En este sitio encontrarás algunos artículos sobre temas que día a día me toca o me ha tocado compartir en mi actividad psicoterapéutica y mi larga experiencia en el mundo gerencial organizacional, acerca de situaciones en las que solemos encontrarnos los seres humanos por el solo hecho de estar vivos...
LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD Y LAS NORMAS SOCIALES
Dadas las características particulares de los seres humanos, sería difícil siquiera suponer que una sociedad pueda conducirse sanamente sin parámetros preestablecidos que orienten y hasta obliguen a sus ciudadanos en la manera de convivir los unos con los otros. Sin embargo, y a pesar que estos parámetros siempre existen, bien sea bajos normas legales bien definidas, o por usos y costumbres pautados en cada sociedad, es muy común que sean permanentemente violados o ignorados por una gran cantidad de personas a quienes les cuesta dirigir su comportamiento de manera sana respecto a su interacción con las demás personas.
En este sentido, existen las llamadas “Normas Sociales” que las podemos entender como un conjunto de patrones de comportamiento que se reconocen como “normales” o “sanos” en una determinada sociedad, donde su incumplimiento puede o no implicar una sanción institucionalizada, aunque sí algún tipo de recriminación o reproche social.
MÁS ALLÁ DE LAS LEYES, LA CONVIVENCIA
La violación a las normas sociales, desde mi juicio, en mayor o menor grado, es común a las distintas sociedades, independientemente del nivel de desarrollo de dicha sociedad. Obviamente, suele suceder que en aquellos países donde son estrictos con las sanciones por el incumplimiento de las leyes, las violaciones se presentan en una menor proporción que en otros países, donde, a pesar de existir las leyes, éstas son violadas constantemente sin mayores consecuencias para los infractores. Por supuesto, este es un problema bastante serio, dado que para muy poco sirven las leyes si éstas no se hacen cumplir. Pero no es mi intención abordar este tema, que muy bien pudiera ser analizado desde un enfoque político, social y cultural.
Sin embargo, más allá de las normas legales, hay otros interesantes elementos que podemos encontrar si analizamos el problema enfocado hacia las Normas de Convivencia desde una perspectiva psicosocial, ya que hay situaciones problemáticas que aunque se presentan en cualquier sociedad o estrato social, no son claramente identificadas y peor aún corregidas por la misma naturaleza de tales situaciones. Específicamente, me quiero referir a dos de los llamados trastornos de personalidad que comúnmente se pueden encontrar en cualquier grupo familiar o social. A estos dos trastornos se les conoce de acuerdo al Manual Diagnóstico y Estadístico de Los Trastornos Mentales DSM4 como el Trastorno de Conducta Antisocial y el Trastorno Límite de la Personalidad, que como en otros trastornos de personalidad las características resaltantes están alrededor de su manera de interpretarse y relacionarse con sí mismos y con los otros y una inadecuada manera de manejar su afectividad y el control de sus impulsos.
EL TRASTORNO ANTISOCIAL DE LA PERSONALIDAD
Anteriormente conocido como Sociopatías y Sicopatías en el extremo del trastorno, es un tipo de trastorno donde la persona muestra un comportamiento caracterizado por una falta de consideración y violación de los derechos de los demás, en muchos casos con una dificultad para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, y con mucha frecuencia con presencia de deshonestidad, mentiras, impulsividad o incapacidad para planificar el futuro, despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás y una irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas. En el extremo de este trastorno, puede estar la falta de remordimiento, en casos de daños, maltratos o robos a otras personas.
Por supuesto en mayor o menor severidad las personas con este trastorno suelen tener muchos problemas en su vida afectiva emocional por su permanente violación a los derechos de los demás. En un extremo y según las características individuales y su historia afectiva y social, unos suelen caer fácilmente en la delincuencia, mientras que otros se mantienen sencillamente engañando y abusando de otros allegados, generalmente familiares cercanos y amigos, a quienes mienten, estafan, meten en problemas, etc.
De acuerdo a las estadísticas del DSM4, antes citado, se estima que en la población general cerca de un 3% de varones y un 1% de mujeres presenta este tipo de trastorno. Este porcentaje suele variar cuando se hacen diferencias poblacionales.
EL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD
Este es otro trastorno de la personalidad, que aunque en una menor incidencia que el Trastorno Antisocial, también puede ser una importante causa a violaciones de las normas y buenas costumbres en una sociedad específica, ya que aunque lo que suele resaltar en estas personas es su marcada incapacidad para establecer y mantener sanas relaciones, existe una dificultad para el autocontrol de sí mismos que en muchas ocasiones los lleva a los excesos, poniendo en riesgo tanto su vida como la de personas cercanas. Algunas de las características tomadas del Manual DSM4, que se pueden encontrar en este trastorno, que inciden en una inadecuada respuesta social, son: esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginado, un patrón de relaciones interpersonales inestables, una impulsividad en al menos dos áreas, potencialmente dañina para sí mismo (gastos, sexo, abuso de sustancias, conducción temeraria, atracones de comida) y episodios de ira inapropiada e intensa con dificultades para controlarla. De acuerdo, igualmente al Manual DSM4, Se estima que la prevalencia del trastorno límite de la personalidad es de alrededor del 2 % de la población general, con un 75% de prevalencia en la población femenina.
LAS DIFICULTADES EN EL ABORDAJE DE ESTOS PROBLEMAS
A diferencia de cualquier otro trastorno de carácter emocional o mental, el problema central que se presenta cuando estamos ante cualquier trastorno de personalidad, por supuesto incluyendo a estos dos que he tratado de explicar de una manera sencilla (sin dejar de reconocer que hay mucho más que aclarar y explicar sobre el tema), está en el hecho que la persona que presenta el trastorno no acepta conscientemente que tiene un problema, de manera que es casi imposible el abordaje terapéutico exitoso de estas personas. Lo que suele suceder es que, en el mejor de los casos acuden a un terapeuta por otras razones, como una crisis depresiva o ansiosa, una fobia, un duelo, etc. o asisten por una presión impuesta por familiares que son, los que suelen padecer con mayor cercanía las consecuencias de los comportamientos de estas personas. De manera que ante esa poca conciencia del problema real que está presentando, será bastante difícil que la persona se deje ayudar hacia una mejora para ella y por ende para su entorno.
Considero importante y necesario un proceso de psicoeducación que pueda ayudar tanto a la persona objeto del trastorno, como a los familiares, primero, a entender el problema, sin que ello signifique una justificación para sus actos violatorios a sí mismo y a los demás, y en segundo lugar, a generar una disposición a dejarse ayudar entendiendo que existen alternativas terapéuticas que pueden ser muy efectivas, pero ninguna posible sin la conciencia del problema y la responsabilidad del sujeto en trabajar en su proceso de cambio.
Gerardo Velásquez
LAS EMOCIONES Y LA SALUD
Hoy en día sería absurdo no reconocer que el ser humano es un ser holístico y que por ende, todo aquello que abarque nuestra mente y nuestras emociones va a influir de manera positiva o negativa en nuestro cuerpo y salud física y viceversa. Basta imaginarnos una buena comida para que empecemos a salivar, o darnos cuenta como sentimos un “nudo” en el estómago al pensar en algo que tememos enfrentar. De manera que el pensamiento dispara un determinado estado emocional y como consecuencia una sensación corporal. Entendiendo entonces que mente y cuerpo son un solo Sistema, entonces es fácil aceptar que nuestras emociones van a influir directamente en nuestro estado de salud, bien potenciando la salud o propiciando la enfermedad.
EL SER HUMANO COMO UN SOLO SISTEMA
Esta realidad es más fácil de comprender cuando analizamos cómo está conformado nuestro organismo para hacerse cargo de nuestra salud. Todos los seres humanos estamos dotados de dos importantes Sistemas, el Sistema Inmunológico y el Sistema Endocrino, a quienes se consideran como los dos Sistemas preservadores de la vida. Sin embargo, estos dos Sistemas actúan íntimamente conectados con el Sistema Nervioso Central, de manera que lo que suceda en cualquiera de estos tres Sistemas, irremediablemente repercutirá en los otros dos. En consecuencia, si sabemos que las emociones son por esencia la manifestación del Sistema Nervioso de todo individuo, entonces resulta evidente que todo problema de salud que pueda estar pasando una persona, tiene una cuota emocional importante que hay que atender o, más que una cuota, puede incluso ser la causa fundamental que ha disparado la situación de enfermedad que se está padeciendo.
LA INTERACCIÓN DE LOS SISTEMAS
Para entender el proceso es importante conocer un poco acerca de los Sistemas Inmunológico y Endocrino y su interacción con el Sistema Nervioso Central. El Sistema Endocrino lo forman un conjunto de órganos y tejidos del organismo que liberan un tipo de sustancias llamado hormonas que regulan el crecimiento, el desarrollo y las funciones de muchos tejidos, y coordinan los procesos metabólicos del organismo. Por su parte el Sistema Inmunológico está compuesto por células y proteínas que se encargan de defender nuestro cuerpo contra agentes invasores extraños como bacterias, hongos, parásitos, virus y células malignas.
