GERENCIANDO NUESTRA CALIDAD DE VIDA


Hablar de Calidad de Vida significa abarcar varios aspectos que atañen a todos los seres humanos, es hablar en primer lugar de estar sanos física, emocional y espiritualmente, es hablar de las condiciones en que se vive, es hablar de las relaciones a todo nivel, sean éstas familiares, sociales o laborales. Es pensar que una buena Calidad de Vida debe ir asociada a la mejor sintonía del ser humano con su entorno y por supuesto, consigo mismo. Y esta sintonía no se puede dejar al azar o al destino. Esto ha de ser en definitiva la responsabilidad de cada uno. No es el médico el responsable de mi salud física, no es el sacerdote o el sanador el responsable de mi salud espiritual, no son mis amigos, mi pareja ni mi familia, los responsables de mi tranquilidad emocional. De manera que vale la pena reflexionar y tomar acciones en aras de ir asumiendo la total responsabilidad por nuestro Bienestar General.

Por distintas razones muchas veces vamos dejando pasar el día a día, inmersos en una rutina de vida donde solo nos abocamos al trabajo o a las rutinas del hogar. En ocasiones ni siquiera prestamos atención a los alertas que nos envía nuestro cuerpo y solo cuando llegan las enfermedades acudimos al médico. Por otra parte, sin darnos cuenta nos pasamos el tiempo quejándonos de uno o varios aspectos de nuestra vida por los cuáles nos sentimos insatisfechos, pero sin hacer nada para buscar mejorías en esos aspectos, o peor aun, justificando o justificándonos para acentuar y paralizarnos ante tales insatisfacciones.

ASUMIR LA GERENCIA DE NUESTRO PROCESO
Cuando utilizo la palabra “Gerenciar” quiero hacer énfasis en que al igual que se maneja un proyecto, un negocio o una empresa, donde hay que planificar, organizar, dirigir, controlar y supervisar para hacer los ajustes permanentes en la búsqueda del éxito del proyecto o negocio, igualmente podemos vernos a nosotros mismos como un proyecto, el cual nos ha sido delegado para que seamos nuestros propios gerentes y como tales, sepamos dirigir el rumbo de nuestras vidas. Y uno de los elementos claves de un proceso gerencial es tener claro a donde se quiere llegar, sin embargo, como personas no siempre tenemos claro qué queremos de nuestra vida y en algunos casos dejamos que la inercia nos lleve. Por lo tanto, como buenos gerentes de nuestra vida podemos empezar por establecer nuestra propia Visión. En ocasiones esta visión puede parecer confusa, sin embargo basta con soñar despierto, luego hacer los ajustes en términos de factibilidad y poner en acción los elementos necesarios para encaminarnos en dicha visión. En ese camino hacia nuestra visión personal es importante:
* Hacer una revisión de nosotros mismos, de nuestras capacidades y habilidades, de nuestras creencias y cambiar aquellas que puedan ser limitantes.
* Observar y analizar el ambiente donde nos movemos, incluyendo las personas que están en ese entorno para hacer los ajustes necesarios.
* Establecer estrategias anticipativas y proactivas, previendo posibles situaciones y anticipando lo que pudiese suceder.
* Estar alertas y ser lo suficientemente flexibles para enfrentar las situaciones que necesariamente van a ir apareciendo como consecuencia de la dinámica cambiante de nuestra vida.
* Y por supuesto, asumir el liderazgo en nuestras decisiones y acciones

Cada visión personal tendrá sus aspectos particulares, pero podemos asegurar que en esencia lo que se busca es el bienestar general, es decir el óptimo estado de bienestar físico, emocional, espiritual y social. Y aunque cada una de estas áreas forzosamente va a incidir en las otras, podemos segmentarlas como “Departamentos” interdependientes para precisar con mayor efectividad los planes y acciones en esa conexión con la Visión Personal.

