte las conductas compulsivas se presentan como comportamientos de carácter repetitivo, que el individuo se ve obligado a realizar, como consecuencia de las ideas o pensamientos obsesivos. Su objetivo es la reducción de la angustia o la prevención de algún acontecimiento negativo. De allí que estos comportamientos compulsivos a veces también se llaman rituales. Por ejemplo, una persona puede tener pensamientos obsesivos como tener miedo de los gérmenes y en consecuencia la persona puede pasar horas lavándose las manos después de usar un baño público.

A manera de ejemplo se pueden mencionar algunas de las ideas obsesivas más comunes y conductas compulsivas que suelen derivarse de tales ideas:

Miedo a contaminarse por gérmenes o bacterias: Limpiar exageradamente todo, lavarse repetidas veces las manos, tomar baños varias veces al día o cepillarse los dientes una y otra vez.
Preocupación de no hacer bien las cosas o dudas de haberlas hecho: Revisar puertas y cerraduras de la casa y /o del carro para ver si están cerradas, si puso la alarma, si pasó bien las llaves. Revisar aparatos eléctricos para asegurarse de que están apagados.
Preocupación por el orden, simetría y exactitud: Ordenar y disponer cosas de cierto modo, prestar atención excesiva en los detalles, ponerse la ropa en el mismo orden todos los días, guardar las pertenencias en la habitación en un orden muy especial y molestarse si este orden se altera.
Pensar en ciertos sonidos, imágenes, palabras o números todo el tiempo: Contar una y otra vez hasta cierto número, repetir palabras dichas por uno mismo o por otros; formular en repetidas ocasiones la misma pregunta.
Mantener la idea que todo se puede necesitar en el futuro: Guardar periódicos viejos, objetos que no se usan, publicidad por correspondencia, envases de plástico vacíos.
Preocupación excesiva por las imperfecciones de su cuerpo: Insistir en someterse a varias cirugías plásticas, pasar un número excesivo de horas en el gimnasio, probar todo lo que considere puede mejorar su figura.

Ser perfeccionista o ser obsesivo
Cuando hablamos de una persona perfeccionista no significa que estemos ante un obsesivo. Aunque el perfeccionista suele llegar a estados de angustia porque las cosas no le salen a la perfección, lo que realmente suele manifestar son frustraciones que pueden reflejarse más con síntomas de depresión. Su estructura rígida le impide la plasticidad necesaria para adaptarse a cambios necesarios.
El ser perfeccionista no se considera un problema patológico, sino una forma de ser, un rasgo de personalidad. Sin embargo, como todo rasgo de personalidad puede sufrir descompensaciones por fracasos, frustraciones o resultados negativos, que lo pueden llevar a manifestar un síndrome depresivo. O también puede presentar problemas a nivel de sus relaciones, bien sean estas familiares o laborales.
El obsesivo, por su parte manifiesta una gran angustia que le genera su estado obsesivo. Racionalmente entiende que su manera de pensar es absurda, pero aún así no puede evitar tales pensamientos y comportamientos. Es como si una parte de sí entiende que estos pensamientos obsesivos son irracionales, pero la otra parte teme que los pensamientos sean verdaderos.
En todo caso, existe en mayor o menor grado un problema de comportamiento. Con el desorden en su casa, un perfeccionista puede generar molestias desde reproches hasta actitudes y acciones bastante agresivas, mientras que el obsesivo centrado en el orden, manifiesta una crisis de angustia que genera en él un gran desequilibrio emocional.

Hay que estar alertaTodas las personas en algunos momentos vamos a presentar tanto pensamientos como comportamientos obsesivos y compulsivos, e incluso pueden resultar positivos en distintas facetas. Por ejemplo un trabajador puede ser obsesivamente responsable y ello resultarle altamente beneficioso en su desempeño y por ende en su desarrollo. No obstante, tal responsabilidad extrema en su trabajo puede ocasionarle problemas en el hogar cuando, como no puede dejar nada para el día siguiente, se lleva trabajo a casa, o se avoca sin medida al trabajo descuidando sus responsabilidades de esposo, padre, hijo, etc.
De manera que el problema se presenta cuando perdemos el control y tales comportamientos comienzan a interferir en el normal desenvolvimiento de nuestras vidas.

En este sentido es importante evaluar nuestros comportamientos y los de nuestros familiares, ya que dependiendo del nivel del problema, la frecuencia, el tipo de pensamientos y comportamientos, se puede estar ante un verdadero problema. Desde situaciones aisladas y simples hasta el Trastorno Obsesivo Compulsivo.
Muchas investigaciones han encontrado ciertos trastornos neurológicos en personas con Trastornos Obsesivo Compulsivos, que sugieren que existe una deficiencia de un neurotransmisor químico que se encuentra en el cerebro llamado serotonina. De allí que medicamentos que pueden regular la serotonina, son en oportunidades recomendados.
En todo caso, siempre es importante saber que, con la ayuda profesional se puede canalizar el proceso para ayudar a las personas a superar tales problemas y que existen distintas alternativas, que van desde los fármacos, la psicoterapia, Programación Neurolingüística, Neuroterapia, Terapias conductuales.
Cada caso siempre es único y la combinación de estas alternativas terapéuticas va a variar según favorezcan en mayor o menor grado a la persona

Gerardo J. Velásquez D.