Ahora, la respuesta de estos dos Sistemas está guiada por el Sistema Nervioso Central, más específicamente a través del Hipotálamo, que es una estructura del cerebro que cumple una importantísima función en la regulación homeostática del organismo, en el comportamiento sexual y muy específicamente en las emociones, ya que recibe instrucciones directamente del Sistema Límbico del cerebro, que es la zona donde se procesan las emociones.
De esta manera, el Hipotálamo envía los mensajes a la Hipófisis que es la glándula del Sistema Endocrino que dirige los influjos hormonales en el organismo, y al mismo tiempo, el Hipotálamo también envía mensajes directivos al Sistema Inmunológico para el proceso de la respuesta inmunológica.
LOS APORTES DE LA PSICONEUROINMUNOLOGÍA Y LA PNL
Dada esta comprobada interacción, con énfasis en el impacto del manejo de las emociones en la salud o la enfermedad, en los últimos años la Psiconeuroinmunolgía y la Programación Neurolingüística (PNL) han venido realizando importantes intervenciones con excelentes resultados, trabajando directamente sobre el estado emocional de las personas, cuya combinación con el tratamiento médico respectivo ha demostrado ser altamente efectivo en la respuesta de recuperación de la salud.
La Psiconeuroinmunología se ha avocado al trabajo combinado de restituir la salud emocional a las personas a través del apoyo psicoterapéutico y la llamada Visualización Curativa, que ha logrado, a través de la imaginación guiada, estimular el aumento de los diferentes tipos de células y defensas a objeto de detener y disminuir el crecimiento de células tumorales, y en consecuencia mejorar notablemente la respuesta inmune. Uno de los más destacados en esta rama es el Dr. Carl Simonton, autor del libro “Sanar es un Viaje”, quien dirige el Simonton Cancer Center en Estados Unidos.
Por su parte la PNL, se ha destacado en el trabajo sobre el cambio de creencias, las cuales son preponderantes para una respuesta estresante o no estresante ante los distintos eventos y acontecimientos a los que estamos sometidos los seres humanos. Las experiencias de Robert Dilts, autor de “Identificación y Cambio de Creencias. Un Camino Hacia la Salud y el Bienestar” entre otros de sus libros, han sido de las más conocidas y difundidas, siendo hoy de gran uso en el trabajo psicoterapéutico.
EL ESTRÉS Y EL SISTEMA INMUNOLÓGICO
Frente a un evento que es percibido y vivido como estresante por el individuo se produce liberación de cortisol, adrenalina y noradrenalina, sustancias que han demostrado ser supresoras de la respuesta inmune. De allí que una situación estresante que se convierta en crónica, sin posibilidad de control real o imaginario de parte del sujeto, puede resultar nefasta y convertirse en un permanente inmunosupresor. Por el contrario, si el sujeto es capaz de percibir, sea real o imaginariamente que puede asumir satisfactoriamente el control de la situación, el evento estresante reduce el efecto inmunosupresor.
Aquí es importante resaltar que es la subjetividad la que determina que un evento resulte o no estresante. Por eso el apoyo psicológico es fundamental para generar un cambio que ayude a la persona a cambiar su percepción ante los acontecimientos que se le puedan presentar como estresantes.
Basado en este supuesto y luego de largos estudios y aplicaciones terapéuticas, el Doctor Carl Simonton, uno de los más destacados, o a mi manera de ver el principal precursor de la Psiconeuroinmunología, propone que ante una situación traumática o un permanente estrés psicológico, que por lo general suele generar otros problemas emocionales como una depresión, ansiedad o desesperación, el Sistema límbico del individuo genera una doble señal o mensaje. Por una parte va un mensaje al hipotálamo que es transmitido al Sistema Inmunológico generando una supresión de la respuesta inmunológica. La otra señal va a la glándula Hipófisis quien controla al Sistema Endocrino creando un desbalance hormonal y en consecuencia el desarrollo de células anormales. Estas alteraciones de los dos grandes Sistemas encargados de mantener nuestro cuerpo sano, por supuesto se va a traducir en la generación de la enfermedad.
Entonces, este mismo modelo plantea, que independientemente del tratamiento médico que se aplique al paciente, éste debe combinarse con una adecuada intervención psicoterapéutica que ayude al reencuadre emocional de la persona, lo que también ayudará al reestablecimiento de los Sistemas Inmunológico y Endocrino y por ende a una recuperación más rápida y efectiva de la salud.
DEL MIEDO A LA ENFERMEDAD
Dado esta interrelación entre los Sistemas, es fácil deducir que el diagnóstico por sí mismo de la enfermedad puede resultar en un impacto emocional muy fuerte, que lejos de ayudar puede ser uno de los principales enemigos del proceso de curación. Y no se trata de que nos oculten un diagnóstico, sino de entender que la enfermedad en sí lo que quiere decir es que estamos ante un proceso de desequilibrio de la salud y que la manera como encaremos dicho proceso, será decisivo en nuestra recuperación de la salud y por ende del equilibrio.
Las experiencias nos revelan que toda enfermedad, incluyendo el cáncer, puede curarse, el aspecto está en asumir con responsabilidad y optimismo que el proceso de la enfermedad y sus síntomas son un aviso de algo que intenta decirnos nuestro cuerpo y al que tenemos que prestar atención y actuar.
La enfermedad no es fortuita, es más bien un proceso que tiene pleno sentido dentro de la vida de un individuo. Ante ella vale la reflexión de porqué ha aparecido en un momento determinado de nuestra vida. Si logramos comprender su mensaje, estaremos en una mejor condición y disposición para trabajar en la recuperación de la salud. La ciencia médica hará su mejor esfuerzo, pero el médico no puede ser lo suficientemente efectivo sino en la medida en que el enfermo asume su cuota de responsabilidad de su enfermedad y se avoca a la resolución de sus conflictos.
Si mente y cuerpo se influyen constantemente entre sí hacia la salud y hacia la enfermedad, usted puede en consecuencia influir en su salud física, ya que tiene la capacidad para evitar pensamientos que perjudican su salud y cultivar los que la potencian.
Gerardo Velasquez
EL SER HUMANO COMO UN SOLO SISTEMA
Esta realidad es más fácil de comprender cuando analizamos cómo está conformado nuestro organismo para hacerse cargo de nuestra salud. Todos los seres humanos estamos dotados de dos importantes Sistemas, el Sistema Inmunológico y el Sistema Endocrino, a quienes se consideran como los dos Sistemas preservadores de la vida. Sin embargo, estos dos Sistemas actúan íntimamente conectados con el Sistema Nervioso Central, de manera que lo que suceda en cualquiera de estos tres Sistemas, irremediablemente repercutirá en los otros dos. En consecuencia, si sabemos que las emociones son por esencia la manifestación del Sistema Nervioso de todo individuo, entonces resulta evidente que todo problema de salud que pueda estar pasando una persona, tiene una cuota emocional importante que hay que atender o, más que una cuota, puede incluso ser la causa fundamental que ha disparado la situación de enfermedad que se está padeciendo.
LA INTERACCIÓN DE LOS SISTEMAS
Para entender el proceso es importante conocer un poco acerca de los Sistemas Inmunológico y Endocrino y su interacción con el Sistema Nervioso Central. El Sistema Endocrino lo forman un conjunto de órganos y tejidos del organismo que liberan un tipo de sustancias llamado hormonas que regulan el crecimiento, el desarrollo y las funciones de muchos tejidos, y coordinan los procesos metabólicos del organismo. Por su parte el Sistema Inmunológico está compuesto por células y proteínas que se encargan de defender nuestro cuerpo contra agentes invasores extraños como bacterias, hongos, parásitos, virus y células malignas.
Ahora, la respuesta de estos dos Sistemas está guiada por el Sistema Nervioso Central, más específicamente a través del Hipotálamo, que es una estructura del cerebro que cumple una importantísima función en la regulación homeostática del organismo, en el comportamiento sexual y muy específicamente en las emociones, ya que recibe instrucciones directamente del Sistema Límbico del cerebro, que es la zona donde se procesan las emociones.
De esta manera, el Hipotálamo envía los mensajes a la Hipófisis que es la glándula del Sistema Endocrino que dirige los influjos hormonales en el organismo, y al mismo tiempo, el Hipotálamo también envía mensajes directivos al Sistema Inmunológico para el proceso de la respuesta inmunológica.
LOS APORTES DE LA PSICONEUROINMUNOLOGÍA Y LA PNL
Dada esta comprobada interacción, con énfasis en el impacto del manejo de las emociones en la salud o la enfermedad, en los últimos años la Psiconeuroinmunolgía y la Programación Neurolingüística (PNL) han venido realizando importantes intervenciones con excelentes resultados, trabajando directamente sobre el estado emocional de las personas, cuya combinación con el tratamiento médico respectivo ha demostrado ser altamente efectivo en la respuesta de recuperación de la salud.
La Psiconeuroinmunología se ha avocado al trabajo combinado de restituir la salud emocional a las personas a través del apoyo psicoterapéutico y la llamada Visualización Curativa, que ha logrado, a través de la imaginación guiada, estimular el aumento de los diferentes tipos de células y defensas a objeto de detener y disminuir el crecimiento de células tumorales, y en consecuencia mejorar notablemente la respuesta inmune. Uno de los más destacados en esta rama es el Dr. Carl Simonton, autor del libro “Sanar es un Viaje”, quien dirige el Simonton Cancer Center en Estados Unidos.