Bienestar Físico
En el nivel físico, lo ideal sería estar libre de enfermedades o lesiones, por ende, el plan ha de estar dirigido a la prevención de la enfermedad y al cuidado personal de esta estructura que nos sostiene como es nuestro cuerpo. Y al mismo tiempo, estar atentos para que en esos momentos que pueden aparecer crisis de salud, podamos lidiar exitosamente con ellas. En procura de este bienestar nuestra estrategia debe abarcar:
* La manera como nos alimentamos.
No es un secreto que la mayoría de las enfermedades vienen asociadas al estilo de nuestra alimentación y en este proceso de hacernos cargo de nosotros mismos, vale la pena reflexionar y preguntarnos ¿Cuál es la frecuencia y qué solemos comer típicamente en un día? ¿Qué entendemos por una buena nutrición y qué podemos hacer para mejorar lo que comemos?
Una buena alimentación requiere estar pendientes y tener una disciplina tanto de lo que se come, como de la cantidad y la frecuencia con que se come. Para algunos esto significa comer más, mientras que para otros comer menos o comer alimentos diferentes. El mantenimiento del peso y la prevención de la pérdida de masa corporal, promueven la salud general y la capacidad del organismo para combatir la enfermedad.
* Dedicar tiempo para el ejercicio
Hay muchas razones por las cuales el ejercicio es bueno para nosotros, desde ayudarnos a que los músculos y huesos se mantengan fuertes hasta mejorar el funcionamiento del corazón, los pulmones y el cerebro. A pesar de saber esto muchas personas se mantienen en un absoluto sedentarismo. Sobre este aspecto nos toca preguntarnos ¿Qué tanto dedico a hacer ejercicios? ¿Qué puedo hacer para iniciar una rutina de ejercicios o mejorar la clase y la cantidad de ejercicio que hago cada día? No necesariamente hay que estar en un gimnasio, si bien a algunas personas les encanta y pueden ir a un gimnasio, basta con por lo menos dedicarse a caminar rutinariamente unos cuantos minutos al día.
* Un espacio para la relajación y el descanso
Para ese proceso de estar más en contacto con uno mismo, de darse el tiempo para sentir el cuerpo, la respiración, el contacto con los recursos en general, en la agenda de ese proceso de gerenciarse a sí mismos, puede incluirse el practicar diariamente técnicas de meditación y relajación. El contacto cotidiano, habitual, íntimo, con el yo interior, con la esencia de la persona. Incluir en la medida de lo posible recibir un masaje, descansar en un jacuzzi y por supuesto, tener todos los días un sueño con las horas y la calidad que garantice el descanso y permita al organismo la recuperación total. Pregúntese a usted mismo ¿Duermo lo suficiente cada noche? ¿Tengo un espacio para estar conmigo mismo? ¿Le doy a mi cuerpo la atención y el descanso que se merece?

Bienestar Emocional
El aspecto emocional y psicológico es uno de los más importantes en la búsqueda de una buena calidad de vida. Algunas preguntas que podemos hacernos son: ¿Cuál es el nivel de estrés al que nos enfrentamos cotidianamente? ¿Cómo hacemos lo que hacemos? ¿Qué es lo que vemos, leemos y conversamos rutinariamente? ¿Qué cosas ocupan la mayor parte nuestros pensamientos? ¿Cómo actuamos o reaccionamos ante nuestras emociones? ¿Podemos identificar las cosas que nos causan estrés y hacer algo para eliminarlas de nuestra vida? Esto nos hará reflexionar y en consecuencia actuar sobre nosotros mismos para el mejor manejo del Estrés, y para tener una mente activa y alerta que nos ayude a gerenciar nuestras emociones perturbadoras y ocuparnos en lugar de preocuparnos. En otras palabras es desarrollar un plan que nos permita el mayor control sobre nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos. Un plan que abarque aprender a expresar nuestros sentimientos y emociones en formas adecuadas, a controlar la impulsividad y pensar antes de actuar, y a concentrarnos en los aspectos positivos que nos da la vida.

