GERENCIANDO NUESTRA CALIDAD DE VIDA


Hablar de Calidad de Vida significa abarcar varios aspectos que atañen a todos los seres humanos, es hablar en primer lugar de estar sanos física, emocional y espiritualmente, es hablar de las condiciones en que se vive, es hablar de las relaciones a todo nivel, sean éstas familiares, sociales o laborales. Es pensar que una buena Calidad de Vida debe ir asociada a la mejor sintonía del ser humano con su entorno y por supuesto, consigo mismo. Y esta sintonía no se puede dejar al azar o al destino. Esto ha de ser en definitiva la responsabilidad de cada uno. No es el médico el responsable de mi salud física, no es el sacerdote o el sanador el responsable de mi salud espiritual, no son mis amigos, mi pareja ni mi familia, los responsables de mi tranquilidad emocional. De manera que vale la pena reflexionar y tomar acciones en aras de ir asumiendo la total responsabilidad por nuestro Bienestar General.

Por distintas razones muchas veces vamos dejando pasar el día a día, inmersos en una rutina de vida donde solo nos abocamos al trabajo o a las rutinas del hogar. En ocasiones ni siquiera prestamos atención a los alertas que nos envía nuestro cuerpo y solo cuando llegan las enfermedades acudimos al médico. Por otra parte, sin darnos cuenta nos pasamos el tiempo quejándonos de uno o varios aspectos de nuestra vida por los cuáles nos sentimos insatisfechos, pero sin hacer nada para buscar mejorías en esos aspectos, o peor aun, justificando o justificándonos para acentuar y paralizarnos ante tales insatisfacciones.

ASUMIR LA GERENCIA DE NUESTRO PROCESO
Cuando utilizo la palabra “Gerenciar” quiero hacer énfasis en que al igual que se maneja un proyecto, un negocio o una empresa, donde hay que planificar, organizar, dirigir, controlar y supervisar para hacer los ajustes permanentes en la búsqueda del éxito del proyecto o negocio, igualmente podemos vernos a nosotros mismos como un proyecto, el cual nos ha sido delegado para que seamos nuestros propios gerentes y como tales, sepamos dirigir el rumbo de nuestras vidas. Y uno de los elementos claves de un proceso gerencial es tener claro a donde se quiere llegar, sin embargo, como personas no siempre tenemos claro qué queremos de nuestra vida y en algunos casos dejamos que la inercia nos lleve. Por lo tanto, como buenos gerentes de nuestra vida podemos empezar por establecer nuestra propia Visión. En ocasiones esta visión puede parecer confusa, sin embargo basta con soñar despierto, luego hacer los ajustes en términos de factibilidad y poner en acción los elementos necesarios para encaminarnos en dicha visión. En ese camino hacia nuestra visión personal es importante:
* Hacer una revisión de nosotros mismos, de nuestras capacidades y habilidades, de nuestras creencias y cambiar aquellas que puedan ser limitantes.
* Observar y analizar el ambiente donde nos movemos, incluyendo las personas que están en ese entorno para hacer los ajustes necesarios.
* Establecer estrategias anticipativas y proactivas, previendo posibles situaciones y anticipando lo que pudiese suceder.
* Estar alertas y ser lo suficientemente flexibles para enfrentar las situaciones que necesariamente van a ir apareciendo como consecuencia de la dinámica cambiante de nuestra vida.
* Y por supuesto, asumir el liderazgo en nuestras decisiones y acciones

Cada visión personal tendrá sus aspectos particulares, pero podemos asegurar que en esencia lo que se busca es el bienestar general, es decir el óptimo estado de bienestar físico, emocional, espiritual y social. Y aunque cada una de estas áreas forzosamente va a incidir en las otras, podemos segmentarlas como “Departamentos” interdependientes para precisar con mayor efectividad los planes y acciones en esa conexión con la Visión Personal.

Bienestar Físico
En el nivel físico, lo ideal sería estar libre de enfermedades o lesiones, por ende, el plan ha de estar dirigido a la prevención de la enfermedad y al cuidado personal de esta estructura que nos sostiene como es nuestro cuerpo. Y al mismo tiempo, estar atentos para que en esos momentos que pueden aparecer crisis de salud, podamos lidiar exitosamente con ellas. En procura de este bienestar nuestra estrategia debe abarcar:
* La manera como nos alimentamos.
No es un secreto que la mayoría de las enfermedades vienen asociadas al estilo de nuestra alimentación y en este proceso de hacernos cargo de nosotros mismos, vale la pena reflexionar y preguntarnos ¿Cuál es la frecuencia y qué solemos comer típicamente en un día? ¿Qué entendemos por una buena nutrición y qué podemos hacer para mejorar lo que comemos?
Una buena alimentación requiere estar pendientes y tener una disciplina tanto de lo que se come, como de la cantidad y la frecuencia con que se come. Para algunos esto significa comer más, mientras que para otros comer menos o comer alimentos diferentes. El mantenimiento del peso y la prevención de la pérdida de masa corporal, promueven la salud general y la capacidad del organismo para combatir la enfermedad.
* Dedicar tiempo para el ejercicio
Hay muchas razones por las cuales el ejercicio es bueno para nosotros, desde ayudarnos a que los músculos y huesos se mantengan fuertes hasta mejorar el funcionamiento del corazón, los pulmones y el cerebro. A pesar de saber esto muchas personas se mantienen en un absoluto sedentarismo. Sobre este aspecto nos toca preguntarnos ¿Qué tanto dedico a hacer ejercicios? ¿Qué puedo hacer para iniciar una rutina de ejercicios o mejorar la clase y la cantidad de ejercicio que hago cada día? No necesariamente hay que estar en un gimnasio, si bien a algunas personas les encanta y pueden ir a un gimnasio, basta con por lo menos dedicarse a caminar rutinariamente unos cuantos minutos al día.
* Un espacio para la relajación y el descanso
Para ese proceso de estar más en contacto con uno mismo, de darse el tiempo para sentir el cuerpo, la respiración, el contacto con los recursos en general, en la agenda de ese proceso de gerenciarse a sí mismos, puede incluirse el practicar diariamente técnicas de meditación y relajación. El contacto cotidiano, habitual, íntimo, con el yo interior, con la esencia de la persona. Incluir en la medida de lo posible recibir un masaje, descansar en un jacuzzi y por supuesto, tener todos los días un sueño con las horas y la calidad que garantice el descanso y permita al organismo la recuperación total. Pregúntese a usted mismo ¿Duermo lo suficiente cada noche? ¿Tengo un espacio para estar conmigo mismo? ¿Le doy a mi cuerpo la atención y el descanso que se merece?

Bienestar Emocional
El aspecto emocional y psicológico es uno de los más importantes en la búsqueda de una buena calidad de vida. Algunas preguntas que podemos hacernos son: ¿Cuál es el nivel de estrés al que nos enfrentamos cotidianamente? ¿Cómo hacemos lo que hacemos? ¿Qué es lo que vemos, leemos y conversamos rutinariamente? ¿Qué cosas ocupan la mayor parte nuestros pensamientos? ¿Cómo actuamos o reaccionamos ante nuestras emociones? ¿Podemos identificar las cosas que nos causan estrés y hacer algo para eliminarlas de nuestra vida? Esto nos hará reflexionar y en consecuencia actuar sobre nosotros mismos para el mejor manejo del Estrés, y para tener una mente activa y alerta que nos ayude a gerenciar nuestras emociones perturbadoras y ocuparnos en lugar de preocuparnos. En otras palabras es desarrollar un plan que nos permita el mayor control sobre nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos. Un plan que abarque aprender a expresar nuestros sentimientos y emociones en formas adecuadas, a controlar la impulsividad y pensar antes de actuar, y a concentrarnos en los aspectos positivos que nos da la vida.

Bienestar Espiritual
El término espiritual va a estar muy en consonancia con las creencias y elecciones espirituales de cada quien, entendiéndose como un sentido de armonía interna que incluye la relación con el propio ser, con los otros, con el orden natural, con Dios o un poder superior. Por lo tanto el camino que decida seguir cada persona para explorar su bienestar espiritual es algo único y muy personal. Espiritualidad no es necesariamente religión. Lo que importa no es cuáles sean nuestras elecciones espirituales, sino que podamos incluir en nuestro plan de vida una manera de vivirla en sintonía con nuestras creencias y convicciones, con la capacidad y la disposición de experimentar amor, disfrutar paz y un sentido de autorrealización.

Bienestar Social
Por último, tratándose de que como seres humanos vivimos en un mundo de relaciones, no es posible pensar en Calidad de Vida y Bienestar General sin considerar de una manera muy especial el tipo de contacto social que vivimos. Es reflexionar con quiénes mantenemos relaciones y cómo son tales relaciones. Algunas preguntas válidas pueden ser ¿Dedico tiempo a las personas que amo? ¿Me siento parte de algún grupo en especial? ¿Suelo compartir con amigos, salir con ellos, reír, disfrutar su compañía? ¿Qué hago cuando estoy de vacaciones? ¿Cómo y con quién comparto mí tiempo libre? ¿Me gusta y disfruto mi trabajo? Un plan dirigido al mejor estado de bienestar social, debe considerar una adecuada relación con su entorno inmediato como es la pareja, los hijos, los padres y hermanos. Un tiempo para compartir con amigos. Una sana escogencia de las relaciones. Aunque parezca trillado el dicho “dime con quien andas y te diré quien eres” la verdad es que las personas con las que compartimos suelen contagiarnos su entusiasmo o desánimo, su optimismo o pesimismo, su empuje al éxito o su parálisis. De manera que en esta selección no es que se trate de ser discriminativos, sino realistas y dispuestos. Lo que sí implica, es que es importante desarrollar relaciones significativas que incluyan la posibilidad de dar y recibir apoyo.

NO ESTAMOS SOLOS
Hacerse responsable de nuestro bienestar no significa que tenemos que ser autosuficientes. De hecho, siguiendo la analogía gerencial, no existe el gerente autosuficiente ya que precisamente una de las habilidades gerenciales está en saber apoyarse en los otros. Por ende, la responsabilidad también nos lleva a entender que existen muchas maneras de ayudarnos y usar de esa ayuda todo lo que esté a nuestro alcance. Y en ese procurar el bienestar y una mejor calidad de vida lo importante es saber cómo y cuándo buscar la ayuda, bien sea del médico, del nutricionista, del asesor psicológico o de las distintas disciplinas alternativas que ven al ser humano como un todo: mente-cuerpo, espíritu-materia en relación con su entorno.
En todo caso, lo importante es siempre tener presente que la responsabilidad no es del que suministrará el apoyo o la ayuda necesaria, sino que eres tu mismo el que ha de escoger y encaminar la ruta de tu destino para encontrarte con tu felicidad y la plenitud global que mereces.

Gerardo Velásquez
Psicólogo

PENSAMIENTO, EMOCIÓN Y REACCIÓN. LA ESENCIA DE TODA RELACIÓN


Como hemos hablado en otras oportunidades, las emociones son reacciones que surgen ante eventos externos o internos. Pero esta emoción será diferente de acuerdo al pensamiento que experimentamos frente el respectivo evento. Si pienso que me quieren hacer daño, me asusto, me entristezco o me enfado y mi comportamiento puede ir desde paralizarme, cargarme de resentimientos o actuar agresivamente en nuestra defensa. Si con mi mejor intención quiero ayudar a un familiar y éste, como suele suceder y desde mi juicio, no reacciona como yo quisiera o no hace nada por si mismo, entonces siento rabia o frustración.
Muy a menudo entramos en conflicto con otras personas tratando de defender nuestro "punto de vista” sin darnos cuenta que vivimos en un mundo de juicios, donde prevalece lo subjetivo y que cuando hablamos de algo bueno o malo; agradable o desagradable; si algo es mejor o peor, etc. estamos ante la opinión de alguien o de muchos, pero no por ello se puede afirmar que esa opinión sea una verdad irrebatible, ya que su mismo carácter deja claro que dista de ser una verdad absoluta.
Muchos de estos pensamientos o posiciones están basados precisamente en la manera como estructuramos nuestro modelo del mundo, en los “debería ser o hacer” o en los “no debería ser o hacer”, en lo que consideramos correcto o incorrecto, sin detenernos a pensar que tales mandatos responden a creencias y patrones aprendidos que, si bien en algunos casos son una guía muy positiva, muchas veces pueden constituirse en grandes barreras que van a afectar negativamente nuestras relaciones interpersonales y otras áreas de nuestra vida.