Por su parte la PNL, se ha destacado en el trabajo sobre el cambio de creencias, las cuales son preponderantes para una respuesta estresante o no estresante ante los distintos eventos y acontecimientos a los que estamos sometidos los seres humanos. Las experiencias de Robert Dilts, autor de “Identificación y Cambio de Creencias. Un Camino Hacia la Salud y el Bienestar” entre otros de sus libros, han sido de las más conocidas y difundidas, siendo hoy de gran uso en el trabajo psicoterapéutico.
EL ESTRÉS Y EL SISTEMA INMUNOLÓGICO
Frente a un evento que es percibido y vivido como estresante por el individuo se produce liberación de cortisol, adrenalina y noradrenalina, sustancias que han demostrado ser supresoras de la respuesta inmune. De allí que una situación estresante que se convierta en crónica, sin posibilidad de control real o imaginario de parte del sujeto, puede resultar nefasta y convertirse en un permanente inmunosupresor. Por el contrario, si el sujeto es capaz de percibir, sea real o imaginariamente que puede asumir satisfactoriamente el control de la situación, el evento estresante reduce el efecto inmunosupresor.
Aquí es importante resaltar que es la subjetividad la que determina que un evento resulte o no estresante. Por eso el apoyo psicológico es fundamental para generar un cambio que ayude a la persona a cambiar su percepción ante los acontecimientos que se le puedan presentar como estresantes.
Basado en este supuesto y luego de largos estudios y aplicaciones terapéuticas, el Doctor Carl Simonton, uno de los más destacados, o a mi manera de ver el principal precursor de la Psiconeuroinmunología, propone que ante una situación traumática o un permanente estrés psicológico, que por lo general suele generar otros problemas emocionales como una depresión, ansiedad o desesperación, el Sistema límbico del individuo genera una doble señal o mensaje. Por una parte va un mensaje al hipotálamo que es transmitido al Sistema Inmunológico generando una supresión de la respuesta inmunológica. La otra señal va a la glándula Hipófisis quien controla al Sistema Endocrino creando un desbalance hormonal y en consecuencia el desarrollo de células anormales. Estas alteraciones de los dos grandes Sistemas encargados de mantener nuestro cuerpo sano, por supuesto se va a traducir en la generación de la enfermedad.
Entonces, este mismo modelo plantea, que independientemente del tratamiento médico que se aplique al paciente, éste debe combinarse con una adecuada intervención psicoterapéutica que ayude al reencuadre emocional de la persona, lo que también ayudará al reestablecimiento de los Sistemas Inmunológico y Endocrino y por ende a una recuperación más rápida y efectiva de la salud.
DEL MIEDO A LA ENFERMEDAD
Dado esta interrelación entre los Sistemas, es fácil deducir que el diagnóstico por sí mismo de la enfermedad puede resultar en un impacto emocional muy fuerte, que lejos de ayudar puede ser uno de los principales enemigos del proceso de curación. Y no se trata de que nos oculten un diagnóstico, sino de entender que la enfermedad en sí lo que quiere decir es que estamos ante un proceso de desequilibrio de la salud y que la manera como encaremos dicho proceso, será decisivo en nuestra recuperación de la salud y por ende del equilibrio.
Las experiencias nos revelan que toda enfermedad, incluyendo el cáncer, puede curarse, el aspecto está en asumir con responsabilidad y optimismo que el proceso de la enfermedad y sus síntomas son un aviso de algo que intenta decirnos nuestro cuerpo y al que tenemos que prestar atención y actuar.
La enfermedad no es fortuita, es más bien un proceso que tiene pleno sentido dentro de la vida de un individuo. Ante ella vale la reflexión de porqué ha aparecido en un momento determinado de nuestra vida. Si logramos comprender su mensaje, estaremos en una mejor condición y disposición para trabajar en la recuperación de la salud. La ciencia médica hará su mejor esfuerzo, pero el médico no puede ser lo suficientemente efectivo sino en la medida en que el enfermo asume su cuota de responsabilidad de su enfermedad y se avoca a la resolución de sus conflictos.
Si mente y cuerpo se influyen constantemente entre sí hacia la salud y hacia la enfermedad, usted puede en consecuencia influir en su salud física, ya que tiene la capacidad para evitar pensamientos que perjudican su salud y cultivar los que la potencian.
Gerardo Velasquez
CUANDO LA RELACIÓN SEXUAL DEJA DE SER PLACENTERA
Tener sexo puede ser una de las más intensas y placenteras experiencias físicas y emocionales que el ser humano pueda tener. Más intenso y placentero será mientras se tenga una mayor capacidad de sentir y vivir la sexualidad integralmente. Sin embargo, esta experiencia puede no siempre ser tan maravillosa e incluso puede llegar a convertirse en un serio dolor de cabeza para cualquiera de las partes inmersas en una relación sexual, dado que no solo el erotismo y la sensualidad están presente en el acto sexual, sino que hay otros aspectos que suelen igualmente involucrarse como son los sentimientos, las emociones, las actitudes, los pensamientos, las creencias, los comportamientos y por supuesto el autoestima o autovaloración.
UNA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA
Como cualquier otra actividad propia de una relación de pareja, la calidad del sexo también es una responsabilidad compartida, donde no es lógico y mucho menos prudente que uno de los dos culpe al otro por los problemas que se puedan estar presentando al momento del acto sexual. Esto solo tiende a generar mayor frustración y muchas veces a colocar a uno de los dos en la situación de tener la “obligación” de satisfacer al otro, lo que traerá como consecuencia que el acto en sí ya deja de tener el encanto y por supuesto el placer para quien está en esta condición. La pareja debe entender que el placer de ambos es importante y que no es sano tratar de satisfacer al otro por encima de las propias necesidades.
Esta actitud de dejar la responsabilidad sólo en él o en ella, suele ser uno de los ingredientes más dañinos que pueden iniciar o agravar posibles disfunciones que a la larga se van a convertir en verdaderos procesos traumáticos, tanto para el afectado directamente, como para su pareja quien no puede hacerse a un lado asumiendo “el problema no es mío”. Entonces, situaciones temporales, por ejemplo, como el distanciamiento en la frecuencia de las relaciones sexuales, una “mala noche” o una disminución temporal del deseo, que pueden ocurrir por distintos motivos, como presión laboral, enfermedad, duelos, problemas con los niños, pueden pasar a ser generadores de mucha presión, sobre todo cuando uno de los dos en la pareja se ve más afectado, porque “no está cumpliendo” de acuerdo a unos patrones o expectativas que se supone deben satisfacerse. Sí bien es cierto que el sexo puede ser una forma de expresar cariño, también es cierto que el sexo debe ser primordialmente placentero para ambos en la pareja y nunca una obligación.
LAS CREENCIAS, EL PENSAMIENTO Y LAS REACCIONES EMOCIONALES
En toda relación sexual existe un intercambio de emociones, rico en deseos y en sensaciones, donde el objetivo central es dar y recibir placer, pero también puede estar lleno de frustraciones y de matices de las experiencias vitales propias, como sentimientos de miedos, vergüenza y culpabilidad, creencias infundadas y otros factores psicológicos negativos que inhiben la reacción sexual y que perturban las relaciones sexuales.
Estos sentimientos por lo general, como todos los procesos emocionales de las personas, vienen precedidos de pensamientos estimulantes o en su defecto, negativos y limitadores.
Me voy a permitir en este aspecto tomar la postura de la Psicoterapia Cognitiva, que da importancia primordial al curso del pensamiento, como generador de los principales trastornos del estado de ánimo que padecemos las personas en un momento determinado, por supuesto sin dejar de lado, que cada persona piensa, siente y actúa de acuerdo a su propia experiencia de vida, o como reza la Programación Neurolingüística (PNL) desde su propio modelo del mundo. Desde esta concepción, es entonces (salvo problemas orgánicos o biológicos) el pensamiento quien irrumpe de una manera distorsionada para generar los distintos trastornos o disfunciones sexuales que suelen presentar hombres y mujeres, porque para el acto sexual necesariamente han de activarse los mecanismos emocionales que van a generar la excitación, traducida en el hombre con la erección y en la mujer con la lubricación de su vagina. Si el pensamiento fluye sin intromisiones distorsionadas, entonces el acto será placentero, pero si por ejemplo, el hombre está pensando que tal vez no logre satisfacer a la mujer, probablemente tendrá un problema com la erección o una eyaculación precoz.