Bienestar Espiritual
El término espiritual va a estar muy en consonancia con las creencias y elecciones espirituales de cada quien, entendiéndose como un sentido de armonía interna que incluye la relación con el propio ser, con los otros, con el orden natural, con Dios o un poder superior. Por lo tanto el camino que decida seguir cada persona para explorar su bienestar espiritual es algo único y muy personal. Espiritualidad no es necesariamente religión. Lo que importa no es cuáles sean nuestras elecciones espirituales, sino que podamos incluir en nuestro plan de vida una manera de vivirla en sintonía con nuestras creencias y convicciones, con la capacidad y la disposición de experimentar amor, disfrutar paz y un sentido de autorrealización.

Bienestar Social
Por último, tratándose de que como seres humanos vivimos en un mundo de relaciones, no es posible pensar en Calidad de Vida y Bienestar General sin considerar de una manera muy especial el tipo de contacto social que vivimos. Es reflexionar con quiénes mantenemos relaciones y cómo son tales relaciones. Algunas preguntas válidas pueden ser ¿Dedico tiempo a las personas que amo? ¿Me siento parte de algún grupo en especial? ¿Suelo compartir con amigos, salir con ellos, reír, disfrutar su compañía? ¿Qué hago cuando estoy de vacaciones? ¿Cómo y con quién comparto mí tiempo libre? ¿Me gusta y disfruto mi trabajo? Un plan dirigido al mejor estado de bienestar social, debe considerar una adecuada relación con su entorno inmediato como es la pareja, los hijos, los padres y hermanos. Un tiempo para compartir con amigos. Una sana escogencia de las relaciones. Aunque parezca trillado el dicho “dime con quien andas y te diré quien eres” la verdad es que las personas con las que compartimos suelen contagiarnos su entusiasmo o desánimo, su optimismo o pesimismo, su empuje al éxito o su parálisis. De manera que en esta selección no es que se trate de ser discriminativos, sino realistas y dispuestos. Lo que sí implica, es que es importante desarrollar relaciones significativas que incluyan la posibilidad de dar y recibir apoyo.

NO ESTAMOS SOLOS
Hacerse responsable de nuestro bienestar no significa que tenemos que ser autosuficientes. De hecho, siguiendo la analogía gerencial, no existe el gerente autosuficiente ya que precisamente una de las habilidades gerenciales está en saber apoyarse en los otros. Por ende, la responsabilidad también nos lleva a entender que existen muchas maneras de ayudarnos y usar de esa ayuda todo lo que esté a nuestro alcance. Y en ese procurar el bienestar y una mejor calidad de vida lo importante es saber cómo y cuándo buscar la ayuda, bien sea del médico, del nutricionista, del asesor psicológico o de las distintas disciplinas alternativas que ven al ser humano como un todo: mente-cuerpo, espíritu-materia en relación con su entorno.
En todo caso, lo importante es siempre tener presente que la responsabilidad no es del que suministrará el apoyo o la ayuda necesaria, sino que eres tu mismo el que ha de escoger y encaminar la ruta de tu destino para encontrarte con tu felicidad y la plenitud global que mereces.

Gerardo Velásquez
Psicólogo

PENSAMIENTO, EMOCIÓN Y REACCIÓN. LA ESENCIA DE TODA RELACIÓN


Como hemos hablado en otras oportunidades, las emociones son reacciones que surgen ante eventos externos o internos. Pero esta emoción será diferente de acuerdo al pensamiento que experimentamos frente el respectivo evento. Si pienso que me quieren hacer daño, me asusto, me entristezco o me enfado y mi comportamiento puede ir desde paralizarme, cargarme de resentimientos o actuar agresivamente en nuestra defensa. Si con mi mejor intención quiero ayudar a un familiar y éste, como suele suceder y desde mi juicio, no reacciona como yo quisiera o no hace nada por si mismo, entonces siento rabia o frustración.
Muy a menudo entramos en conflicto con otras personas tratando de defender nuestro "punto de vista” sin darnos cuenta que vivimos en un mundo de juicios, donde prevalece lo subjetivo y que cuando hablamos de algo bueno o malo; agradable o desagradable; si algo es mejor o peor, etc. estamos ante la opinión de alguien o de muchos, pero no por ello se puede afirmar que esa opinión sea una verdad irrebatible, ya que su mismo carácter deja claro que dista de ser una verdad absoluta.
Muchos de estos pensamientos o posiciones están basados precisamente en la manera como estructuramos nuestro modelo del mundo, en los “debería ser o hacer” o en los “no debería ser o hacer”, en lo que consideramos correcto o incorrecto, sin detenernos a pensar que tales mandatos responden a creencias y patrones aprendidos que, si bien en algunos casos son una guía muy positiva, muchas veces pueden constituirse en grandes barreras que van a afectar negativamente nuestras relaciones interpersonales y otras áreas de nuestra vida.