La Programación Neurolingüística
Desde que conocí los postulados de la Programación Neurolingüística PNL, quedé enganchado con dos de ellos, que desde mi juicio, su interpretación y aceptación pueden ser dos pilares fundamentales para un establecimiento más sano de toda relación interpersonal, bien sea de pareja, de amistad, familiar, laboral o simplemente de cualquier necesidad o roce social. Me refiero al supuesto que reza “el mapa no es el territorio” y al supuesto que hace referencia a que “todo comportamiento tiene una intención positiva”
Si hacemos una revisión de la cantidad de veces que discutimos, que nos llenamos de sentimientos que alteran negativamente nuestro estado emocional y que reaccionamos emocionalmente fuerte ante otras personas, podemos con toda seguridad darnos cuenta que entre las “razones” más comunes a estas reacciones está el hecho de no poder demostrar lo que de acuerdo a nuestro razonamiento es evidente, o al hecho de sentir que de una u otra manera nos quieren hacer daño. Lo triste y paradójico de este sentir es que en la mayoría de los casos estas reacciones son más comunes y frecuentes ante personas muy allegadas, como la pareja, hijos, hermanos o padres, por quienes sentimos una mayor relación afectiva y a quienes queremos cambiar para que vean, oigan, sientan y en consecuencia se comporten como consideramos es la manera correcta.
Vamos a revisar un poco estos postulados:

El Mapa No es el Territorio:
Como suelo expresar en mis talleres, la PNL no ha inventado nada, simplemente ha tratado de darle una estructura a la cotidianidad y los efectos positivos o negativos que ésta ejerce sobre las personas, para de alguna manera actuar y buscar un cambio hacia lo que más nos favorezca. De manera que refranes como “todo depende del cristal con que se mire”, “cada cabeza es un mundo”, o “para los gustos se hicieron los colores”, tienen que ver con entender este postulado. Por naturaleza no es posible que existan dos personas exactamente iguales, aunque su conformación biológica y su apariencia física así lo parezca, como es el caso de los gemelos idénticos. Y no es posible porque hay otros factores que forzosamente van a influir en la conformación única de cada ser, como son los factores ambientales, sociales, la calidad de vida, las experiencias, etc. que van estructurando en cada individuo una personalidad muy propia. No importa que sean gemelos, que sean hermanos de padre y madre, que sean criados bajo el mismo techo y los mismos modelos, principios y valores, siempre habrá tanto semejanzas como diferencias, y son precisamente las diferencias lo que muchas veces cuesta aceptar.

Tener o no la razón:
Entender que “el mapa no es el territorio” es aceptar que por mucho que queramos representar el mundo cada quien hará su propia representación. Entonces, si damos como cierto este precepto, es fácil comprender también que cuando me empeño en demostrar a alguien que yo tengo la razón, esa persona probablemente estará igualmente convencida que es ella quien tiene la razón, porque cada quien desde “su mapa” tiene su propia manera de ver, escuchar y sentir. De manera que lo que para una persona resulta lógico, para otra puede resultar totalmente lo contrario. Cree tener la razón el que decide vivir toda su vida “tranquilo” y sin preocupaciones, independientemente de las condiciones en que vive, como también cree tener la razón el que prefiere un esfuerzo mayor para mejorar su estándar de vida. Cree tener la razón el que prefiere descansar durmiendo, como lo cree igual el que prefiere leer, ver televisión o incluso no descansar porque lo considera una “pérdida de tiempo”. Pero el problema en sí estriba en que a pesar que racionalmente podemos entender que somos diferentes, la mayoría de las veces este es uno de los motivos más difíciles de abordar y conciliar en todo tipo de relación.

Todo Comportamiento Tiene una Intención Positiva.
Esta aseveración suele ser un tanto polémica dado que nos cuesta creer que ciertos comportamientos que pueden a veces ser tan dañinos a otras personas, puedan tener alguna intención positiva para alguien. Sin embargo, de lo que se trata no es de defender el comportamiento en sí, el cual puede ser muy negativo, sino entender que la verdadera intención, consciente o inconscientemente busca un beneficio para la persona que ejecuta la conducta. ¿Quiere conscientemente una persona que fuma acortarse su ciclo de vida, o es que piensa que el cigarrillo lo acompaña, lo calma o le evita subir de peso? ¿Quiere una madre hacer que su hijo o hija sea un solterón o solterona cuando le corre todo pretendiente que aparece en su camino, o es que quiere lo mejor para el o ella, o simplemente tiene mucho temor a quedarse sola? ¿Quiere el padre o madre maltratar psicológica o físicamente a su hijo cuando lo castiga o es la manifestación de su impotencia de no poder lograr que su hijo haga lo que desde su criterio es lo correcto?
El solo hecho de comprender que las personas actúan sólo como saben hacerlo y que no necesariamente es contra mí en lo personal, o incluso creyendo que de esa manera me hacen un bien, entonces mi pensar, sentir y reacción emocional puede igualmente ser distinta y evitar un impacto más negativo en mi sentir. No es lo mismo pensar que mi compañero de trabajo me odia y quiere que me despidan, a pensar que quiere mi puesto y no sabe de que manera actuar para conseguir un ascenso. No puedo reaccionar o sentir igual cuando mantengo un resentimiento con mi padre porque nunca fue muy afectivo o solidario conmigo, que cuando reconozco que su vida se desarrolló bajo creencias como “la vida fácil no hace fuerte a los hombres” o “el abrazo es para las niñas porque a los hombres les puede causar una desviación sexual”. Aceptar este postulado no es estar de acuerdo en que una conducta negativa deba celebrarse o incluso respetarse, pero si encontramos la verdadera intención para el que la ejecuta, además de quitarle el impacto emocional que causa el creer que la intención es solo hacernos daño, podemos ayudarlo a encontrar otras opciones de comportamiento más positivas que se orienten a la obtención del mismo beneficio.

La reacción depende de ti:
Quiero concluir en esta oportunidad, citando a uno de los escritores que ha plasmado con mucha asertividad, algunos aspectos fundamentales que pueden considerar las personas en su búsqueda hacia una mejor calidad de vida, como es Stephen Covey, autor entre otros del Best Seller “Los Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva”, como es su llamado principio 90/10 http://bit.ly/29KO1EC, que reza que “El 10% de la vida está relacionado con lo que te pasa, el 90% de la vida está relacionado por lo forma en como reaccionas”. De manera que independientemente de lo que pueda sucedernos, lo cual generalmente no depende de nuestro actuar, sí somos 90% responsables de la forma como reaccionamos ante tales eventos.
Trasladando este principio a las relaciones interpersonales y aceptando como hemos expuesto, que las personas actúan como saben hacerlo, desde su experiencia, entendimiento y parecer, y generalmente creyendo en una buena intención (aunque sea para sí mismos), siempre tendremos el control de nuestra reacción. En algunos casos, si gustos o posiciones no chocan con nuestros principios y valores, ni afectan la esencia de la relación, bastará con reaccionar aceptando y respetando tales diferencias. En otros casos, solo entendiendo que el otro busca un beneficio, la reacción puede enfocarse a revisar el cómo se puede hacer en lugar de reaccionar de manera contraproducente. Por último, también ante diferencias individuales insalvables como puede suceder, habrá relaciones en las que la mejor salida será el distanciamiento.
No se trata de dejar de sentir, sino de estar alerta a lo que pensamos y controlar la reacción ante lo que se siente.

Gerardo Velásquez
Psicólogo

LA PROGRAMACIÓN NEUROLINGÜÍSTICA EN LA SALUD ORGANIZACIONAL

Me atrevería a asegurar que cuando una organización, sea esta con fines o sin fines de lucro está marchando en armonía con su propósito o Razón de Ser, es porque las personas, en su mayoría están actuando e interactuando los unos con los otros en sintonía con sus intereses personales, sus estilos de personalidad, sus capacidades, sus creencias, en otras palabras se sienten bien haciendo lo que hacen, se sienten bien en sus relaciones con los otros, se consideran atendidos, entendidos y bien tratados por sus superiores, compañeros y sus supervisados. Y es que no importa como queramos definir a una organización, siempre vamos a coincidir en que se trata de un grupo de personas que interactúan para llevar adelante un propósito. De manera que es una fórmula sencilla: Organización es igual a Gente y Gente es igual a Relaciones. Organización = Gente = Relaciones.
No creo que esté diciendo nada nuevo con esto, sin embargo es importante destacar que a pesar que esta fórmula luce muy real y que muchas organizaciones permanecen predicando que lo más importante es su gente, suelen descuidar elementos muy importantes sobre los aspectos motivacionales, caracteres de personalidad, diferencias individuales y muchos aspectos que pueden ser invalorables para obtener el mejor provecho de la gente y desarrollar en consecuencia organizaciones “sanas” y bien alineadas.

Del abordaje individual a la salud organizacional.
Visto de esta manera, luce razonable pensar que en función de lo bien que se sientan las personas en las empresas, los logros y objetivos que éstas se tracen tendrán una mayor probabilidad de éxito. En este sentido bien vale la pena trasladar a las organizaciones modelos que han nacido específicamente con la intención de ayudar a los seres humanos en el manejo de sus emociones y las de los otros, a mejorar sus relaciones, a desarrollar y potenciar habilidades y competencias, entre otras. Uno de esos modelos, el cual considero puede ser de gran utilidad es el que nos ofrece la Programación Neurolingüística (PNL), partiendo de algunos de sus postulados o presuposiciones y extrayendo por lo menos dos elementos como son la importancia de ampliar nuestra agudeza perceptiva y la comprensión de los otros en aras de fortalecer y hacer más funcionales las redes sociales y obtener de todos y de cada uno lo mejor.

Los Postulados de la PNL
Siempre pensando en la organización como una suma de personas, vamos a citar y a tratar de explicar de la manera más sencilla posible aquellas presuposiciones de la PNL que el sólo considerarlas puede resultar muy útil para entender, ayudar y sacar provecho de la gente:
El mapa no es el territorio: La esencia de este postulado es que los seres humanos somos diferentes. Por lo tanto percibimos y reaccionamos ante los hechos y las personas de acuerdo al significado que desde nuestra experiencia de vida damos a los eventos y situaciones que encontramos en el camino. Entendiendo esta idea nos lleva también a entender y aceptar diferencias individuales y hasta aprovecharlas según el contexto donde estemos.
Las personas actúan perfectamente: En vez de pensar que los seres humanos son defectuosos porque no hacen lo que parece adecuado, convencional o efectivo, es aconsejable pensar que son extremadamente eficaces para conseguir determinados resultados, aunque estos quizás no sean lo mejor para las circunstancias.
Si algo es posible para una persona, lo es también para los demás: Salvando las consecuencias de limitaciones físicas o biológicas, podemos aprender y ayudar a otros a desarrollar y potenciar habilidades, modelando y tomando de otras personas sus estrategias y formas de actuar.
Todas las personas tienen todos los recursos que necesitan: Las personas tienen dentro de si mismas una gran reserva de habilidades y atributos. El hecho de que algunos recursos no se usen o se usen muy raras veces, no significa que no se poseen, de manera que lo que ha de hacerse es ayudar a las personas a encontrar y utilizar sus recursos.
No hay fallos, solamente información acerca de los resultados: Si no se consigue el objetivo buscado, esto se puede utilizar como una información útil que sirva de ayuda en futuros intentos, en vez de tomarlo como una evidencia de la propia incapacidad para conseguir lo que se desea.
Si lo que hace no funciona intente hacer algo diferente: La flexibilidad es una clave para la efectividad. Si se modifica la forma de hacer las cosas hasta obtener un resultado esperado, será mas probable conseguirlo que si se persiste en mantener una conducta que no permite llegar al objetivo deseado.

