LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD Y LAS NORMAS SOCIALES

Dadas las características particulares de los seres humanos, sería difícil siquiera suponer que una sociedad pueda conducirse sanamente sin parámetros preestablecidos que orienten y hasta obliguen a sus ciudadanos en la manera de convivir los unos con los otros. Sin embargo, y a pesar que estos parámetros siempre existen, bien sea bajos normas legales bien definidas, o por usos y costumbres pautados en cada sociedad, es muy común que sean permanentemente violados o ignorados por una gran cantidad de personas a quienes les cuesta dirigir su comportamiento de manera sana respecto a su interacción con las demás personas.
En este sentido, existen las llamadas “Normas Sociales” que las podemos entender como un conjunto de patrones de comportamiento que se reconocen como “normales” o “sanos” en una determinada sociedad, donde su incumplimiento puede o no implicar una sanción institucionalizada, aunque sí algún tipo de recriminación o reproche social.

MÁS ALLÁ DE LAS LEYES, LA CONVIVENCIA
La violación a las normas sociales, desde mi juicio, en mayor o menor grado, es común a las distintas sociedades, independientemente del nivel de desarrollo de dicha sociedad. Obviamente, suele suceder que en aquellos países donde son estrictos con las sanciones por el incumplimiento de las leyes, las violaciones se presentan en una menor proporción que en otros países, donde, a pesar de existir las leyes, éstas son violadas constantemente sin mayores consecuencias para los infractores. Por supuesto, este es un problema bastante serio, dado que para muy poco sirven las leyes si éstas no se hacen cumplir. Pero no es mi intención abordar este tema, que muy bien pudiera ser analizado desde un enfoque político, social y cultural.
Sin embargo, más allá de las normas legales, hay otros interesantes elementos que podemos encontrar si analizamos el problema enfocado hacia las Normas de Convivencia desde una perspectiva psicosocial, ya que hay situaciones problemáticas que aunque se presentan en cualquier sociedad o estrato social, no son claramente identificadas y peor aún corregidas por la misma naturaleza de tales situaciones. Específicamente, me quiero referir a dos de los llamados trastornos de personalidad que comúnmente se pueden encontrar en cualquier grupo familiar o social. A estos dos trastornos se les conoce de acuerdo al Manual Diagnóstico y Estadístico de Los Trastornos Mentales DSM4 como el Trastorno de Conducta Antisocial y el Trastorno Límite de la Personalidad, que como en otros trastornos de personalidad las características resaltantes están alrededor de su manera de interpretarse y relacionarse con sí mismos y con los otros y una inadecuada manera de manejar su afectividad y el control de sus impulsos.

EL TRASTORNO ANTISOCIAL DE LA PERSONALIDAD
Anteriormente conocido como Sociopatías y Sicopatías en el extremo del trastorno, es un tipo de trastorno donde la persona muestra un comportamiento caracterizado por una falta de consideración y violación de los derechos de los demás, en muchos casos con una dificultad para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, y con mucha frecuencia con presencia de deshonestidad, mentiras, impulsividad o incapacidad para planificar el futuro, despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás y una irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas. En el extremo de este trastorno, puede estar la falta de remordimiento, en casos de daños, maltratos o robos a otras personas.
Por supuesto en mayor o menor severidad las personas con este trastorno suelen tener muchos problemas en su vida afectiva emocional por su permanente violación a los derechos de los demás. En un extremo y según las características individuales y su historia afectiva y social, unos suelen caer fácilmente en la delincuencia, mientras que otros se mantienen sencillamente engañando y abusando de otros allegados, generalmente familiares cercanos y amigos, a quienes mienten, estafan, meten en problemas, etc.
De acuerdo a las estadísticas del DSM4, antes citado, se estima que en la población general cerca de un 3% de varones y un 1% de mujeres presenta este tipo de trastorno. Este porcentaje suele variar cuando se hacen diferencias poblacionales.

EL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD
Este es otro trastorno de la personalidad, que aunque en una menor incidencia que el Trastorno Antisocial, también puede ser una importante causa a violaciones de las normas y buenas costumbres en una sociedad específica, ya que aunque lo que suele resaltar en estas personas es su marcada incapacidad para establecer y mantener sanas relaciones, existe una dificultad para el autocontrol de sí mismos que en muchas ocasiones los lleva a los excesos, poniendo en riesgo tanto su vida como la de personas cercanas. Algunas de las características tomadas del Manual DSM4, que se pueden encontrar en este trastorno, que inciden en una inadecuada respuesta social, son: esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginado, un patrón de relaciones interpersonales inestables, una impulsividad en al menos dos áreas, potencialmente dañina para sí mismo (gastos, sexo, abuso de sustancias, conducción temeraria, atracones de comida) y episodios de ira inapropiada e intensa con dificultades para controlarla. De acuerdo, igualmente al Manual DSM4, Se estima que la prevalencia del trastorno límite de la personalidad es de alrededor del 2 % de la población general, con un 75% de prevalencia en la población femenina.

LAS DIFICULTADES EN EL ABORDAJE DE ESTOS PROBLEMAS
A diferencia de cualquier otro trastorno de carácter emocional o mental, el problema central que se presenta cuando estamos ante cualquier trastorno de personalidad, por supuesto incluyendo a estos dos que he tratado de explicar de una manera sencilla (sin dejar de reconocer que hay mucho más que aclarar y explicar sobre el tema), está en el hecho que la persona que presenta el trastorno no acepta conscientemente que tiene un problema, de manera que es casi imposible el abordaje terapéutico exitoso de estas personas. Lo que suele suceder es que, en el mejor de los casos acuden a un terapeuta por otras razones, como una crisis depresiva o ansiosa, una fobia, un duelo, etc. o asisten por una presión impuesta por familiares que son, los que suelen padecer con mayor cercanía las consecuencias de los comportamientos de estas personas. De manera que ante esa poca conciencia del problema real que está presentando, será bastante difícil que la persona se deje ayudar hacia una mejora para ella y por ende para su entorno.

Considero importante y necesario un proceso de psicoeducación que pueda ayudar tanto a la persona objeto del trastorno, como a los familiares, primero, a entender el problema, sin que ello signifique una justificación para sus actos violatorios a sí mismo y a los demás, y en segundo lugar, a generar una disposición a dejarse ayudar entendiendo que existen alternativas terapéuticas que pueden ser muy efectivas, pero ninguna posible sin la conciencia del problema y la responsabilidad del sujeto en trabajar en su proceso de cambio.

Gerardo Velásquez
gvelasquez99@cantv.net