La Programación Neurolingüística
Desde que conocí los postulados de la Programación Neurolingüística PNL, quedé enganchado con dos de ellos, que desde mi juicio, su interpretación y aceptación pueden ser dos pilares fundamentales para un establecimiento más sano de toda relación interpersonal, bien sea de pareja, de amistad, familiar, laboral o simplemente de cualquier necesidad o roce social. Me refiero al supuesto que reza “el mapa no es el territorio” y al supuesto que hace referencia a que “todo comportamiento tiene una intención positiva”
Si hacemos una revisión de la cantidad de veces que discutimos, que nos llenamos de sentimientos que alteran negativamente nuestro estado emocional y que reaccionamos emocionalmente fuerte ante otras personas, podemos con toda seguridad darnos cuenta que entre las “razones” más comunes a estas reacciones está el hecho de no poder demostrar lo que de acuerdo a nuestro razonamiento es evidente, o al hecho de sentir que de una u otra manera nos quieren hacer daño. Lo triste y paradójico de este sentir es que en la mayoría de los casos estas reacciones son más comunes y frecuentes ante personas muy allegadas, como la pareja, hijos, hermanos o padres, por quienes sentimos una mayor relación afectiva y a quienes queremos cambiar para que vean, oigan, sientan y en consecuencia se comporten como consideramos es la manera correcta.
Vamos a revisar un poco estos postulados:

El Mapa No es el Territorio:
Como suelo expresar en mis talleres, la PNL no ha inventado nada, simplemente ha tratado de darle una estructura a la cotidianidad y los efectos positivos o negativos que ésta ejerce sobre las personas, para de alguna manera actuar y buscar un cambio hacia lo que más nos favorezca. De manera que refranes como “todo depende del cristal con que se mire”, “cada cabeza es un mundo”, o “para los gustos se hicieron los colores”, tienen que ver con entender este postulado. Por naturaleza no es posible que existan dos personas exactamente iguales, aunque su conformación biológica y su apariencia física así lo parezca, como es el caso de los gemelos idénticos. Y no es posible porque hay otros factores que forzosamente van a influir en la conformación única de cada ser, como son los factores ambientales, sociales, la calidad de vida, las experiencias, etc. que van estructurando en cada individuo una personalidad muy propia. No importa que sean gemelos, que sean hermanos de padre y madre, que sean criados bajo el mismo techo y los mismos modelos, principios y valores, siempre habrá tanto semejanzas como diferencias, y son precisamente las diferencias lo que muchas veces cuesta aceptar.

Tener o no la razón:
Entender que “el mapa no es el territorio” es aceptar que por mucho que queramos representar el mundo cada quien hará su propia representación. Entonces, si damos como cierto este precepto, es fácil comprender también que cuando me empeño en demostrar a alguien que yo tengo la razón, esa persona probablemente estará igualmente convencida que es ella quien tiene la razón, porque cada quien desde “su mapa” tiene su propia manera de ver, escuchar y sentir. De manera que lo que para una persona resulta lógico, para otra puede resultar totalmente lo contrario. Cree tener la razón el que decide vivir toda su vida “tranquilo” y sin preocupaciones, independientemente de las condiciones en que vive, como también cree tener la razón el que prefiere un esfuerzo mayor para mejorar su estándar de vida. Cree tener la razón el que prefiere descansar durmiendo, como lo cree igual el que prefiere leer, ver televisión o incluso no descansar porque lo considera una “pérdida de tiempo”. Pero el problema en sí estriba en que a pesar que racionalmente podemos entender que somos diferentes, la mayoría de las veces este es uno de los motivos más difíciles de abordar y conciliar en todo tipo de relación.