Agudizando nuestra percepción:
Normalmente encontramos personas con las cuales en un primer contacto surge una especie de simpatía o “química” que va a permitir que se inicien y se mantengan relaciones productivas, bien sean por actividades sociales o laborales. Por supuesto también se da al contrario, donde sin saber porqué evitamos relacionarnos con otras personas que nos resultan hasta desagradables. Esa “química” o desagrado normalmente se da porque hay coincidencias que nos asemejan o diferencias importantes que conscientemente no sabemos percibir. De ahí que la PNL promueva y nos de herramientas para aprender a percibir muchos detalles en la interacción con otras personas que luego podemos utilizar para de una manera entrar en “su mapa del mundo”.
En este sentido nos resalta la importancia de prestarle atención consciente a aspectos que van desde posturas corporales, su manera de expresarse, hasta sus cambios de coloración de la piel.

Otros dos aspectos a prestarle atención conscientemente son los llamados Sistemas de Representación y los Metaprogramas.
La PNL nos resalta que hay tres grandes sistemas de cómo las personas procesamos la información que percibimos del entorno, que son el Visual, el Auditivo y el Kinestésico, y que algunos tendemos a dar más uso a uno de esos sistemas en particular. Detectar ese sistema predominante suele ser muy efectivo para hacer sintonía con el otro. Por otra parte, hay aspectos como los estilos de interacción y motivación que engloba la PNL con el término de Metaprogramas, para explicar como las personas tenemos unos programas internos o rutinas que usamos para decidir a qué prestamos especial atención y hacia donde se dirigen nuestras preferencias, en qué ponemos interés, qué conclusiones sacamos de nuestras experiencias y en qué dirección nos conducen éstas. Así podemos por ejemplo entender que mientras unos se mueven hacia lo positivo, otros se mueven para evitar lo negativo. Algunos se motivan por las posibilidades y otros por la necesidad, algunos se sienten muy cómodos trabajando en equipo, mientras otros prefieren trabajar solos. Y así muchos otros metaprogramas que al poder identificarlos nos van a servir para motivar y alcanzar de los demás y de nosotros mismos una mayor efectividad.

La importancia del Lenguaje
El lenguaje es el medio que utilizamos como sistema representacional de nuestra experiencia, de nuestro “mapa del mundo”, por lo tanto, lo que expresamos es procesado primero por un filtro que va de un contenido que se encuentra en la llamada estructura profunda, que es la representación lingüística completa de la experiencia de una persona, para luego transformarla en una estructura superficial la cual se va a expresar a través de tres grandes modalidades que son: generalización, eliminación y distorsión. Siendo que en la generalización, algunos elementos del modelo de la persona se desprenden de la experiencia original y llegan a representar la categoría total. Así por ejemplo, un problema con una persona de un departamento puede expresarse como “la gente de Contabilidad no quiere darnos apoyo”. O en las eliminaciones, donde prestamos atención de forma selectiva a ciertas dimensiones de nuestra experiencia, al tiempo que excluimos otras. Por ejemplo afirmamos que viene un cambio organizacional, pero no expresamos quién lo dijo ni cuál es el cambio. Por último las distorsiones expresando cambios en nuestra experiencia de los datos sensoriales que percibimos, por ejemplo con expresiones como “ese cliente me hace enfadar” dejando a un lado que es la persona la que se enfada y sin precisar cómo es que lo que hace el cliente genera en él tal enfado.
Ante esta transformación que damos a lo que expresamos, muchas veces es necesario precisar y llevar a la persona a conectarse con su experiencia real que viene derivada de su estructura profunda. Para ello la PNL, ha desarrollado el llamado Metamodelo del Lenguaje que proporciona técnicas interrogativas para especificar en las generalizaciones, completar en las eliminaciones y clarificar en la distorsiones, para acceder a la estructura profunda del sujeto a fin de identificar y eliminar la raíz de los problemas.

Son muchas y variadas las alternativas y técnicas que nos proporciona la Programación Neurolingüística que bien pueden ser utilizadas en el medio organizacional, pero al menos con los aspectos aquí resaltados se puede intervenir de manera individual y colectiva buscando lo mejor de las personas en un ambiente de armonía, respeto y comprensión de los unos por los otros.

Gerardo J. Velásquez D.
Gvelasquez99@cantv.net

ALCANZAR LA VEJEZ CON FELICIDAD


Dadas las características de la vida actual, los avances médicos y tecnológicos, los seres humanos tenemos cada vez una mayor probabilidad de alcanzar más años de vida. Sin embargo, sabemos que no basta llegar, sino llegar lo más sano física, mental y espiritualmente dentro de las limitaciones propias de la vejez. Envejecer No es una elección, es una ley de la vida. Ahora, envejecer saludablemente si viene a ser una elección personal.

Si bien es cierto que el proceso mismo del envejecimiento va acompañado de una degeneración de muchas de las facultades físicas y mentales en la persona, eso no significa que la vejez sea sinónimo de enfermedad, en otras palabras envejecer no es enfermar y el deterioro de las facultades físicas tampoco implica un déficit en las capacidades cognoscitivas y psicológicas de las personas. De allí que de lo que se trata es que hagamos las cosas que tenemos que hacer para llegar a esa etapa final de nuestras vidas en las mejores condiciones posibles.

Los aspectos Psicológicos y Emocionales
Como iniciamos en esta reflexión, existen numerosas alternativas que van a ayudarnos en lo referente a la salud física, pero es la actitud ante la vida lo que desde mi parecer va a ser preponderante para tener una vejez sana en todos los aspectos. Y no se trata de lo que debemos hacer una vez que estemos en la llamada tercera edad, lo cual es obviamente muy importante, sino de lo que hemos de cultivar en el camino de la vida.
Es ese aspecto que le va a decir a la persona que vale la pena seguir viviendo, es tener, adicional a la salud física una adecuada salud mental y emocional.
Pudiéramos ver el proceso en tres grandes etapas, una primera donde se tiene poca conciencia de que algún día llegaremos a viejos, que abarca la juventud y la edad plena de desarrollo de realizaciones personales y familiares, que pudiera llegar hasta una edad cercana a los 50 años, luego una etapa donde comienzan a ocurrir cambios significativos en relación a diferentes facetas de la vida como son la separación de las actividades laborales, la separación de los hijos, la aparición de la menopausia o la andropausia y una tercera etapa donde van a prevalecer las deficiencias físicas en la vejez propiamente dicha.
Las actitudes que desarrollemos en cada una de esas etapas van a ser relevantes para llegar y vivir la vejez de manera positiva, con la mayor autonomía personal y funcional posible.

Pendientes del camino
La primera de las etapas citadas va a estar regida por las relaciones tanto familiares, como laborales y sociales. De estas relaciones, las familiares y las sociales es donde ha de hacerse más énfasis. Los familiares y los amigos van a estar cerca, siempre y cuando, seamos capaces de cultivar buenas relaciones, de dar amor, de estar “presentes”.
Por distintas razones, algunas personas han descuidado sus relaciones familiares y de amistades y sin darse cuenta se van aislando, muchas veces porque se dejan absorber por el trabajo, porque no saben como enfrentar sus procesos emocionales ante las diferencias naturales con los otros, por rebeldías, al extremo que en muchos casos hasta se separan y pierden contacto con sus propios familiares. En otros casos, muy frecuentemente se aferran al trabajo o a los hijos, sin darse cuenta que tarde o temprano va a llegar el momento que los hijos han de dejar el hogar y que forzosamente también han de separarse de sus compañeros de trabajo.
Las consecuencias de estos aspectos se van a ver y sentir en eso que he llamado la segunda etapa. Si hemos descuidado nuestros nexos familiares y/o sociales es probable que el impacto emocional y la manera en que vamos a enfrentar esas pérdidas que son propias de los procesos humanos, sea más traumático que para una persona que haya sabido llevar de una manera sana sus relaciones, que se haya preparado psicológicamente para el momento que los hijos tomen su camino, que tenga fortalecida su relación de pareja si la tiene, que haya diversificado sus actividades y cultivado nuevas relaciones.

Las pérdidas no son sólo de las facultades físicas
Por supuesto que tenemos claro que la vejez va acompañada de una merma en nuestras condiciones físicas, sin embargo, así como en la etapa previa a la vejez nos toca enfrentar la pérdida del trabajo y como hemos dicho la no menos traumática separación de los hijos, en la vejez hemos de enfrentar otras pérdidas, como son la muerte de familiares muy queridos, de amigos muy allegados o de la pareja, lo que representa uno de los duelos más difíciles de enfrentar. Estas situaciones van a ser abordadas de una mejor manera si la persona ha podido desarrollar un entorno que le sirva de apoyo y que le siga dando el sentido de pertenencia, sea éste su grupo familiar, los vecinos, la iglesia o un grupo de personas contemporáneas que se reúnen o conviven en algún centro especializado.


La llamada Edad Psicológica:
Algunas veces escuchamos que no importa estar viejo si nos sentimos jóvenes. Y es que efectivamente, la edad cronológica y la edad biológica no van agarradas de la mano con la edad psicológica, y no se trata de negar que hemos llegado a viejos, sino la manera psicológica como vamos a vivir esa última etapa de la vida. De allí que personas que apenas rondan los 60 años de dad se sientan, perciban y actúen como si fueran unos seres a quienes la vida ya se les fue, mientras que vemos a otros que superan los 80 años de edad y se mantienen haciendo deportes, participando en actividades sociales, sonriendo y agradeciendo a la vida. A esto se le ha denominado la Edad Psicológica, siendo determinante en la adaptación de la persona en su vejez. Esta va a ser producto de sus experiencias, estilo de vida, su flexibilidad ante el entorno con sentido holístico de mente, cuerpo y espíritu.
Una vez alcanzada la vejez hay que seguir intelectualmente activos, seguir con la intención y el entusiasmo de aprender cosas nuevas. Seguir encontrando una razón de vivir, que por supuesto va a ser distinta a las razones que visualizábamos y sentíamos en las etapas previas.