Veamos en los típicos trastornos por los que las personas suelen acudir al sexólogo, psiquiatra o psicólogo, cómo el pensamiento (descartadas causas orgánicas) puede ser el causante principal del referido trastorno, donde la base central de esos pensamientos está en creencias, por ejemplo en el caso de los hombres, como "Debo ser enormemente sexual para ser un hombre de verdad" y en la mujer "Debo satisfacer a mi compañero para tener su aprobación":
• En el caso del hombre la típica DISFUNCIÓN ERÉCTIL (IMPOTENCIA) donde el hombre no alcanza la erección o no logra mantenerla, o la EYACULACIÓN PRECOZ, donde el hombre termina demasiado rápido y la mujer no alcanza el placer del orgasmo. Supongamos que han ocurrido algunos eventos y el hombre ha tenido una o unas experiencias desagradables en que, desde su juicio o crítica de su pareja, no tuvo una respuesta satisfactoria. Entonces se siente presionado y preocupado. Piensa que no va a ser capaz de mantener su erección el tiempo suficiente como para satisfacer a su mujer, piensa la pena que va a pasar o el ridículo que va a hacer si su mujer ve la flacidez de su pene y en el malestar y críticas por parte de esta. También piensa que esto le va a traer problemas en la estabilidad de su relación. Con estos pensamientos lo invade la ansiedad y la consecuencia puede ser que no haya la erección, o que por miedo a perderla realice el coito sin que su mujer haya siquiera iniciado la lubricación. También puede por ejemplo estar preocupado para mantener el acto dilatando la eyaculación y entonces piensa “debo satisfacer plenamente a mi mujer y no se si pueda lograrlo” “el acto debe durar “equis” cantidad de tiempo y voy a quedar muy mal si no lo alcanzo”. Las consecuencias: Casi inevitablemente ocurre la eyaculación anticipada.
• Por su parte en la mujer, uno de los problemas más comunes es la INHIBICIÓN ORGÁSMICA, donde igualmente antes del acto puede estar pensando que no va a quedar satisfecha, bloqueando la excitación necesaria para la lubricación, o con pensamientos como “el no me ha dicho que le ha gustado, significa que no lo estoy haciendo bien” o “no soy capaz de sentir un orgasmo. Nunca voy a sentir un orgasmo”. Por supuesto ante pensamientos de esta naturaleza, se pierde por completo el disfrute y el placer y pareciera una tortura lo que por naturaleza debiera ser extraordinario.
LA COMUNICACIÓN
Aunque pueda sonar a cliché, si no hay comunicación no es posible que los integrantes puedan conocer más sobre los gustos de cada uno en materia del acto sexual. De manera que puede ser que la otra persona desconozca algunas de las cosas que le gustan y son relevantes para su pareja y que, si son expresadas, van a contribuir a una vida sexual más acorde con los deseos de ambos.
En el sexo de una pareja sana, nada es exagerado o fuera de tono. Basta con que ambos estén de acuerdo y se compenetren en disfrutarlo. De manera que no es lógico sentir pena por expresar cosas que quisieran cambiar, agregar o experimentar en el sexo y por supuesto, hay que expresar a la pareja lo que cada quien necesita, siente o desea. Hay que evitar las suposiciones y preguntar a su pareja lo quiera saber, evitando juicios, reproches y generalizaciones. Por supuesto como lo expresé anteriormente que esta es una responsabilidad compartida, hay que actuar para dar de cada uno lo mejor para el disfrute y el placer de ambos.
LOS LÍMITES QUE IMPONE LA EDAD
Es lógico, que como proceso normal evolutivo en la vida, la actividad sexual se vaya modificando en cada etapa de la vida del individuo. Es por eso que de una edad a otra los intereses sexuales van cambiando, coincidiendo generalmente con los cambios corporales. Sin embargo, el sexo es importante durante toda la vida de la persona, no sólo en la etapa reproductiva, sino también durante la juventud y tercera edad.
Contrario a la creencia popular, nunca se es demasiado viejo para gozar de una vida sexual plena. El problema comienza cuando los prejuicios y las pautas culturales se imponen a las biológicas. Pero la verdad es que los seres humanos, afortunadamente, nunca son demasiado viejos, en términos biológicos, como para gozar de una vida sexual sana y feliz. Sin embargo, con frecuencia, se asume que las personas mayores pierden sus deseos sexuales o que no pueden llevarlos a cabo por razones físicas o peor aun, algunos ven al sexo en las personas adultas como algo feo o indeseable. Por eso, igualmente en esta etapa de la vida, los problemas que se presentan, como principales saboteadores para el disfrute sexual son consecuencia de las creencias, los prejuicios y la distorsión de los pensamientos, por temor a la desaprobación de sus hijos o nietos, que los pueden hace sentir culpables frente a sus legítimos deseos.
Otro problema es la longevidad femenina, ya que si bien la sociedad acepta las relaciones entre hombres mayores y mujeres jóvenes, tiende por el contrario a difamar a mujeres mayores que establecen lazos con hombres más jóvenes. De manera que son falsos mitos la mayoría de las limitaciones que se imponen a las relaciones sexuales entre personas de la tercera edad. Si se goza de una salud razonablemente buena para su edad, se puede esperar seguir siendo una persona sexualmente activa hasta una avanzada edad.
Tener una vida sexualmente sana y feliz no tiene edad, de usted depende cómo y hasta dónde quiere disfrutar de uno de los más grandes placeres que nos ha ofrecido el hecho de estar vivos
Gerardo J. Velásquez D.
UNA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA
Como cualquier otra actividad propia de una relación de pareja, la calidad del sexo también es una responsabilidad compartida, donde no es lógico y mucho menos prudente que uno de los dos culpe al otro por los problemas que se puedan estar presentando al momento del acto sexual. Esto solo tiende a generar mayor frustración y muchas veces a colocar a uno de los dos en la situación de tener la “obligación” de satisfacer al otro, lo que traerá como consecuencia que el acto en sí ya deja de tener el encanto y por supuesto el placer para quien está en esta condición. La pareja debe entender que el placer de ambos es importante y que no es sano tratar de satisfacer al otro por encima de las propias necesidades.
Esta actitud de dejar la responsabilidad sólo en él o en ella, suele ser uno de los ingredientes más dañinos que pueden iniciar o agravar posibles disfunciones que a la larga se van a convertir en verdaderos procesos traumáticos, tanto para el afectado directamente, como para su pareja quien no puede hacerse a un lado asumiendo “el problema no es mío”. Entonces, situaciones temporales, por ejemplo, como el distanciamiento en la frecuencia de las relaciones sexuales, una “mala noche” o una disminución temporal del deseo, que pueden ocurrir por distintos motivos, como presión laboral, enfermedad, duelos, problemas con los niños, pueden pasar a ser generadores de mucha presión, sobre todo cuando uno de los dos en la pareja se ve más afectado, porque “no está cumpliendo” de acuerdo a unos patrones o expectativas que se supone deben satisfacerse. Sí bien es cierto que el sexo puede ser una forma de expresar cariño, también es cierto que el sexo debe ser primordialmente placentero para ambos en la pareja y nunca una obligación.
LAS CREENCIAS, EL PENSAMIENTO Y LAS REACCIONES EMOCIONALES
En toda relación sexual existe un intercambio de emociones, rico en deseos y en sensaciones, donde el objetivo central es dar y recibir placer, pero también puede estar lleno de frustraciones y de matices de las experiencias vitales propias, como sentimientos de miedos, vergüenza y culpabilidad, creencias infundadas y otros factores psicológicos negativos que inhiben la reacción sexual y que perturban las relaciones sexuales.
Estos sentimientos por lo general, como todos los procesos emocionales de las personas, vienen precedidos de pensamientos estimulantes o en su defecto, negativos y limitadores.
Me voy a permitir en este aspecto tomar la postura de la Psicoterapia Cognitiva, que da importancia primordial al curso del pensamiento, como generador de los principales trastornos del estado de ánimo que padecemos las personas en un momento determinado, por supuesto sin dejar de lado, que cada persona piensa, siente y actúa de acuerdo a su propia experiencia de vida, o como reza la Programación Neurolingüística (PNL) desde su propio modelo del mundo. Desde esta concepción, es entonces (salvo problemas orgánicos o biológicos) el pensamiento quien irrumpe de una manera distorsionada para generar los distintos trastornos o disfunciones sexuales que suelen presentar hombres y mujeres, porque para el acto sexual necesariamente han de activarse los mecanismos emocionales que van a generar la excitación, traducida en el hombre con la erección y en la mujer con la lubricación de su vagina. Si el pensamiento fluye sin intromisiones distorsionadas, entonces el acto será placentero, pero si por ejemplo, el hombre está pensando que tal vez no logre satisfacer a la mujer, probablemente tendrá un problema com la erección o una eyaculación precoz.
Veamos en los típicos trastornos por los que las personas suelen acudir al sexólogo, psiquiatra o psicólogo, cómo el pensamiento (descartadas causas orgánicas) puede ser el causante principal del referido trastorno, donde la base central de esos pensamientos está en creencias, por ejemplo en el caso de los hombres, como "Debo ser enormemente sexual para ser un hombre de verdad" y en la mujer "Debo satisfacer a mi compañero para tener su aprobación":
• En el caso del hombre la típica DISFUNCIÓN ERÉCTIL (IMPOTENCIA) donde el hombre no alcanza la erección o no logra mantenerla, o la EYACULACIÓN PRECOZ, donde el hombre termina demasiado rápido y la mujer no alcanza el placer del orgasmo. Supongamos que han ocurrido algunos eventos y el hombre ha tenido una o unas experiencias desagradables en que, desde su juicio o crítica de su pareja, no tuvo una respuesta satisfactoria. Entonces se siente presionado y preocupado. Piensa que no va a ser capaz de mantener su erección el tiempo suficiente como para satisfacer a su mujer, piensa la pena que va a pasar o el ridículo que va a hacer si su mujer ve la flacidez de su pene y en el malestar y críticas por parte de esta. También piensa que esto le va a traer problemas en la estabilidad de su relación. Con estos pensamientos lo invade la ansiedad y la consecuencia puede ser que no haya la erección, o que por miedo a perderla realice el coito sin que su mujer haya siquiera iniciado la lubricación. También puede por ejemplo estar preocupado para mantener el acto dilatando la eyaculación y entonces piensa “debo satisfacer plenamente a mi mujer y no se si pueda lograrlo” “el acto debe durar “equis” cantidad de tiempo y voy a quedar muy mal si no lo alcanzo”. Las consecuencias: Casi inevitablemente ocurre la eyaculación anticipada.