Todo Comportamiento Tiene una Intención Positiva.
Esta aseveración suele ser un tanto polémica dado que nos cuesta creer que ciertos comportamientos que pueden a veces ser tan dañinos a otras personas, puedan tener alguna intención positiva para alguien. Sin embargo, de lo que se trata no es de defender el comportamiento en sí, el cual puede ser muy negativo, sino entender que la verdadera intención, consciente o inconscientemente busca un beneficio para la persona que ejecuta la conducta. ¿Quiere conscientemente una persona que fuma acortarse su ciclo de vida, o es que piensa que el cigarrillo lo acompaña, lo calma o le evita subir de peso? ¿Quiere una madre hacer que su hijo o hija sea un solterón o solterona cuando le corre todo pretendiente que aparece en su camino, o es que quiere lo mejor para el o ella, o simplemente tiene mucho temor a quedarse sola? ¿Quiere el padre o madre maltratar psicológica o físicamente a su hijo cuando lo castiga o es la manifestación de su impotencia de no poder lograr que su hijo haga lo que desde su criterio es lo correcto?
El solo hecho de comprender que las personas actúan sólo como saben hacerlo y que no necesariamente es contra mí en lo personal, o incluso creyendo que de esa manera me hacen un bien, entonces mi pensar, sentir y reacción emocional puede igualmente ser distinta y evitar un impacto más negativo en mi sentir. No es lo mismo pensar que mi compañero de trabajo me odia y quiere que me despidan, a pensar que quiere mi puesto y no sabe de que manera actuar para conseguir un ascenso. No puedo reaccionar o sentir igual cuando mantengo un resentimiento con mi padre porque nunca fue muy afectivo o solidario conmigo, que cuando reconozco que su vida se desarrolló bajo creencias como “la vida fácil no hace fuerte a los hombres” o “el abrazo es para las niñas porque a los hombres les puede causar una desviación sexual”. Aceptar este postulado no es estar de acuerdo en que una conducta negativa deba celebrarse o incluso respetarse, pero si encontramos la verdadera intención para el que la ejecuta, además de quitarle el impacto emocional que causa el creer que la intención es solo hacernos daño, podemos ayudarlo a encontrar otras opciones de comportamiento más positivas que se orienten a la obtención del mismo beneficio.

La reacción depende de ti:
Quiero concluir en esta oportunidad, citando a uno de los escritores que ha plasmado con mucha asertividad, algunos aspectos fundamentales que pueden considerar las personas en su búsqueda hacia una mejor calidad de vida, como es Stephen Covey, autor entre otros del Best Seller “Los Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva”, como es su llamado principio 90/10 http://bit.ly/29KO1EC, que reza que “El 10% de la vida está relacionado con lo que te pasa, el 90% de la vida está relacionado por lo forma en como reaccionas”. De manera que independientemente de lo que pueda sucedernos, lo cual generalmente no depende de nuestro actuar, sí somos 90% responsables de la forma como reaccionamos ante tales eventos.
Trasladando este principio a las relaciones interpersonales y aceptando como hemos expuesto, que las personas actúan como saben hacerlo, desde su experiencia, entendimiento y parecer, y generalmente creyendo en una buena intención (aunque sea para sí mismos), siempre tendremos el control de nuestra reacción. En algunos casos, si gustos o posiciones no chocan con nuestros principios y valores, ni afectan la esencia de la relación, bastará con reaccionar aceptando y respetando tales diferencias. En otros casos, solo entendiendo que el otro busca un beneficio, la reacción puede enfocarse a revisar el cómo se puede hacer en lugar de reaccionar de manera contraproducente. Por último, también ante diferencias individuales insalvables como puede suceder, habrá relaciones en las que la mejor salida será el distanciamiento.
No se trata de dejar de sentir, sino de estar alerta a lo que pensamos y controlar la reacción ante lo que se siente.

Gerardo Velásquez
Psicólogo