El Decálogo de la Vejez
En algunas oportunidades cuando he estado estudiando o investigando aspectos sobre la vejez he leído, el llamado decálogo de la Vejez, de autor anónimo, que en esta oportunidad lo he extraído de un artículo publicado en la Web por un grupo argentino que se autodenominan Mayores en Movimiento, y que lo presentan como los 10 mandamientos para una vejez feliz, que a continuación presento:
1.- Cuidarás tu presentación todos los días. Vístete bien, arréglate como si fueras a una fiesta. Qué más fiesta que la vida.
2.- No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación. Nada de jugar al enclaustrado o al preso voluntario. Saldrás a la calle y al campo de paseo. El agua estancada se pudre y la máquina inmóvil se enmohece.
3.- Amarás al ejercicio físico como a ti mismo. Un rato de gimnasio, una caminata razonable dentro o fuera de casa. Contra la inercia ¡diligencia!
4.- Evitarás actividades y gestos de viejo derrumbado. La cabeza gacha, la espalda encorvada, los pies arrastrándose. ¡No! Que la gente diga un piropo cuando pasas.
5.- No hablarás de tu vejez ni te quejarás de tus achaques. Con ello, acabarás por creerte más viejo y más enfermo de lo que en realidad estás. Y te harán el vacío. Nadie quiere estar oyendo historias de hospital. Deja de autollamarte viejo y considerarte enfermo.
6.- Cultivarás el optimismo sobre todas las cosas. Al mal tiempo buena cara. Sé positivo en los juicios, ten buen humor en las palabras, sé alegre de rostro, amable en los ademanes. Se tiene la edad que se ejerce. La vejez no es cuestión de años sino un estado de ánimo.
7.- Serás útil a ti mismo y a los demás. No eres un parásito ni una rama desgajada voluntariamente del árbol de la vida. Bástate hasta donde sea posible y ayuda. Ayuda con una sonrisa, con un consejo, un servicio.
8.- Trabajarás con tus manos y tu mente. El trabajo es la terapia infalible. Cualquier actitud laboral, intelectual, artística… Medicinas para todos los males, la bendición del trabajo.
9.- Mantendrás vivas y cordiales las relaciones humanas. En las del hogar, intégrate a todos los miembros de la familia. Ahí tienes la oportunidad de convivir con todas las edades, niños, jóvenes y adultos, el perfecto muestrario de la vida.
10.- No pensarás que todo tiempo pasado fue mejor. Deja de estar condenando a tu mundo y maldiciendo tu momento. Alégrate de ser parte del mismo y poder ver muchas cosas lindas y nuevas.

En definitiva la idea es llegar sano y feliz a esta etapa de la vida. No es sentarse a esperar que la muerte llegue, se trata de vivir plenamente hasta que el Señor lo tenga decidido. Seguir compartiendo, hablando, riendo. Entender que no importa la edad que se tenga, el equilibrio mental y psicológico, es el mejor y más calificado síntoma de salud.

Gerardo Velásquez
Gvelasquez99@cantv.net

LAS SECUELAS DE LOS EVENTOS TRAUMATICOS

Por distintas razones, de orden natural, social, político, etc. siempre existe la posibilidad que una persona, cuando menos se lo espera, pase por un momento de angustia intensa, desesperación o de un impacto emocional severo, comúnmente conocido como momento o evento traumático, donde por lo general puede estar en peligro su vida, su integridad física o emocional o de alguien cercano, o sencillamente le toca presenciar ese peligro, esa muerte o daño en otras personas.
Cuando lamentablemente una persona pasa por una experiencia donde ha vivido algún peligro o se ha sentido imposibilitada ante una situación muy estresante e inesperada, como un accidente severo, una catástrofe natural, un atraco o secuestro, u otro evento altamente traumático, generalmente, en los días siguientes suele haber momentos en que esta persona experimenta crisis ansiosas con miedos intensos a través de recuerdos, sueños o pesadillas, en oportunidades sin motivo aparente o en ocasiones en que es expuesta a situaciones o estímulos similares o asociados.
Se puede afirmar que estas reacciones están dentro de lo esperado como normal en la mayoría de las personas, que a medida que van pasando los días van modificando la emoción asociada al recuerdo para crear y recuperar la tolerancia al contenido de dichos recuerdos.
Sin embargo, hay personas que presentan una sintomatología más severa y con mayor frecuencia, muy comúnmente en las primeras semanas siguientes al evento traumático. En estas personas es frecuente observar:
- aparición de crisis de desesperación
- permanentes sueños y pesadillas donde reviven lo sucedido
- sentimientos de culpabilidad por seguir vivo o no haber podido evitar lo ocurrido
- bloqueos psicológicos con reducción de la expresión de los sentimientos llegando incluso a presentar crisis de amnesia que le impiden recordar el evento traumático
- reducción o pérdida de interés en actividades antes placenteras
- sensación de un futuro de desolación y restricción de la vida afectiva

El Stress Postraumático
Cuando la frecuencia e intensidad de estos síntomas no va desapareciendo en los treinta días siguientes al evento traumático e incluso siguen presentándose mucho tiempo después de lo sucedido, se considera que la persona ha desarrollado un cuadro de Stress Postraumático, con consecuencias muy limitadoras que afectan el normal desenvolvimiento de la persona en su entorno familiar, social y laboral, que la puede llevar a traumas mayores que imposibiliten su reinserción a la cotidianidad.
La persona que ha desarrollado un stress postraumático comúnmente tiende a organizar su vida alrededor del trauma, lo cual imposibilita la integración de esa experiencia traumática a los otros eventos de su vida. Aún años después de ocurrido el acontecimiento la persona refiere que las experiencias revividas son tan vivas como cuando ocurrieron.
Por supuesto que la vulnerabilidad emocional de la persona, así como la magnitud del evento van a ser relevantes para el desarrollo y la severidad del trastorno. Por ende el significado y valoración que cada uno de a lo sucedido será factor determinante para el desarrollo y posterior recuperación.

El tratamiento vs. La evitación
Cuando un familiar o amigo, está pasando o ha desarrollado la sintomatología propia del Stress Postraumático, lejos de actuar con evitación, como por ejemplo no hablar del problema o evitar todo estímulo que pueda asociarse al evento, lo ideal es orientarlo hacia la posibilidad de ser tratado terapéuticamente. Para ello existen modalidades como la farmacoterapia, la psicoterapia, la terapia familiar y de grupo y otras técnicas terapéuticas que suelen incluso combinarse para obtener los mejores resultados para que la persona logre integrar la experiencia traumática con otros eventos de su vida.
Abrir un espacio para experiencias nuevas y gratificantes es altamente recomendable, como nuevas experiencias asociadas al placer, actividades físicas o al aire libre, actividades artísticas, ejercicios de relajación, etc.
En todo caso, es importante tener en cuenta que no se trata de “borrar” o pensar que la experiencia vivida va a desaparecer del repertorio de vida de la persona, de lo que se trata es que pueda ser asimilada como tal, que pase a ser parte de su vida y la persona recupere su normal interacción psicosocial.

Gerardo J. Velásquez D.
Psicólogo
gvelasquez99@cantv.net

EL MIEDO AL ÉXITO


Es muy frecuente encontrar a alguien que se lamenta de no obtener los logros en los objetivos y metas que se plantea, también hay personas que emprenden proyectos personales, de estudio, negocio, etc. dejándolos a medio camino y en otros casos sencillamente vemos como muchas personas viven en un aparente conformismo con la vida. Sin embargo al analizar muchos de estos casos podemos detectar que detrás de esos lamentos, frustraciones, indecisiones o aparente conformismo, se esconde con mucha frecuencia un gran miedo a no saber como manejar su vida con las consecuencias que acarrea el solo hecho de haber alcanzado el éxito.
Y es que, aunque todos de una u otra forma desean o sueñan con el éxito, son muy pocos los que empiezan y se mantienen en su proceso hasta alcanzar ese sueño.


Lo primero a considerar: Como hemos compartido anteriormente, sabemos que el miedo es simplemente una emoción y que esta emoción la vamos a experimentar cada vez que nos toca enfrentar un cambio. El problema se presenta cuando a causa de este miedo generamos una especie de parálisis disfrazada en excusas, saboteos, indecisiones, desconociendo o peor aún negando, que es el miedo lo que está generando esos obstáculos.
¿Qué pasaría si alcanzo mi proyecto?, ¿cómo sería si alcanzo mi objetivo?, ¿y qué tal si fracaso?, ¿cómo me verán mis familiares o amigos que se han quedado estancados?. Estas y muchas preguntas parecidas pueden ayudarnos a precisar a qué específicamente le tenemos miedo. En otras palabras jugando con la imaginación acerca de nuestras actitudes y por supuesto analizando las creencias sobre los supuestos fracasos, el cambio, lo desconocido, los juicios de los familiares, amigos, compañeros de trabajo, la envidia, o la posibilidad de mantenernos o no con el éxito alcanzado.
Si hacemos una reflexión acerca de los “inconvenientes” que presentamos que nos impiden conseguir nuestros objetivos o metas en el camino de nuestros sueños, será necesario revisar las consecuencias que van implícitas con el éxito. Solo identificando nuestros temores podremos enfrentar y actuar sobre los mecanismos que consciente o inconscientemente desarrollamos para auto sabotearnos.


Mecanismos de sabotaje:
Cuando estamos anclados como consecuencia del miedo, sea este miedo consciente o inconsciente, vamos a desarrollar una serie de mecanismos para torpedearnos el camino y de una u otra manera encontrar justificaciones que nos convierten muchas veces en victimas y en consecuencia libres de “culpa”, ya que me siento mejor cuando digo “es que no puedo o no he podido”, a cuando digo “no he querido, o tengo miedo de…”. Entre estos mecanismos podemos citar como muy comunes los siguientes:

La postergación: Es muy común evitar o postergar conscientemente lo que se percibe como desagradable o incómodo. El problema se presenta cuando esta postergación se convierte en una estrategia de nuestro vivir cotidiano, haciendo rutina la evasión a través de este mecanismo. De manera que se convierte en un hábito el aplazar o postergar en forma sistemática las tareas que se imaginan dificultosas, desagradables o incómodas. Muchas veces esta conducta no termina en el "no hacer" sino que se complementa con una serie de actividades sustitutas que resultan más placenteras y una batería de justificaciones que solo alejan la posibilidad de alcanzar el temido éxito.

El no asumir la responsabilidad: Es imposible generar un proceso de cambio si no asumimos plenamente la responsabilidad de ese cambio. Cuando un objetivo no depende de lo que yo haga, sino de lo que pase en el entorno, de lo que hagan o decidan otras personas, de que me gane la lotería, evidentemente será un objetivo mal formulado y estará muy lejos la posibilidad de verlo alcanzado. Es necesario hacerse cargo responsablemente de todos los elementos envueltos, como la administración del tiempo, de los recursos, de las decisiones y sus consecuencias. Las personas exitosas, se ocupan en descubrir qué hicieron mal, reconocen sus fallas y enseguida proceden a corregirlas, en vez de culpar a otros. Esta disposición de admitir y corregir errores es consecuencia de su sentido de responsabilidad.

La falta de perseverancia: En todo camino vamos a encontrar obstáculos. Si cada vez que estamos ante una interferencia vamos a pararnos o a desviar el curso, jamás vamos a lograr el trayecto trazado. Se puede decir que la perseverancia es una característica común que marca y separa a los triunfadores del resto de las personas que no lo son, sea este triunfo en la ciencia, los negocios, el deporte o cualquier proyecto que se establezca como meta. Muchas veces se emprende un proyecto con mucho convencimiento que todo será muy fácil y pronto nos damos cuenta que la tarea no es tan sencilla. En ese momento viene la sensación de desánimo y en consecuencia el abandono. Lo cual suele repetirse con mucha facilidad no importa el objetivo que se trace.

Si nos damos cuenta que estamos postergando mucho, que encontramos muchas circunstancias ajenas que entorpecen nuestros proyectos, o que abandonamos fácilmente ante las dificultades, probablemente estemos utilizando estos mecanismos para evadir y no enfrentar al miedo.