• Por su parte en la mujer, uno de los problemas más comunes es la INHIBICIÓN ORGÁSMICA, donde igualmente antes del acto puede estar pensando que no va a quedar satisfecha, bloqueando la excitación necesaria para la lubricación, o con pensamientos como “el no me ha dicho que le ha gustado, significa que no lo estoy haciendo bien” o “no soy capaz de sentir un orgasmo. Nunca voy a sentir un orgasmo”. Por supuesto ante pensamientos de esta naturaleza, se pierde por completo el disfrute y el placer y pareciera una tortura lo que por naturaleza debiera ser extraordinario.
LA COMUNICACIÓN
Aunque pueda sonar a cliché, si no hay comunicación no es posible que los integrantes puedan conocer más sobre los gustos de cada uno en materia del acto sexual. De manera que puede ser que la otra persona desconozca algunas de las cosas que le gustan y son relevantes para su pareja y que, si son expresadas, van a contribuir a una vida sexual más acorde con los deseos de ambos.
En el sexo de una pareja sana, nada es exagerado o fuera de tono. Basta con que ambos estén de acuerdo y se compenetren en disfrutarlo. De manera que no es lógico sentir pena por expresar cosas que quisieran cambiar, agregar o experimentar en el sexo y por supuesto, hay que expresar a la pareja lo que cada quien necesita, siente o desea. Hay que evitar las suposiciones y preguntar a su pareja lo quiera saber, evitando juicios, reproches y generalizaciones. Por supuesto como lo expresé anteriormente que esta es una responsabilidad compartida, hay que actuar para dar de cada uno lo mejor para el disfrute y el placer de ambos.
LOS LÍMITES QUE IMPONE LA EDAD
Es lógico, que como proceso normal evolutivo en la vida, la actividad sexual se vaya modificando en cada etapa de la vida del individuo. Es por eso que de una edad a otra los intereses sexuales van cambiando, coincidiendo generalmente con los cambios corporales. Sin embargo, el sexo es importante durante toda la vida de la persona, no sólo en la etapa reproductiva, sino también durante la juventud y tercera edad.
Contrario a la creencia popular, nunca se es demasiado viejo para gozar de una vida sexual plena. El problema comienza cuando los prejuicios y las pautas culturales se imponen a las biológicas. Pero la verdad es que los seres humanos, afortunadamente, nunca son demasiado viejos, en términos biológicos, como para gozar de una vida sexual sana y feliz. Sin embargo, con frecuencia, se asume que las personas mayores pierden sus deseos sexuales o que no pueden llevarlos a cabo por razones físicas o peor aun, algunos ven al sexo en las personas adultas como algo feo o indeseable. Por eso, igualmente en esta etapa de la vida, los problemas que se presentan, como principales saboteadores para el disfrute sexual son consecuencia de las creencias, los prejuicios y la distorsión de los pensamientos, por temor a la desaprobación de sus hijos o nietos, que los pueden hace sentir culpables frente a sus legítimos deseos.
Otro problema es la longevidad femenina, ya que si bien la sociedad acepta las relaciones entre hombres mayores y mujeres jóvenes, tiende por el contrario a difamar a mujeres mayores que establecen lazos con hombres más jóvenes. De manera que son falsos mitos la mayoría de las limitaciones que se imponen a las relaciones sexuales entre personas de la tercera edad. Si se goza de una salud razonablemente buena para su edad, se puede esperar seguir siendo una persona sexualmente activa hasta una avanzada edad.
Tener una vida sexualmente sana y feliz no tiene edad, de usted depende cómo y hasta dónde quiere disfrutar de uno de los más grandes placeres que nos ha ofrecido el hecho de estar vivos
Gerardo J. Velásquez D.
SI EL PROBLEMA ES DE LOS NIÑOS ATENDAMOS A LOS PADRES…
Cuando hablamos de problemas en niños, la mejor referencia siempre viene del colegio, es decir del personal docente del respectivo colegio. Niños con problemas de comportamiento, de adaptación, con dificultad para seguir y respetar normas, con conductas oposicionistas, otros retraídos, tímidos, niños violentos, etc. Es decir los comúnmente llamados niños con "problemas de conducta".
Por supuesto que son múltiples las razones o causas que pueden incidir para que estos niños se destaquen más que por habilidades positivas, por comportamientos que podemos llamar insanos, tanto para ellos como para su entorno. En ciertos casos, estos problemas tienen una base orgánica real, por lo general neurológica y la solución se encuentra en distintos tratamientos específicos, muchas veces acompañados de apoyo psicológico. Sin embargo, no es casual que en la mayoría de los casos encontremos que el problema central radica en el tratamiento, aprendizaje o modelaje que está recibiendo en el hogar, y en muchísimos casos es precisamente el reflejo de hogares inestables emocionalmente hablando. Ausencia del padre y en muchos casos de la madre, relaciones tormentosas entre los padres, sobreprotección o descuido, consentimiento exagerado, alcoholismo, violencia familiar y muchos otros comportamientos que son modelados al niño, quien es una “esponja” para copiar y repetir.
Cuando su objetivo es llamar la atención
El niño requiere atención y la va a buscar a como de lugar, el problema es que muchas veces aprende una manera muy insana para conseguir esa atención y puede desarrollar una serie de comportamientos que pueden ir desde la desobediencia hasta la total oposición a todo aquel que para él represente la autoridad, con mayor énfasis en sus padres o figuras que los representen y por supuesto con el docente de turno. Hay muchos hogares en que los padres están muy preocupados por sus propios problemas y les prestan poca atención a los niños. Se ven entonces casi obligados a prestarle atención cuando se portan mal o tienen alguna enfermedad. De manera que aprenden a llamar la atención de sus padres si ellos mismos están en dificultades o si les crean problemas a éstos en forma deliberada.
La mayoría de los problemas de conducta de los niños suele ser una llamada de atención para que los adultos hagamos algo, pero ante la aparición del “mal” comportamiento, los adultos también reaccionamos como niños y en lugar de ocuparnos del problema iniciamos la acostumbrada repartición de culpas entre los mismos adultos, la madre, el padre, la maestra, con el refuerzo implícito de exponer una pelea donde el niño es por supuesto el centro de atracción.
La desobediencia y su relación con la autoridad
Al hablar de desobediencia, es necesario entender que ésta está íntimamente ligada con el manejo de la autoridad y de la tolerancia por parte de los padres. Unos padres autoritarios exigirán "obediencia ciega" por la simple razón de ¡"porque lo mando yo”!, nunca reconocerán un error propio porque "hay que mantener el principio de autoridad". En este caso, la desobediencia es casi inevitable. Pero la desobediencia puede surgir también de un ejercicio demasiado blando de la autoridad. El niño aprende fácilmente o intuye que puede abusar puesto que las amenazas nunca se realizan o los castigos impuestos se levantan siempre apenas comenzados. De manera que el problema de la desobediencia es también entonces un problema de los padres que deben someter a examen su propio concepto de obediencia y tolerancia. En esta polaridad el niño o va a expresar su oposición y se va a revelar ante la implacable autoridad, generalizando su desobediencia hacia todo aquello que la represente, o sencillamente hará siempre lo que mejor le provoque, independientemente de las órdenes que reciba, porque no hay consecuencias negativas para él por su mal comportamiento.
Otras razones que inducen a la desobediencia está en la incongruencia de lo que se espera del niño, que hace que se presenten situaciones en las cuales haga lo que haga, el resultado será siempre el mismo, lo castigan si actúa de una forma y lo castigan si actúa de otra forma.
El bajo rendimiento
Es cierto que muchos niños tienen problemas de aprendizaje y también es cierto que muchas veces estos problemas vienen acompañados de problemas de atención y concentración, que en ambos casos pueden tener su origen en componentes genéticos o ciertos desajustes orgánicos. Pero en la experiencia también encontramos con frecuencia que el bajo rendimiento también es consecuencia de muchos problemas en el hogar que el niño no sabe enfrentar, porque incluso no tiene la capacidad para poder entender las situaciones que le toca a veces vivir. Problemas éstos que se traducen en los síntomas típicos del Déficit de Atención (DDA), dado que el niño aprende a “desconectarse” y aislarse lo que le resulta más fácil que tratar de entender lo que está sucediendo.
Por otra parte, también se presentan los problemas cuando los padres delegan la formación académica única y exclusivamente en la escuela y los maestros, ocupándose solamente de que sus hijos tengan todo el material que se les solicite, el pago del colegio y de ahí en adelante que la institución educativa se haga responsable del desarrollo educativo y académico del niño, quien por su propia iniciativa y naturaleza de niño, tenderá a la apatía dentro del salón de clases, prefiriendo otras actividades más placenteras para él, en lugar de contar con la motivación necesaria para aprender y realizar las actividades propias de su formación.
