CUANDO LA RELACIÓN SEXUAL DEJA DE SER PLACENTERA

Tener sexo puede ser una de las más intensas y placenteras experiencias físicas y emocionales que el ser humano pueda tener. Más intenso y placentero será mientras se tenga una mayor capacidad de sentir y vivir la sexualidad integralmente. Sin embargo, esta experiencia puede no siempre ser tan maravillosa e incluso puede llegar a convertirse en un serio dolor de cabeza para cualquiera de las partes inmersas en una relación sexual, dado que no solo el erotismo y la sensualidad están presente en el acto sexual, sino que hay otros aspectos que suelen igualmente involucrarse como son los sentimientos, las emociones, las actitudes, los pensamientos, las creencias, los comportamientos y por supuesto el autoestima o autovaloración.

UNA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA
Como cualquier otra actividad propia de una relación de pareja, la calidad del sexo también es una responsabilidad compartida, donde no es lógico y mucho menos prudente que uno de los dos culpe al otro por los problemas que se puedan estar presentando al momento del acto sexual. Esto solo tiende a generar mayor frustración y muchas veces a colocar a uno de los dos en la situación de tener la “obligación” de satisfacer al otro, lo que traerá como consecuencia que el acto en sí ya deja de tener el encanto y por supuesto el placer para quien está en esta condición. La pareja debe entender que el placer de ambos es importante y que no es sano tratar de satisfacer al otro por encima de las propias necesidades.
Esta actitud de dejar la responsabilidad sólo en él o en ella, suele ser uno de los ingredientes más dañinos que pueden iniciar o agravar posibles disfunciones que a la larga se van a convertir en verdaderos procesos traumáticos, tanto para el afectado directamente, como para su pareja quien no puede hacerse a un lado asumiendo “el problema no es mío”. Entonces, situaciones temporales, por ejemplo, como el distanciamiento en la frecuencia de las relaciones sexuales, una “mala noche” o una disminución temporal del deseo, que pueden ocurrir por distintos motivos, como presión laboral, enfermedad, duelos, problemas con los niños, pueden pasar a ser generadores de mucha presión, sobre todo cuando uno de los dos en la pareja se ve más afectado, porque “no está cumpliendo” de acuerdo a unos patrones o expectativas que se supone deben satisfacerse. Sí bien es cierto que el sexo puede ser una forma de expresar cariño, también es cierto que el sexo debe ser primordialmente placentero para ambos en la pareja y nunca una obligación.

LAS CREENCIAS, EL PENSAMIENTO Y LAS REACCIONES EMOCIONALES
En toda relación sexual existe un intercambio de emociones, rico en deseos y en sensaciones, donde el objetivo central es dar y recibir placer, pero también puede estar lleno de frustraciones y de matices de las experiencias vitales propias, como sentimientos de miedos, vergüenza y culpabilidad, creencias infundadas y otros factores psicológicos negativos que inhiben la reacción sexual y que perturban las relaciones sexuales.
Estos sentimientos por lo general, como todos los procesos emocionales de las personas, vienen precedidos de pensamientos estimulantes o en su defecto, negativos y limitadores.