Revisando algunas creencias:
Muchas veces el miedo al éxito está en las creencias, las cuales suelen constituirse en el principal elemento motivador o inhibidor.
Por ejemplo la creencia de que las personas exitosas no comenten errores. La verdad es que los errores son parte de todo proceso de aprendizaje. Es entender que el problema no está en no cometer errores, sino aprender de tales errores y NO repetirlos.
Otra creencia es que para ser exitoso hay que sacrificarse, sacrificar la familia, el disfrute y hasta trabajar de sol a sol. Siendo la realidad que el éxito no depende de un exagerado sacrificio, sino de una adecuada planificación, ejecución y constancia.
Otras veces está en creer que el triunfador es autosuficiente y no requiere ni recibe ayuda, lo que obviamente se convierte en una gran limitante. El pedir ayuda y apoyarse en otros es algo absolutamente normal y que en ningún momento ha de restar mérito a los logros alcanzados.
Por último, el significado que le damos al fracaso, se puede convertir por sí solo en un gran miedo, al extremo que preferimos quedarnos estancados y renunciar a nuestros sueños sólo para evitar la derrota. Si en lugar de hablar de fracasos los tomáramos como resultados distintos a lo esperado, o como lo plantea la Programación Neurolingüística, como una información para aprender y corregir, tal fracaso pasa en realidad a ser un medio de aprendizaje y el empuje para seguir en el proceso.

Algunos factores a considerar:
Si nos hemos dado cuenta que el problema radica en el miedo a enfrentar las consecuencias que conlleva el triunfar, entonces nos queda identificar las estrategias que hemos venido utilizado para sabotearnos las posibilidades de ese triunfo. Así, además de los mecanismos antes citados hemos de revisar por ejemplo:
¿Con qué tipo de personas nos estamos relacionando?. ¿Estas personas nos inspiran la motivación o nos desaniman o refuerzan nuestras limitaciones?. Podemos asegurar que es fácil contagiarnos con el entusiasmo o el desánimo de las personas que nos rodean.
¿A qué le prestamos más atención, al trecho recorrido o a lo que nos falta recorrer?. Muchos abandonan la lucha porque tienen la impresión de que les falta mucho trecho que recorrer para llegar a la meta. Esta actitud conlleva a una predisposición a abandonar.
¿Qué tan convencidos estamos de lo que queremos?. ¿Es real el deseo o es parte de la ficción o el juego para bloquearnos la voluntad?. Sabemos que la voluntad es lo que nos impulsa a movernos en la dirección que queremos, de manera que todo lo que interceda en esa voluntad será discordante en el camino hacia los objetivos o metas propuestas.
¿Se ha hecho un hábito o costumbre el no terminar lo que se inicia?. Esta costumbre puede estar anclada de algunos resultados poco satisfactorios en la vida de la persona. Al no haber conseguido las recompensas que esperaban, algunas personas desarrollan una actitud mental que los inclina a no querer esforzarse inútilmente según su manera de ver o sentir las cosas, por algo que no se da rápidamente.

Si puedes convertirte en triunfador: Una vez aclarados los verdaderos temores, las estrategias y mecanismos que solemos utilizar y la certeza de lo que realmente queremos hacer, será entonces más fácil pasar a la acción en aras de hacer realidad nuestros sueños. La gran diferencia entre el que triunfa y el fracasado, es que el triunfador enfrenta problemas y temores igual que el fracasado, pero el triunfador se sobrepone, aprende y sigue adelante.
Vale la pena descubrir qué queremos de la vida, plantearnos las metas que nos permitirán alcanzar eso que queremos y ejecutarlas. Entender y enfrentar nuestros miedos, en lugar de negarlos, será tan importante como la confianza en nosotros mismos y la convicción de que podemos alcanzar los logros propuestos.

Gerardo Velásquez
Psicólogo
gvelasquez99@cantv.net

LAS FALSAS PROMESAS PARA EL AÑO NUEVO


LAS FALSAS PROMESAS PARA EL AÑO NUEVO
Una vez más nos preparamos para iniciar un nuevo año llenos de esperanzas y con el compromiso de llevar adelante unas cuantas promesas. ¿Pero realmente son compromisos esas promesas o sencillamente son palabras que se llevará el viento? ¿Volverán a ser solo palabras pronunciadas como una costumbre más de las actividades que culturalmente se incluyen en la celebración de la llegada de un nuevo año?
Es interesante hacer un alto para recapacitar sobre esas promesas que, en la mayoría de los casos solo en unos pocos días ya ni siquiera se recordarán, o peor aún en otros se convertirá en una nueva sensación de frustración de no lograr los objetivos o cambios propuestos.

Muchas veces se inician las acciones con mucha euforia, pero al pasar los días esa euforia empieza a ceder terreno para continuar en la misma “zona de costumbre”, con las mismas rutinas, los mismos proyectos congelados, la misma actitud y comportamiento ante familiares y amigos, etc.

Yo me atrevo a asegurar que por ser tales promesas parte de un ritual que acompaña la celebración, como el abrazo, el brindis, la ingesta de las uvas y otras costumbres de acuerdo a la tradición, no están acompañadas de la verdadera intención que requiere una decisión de cambio y por supuesto, no representan un compromiso real sino una parte más de la fiesta.

¿Porqué esperar para el año nuevo?
El solo hecho que tengamos que esperar un nuevo año para hacer cosas que bien pudiéramos iniciar en cualquier momento ya le resta seriedad y por ende da poca probabilidad a que se lleven a cabo tales promesas.
Prometemos buscar un nuevo empleo, cambiar el régimen alimenticio, comprar un carro nuevo, ir al gimnasio y hasta cambios de comportamiento con nuestros seres queridos como ser más tolerantes, ser mejores padres o hijos. Podemos imaginarnos qué tan seria puede ser una promesa por ejemplo de hacer una dieta, supuestamente pensando en un beneficio para mi salud, pero a la vez diciendo como es bastante común escuchar “déjame comer de todo porque el lunes empiezo una dieta”, esta promesa será tan seria como afirmar “ya que a partir del mes que viene empezaré a abrazar a mis hijos, por ahora puedo seguir ignorándolos o golpeándolos”. Aunque parezca absurdo, el mensaje que damos a nuestro inconsciente cuando postergamos cambios u objetivos es que tales cambios u objetivos no son verdaderamente importantes y por ende innecesarios.

Querer versus Tener o Necesitar
Nunca será igual llevar a cabo acciones pensando que tengo la obligación de hacerlo a cuando existe el interés y el deseo genuino de llevar a cabo tales acciones. En eso está en juego gran parte de los bloqueos que impiden que se hagan algunos cambios que conscientemente nos decimos que vamos a hacer. Como he mencionado en otras oportunidades, cuando acepto que siempre es mi elección hacer o no hacer, entonces será más congruente y por ende más factible que se puedan generar los cambios.
No es lo mismo decir “quiero mantener una buena figura y mejorar mi salud”, que “estoy muy gordo y tengo que rebajar”. No es lo mismo decir “me gusta vestir y comer bien y esto lo obtengo si mantengo un trabajo estable”, a decir que tengo que trabajar por el “bozal de arepa” que representa mi trabajo. Evidentemente la motivación será diferente y el resultado igualmente diferente.

Si revisamos la manera en que nos motivamos a hacer las cosas, vale la pena revisar el lenguaje que usamos. En la Programación Neurolingüística (PNL) estas formas se denominan Operadores Modales, asociados al “tengo”, “quiero”, “voy a” o “necesito” en los cuales se pueden observar importantes diferencias: “Tengo Que” está vinculado con el dolor, el esfuerzo, lo pesado, la obligación y la clásica tarea, resultando ser una forma muy pesada para motivarnos; “Voy A Hacerlo” es directo y te lleva a la acción sin muchos cuestionamientos. El inconsciente recibe una orden precisa sobre la acción o tarea a realizar; “Quiero Hacerlo” es mucho más efectivo ya que une la acción con el compromiso personal de tener la voluntad de hacer las cosas como una opción voluntaria y no obligada. Por último, “Necesito Hacerlo” es muy parecido al "Tengo Que" con una connotación de obligación a la tarea, aunque justificada y razonada en términos de nuestras necesidades conscientes.

Las interferencias y la formulación de los objetivos
Normalmente no realizamos o postergamos los cambios por diversos factores. Como cita Robert Diltz, la fórmula del cambio es muy sencilla, simplemente se trata de saber el estado donde estamos e identificar el estado ideal donde queremos estar. Sin embargo, aun con los recursos y la disponibilidad para llevar adelante el cambio, activamos interferencias o bloqueos que entorpecen el logro de los objetivos de cambio. Entre otras interferencias están las creencias, la flojera, el miedo al cambio, la inseguridad, falta de convencimiento, falta de compromiso o simplemente porque en el fondo es algo que no deseamos hacer pero no reconocemos.
Conociendo que existen tales interferencias y peor aún, que en gran medida son bloqueos inconscientes, podemos apoyarnos en la propuesta de la PNL para la formulación de objetivos, con una técnica sencilla guiada por simples preguntas que me permito extraer del “Cuestionario de la Buena Forma” presentado por Judith de Lozier y expuesto por Alexa Mohl en su libro “El Aprendiz de Brujo”:
Expresarlo en forma positiva: Implica lo que uno quiere hacer, no lo que no quiere hacer. ¿Qué es lo que específicamente quieres o deseas?. El cerebro no distingue de afirmaciones positivas o negativas. Decir "No quiero tener sobrepeso" es codificado solo con el término sobrepeso. En su lugar es ideal decir por ejemplo "Quiero estar delgada".
Demostrable en forma sensorial: Ver, escuchar y sentir como sería una vez alcanzado el objetivo. ¿Cómo te darías cuenta que lograste el objetivo? ¿Que verás, oirás, sentirás?. Muchas veces ni siquiera podemos darnos cuenta que estamos alcanzando el objetivo.
Especificado y contextualizado: Definir los contextos en los que se desea y en lo que no se desea. ¿Cuándo, dónde, con quién lo deseas? ¿Cuándo, dónde y con quién no?. Decir por ejemplo en cualquier momento o más adelante lo hago, es casi siempre seguro que ese momento no llegará.
Iniciado y mantenido por el propio sujeto: El logro del objetivo debe basarse en los propios recursos y no en los de otras personas. ¿Qué necesitas para lograrlo? ¿Qué te impediría lograrlo? ¿Depende de ti lograrlo?. Muchas de las promesas u objetivos están basadas más en deseos de que ocurran cosas que escapan a nuestra responsabilidad y posibilidad. No depende de mi que mi hijo sea médico, o que me den el ascenso al que estoy aspirando.
Chequeo ecológico: El objetivo debe ser coherente tanto con las creencias y otros objetivos de la persona, como con el medio inter-personal en que se desenvuelve. ¿En qué te beneficia si lo logras? ¿Qué podrías perder si lo logras? ¿Cómo afectará a tu entorno si lo logras? ¿Cómo afectará tu vida futura?. Muchas veces el logro de un objetivo puede convertirse en un problema mayor e inconscientemente desarrollaremos la interferencia para evitar ese problema. Por ejemplo, el temor a la reacción de un marido celoso al verse más delgada y atractiva. O tengo la creencia que cambiar de residencia o empleo me alejará de personas queridas.
Que valga el esfuerzo: Evaluar que la inversión afectiva y material justifique lo que se desea alcanzar. ¿Vale el esfuerzo que he de realizar? ¿Lo cambiaría por otro objetivo?. Muchas veces los objetivos o cambios planteados se hacen por la moda, la voluntad o deseos de otras personas, resultando por ende una gran carga emocional el camino hacia su logro.

LA CONGRUENCIA Y LA CONSTANCIA
En todo caso, se trate o no de un nuevo año, el secreto siempre estará en la congruencia total de lo que queremos ser y hacer en todos sus sentidos. Es estar convencidos que la vía más expedita de configurar nuestras vidas consiste en emprender la acción, para, como suelo repetir frecuentemente, HACER QUE LAS COSAS SUCEDAN. Siempre existirán los temores al fracaso y el miedo al cambio. Sin embargo algunos pueden quedarse a esperar que los deseos se hagan realidad, mientras otros llevarán adelante las acciones necesarias para alcanzarlos. De cada uno dependerá el grupo al que queremos y elegimos pertenecer.