Cuando el niño sufre
No solo los típicos problemas de comportamiento como los antes expuestos son los que se suelen presentar, también existen situaciones de angustia y desasosiego emocional que afectan al niño y que se convierten para él en un sufrimiento, sobre todo aquellos que dificultan su normal desenvolvimiento social y escolar, como miedos exagerados, bien a la oscuridad, a estar solos, a los animales, a fantasmas, etc. Miedos estos que dejan de ser normales para convertirse en miedos fóbicos asociados a síntomas de ansiedad, hasta el extremo de desarrollar fobias sociales, expresada con miedo a la interacción con otros, a no dar la talla en clase y desarrollar trastornos de evitación, generando grandes dificultades para su desarrollo y desempeño social.
Por supuesto, aquí también existe mucha responsabilidad en la manera como los padres se comportan con sus hijos y el modelaje de sus actos. Por ejemplo, dormir con el niño, la manifestación de preocupación excesiva, temores que no se corresponden con un peligro real, son algunos de los comportamientos que delimitan el perfil ansioso que será transmitido al niño.
Muchas veces es la sobreprotección que se manifiesta por el temor de los padres a que le pase algo al niño o que cometa errores que lo puedan hacer “sentir mal” ante otros, llegando al extremo de no dejarlo hacer hasta las cosas más sencillas como anudarse sus zapatos o hacerle las tareas, atrofiando el normal proceso de aprendizaje de las cosas que ha de ir haciendo por sí mismo. Por supuesto, la consecuencia en el niño es la ansiedad como respuesta biológica para protegerse anticipando posibles peligros que suelen estar exagerados en su proceso de aprendizaje.
Haciéndonos responsables
La intención de los aspectos expuestos no es cargar de culpa a los padres o responsables de la crianza y desarrollo de los hijos. Pero la experiencia nos dice que si problemas como los expuestos u otros similares, en una proporción muy alta, tienen su raíz en el núcleo familiar, es importante que quien tenga la responsabilidad, que muchas veces recae sólo sobre la madre, el padre, los abuelos u otros familiares, tenga en consideración que más que presentar al niño como el problema, efectúen una reflexión en todas las variables que pueden en un momento dado estar interviniendo y que estén también a su alcance corregir, por ejemplo escasa atención de los padres, padres que aspiran a la perfección, privación al niño de satisfacciones y privacidad cuando no cumple con exigencias desmedidas, celos por el nacimiento de un hermano, etc.
Si sabemos que muchas de los problemas son consecuencia de la llamada de atención por parte del niño a los padres, es importante compartir con el niño tiempo suficiente para establecer dichos vínculos. Es importante preguntarnos si el niño se siente querido dentro de su núcleo familiar. Los lazos afectivos bien establecidos son fundamentales para la estabilidad del niño y para prevenir posibles conductas disruptivas.
Por otra parte, para un adecuado desarrollo emocional-conductual del niño, es muy positivo que los padres, atiendan sus propios procesos emocionales, o por lo menos puedan controlarlos para que el niño no los perciba de forma angustiosa. Por supuesto esto puede resultar difícil en caso de situaciones de maltrato o separaciones traumáticas, pero en todo caso el niño es el menos responsable de la situación.
Por último, siempre es importante recordar que la mayoría de los problemas emocionales que podemos presentar como adultos, vendrán gestados en la calidad de vida que llevamos como niños. Es muy cierto eso que tanto escuchamos que los niños no vienen con el “manual” y educarlos es una tarea que requiere mucha dedicación. Vale la pena encontrar y aplicar ese “manual”
Gerardo J. Velasquez D.
"SOY FELIZ, ERES FELIZ… SOMOS FELICES"
Comúnmente vemos y escuchamos acerca de personas que tienen mucho dinero, pero no son felices, que tienen una familia sana pero no son felices, que tienen un buen trabajo, pero y pero y pero… pareciera que, a pesar que la Real Academia Española define La Felicidad como el "estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien" no basta “tener” para ser feliz y de eso todos podemos tener cientos de ejemplos. También sabemos de personas que han alcanzado objetivos que lucen muy importantes como obtener el título profesional deseado, tener hijos, mudarse, aprender nuevas cosas, etc. e igualmente manifiestan no ser felices, de manera que tampoco pareciera ser que los logros hacen la felicidad. Unos están acompañados y quieren estar solos, otros están solos y quieren estar acompañados…
Por otro lado también conocemos muchas personas que tienen muy “poco”, que sus logros no son muy relevantes, que adolecen de muchas virtudes y manifiestan ser felices, y nos preguntamos, ¿Será que estas personas son muy conformistas? ¿Será que son mentirosos y ocultan su infelicidad? ¿O realmente será que la felicidad es como citan algunos autores, que la felicidad es sencillamente un estado de ánimo?
La Felicidad o Ser Feliz
Considero que ante estas manifestaciones a favor o en contra de la felicidad, bien vale la pena hacer una reflexión sobre ¿Qué es lo que específicamente requieren las personas para ser felices? ¿Es que realmente se puede considerar a la felicidad como un objetivo de vida? ¿Es posible que esta felicidad sea un estado permanente?
Algo que sí parece ser muy cierto es que no necesariamente las cosas que hacen feliz a una persona, siempre van a ser las mismas que harán felices a otras, porque como dice el dicho “cada cabeza es un mundo” o como reza la Programación Neurolingüística (PNL) “el mapa no es el territorio”. De manera que en lo que si podríamos coincidir es que la felicidad es muy relativa, en consecuencia va más asociada al sentir de cada persona que a lo que rodea a esa persona.
Entonces, muchos dirán que el secreto estará en que cada quien pueda descubrir cuáles son los elementos o variables que sumarán a favor de ese “ser o sentirse feliz”, sin embargo, si pensamos en la felicidad como algo que hay que conseguir, como un estado de bienestar ideal y permanente al que hay que llegar, lo que vamos a conseguir con mayor probabilidad es un continuo sentimiento de frustración, ya que va a ocurrir como sucede con todas aquellas cosas que vamos alcanzando en la vida, que se convierten en pasos o metas que vamos alcanzando, pero nunca considerando que hemos llegado al final. No me imagino como sería la vida si en algún momento consideráramos que somos un “producto terminado”. Definitivamente, la felicidad no es un objetivo y mucho menos el final del camino. Cada vez que vamos alcanzando nuestros deseos, seguirán apareciendo otros y otros y otros… y eso le da sentido a la vida.
Felicidad y Bienestar
Claro que obtener muchas cosas nos da un sentido de bienestar. Un bien material como un buen carro, una buena casa, buenos amigos y buena salud, son por supuesto sinónimos de bienestar, que pudiéramos decir que nos brindan felicidad. El problema es que perderíamos igualmente esa felicidad cuando por razones lógicas de la vida, dejáramos de contar con algo de eso que nos está dando felicidad, entonces de un día a otro nos podemos encontrarnos afirmando que “somos infelices”. Por eso es que muchas personas viven en una permanente frustración en la búsqueda de la felicidad, dado que incluso cuando creen estar más cerca, ocurren hechos, como la pérdida del trabajo, de un ser querido, el rompimiento de una relación u otras situaciones que interrumpen ese bienestar al que están asociando su felicidad.
Creencias acerca de la felicidad
Por supuesto que asociar la felicidad a algo específico como la salud, bienes, logros u objetivos, va de la mano con las creencias que vamos aprendiendo a lo largo de nuestras vidas. Por ejemplo:
Creemos que “la felicidad es algo que tenemos que alcanzar” y pasamos la vida haciendo cosas para obtenerla, llenos de miedos, conflictos y hasta saboteos en esa “búsqueda” de algo que, realmente no es una “cosa” que se pueda alcanzar.
Otra creencia es que “no se puede ser feliz si no se tiene a nuestro lado las cosas y personas que tanto estimamos”. Resulta que sencillamente es imposible mantener para siempre todo lo que amamos o estimamos en nuestra vida. De manera que desde esta creencia, sería imposible llegar a ser feliz.
Otras veces nos quedamos con la creencia que “seré feliz si logro generar los cambios en algunas situaciones y/o personas” Algo que resulta ser aún más frustrante porque no tenemos, o tenemos muy poco poder para generar los cambios que deseamos en los otros, y como ya lo he expresado, aún consiguiendo algunos cambios, la naturaleza nos lleva a aspirar otros cambios.
Y así como esos ejemplos, una peor es sencillamente creer que “la felicidad no existe” o muchas otras asociadas a los deseos que tenemos en la vida y las creencias que el hecho de alcanzarlos nos hará felices, cuando la realidad nos dice que el cumplimiento de un deseo es un instante de placer, satisfacción o bienestar y como ya lo hemos hablado, esto no es felicidad.
Una cuestión de actitud
Para algunos pensadores y filósofos, todos los bienes como dinero, honores, fama, talento, no son más que elementos que ayudan a la felicidad, pero no la felicidad en sí misma. Para otros pensadores, la felicidad es una actitud mental que el hombre puede asumir conscientemente, es decir, es una decisión. Desde este enfoque se asume la felicidad como una experiencia totalmente subjetiva que normalmente se resume por el grado de satisfacción que uno tiene en la vida. En lo que a mi respecta, coincido con ambas posturas y más aún con esta última. Es una cuestión de actitud mental ante la vida, por eso vemos algunas personas, que no importa todo lo bueno que pueda rodearlas, sólo resaltan siempre lo malo. El que una persona sea optimista no significa que todo le sale siempre bien, sino que aunque algunas cosas salgan mal, confía en que siempre habrá vías para superar las dificultades.