Me voy a permitir en este aspecto tomar la postura de la Psicoterapia Cognitiva, que da importancia primordial al curso del pensamiento, como generador de los principales trastornos del estado de ánimo que padecemos las personas en un momento determinado, por supuesto sin dejar de lado, que cada persona piensa, siente y actúa de acuerdo a su propia experiencia de vida, o como reza la Programación Neurolingüística (PNL) desde su propio modelo del mundo. Desde esta concepción, es entonces (salvo problemas orgánicos o biológicos) el pensamiento quien irrumpe de una manera distorsionada para generar los distintos trastornos o disfunciones sexuales que suelen presentar hombres y mujeres, porque para el acto sexual necesariamente han de activarse los mecanismos emocionales que van a generar la excitación, traducida en el hombre con la erección y en la mujer con la lubricación de su vagina. Si el pensamiento fluye sin intromisiones distorsionadas, entonces el acto será placentero, pero si por ejemplo, el hombre está pensando que tal vez no logre satisfacer a la mujer, probablemente tendrá un problema com la erección o una eyaculación precoz.
Veamos en los típicos trastornos por los que las personas suelen acudir al sexólogo, psiquiatra o psicólogo, cómo el pensamiento (descartadas causas orgánicas) puede ser el causante principal del referido trastorno, donde la base central de esos pensamientos está en creencias, por ejemplo en el caso de los hombres, como "Debo ser enormemente sexual para ser un hombre de verdad" y en la mujer "Debo satisfacer a mi compañero para tener su aprobación":
• En el caso del hombre la típica DISFUNCIÓN ERÉCTIL (IMPOTENCIA) donde el hombre no alcanza la erección o no logra mantenerla, o la EYACULACIÓN PRECOZ, donde el hombre termina demasiado rápido y la mujer no alcanza el placer del orgasmo. Supongamos que han ocurrido algunos eventos y el hombre ha tenido una o unas experiencias desagradables en que, desde su juicio o crítica de su pareja, no tuvo una respuesta satisfactoria. Entonces se siente presionado y preocupado. Piensa que no va a ser capaz de mantener su erección el tiempo suficiente como para satisfacer a su mujer, piensa la pena que va a pasar o el ridículo que va a hacer si su mujer ve la flacidez de su pene y en el malestar y críticas por parte de esta. También piensa que esto le va a traer problemas en la estabilidad de su relación. Con estos pensamientos lo invade la ansiedad y la consecuencia puede ser que no haya la erección, o que por miedo a perderla realice el coito sin que su mujer haya siquiera iniciado la lubricación. También puede por ejemplo estar preocupado para mantener el acto dilatando la eyaculación y entonces piensa “debo satisfacer plenamente a mi mujer y no se si pueda lograrlo” “el acto debe durar “equis” cantidad de tiempo y voy a quedar muy mal si no lo alcanzo”. Las consecuencias: Casi inevitablemente ocurre la eyaculación anticipada.
• Por su parte en la mujer, uno de los problemas más comunes es la INHIBICIÓN ORGÁSMICA, donde igualmente antes del acto puede estar pensando que no va a quedar satisfecha, bloqueando la excitación necesaria para la lubricación, o con pensamientos como “el no me ha dicho que le ha gustado, significa que no lo estoy haciendo bien” o “no soy capaz de sentir un orgasmo. Nunca voy a sentir un orgasmo”. Por supuesto ante pensamientos de esta naturaleza, se pierde por completo el disfrute y el placer y pareciera una tortura lo que por naturaleza debiera ser extraordinario.

LA COMUNICACIÓN
Aunque pueda sonar a cliché, si no hay comunicación no es posible que los integrantes puedan conocer más sobre los gustos de cada uno en materia del acto sexual. De manera que puede ser que la otra persona desconozca algunas de las cosas que le gustan y son relevantes para su pareja y que, si son expresadas, van a contribuir a una vida sexual más acorde con los deseos de ambos.
En el sexo de una pareja sana, nada es exagerado o fuera de tono. Basta con que ambos estén de acuerdo y se compenetren en disfrutarlo. De manera que no es lógico sentir pena por expresar cosas que quisieran cambiar, agregar o experimentar en el sexo y por supuesto, hay que expresar a la pareja lo que cada quien necesita, siente o desea. Hay que evitar las suposiciones y preguntar a su pareja lo quiera saber, evitando juicios, reproches y generalizaciones. Por supuesto como lo expresé anteriormente que esta es una responsabilidad compartida, hay que actuar para dar de cada uno lo mejor para el disfrute y el placer de ambos.

LOS LÍMITES QUE IMPONE LA EDAD
Es lógico, que como proceso normal evolutivo en la vida, la actividad sexual se vaya modificando en cada etapa de la vida del individuo. Es por eso que de una edad a otra los intereses sexuales van cambiando, coincidiendo generalmente con los cambios corporales. Sin embargo, el sexo es importante durante toda la vida de la persona, no sólo en la etapa reproductiva, sino también durante la juventud y tercera edad.
Contrario a la creencia popular, nunca se es demasiado viejo para gozar de una vida sexual plena. El problema comienza cuando los prejuicios y las pautas culturales se imponen a las biológicas. Pero la verdad es que los seres humanos, afortunadamente, nunca son demasiado viejos, en términos biológicos, como para gozar de una vida sexual sana y feliz. Sin embargo, con frecuencia, se asume que las personas mayores pierden sus deseos sexuales o que no pueden llevarlos a cabo por razones físicas o peor aun, algunos ven al sexo en las personas adultas como algo feo o indeseable. Por eso, igualmente en esta etapa de la vida, los problemas que se presentan, como principales saboteadores para el disfrute sexual son consecuencia de las creencias, los prejuicios y la distorsión de los pensamientos, por temor a la desaprobación de sus hijos o nietos, que los pueden hace sentir culpables frente a sus legítimos deseos.
Otro problema es la longevidad femenina, ya que si bien la sociedad acepta las relaciones entre hombres mayores y mujeres jóvenes, tiende por el contrario a difamar a mujeres mayores que establecen lazos con hombres más jóvenes. De manera que son falsos mitos la mayoría de las limitaciones que se imponen a las relaciones sexuales entre personas de la tercera edad. Si se goza de una salud razonablemente buena para su edad, se puede esperar seguir siendo una persona sexualmente activa hasta una avanzada edad.

Tener una vida sexualmente sana y feliz no tiene edad, de usted depende cómo y hasta dónde quiere disfrutar de uno de los más grandes placeres que nos ha ofrecido el hecho de estar vivos

Gerardo Velásquez
Psicólogo