Gerardo J. Velásquez D.
gvelasquezd@gmail.com

LAS DROGAS, DESTRUCCIÓN Y PERDICIÓN DE LA ADOLESCENCIA


Volviendo al tema de la adolescencia, en esta oportunidad quiero avocarme a un aspecto bien delicado que afecta a un gran número de familias, como es la adicción a las drogas y su impacto en la adolescencia, ya que es precisamente en esta etapa donde suele iniciarse el problema. El ser joven va generalmente acompañado de la búsqueda de aventura, curiosidad y placer desmedido. Por otra parte, está también la común rebeldía, la impulsividad y la inexperiencia, que inciden en generar comportamientos sin la medida de las futuras consecuencias. En estos comportamientos siempre está presente la posibilidad que el adolescente se inicie en el consumo de drogas.

LOS FACTORES DE RIESGO
No se puede decir que existan razones específicas que determinarán que un joven se encaminará hacia el consumo y posterior adicción a las drogas, de hecho, se suele afirmar que la droga no respeta sexo, apellido, estatus social, lugar de residencia, etc. Sin embargo la experiencia determina que sí existen factores de riesgo que lo hacen más probable. Por supuesto el seno familiar, la manera de criar y educar a los hijos y el afecto que se les da van a jugar un papel fundamental.
Podemos mencionar que más riesgo presentará el joven que muestra problemas con la figura de autoridad, que presenta síntomas depresivos o de ansiedad, que suele manifestar quejas por aburrimiento y que tiene problemas para demostrar sus sentimientos.
Por otra parte estará también en mayor riesgo el adolescente cuya familia presenta antecedentes de drogodependencia, él que pertenece a familias donde las relaciones interpersonales son problemáticas, y sumado a eso, que en el medio donde se desenvuelve tenga mayor posibilidad de hacer amigos consumidores.

EL CAMINO A LA ADICCIÓN
Para nadie es un secreto las terribles consecuencias a la que se puede enfrentar una persona y sus seres queridos una vez que se llega a la adicción. Sin embargo, a tal adicción no se llega de la noche a la mañana. Esto puede ser rápido, pero por lo general es un proceso que, al igual que una enfermedad se puede evitar o parar si se detecta y se actúa a tiempo.
En la mayoría de los casos el inicio en el consumo de drogas viene posterior al consumo de las drogas socialmente aceptadas como son el alcohol y el cigarrillo, para luego, por razones de curiosidad, para sentirse bien, para reducir el estrés o por simple presión social de los amigos, comienzan a probar otras sustancias como la marihuana, con la falsa creencia de que ésta es una droga "suave" y no adictiva, el extasis, la cocaína u otras drogas similares. Esto puede quedar en una simple curiosidad satisfecha sin mayores consecuencias, o el consumo puede continuar hasta la terrible llegada a la adicción.
Apoyándome en el volumen escrito por Luis Salazar Lozano ¿Cómo saber si mi hijo consume drogas? para el Centro Victoria del Perú, voy a identificar tres niveles de consumo, que van a determinar una patología que crece de un nivel a otro, con el agravante que no se tiene conciencia que se va en ese camino. De allí el papel importante que debe jugar la familia, para identificar las características de comportamientos que pueden ser motivo de alarma para detectar la posibilidad que se esté ante un caso de consumo de drogas y en consecuencia actuar:

El Consumidor Ocasional: Hablamos de consumidor puesto que ya no se trata de experimentar, ya que de hecho se conoce bien el efecto que la sustancia hace a la persona. Entre los comportamientos que se suelen presentar en este nivel de consumo están:
- Tiene la mentalidad de que el fin de semana es sagrado para él
- Sus salidas a la calle, fiestas y reuniones se hacen más frecuentes
- Pide permiso para dormir en casa de amigos o para ir a campamentos o viajes, más veces de lo acostumbrado
- Se queda más tiempo afuera y, al regresar, evita el contacto con los miembros de la familia
- Trata de no explicar sus actividades fuera de casa y, si lo hace, suele caer en contradicciones
- Tiene amigos nuevos y desconocidos para la familia
- Se despreocupa de su forma de vestir
- Baja su rendimiento e interés en los estudios
- Tiene un apetito exagerado o deja de comer
- Se vuelve distante a la familia
- Trata de disminuir su aliento con caramelos de menta y usa gotas para los ojos
Estos comportamientos de manera aislada no son indicativos de consumo ocasional, pero si existen cuatro o más de estos signos, es una señal de alerta que no se debe descuidar. En este nivel no se puede hablar de la existencia de una patología, pero es importante insistir que el camino se ha iniciado y no se tiene conciencia del riesgo que existe de continuar hacia la adicción.

El consumidor frecuente: En este nivel ya estamos en frente de una patología. El peligro es mayor porque el joven cree que tiene control sobre la droga y hace afirmaciones como “yo domino la droga y cuando quiera la puedo dejar”, “sólo consumo porque estoy en una mala racha sentimental, cuando se me pase, consiga otra novia, trabajo, etc. la dejaré” y otras afirmaciones similares que van tapando una realidad que día a día se va agravando. Aquí podemos encontrar comportamientos como:
- Prácticamente no pasa tiempo en casa. Evita contacto con la familia. Siempre tiene citas reuniones, etc.
- Es frecuente que llegue a casa al día siguiente, especialmente los fines de semana
- Recibe llamadas telefónicas de desconocidos y sale de casa de improviso con cualquier excusa
- Pasa largos períodos de encierro y soledad dentro de su habitación
- Muestra estados emocionales variables entre alegría y depresión
- Se muestra agresivo cuando se invade su privacidad
- Descuida su aspecto personal y su condición física decae
- Su ropa queda impregnada de olor semejante a hierba quemada si consume marihuana, o tiene un olor más penetrante, similar al kerosene, si consume sustancias más fuertes
- En sus bolsillos se puede encontrar palitos de fósforo partidos, papel de armar cigarrillos u otros residuos
- Llega a extremos de conducta: Come, duerme o se ríe exageradamente, o pierde totalmente el apetito, padece de insomnio y habla más de la cuenta
- Nunca tiene y siempre necesita más dinero
- Es mucho más frecuente el uso de caramelos y chicles o pastillas para el aliento y de gotas para los ojos

El adicto: Este es el resultado y triste final del proceso, donde la enfermedad alcanzó su máximo nivel. El adicto tiene conciencia de su adicción y a pesar de negar su condición sufre por ello. Se siente preso de su adicción, ya que aunque lo intente suele fracasar en el control o interrupción del consumo. En este nivel la familia vive en constante zozobra, porque nunca sabe que va a pasar con él y entra en la desesperación e impotencia de querer ayudarlo y ver que sus intentos se desvanecen. Entre los comportamientos más resaltantes encontramos:
- Ha creado caos y desconfianza total en la relación familiar
- Es un depredador de su casa. Se lleva cuanta cosa esté a su paso que pueda vender
- Reacciona con violencia cuando entran a su habitación o revisan sus cosas
- Introduce adictos en el hogar, los presenta como amigos y normalmente recibe visitas de personas de dudosa reputación
- Ante la necesidad de consumir alcanza tal insensibilidad que ni el llanto de su madre lo detiene
- Muestra profundas ojeras y su rostro prácticamente ha perdido la sonrisa
- Es muy creativo para mentir, inventa toda clase de historias para logar dinero para su vicio.
- Tima a todo el que pueda
- Puede llegar a cometer cualquier delito para conseguir la droga
De allí el resto del camino va desde la cárcel, el hospital y hasta la muerte.

LA RESPONSABILIDAD DE LA FAMILIA
Sabemos que la mejor prevención viene dada de la misma familia, donde:
Las relaciones familiares se promueven con un balance entre la calidez emocional sin descuidar la disciplina.
Se actúa modelando conductas adecuadas, así como normas, principios y valores
Se enfrentan y se resuelven los problemas
Se establecen bases de confianza entre padres e hijos
Se manifiesta permanentemente el afecto y el amor

Es difícil el poder determinar cuáles de los adolescentes van a experimentar y parar ahí, y cuáles van a desarrollar problemas serios. De allí la importancia y el papel fundamental que juega la familia. No se trata de volverse perseguidores u obsesivos, lo importante es estar alerta y sobre todo entender, en lugar de negar, que el problema puede ocurrir.
Lo primero es asegurarse que se está ante un adolescente que se inició en el consumo y confrontarlo con la verdad, en cuyo caso es importante que no se reaccione con violencia, sino de una forma amigable, abordando el problema de una manera directa y honesta, manteniendo siempre una actitud de ayuda firme, pero afectiva.
Siempre hay que tener presente que el consumidor y más si es adicto se convierte en un mentiroso y manipulador por excelencia, de manera que se tiene que evaluar muy bien la información que se reciba de él.
Si se trata de un consumidor ocasional, las probabilidades de solucionar el problema en casa son altas, estableciendo un mejor diálogo, dando mucho afecto, amor y apoyo emocional. En caso de ser frecuente o adicto, es importante la ayuda especializada.
En todo caso siempre será clave que la persona acepte que está ante un serio problema y asuma la responsabilidad de su recuperación.

Gerardo J. Velásquez D.
Psicólogo
gvelasquez99@cantv.net

LA RESPONSABILIDAD DE SER QUIEN SOY


Basta prestarle atención a las conversaciones del día a día con familiares, amigos, colegas, compañeros de trabajo, etc. para caer en cuenta que en un altísimo porcentaje, cuando se tratan asuntos o problemas que afectan particularmente a una persona, con mucha facilidad esta persona encuentra que tales problemas tienen su origen en el entorno, poniendo la responsabilidad o “culpa” afuera. Así entonces se escuchan juicios como: “es que mi jefe es un amargado”, “mi pareja me hace enojar”, “no estudié porque no tuve quien me ayudara”, “es que mis hijos no quieren entender que…”, “es que con este gobierno…, con este patrono…, con este clima…” y así un sinnúmero de argumentos que si bien pueden servir de alguna forma de alivio, ya que elimina los juicios hacia sí mismo que muy pocos quieren aceptar, por otro lado representa una casi absoluta imposibilidad de reacción para abordar satisfactoriamente la situación que en un momento dado o incluso por años viene afectando a la persona, ya que desde esta manera de ver, escuchar y sentir al mundo, siempre será el entorno el que ha de moverse o actuar para que las personas puedan ser más o menos felices.

La Responsabilidad:
El concepto de Responsabilidad desde el punto de vista psicoterapéutico es uno de los pilares fundamentales que toda persona ha de entender si quiere realmente avanzar en su salud mental y emocional. La Psicoterapia Gestalt ha sido una de las corrientes que más ha aclarado el punto, siendo la Responsabilidad uno se sus principios fundamentales, el cual consiste en que las personas han de hacerse responsables de todo lo que dicen o hacen en su vida, independientemente del esfuerzo o resultados de tales acciones. Es entender que siempre soy “yo” quien decido hacer lo que hago, decir lo que digo, vivir o trabajar donde vivo o trabajo.