Es nuestra actitud ante la vida, ante los problemas y las preocupaciones, lo que va a darnos ese sentido de ser o no ser felices. No quiero con esto decir que no importan los bienes, el dinero, los logros, el sentirnos amados, lo que sí quiero resaltar es que la felicidad es una actitud constante y que sin ese valor en nuestra vida no importa lo que se tenga, lo que se logre o quienes nos rodeen, seguiremos viendo la felicidad como una utopía o algo que quien sabe Dios porqué sólo le llega a algunas personas.
La felicidad, una decisión
Si a este momento llego convencido que lo más importante para ser feliz es la actitud para vivir y enfrentar los obstáculos, sabores y sin sabores de la vida, entonces concuerdo con que para ser felices debemos ante todo decidirlo, incorporando a mis creencias "yo puedo y merezco ser feliz", "yo escojo ser feliz". Una actitud positiva y una esperanza continua son mucho más útiles que una actitud pesimista o una visión "amarga" de la existencia. A mi en lo particular me gusta la idea tener creencias que afiancen mi identidad de tal manera que yo pueda aseverar “Yo soy feliz”.
El ser feliz no es un simple estado de ánimo, es una actitud constante, que podemos incorporar en nuestro estilo de vida, entre otras cosas:
• Aprendiendo a disfrutar tanto las grandes como las pequeñas y cotidianas cosas de nuestra vida como la amistad, la familia, la naturaleza, el trabajo, nuestra salud, etc.
• Haciendo lo que hacemos, cualquiera que sea nuestra ocupación, con entusiasmo, bien hecho y con mucha satisfacción
• Agradeciendo no sólo lo que tenemos, sino también lo que hemos tenido, sean experiencias agradables o desagradables, bienes materiales, familiares o amistades. Porque esas experiencias son las que nos permiten aprender, crear valores y crecer como personas
• Aceptando nuestras cualidades y limitaciones sin renunciar a mejorar, por el contrario aprovechando toda oportunidad que se nos brinde para aprender y mejorar
Lo más importante es estar consciente que el camino de la vida está lleno de momentos placenteros y otros no tan placenteros, ¡esa es la vida! No es en el futuro donde encontraremos la felicidad, es “aquí y ahora”. Por supuesto, “yo soy feliz, “tu eres feliz” y “todos podemos ser felices”
Gerardo Velásquez
EL ESTRÉS Y EL AMOR EN LA RELACIÓN DE PAREJA
Mucho se ha dicho y escrito acerca del Estrés, y no cabe duda que en una época como la que vivimos, con cambios tan constantes y abrumadores a los que nos toca irnos adaptando y desadaptando, así como los compromisos y actividades en las que nos vemos envueltos en un día a día, donde muchas veces no somos ni capaces de hacer un alto para el descanso, el compartir y las muchas cosas agradables que también tiene la vida, entonces pareciera inevitable que el Estrés sea el denominador común en la vida de la persona moderna.
Normalmente al hablar del Estrés, el énfasis mayor se hace en los problemas de salud que suelen surgir en las personas, como consecuencia de las alteraciones que sufren nuestros dos grandes sistemas que se ocupan de mantenernos sanos, como son el Sistema Inmunológico y el Sistema Endocrino, lo cual es absolutamente cierto. Sin embargo, hay otras alteraciones que se van a presentar en nuestras vidas si no prestamos atención a la manera en que la estamos llevando y a cómo hemos podido permitir que grandes niveles de Estrés imperen en nuestra cotidianidad.
EL IMPACTO EN EL AMOR Y LA PAREJA
En esta ocasión quiero hacer referencia a las consecuencias que por el Estrés se pueden generar en el amor y por defecto en las relaciones de pareja. Es común escuchar que el amor es el sentimiento más noble que existe, pero también es sabido que este sentimiento no responde a una planificación racional, es decir, las personas NO planifican enamorarse de alguien, esto sencillamente ocurre. Sin embargo sí va a entrar la razón en el cómo llevar ese amor para que perdure y no se apague como una llama a la que le quitamos el oxígeno.
En la actualidad es muy común que ambos en la pareja cumplan roles laborales y profesionales que pueden muchas veces representar una demanda de tiempo, esfuerzo y compromiso que exigen más allá de lo que pueden dar, mientras que por el solo hecho de vivir en pareja, también han de cumplir una serie de responsabilidades propias de la relación, la familia, los hijos, etc. que igualmente pueden llegar a la sobre exigencia y caer en una fórmula sencilla generadora de Estrés, que no es otra que un desequilibrio que se va a presentar cuando las demandas a las que somos sometidos exceden a nuestra capacidad de reacción.
Este problema a su vez va a incidir en la estabilidad emocional de la pareja, generando discusiones que generalmente sólo suelen ser desahogos a las presiones que cada uno vive, para luego convertirlas en hábitos mal sanos en la relación. También se crean problemas en la intimidad y desavenencias varias que, de no tratarse y corregirse van poco a poco acabando con el amor, hasta que el daño es irreversible y lo que queda es la separación.
EL SEXO, UNA ALTERACIÓN COMÚN
Estando claros que nuestra mente es la que gobierna nuestro cuerpo, es de suponer que ante situaciones de angustia y ansiedad, propias de una vida estresada, el disfrute se va quedando de lado y en las relaciones de pareja, esto comienza a reflejarse precisamente en la disminución del deseo sexual. De manera que en el hombre y la mujer ocurre un desplome del deseo sexual, con un marcado desinterés por la pareja y el resquebrajamiento del frenesí y la pasión en la relación íntima.
Esta disminución en el apetito sexual, ocasiona que la frecuencia disminuye y se aparta cada vez más de los momentos en que ambos se buscaban para dar rienda suelta a unos originalmente desenfrenados deseos de hacer el amor, o por otra parte, actúa de una forma más dañina, cuando el acto sexual se convierte en una obligación, más que en un disfrute y por supuesto, dado que va contrario a la naturalidad del “querer y desear” por el “tener que”, comienzan a sumarse otros elementos que de igual manera son acrecentadores del Estrés, como son en el hombre, los problemas de impotencia o eyaculación precoz y en la mujer la incapacidad para llegar al orgasmo. Efectos que van a dificultar aún más la capacidad de sobrellevar una relación placentera.
En un acto sublime en la relación de pareja como es el hacer el amor, deben abundar en el cerebro las sustancias químicas que generan la tranquilidad, el placer y la alegría. De allí la importancia de apartar todo tipo de alarma o nerviosismo, que pueda producir la baja del deseo sexual.
MOMENTOS PARA ESTAR ALERTA
Existen momentos o etapas en la vida que pueden hacernos más susceptibles ante el Estrés y ante los cuales hay que estar más alerta. Con frecuencia, los casos de Estrés afectan al varón durante la etapa madura (a partir de los 35 años), no sólo porque su capacidad sexual se reduce, sino debido a factores de su entorno, como el incremento de la carga laboral o la presión familiar, que lo ponen en alta tensión. Igualmente, a partir de los 55 y 60 años, ocurren otros cambios en el hombre como la andropausia y la culminación de la etapa laboral. Lo primero hace que gradualmente disminuyan las hormonas sexuales, mientras que lo segundo, cuando no se ha planificado o han tomado las respectivas previsiones, suele ser un gran estresor, por no saber a qué dedicarse, qué hacer en esta nueva etapa de su vida y cómo mantener los ingresos económicos del pasado.
Por su parte en la mujer, y más específicamente con el nuevo rol que ha venido asumiendo en la sociedad actual, al alcanzar una independencia laboral y ocupar puestos de relevancia profesional, tienden a confundir su rol en las relaciones diarias en el trabajo con el encuentro sexual con su pareja. Esto hace que tiendan a adoptar muchas veces un papel masculino y perturbar así su capacidad de placer y de alcanzar el orgasmo.
CUANDO EL AMOR SE CONVIERTE EN ESTRÉS
También vale la pena traer a colación que el mismo amor, o mejor dicho, la manera como nos comportamos ante el amor, puede por sí misma convertirse en una fuente de Estrés que ha de llevar a la persona o a la pareja a sufrir
Y aquí, desde mi juicio, el problema mayor se presenta ante la inseguridad consecuente de problemas subyacentes, de uno de los miembros de la pareja que tiene mucho temor a perder a la persona amada, desatando una sobreprotección, inhabilitación del otro o hasta acosos que son insostenibles para una relación sana.
De manera que el amor se convierte en obsesión y lleva a la persona a colocar a su pareja en el lugar más importante y casi el único en su escala de prioridades. Convirtiendo así la relación en una dependencia emocional hacia su pareja, al extremo de creer que no podría vivir sin el otro, intentando hacer todo tipo de actividades con la otra persona, llamando continuamente y controlándola a través de mensajes, como asegurando que siempre esté “ahí”. Por supuesto, es fácil imaginarnos el nivel de Estrés que se presentará en una persona que desarrolla este tipo de obsesión, al extremo de anularse a sí mismo para subordinarse completamente a su pareja, generando una relación que pasará a ser insoportable tanto para el miembro que sufre de la obsesión, como para la contraparte que se ve sometida a tales niveles de presión y tensión.