Historia y Cultura:
Lamentablemente, tal vez por razones de costumbre y hasta culturales, desde pequeños empezamos a aprender que las cosas que nos ocurren generalmente responden o tienen su origen en el entorno, entendiendo por este entorno a todo aquello animado o inanimado al que haremos responsable, o como popularmente se habla “le echaremos la culpa” de todo lo que nos sucede. De esta forma ya cuando el niño está empezando a caminar y por razones obvias de su proceso de aprendizaje tropieza con la mesa y cae, nunca falta un familiar que alienta al niño pegándole a la “mesa maluca” que se atravesó en su camino. Desde allí comienza el aprendizaje que seguirá en el colegio, donde en su proceso natural de aprendizaje y adaptación tendrá diferencias con otros niños, pero escuchamos a su mamá que dice “él no golpea a otros niños, él se defiende… el otro empezó”, y así sigue el niño aprendiendo que la maestra es buena o mala, que el profesor “lo raspó”, y va creciendo siempre viendo afuera la responsabilidad, encontrándose de adulto con las naturales excusas que lo libran de todo pecado, que si no tuve un padre, que si el jefe, que si el gobierno, que mi pareja, que el clima o cualquier persona o aspecto del entorno a quien pueda recostar esa responsabilidad.

Una cuestión de elección:
Como expresa Jorge Bucay, en su libro Cuentos Para Pensar, “…si bien es cierto que yo no puedo hacer todo lo que quisiera hacer, es absolutamente cierto que cualquiera puede No hacer lo que No quiera hacer”. De manera que entonces soy totalmente responsable de todo lo que hago o dejo de hacer y por ende de sus consecuencias. Que lo hago por evitar algo, para conseguir algo, por alguien, etc. No importa, siempre será mi elección y mi responsabilidad.
También de esta manera estaré tomando conciencia que no es el otro quien puede hacerse cargo de mis elecciones, ni yo, a menos que yo lo quiera, hacerme cargo de las suyas. Porque salvo cuando somos niños y forzosa y necesariamente somos totalmente dependientes, siempre seremos responsables de lo que elegimos ser, no importa que queramos echarle la culpa al medio, a las circunstancias o a los otros. Se trata de una elección. Elegimos lo que queremos ser o hacer, elegimos a nuestros amigos, elegimos a nuestra pareja, donde aceptamos trabajar, nuestros comportamientos, y algunos con razón podrán decir, bueno pero no elegimos a nuestros padres o a nuestros hijos, sin embargo siempre será nuestra elección aceptar o no manipulaciones, mandatos, maltratos, malcriadeces, etc. De modo que siempre será nuestra responsabilidad.

Soy “Yo” no es “Uno” o “La Gente”:
Una manera de darse cuenta y tomar más conciencia de los problemas que nos toca enfrentar es prestándole atención a nuestro lenguaje. Aunque estemos haciendo ver que nos referimos a nosotros mismos, no es lo mismo decir por ejemplo “porque uno en esta situación se tiene que molestar” a decir “Yo ante esta situación me molesto”. Cuando digo “uno”, “la gente” u otra generalización, no hago referencia a alguien en especial y asumo que el hecho afecta por igual a todas las personas, de manera que pareciera que se escapa de mis manos la posibilidad de actuar para que “a mi” y no “a uno” o “a la gente” me deje de molestar tal situación, o ponga los límites asertivamente para evitar que se repita o siga ocurriendo.
Por otro lado “uno se tiene que molestar” deja una obligación ficticia de “tener” que molestarse. Se trata de convertir el lenguaje impersonal en personal y aprender a asumir la responsabilidad de nuestras acciones o reacciones, siendo entonces un ser más activo que hace cosas, en lugar de un ser pasivo al que le suceden las cosas.

La responsabilidad y el cambio:
Como ya lo he expresado, colocar la responsabilidad afuera puede representar cierto alivio que puede evitar un desagradable sentimiento de culpa, sin embargo es muy importante destacar que a la vez que repartimos culpas y responsabilidades, se hace más difícil poder avanzar en la solución de situaciones o problemas que hemos de enfrentar, ya que por definición, si la causa está afuera, no depende de mi actuar para generar un cambio, sólo me quedaría esperar o pedir a Dios que los otros cambien. El problema está en que yo tengo todo el poder para hacer cambios en mí mismo, pero muy poco poder, por no decir cero poder, para hacer que los demás cambien.
Se trata entonces de dos elementos claves y necesarios para el cambio, aceptar mi responsabilidad y por supuesto querer el cambio con todas sus posibles consecuencias.
Cierta colega en ton de adivinanza me preguntó ¿cómo hace un psicólogo para cambiar un bombillo? y luego de dar algunas respuestas fallidas, me acotó, “no hace nada, simplemente espera que el bombillo quiera cambiar”. Esta metáfora ilustra la falacia de pensar que el psicólogo, el psiquiatra, el sacerdote, el sanador, el astrólogo, el docente o cualquier otro con funciones similares pueda tener el poder de cambiar a alguien que no quiera cambiar. Sencillamente no es posible.
Es necesario aceptar e involucrarme con la totalidad de lo que estoy haciendo, así como sentir que soy yo quien lo está sintiendo. Es necesario tomar la responsabilidad de mis emociones y entender que queramos o no, somos absolutamente responsables de nosotros mismos. Y esto es también entender que no somos responsables de los problemas de las otras personas, que así como entiendo y asumo mi responsabilidad, cada quien ha de hacer igual con lo suyo. Acotación que hago, dada la cantidad de personas que viven lamentándose porque "tienen" que ayudar o hacerse cargo de problemas de familiares o amigos. Por supuesto no significa que esté mal ayudar a alguien, lo que no me parece bien es hacerlo como una obligación.

Asumiendo el control responsablemente:
La invitación entonces es a que tomemos y aceptemos el control para dirigir nuestra vida. Se trata de vivir como yo quiero y no como los demás quieren, porque aun con nuestros sentimientos y emociones, los cuales no planificamos sino que aparecen como reacciones ante eventos internos o externos, hemos de entender que estas son reacciones derivadas de nuestros pensamientos, de manera que aunque sea de forma automática e inconsciente también tengo cierta responsabilidad en tales emociones, y aún más somos completamente responsables de lo que hacemos como consecuencia de esos sentimientos o emociones. Se trata de una fórmula sencilla, ante el evento, sea este externo o interno, dejamos rodar un pensamiento que desencadenará la emoción y la consecuente reacción, y ¿quién puede hacerse responsable de mi pensamiento?. No es que alguien me ofenda, es que yo me siento ofendido; no es que mi pareja me maltrata, es que yo acepto ser maltratado; no es que el jefe o en mi trabajo abusen de mi, es que yo me siento abusado o permito que abusen de mi…, y pudiera llenar hojas con ejemplos, lo que siempre estará presente es que con esta manera de vivir siempre habrá algo o alguien que tendría que cambiar para yo poder ser feliz. Bien vale la pena mantener y no ceder ese poder y estar dispuesto a decir “yo soy quien soy y de eso me hago responsable”


GERARDO J. VELÁSQUEZ D.
gvelasquez9@gmail.com

LA HIPNOSIS COMO HERRAMIENTA TERAPÉUTICA

Generalmente hablar de Hipnosis se asocia a situaciones donde se lleva a un sujeto a un estado donde “hará” todo lo que el hipnotizador le diga que haga, en otras palabras, el sujeto pierde el control de lo que hace o hará. Nada mas lejos de la realidad es esta asociación que comúnmente se hace de la Hipnosis. Sin embargo, esa creencia, esa ignorancia de lo que es y significa la Hipnosis es uno de los principales motivos que impiden a muchas personas probar esa herramienta terapéutica, que les podría ser de mucha utilidad en el tratamiento de algunos trastornos psicofisiológicos que puedan estar padeciendo. Por eso es oportuno hacer algunas aclaratorias acerca de lo es y lo que no es Hipnosis. En otras palabras hablaremos de la Hipnosis Terapéutica, también conocida como Hipnoterapia.

Cuando citamos la Hipnoterapia nos estamos refiriendo a un proceso mediante el cual se lleva a la persona a un estado de “trance”, en el que alcanza una relajación muy placentera, caracterizada por una sensación muy agradable de pesadez y una relajación muscular, donde el Sistema Nervioso Autónomo se hace más receptivo, y dado que el inconsciente es parte fundamental de dicho sistema, puede ser fácilmente alcanzado por las palabras o sugerencias del hipnoterapeuta sin la interferencia de la mente consciente de la persona. Esto permite llegar a raíces de problemas emocionales más profundos, que debidamente canalizados por el terapeuta puede proporcionar a la persona herramientas efectivas que lo ayuden a superar tales problemas.

Cuando hablamos de trance, independientemente de la profundidad que alcance ese estado, es importante aclarar que no supone que la persona quede a voluntad del hipnoterapeuta, perdiendo el control y la autoridad sobre sus acciones y pensamientos. Por el contrario, siempre estará en contacto con la realidad, escuchando al hipnoterapeuta, y cualquier evento que choque con sus principios y valores será inmediatamente rechazado por éste. De manera que NUNCA hará algo que no quiera consciente o inconscientemente hacer. Por eso lo principal para aprovechar los beneficios de una sesión, es confiar plenamente en el hipnoterapeuta y colaborar en el proceso. De lo contrario, si la desconfianza o la falta de colaboración no están presentes será imposible lograr un adecuado estado de trance y en consecuencia no se alcanzarían los objetivos previstos. Por eso es necesario aclarar estos puntos a toda persona que quiera ser tratada con hipnoterapia. De allí que los mejores resultados se obtienen con una persona que: quiere ser hipnotizada, que tiene la voluntad y el deseo de cooperar con el terapeuta, que posee una buena capacidad de imaginación y lo más importante, que es lo suficientemente inteligente para comprender las explicaciones que se le dan y tomar parte activa en el proceso.

Diferencia entre Relajación e Hipnosis
Aunque una relajación bien guiada y bien acogida por la persona resulta en un trance, y de hecho es fundamental para la hipnosis de la persona, cuando se desarrolla una sesión de hipnoterapia, la diferencia fundamental es que el hipnoterapeuta intentará siempre dejar en la mente inconsciente sugestiones positivas, previamente elaboradas para cada caso, que han de ayudar al sujeto a superar el problema que lo motivó a acudir a la terapia.

La Hipnosis Ericksoniana
Cuando hablamos de hipnosis terapéutica, vale destacar al Dr. Milton Erickson, Médico Psiquiatra (1902 – 1980) uno de los profesionales que más aporte dejó en esta materia, quien sirvió de guía para que pudiéramos entender y en consecuencia seguir desarrollando la hipnosis como excelente herramienta en psicoterapia. Y aunque no es la intención extendernos en la vida del Dr. Erickson, si vale la pena al menos resaltar los supuestos que él destacó y que dieron paso a una mejor comprensión y en consecuencia una mayor utilización de la hipnosis en el campo psicoterapéutico. Esa suposiciones básicas son:
- Cada persona es única
- Toda experiencia es un recurso
- Todo el mundo tiene los recursos necesarios para enfrentar los retos de la vida
- La mente inconsciente es un almacén de recursos
- La hipnosis accede a la mente inconsciente
- El trance es una experiencia natural
Si se entienden y se está de acuerdo con cada uno de estos supuestos, Paciente e hipnoterapeuta podrán hacer la alianza perfecta para que el proceso sea lo más productivo posible.

¿Qué peligros o efectos secundarios puede generar la hipnosis?
Esta pregunta es otra de las razones que llevan a las personas a ver con temor a la hipnosis. Sin embargo, no existe peligro alguno cuando la práctica hipnoterapeuta es llevada a cabo por una persona que conoce y tiene la experiencia en el trabajo con hipnoterapia. Por una parte, el temor mayor que se expresa es el creer que no se regresará del estado de trance. Como se indicó anteriormente, las características elementales del trance coinciden con un profundo estado de relajación, que pudiera llevar a la persona a dormirse, de manera que sencillamente “regresaría” luego de un rato de sueño, que no es lo que se busca en la sesión y por lo tanto se perdería la intención. Por otro lado, no es prudente trabajar hipnosis con pacientes que sufren de epilepsia porque puede presentarse una convulsión durante el proceso e igualmente, además del momento desagradable, no tendría el resultado buscado.
En relación a los efectos secundarios, estos suelen ser positivos, pues lo que realmente se desarrolla es una habilidad para alcanzar estados de relajación por cuenta propia, que son de gran utilidad para controlar situaciones estresantes en el futuro. Así mismo, luego de las sesiones de hipnosis el sueño suele ser más profundo y reparador, generando un mejor descanso tanto físico como mental.

La utilidad de la hipnosis en la psicoterapia
La hipnosis ha sido más utilizada en el campo médico como anestesia y como técnica de ayuda a la psicoterapia. En esta última ha sido de gran ayuda en el tratamiento de diversos trastornos emocionales como las fobias, el miedo escénico, el corte de dependencia física o emocional, el control de la obesidad, problemas con los estudios, el insomnio, vicios como el cigarrillo y el alcohol. En otras palabras, cualquier alteración producida por la mente es susceptible de ser tratada y eliminada con la hipnosis.
No se trata de presentar la hipnoterapia como la única o mejor salida para el tratamiento de trastornos emocionales, de lo que se trata es de desmitificarla y reconocer que por años ha resultado ser una excelente ayuda en el tratamiento terapéutico, que vale la pena considerar al menos cuando otras técnicas no han sido satisfactorias en la solución de problemas emocionales que nos estén afectando.

Gerardo J. Velásquez D.
Psicólogo – Neuroterapeuta
gvelasquez99@cantv.net

EL ZURDO EN UN MUNDO PENSADO PARA DERECHOS

A través de la historia, la definición de “normalidad” siempre ha dado el mayor peso a las mediciones estadísticas. Por supuesto que cuando se trata de los seres humanos, esta regla no es distinta, de manera que existen y siempre han existido ciertos comportamientos de cómo la mayoría de las personas han de manifestar su forma de pensar y actuar, y alteraciones a esas expectativas de pensamiento y acción con mucha facilidad se han determinado y tratado como desviaciones delicadas que han llevado a la humanidad a calificar como enfermos, dementes y hasta brujos a personas que simplemente han sido distintos a la norma estadística.
Ser zurdo o zurda no ha escapado de esta situación, dado que estadísticamente las personas siniestras siempre han sido una gran minoría y por ende una violación a la “normalidad”, al extremo que en épocas de la edad media fueron perseguidas, castigadas y hasta quemadas en la época de la “Santa” Inquisición por ser considerados diabólicos o hijos del demonio, y hasta épocas mucho más recientes se les consideraba personas con cierta discapacidad o problemas que podían corregirse forzándolos desde niños a convertirse en diestros, utilizando cualquier tipo de estrategia desde amarrarles la mano zurda hasta castigarlos por utilizar dicha mano.

Si bien es cierto que, al igual que muchos otros paradigmas, con la experiencia y el aporte científico hoy en día se considera el ser zurdo como una característica de la persona y no un defecto a corregir, no es menos cierto y es muy fácil darse cuenta que el mundo en que vivimos está diseñado y hecho, por supuesto dado a que esa es la mayoría, para personas diestras. En consecuencia la minoría, en este caso los zurdos o siniestros, deben adaptarse a este diseño del mundo. De manera que aceptado o no, a diario el zurdo va desde pequeño enfrentando obstáculos que no se encuentran las personas diestras.
Es por ello que el niño zurdo puede ser catalogado como torpe, dado que por supuesto le resulta más difícil utilizar los instrumentos que han sido elaborados para los derechos, desde pasar por la incomodidad de adaptarse a un pupitre que para ellos está “al revés”, las tijeras, los instrumentos musicales y deportivos, hasta el pasamanos de una escalera. Al final, lógicamente se da la adaptación y sencillamente dejan de percibir tales experiencias como obstáculos.

El origen:
La lateralidad del cerebro: De acuerdo a los estudios científicos se ha determinado que el cerebro, que físicamente se encuentra dividido en dos hemisferios, distribuye lateralmente cruzado la cadena de redes neuronales que rigen todo el sistema nervioso periférico, que está distribuido a lo largo de todo el cuerpo. Es decir, las conexiones que se inician en un lado del cerebro se van a cruzar y distribuir en el otro lado del cuerpo humano. De manera que la utilización del lado derecho del cuerpo está regida por el hemisferio izquierdo del cerebro y la utilización del lado izquierdo del cuerpo está dirigido por el hemisferio derecho.

Por otro lado, a los hemisferios cerebrales se les atribuyen funciones específicas que determinan que el hemisferio izquierdo es el lógico, el que se encarga de la parte racional y normativa, el lenguaje, la escritura y el pensamiento analítico. Por su parte al hemisferio derecho se le atribuyen las funciones analógicas, donde se desarrolla la creatividad, las habilidades espaciales, la capacidad de síntesis y el talento artístico.
También las estadísticas demuestran que, probablemente la misma necesidad histórica y científica de buscar la racionalidad y lógica a todo cuanto enfrentamos en la vida, ha forzado a un mayor desarrollo y utilización del hemisferio izquierdo, y en consecuencia al ser éste el lado dominante la mayoría de órdenes están destinadas a la parte derecha del cuerpo. Ante este paradigma los zurdos vienen a ser una excepción, ya que en ellos es el hemisferio derecho el dominante, y por ende es su lado izquierdo el más desarrollado. Pero igualmente se entiende y las estadísticas de nuevo así lo determinan que entonces los zurdos tienen con mayor probabilidad muy buenas habilidades artísticas y creativas, y eso no significa que no posean las habilidades dirigidas por el hemisferio izquierdo sino que las anteriores les resultan más fáciles que a la mayoría de los diestros. Lo cierto es que ser zurdo o derecho no es una elección, es una característica de la persona que viene definida genéticamente a nivel cerebral.
Si esta explicación apoyada en la ciencia es válida, también es importante reconocer que los seres humanos somos seres que nos adaptamos con facilidad, y que gran parte del comportamiento lo desarrollamos por imitación y necesidad, de manera que el modelaje que recibe el niño ya va llevándolo a que desarrolle más las habilidades diestras que las siniestras, así como también algunos deciden por sí mismos, ante inconvenientes en la escuela o en el hogar, o por querer parecerse a la mayoría de sus condiscípulos reorganizar su actividad motora manual en el sentido inverso al suyo por naturaleza.

Ventaja o Desventaja:
Desde mi juicio, el proceso de adaptación conlleva a una necesidad de desarrollar habilidades adicionales a las que puede tener una persona diestra. Es difícil que un diestro utilice la mano zurda con la misma habilidad que el siniestro usa la mano derecha, ya que desde pequeños prácticamente se ven obligados a aprender a emplear la mano derecha casi tanto como su mano izquierda, por lo tanto se suele hacer natural trabajar con ambas manos. Esto puede resultar ser una ventaja en las actividades que requieren el uso del lado izquierdo, porque la mayoría de las personas derechas desarrollan menos las extremidades de esta parte de su cuerpo, por no sentir la necesidad de hacerlo.
Por otra parte, es también considerado y actualmente muy promovido que la estimulación de la utilización del hemisferio No Dominante, resulta ser un ejercicio que activa una mayor cantidad de redes neuronales que resulta altamente beneficioso para el funcionamiento del cerebro en todas sus dimensiones. De manera que, forzados o no y siguiendo con esta premisa, los zurdos deberían entonces estar aprovechando la utilización de las funciones cerebrales en mayor proporción que la mayoría de las personas diestras.
Sin embargo y a pesar de estas observaciones, es muy relativo determinar lo ventajoso o desventajoso de tal característica. Habrá los que se inclinen por destacar las ventajas y los que se inclinen por hacer énfasis en las desventajas. En todo caso ya es bastante con que hoy en día se haya venido cambiando el paradigma y la consecuencia del mismo de tratar de forzar a un niño a ir contra la naturalidad de su tendencia de lateralidad.

El respeto a la condición de zurdo:
A pesar que los estudios demuestran que cada vez es más aceptado como natural que un niño traiga su tendencia a la utilización predominante de su mano izquierda, el diseño de los objetos y el sistema educativo muchas veces parecen decir lo contrario, y por las distintas razones expuestas aún siguen existiendo personas, que desde luego con la mejor intención, tratan de dirigir en el pequeño la orientación muchas veces forzada a que dejen de usar predominantemente la mano zurda para que se metan en los parámetros “normales” de comportamiento con el respectivo predomino del uso de su mano derecha, lo que lejos de ser beneficioso puede ser totalmente contraproducente en el sano desarrollo emocional del niño, dejando secuelas que en ocasiones pasa hasta a la generación de traumas emocionales que incluso los pueden seguir afectando en su vida adulta.
Aunque desde los primeros meses se puede intuir la tendencia de lateralidad predominante, es entre los 5 y 7 años cuando se puede precisar que el niño en definitiva será zurdo o derecho. En todo caso, lo recomendable es dejarlo ser, darle la ayuda que necesite en el desarrollo de sus habilidades naturales independientemente de la mano que esté utilizando para aprender tales habilidades, bien sea la utilización de instrumentos de comida, el amarrarse los cordones de los zapatos, etc. Siempre buscando que desarrolle la destreza necesaria en consonancia con un adecuado desarrollo de su aprendizaje sin tratar de imponer el uso obligado de la otra mano.
Lo ideal sería, aunque esto no siempre va a depender de los padres o docentes, que una vez determinado el predominio del uso de la mano zurda, se considere y actúe asumiendo tal característica como algo normal en el niño y actuar con él siempre considerando su mano izquierda como su mano hábil, como por ejemplo entregando los objetos en esa mano o ayudándolo a escribir con esa mano. Siempre con el objetivo de no desarrollar diestros obligados con riesgos de convertirlos en sujetos fracasados o emocionalmente limitados.

Algunos mitos:
El ser diestro o siniestro incide en que unos sean más inteligentes que los otros: Definitivamente, aunque los zurdos puedan tender a ser más creativos y tener más imaginación y capacidad de relación, no significa que sean menos hábiles para las actividades lógico intelectuales.
Hay que educar a los zurdos para que aprendan a usar la mano derecha: Como hemos visto, la capacidad para usar la mano izquierda proviene de una preponderancia del hemisferio derecho del cerebro y obligarles a usar la derecha es hacerles ir en contra de su naturaleza. En todo caso sería igual pensar que a los derechos hay que enseñarles a usar la mano zurda.
El proceso de adaptación al mundo de los derechos es traumático para los zurdos: Como igualmente se ha expuesto, los seres humanos tenemos una habilidad innata de adaptación y aunque algunos pueden ser más sensibles, no representa ningún problema existencial tal adaptación, al contrario sí puede resultar traumático la obligatoriedad a cambiar su condición natural de ser zurdos.
El uso de ambas manos es positivo para su integración en el entorno: La integración se dará en forma natural en los zurdos al igual que en los derechos. De hecho algunos especialistas concuerdan que aunque la estimulación de ambos hemisferios es importante, en el proceso de aprendizaje es más importante que el niño tenga un punto claro de referencia que distinga a la perfección la derecha de la izquierda.

Lo más importante es que, a estas alturas del avance científico y tecnológico, de los constantes cambios de paradigma, de la construcción de nuevas creencias que han echado por tierra posiciones enmarcadas entre las grandes “verdades” de la vida, hay que no sólo reconocer que la lateralidad que determina la preponderancia del uso de una u otra mano no es un defecto de la minoría, sino sencillamente una característica y pasar de esa aceptación a la acción, desarrollando cada vez mas alternativas, sobre todo en los niveles primarios de la educación, para que se hagan más equitativos los procesos educativos en los niños siniestros.


Gerardo J. Velásquez D.
Psicólogo
gvelasquez99@cantv.net