INYECTANDO LA RAZÓN AL AMOR
Como cita Walter Riso en su libro “Deshojando Margaritas”, en su distinción entre “el amor pasional, el amor racional y el amor incondicional”, sólo el amor “racional” podrá ser exitoso para mantener en el tiempo al mismo amor y por supuesto una relación de pareja dentro de lo que podamos llamar funcional y emocionalmente estable. Y es que, como hice mención al principio, el amor no se planifica, sencillamente de acuerdo a las circunstancias va a surgir, pero serán las personas involucradas en ese amor quienes han de estar alerta a todas las situaciones que se van a presentar en la dinámica de la relación y fuera de la relación.
En el caso que nos motiva este artículo, por supuesto el aspecto más importante a abordar es el manejo del Estrés y no permitir que éste sea un elemento discordante que puede a la larga matar al amor. De manera que nos toca hacer una revisión de los distintos ámbitos, como el trabajo, la familia, el entorno social y político y por supuesto nuestra relación de pareja propiamente dicha y procurar detectar las situaciones que nos están llevando a generar y mantener un estado de Estrés permanente y tomar las acciones necesarias para contrarrestar su efecto, reducirlo o hasta eliminarlo de nuestra vida.
La vida será más placentera si estamos psicológicamente tranquilos. Por más compleja que pueda parecernos una situación siempre existe una salida. Por tal motivo, es de gran importancia escuchar o abrirnos a otros puntos de vista, esto nos mostrará otras alternativas para resolver todo aquello que vemos nublado y parece no tener solución. Siempre será importante reconocer que el amor requiere atención para no perder el vínculo que nos une con nuestra pareja.
Gerardo J. Velásquez D.
PONIENDO LÍMITES EN NUESTRAS RELACIONES
Si ha llegado el momento en que te sientes presionado u obligado a complacer a otra persona, si sientes que tu tiempo y espacio no son respetados por los demás o alguien en particular, es que definitivamente no has sido capaz de entender y hacer entender a los otros, que en toda relación deben existir ciertos límites sobre lo que se permite o no debe permitirse. Y por supuesto, cada quien ha de tener claro hasta donde define sus límites, para que pueda sentirse equitativamente tratado en las relaciones que participa.
Como he afirmado en otros artículos, pertenecemos a un mundo donde sería imposible vivir sin relaciones. De cualquier forma, siempre vivimos compartiendo con otras personas y cada una de estas relaciones son de una determinada manera e importancia. Así, hablamos de las relaciones familiares en general con padres, hijos, hermanos y relativos; relaciones de pareja, de amistad, laborales, sociales y políticas. El hecho es que dadas las características e importancia de estas relaciones, la manera como las llevemos va a ser fundamental para el logro de objetivos comunes y acuerdos, que resulten beneficiosos para las partes involucradas, o por el contrario, nos lleven a sentir que una o más relaciones en la que estamos involucrados se ha convertido en una carga o en un permanente malestar, que nos agobia y genera desdicha en nuestra vida. Entonces nos escuchamos y sentimos haciendo generalizaciones como que “las personas abusan de uno”, “a uno no le hacen caso ni lo respetan”, “porque es que ellos abusan de mi”, que no se puede decir que NO cuando se trata de los hijos, del jefe, de la pareja, etc.
Por supuesto que hay relaciones que nos vienen “impuestas” como son las familiares y otras en las que incursionamos por decisiones que vamos tomando en nuestras vidas. Lo importante es que bien sean impuestas o debido a las decisiones o circunstancias, hay tener en cuenta que estamos en el derecho de manejarnos asertivamente en lo que se refiere a los límites, que tácita o claramente definidos hemos de poner en cada una de nuestras relaciones, en aras de hacerlas funcionales, agradables y beneficiosas.
LA ASERTIVIDAD, EL EQUILIBRIO ENTRE LA PASIVIDAD Y LA AGRESIVIDAD
En las relaciones nos movemos, al igual que en la comunicación, dentro de una polaridad que tiene por un lado un comportamiento pasivo, donde la persona permite cosas que no quiere permitir, acepta de otros insultos, imposiciones, reglas; no dice lo que quiere decir y no es capaz de hacer valer su posición o punto de vista ante cualquier situación. En el otro polo está el comportamiento agresivo donde la persona, si bien no permite el abuso del otro, actúa con agresividad, la persona antepone y defiende sus derechos de una manera ofensiva, deshonesta y/o manipulativa, pasando por encima de los derechos de los demás. Trata de imponer su punto de vista a través de la dominación, utilizando técnicas de degradación, humillación, manipulación, etc.
Es lógico suponer, que en ambos extremos a la larga las consecuencias suelen ser negativas, por un lado termino cargándome de resentimientos y sentimientos de minusvalía, al permitir que los otros abusen de mí, mientras que por el otro, termino siendo rechazado de tantas tensiones que mi comportamiento va generando en las relaciones.
En el punto intermedio de esta polaridad está la llamada ASERTIVIDAD, que no es otra cosa que el comportamiento que nos permite hacer valer y defender nuestros derechos, sin violar o alterar los derechos de los demás. Y esto último es muy importante tenerlo claro, dado que muchas veces un comportamiento asertivo puede generar molestia en el otro si éste ha estado acostumbrado a una actitud pasiva ante sus demandas, pero al actuar y pensar asertivamente no nos hacemos responsables de su molestia, por lo tanto será su problema y responsabilidad manejar su molestia. También hay que tener claro que, saltar del polo pasivo al polo agresivo, aunque sea por cansancio y explosión ante el abuso exagerado, nos pondría en la misma situación que hemos estado rechazando ante los demás.
De manera que la conducta asertiva implica la expresión directa de nuestros sentimientos, pensamientos y necesidades, respetando los derechos de los demás. Específicamente cuando se trata de poner límites, primero tenemos que tener claros nuestros derechos y que éstos son tan valiosos como los demás piensan que son los de ellos. Así por ejemplo es muy asertivo decirle a la mamá, “entiendo que te sientas sola o quieras mi ayuda, pero hoy voy a salir con mi esposa”, o al hijo, “ahora quiero descansar y no voy a prepararte la cena”, o a la pareja, “está bien, este fin de semana vamos a visitar a tu mamá y el otro fin de semana nos vamos a la playa…”. En lugar de actuar pasivamente y quejarse del agobio en que lo tiene la mamá, el hijo, la pareja, etc.
LO QUE PASA ES QUE EL (ELLA) ME MANIPULA
Es muy común escuchar en algunas personas que aceptan pasivamente los abusos de otros que lo que sucede es que “él, ella o ellos, son unos manipuladores”. Lo cual generalmente es cierto, pero igualmente cierto es que no es posible manipular a quien no se deja manipular. Y aquí vale la pena hacer una distinción. Una de las herramientas o habilidades que desarrollamos muy bien desde pequeños es el arte de la manipulación, que sencillamente utilizamos las personas para obtener un beneficio o mantener uno que ya poseemos. De manera que todos manipulamos o hemos manipulado a alguien en alguna oportunidad, bien sea porque era la mejor herramienta que teníamos en el momento o por costumbre o hasta de manera inconsciente.
Cuando hablamos de manipulación en las relaciones, generalmente y desde mi juicio, ésta será mucho más efectiva cuando quien manipula logra que la otra persona sienta culpa o miedo de lo que pueda suceder si no actúa en consonancia con las demandas del manipulador. Algunos se valen del vínculo afectivo para la satisfacción de sus propias necesidades, sin tener en cuenta las de los otros. Entonces el niño manifiesta que no es querido, el adolescente amenaza y actúa asumiendo riesgos exagerados, la pareja manifestará que no se siente atendida, la madre se quejará del abandono de sus hijos, etc. y el manipulado actuará evitando la culpa, huyendo del miedo, pero jugando por su parte a ser la víctima, que sin querer o queriendo, consciente o inconscientemente, se traduce también en una manipulación.
Asumir el riesgo y enfrentar el miedo es una manera responsable de evadir la manipulación. De igual manera aceptar que poner límites NO es hacer daño a los demás, entonces cualquier cosa que le suceda al otro, más específicamente hablando de adultos, independientemente del vínculo, no puede ser nuestra responsabilidad y por ende no tiene lógica asumir la culpa de lo que pueda ocurrir.
LAS CREENCIAS LIMITADORAS Y EL MIEDO
Es necesario hacer una revisión de nuestras creencias, principios y valores, para prepararnos de una mejor manera a la hora de establecer los límites. Ya que muchas de las cosas que aceptamos, vienen aprendidas con creencias adquiridas desde nuestra infancia y que no vamos a cambiar a menos que empecemos a cuestionarlas. Por ejemplo, es común el abuso de adolescentes e hijos adultos que aun viven en la casa materna y tratan a la madre como su esclava y ésta se queja pero hace manifestaciones como “¿y qué puedo hacer? para eso estamos las madres” o “una madre siempre debe ser tolerante con sus hijos” o “hay que ser madre para entender eso”. Si bien es cierto que el amor de madre es el único que para muchos ha sido catalogado como “amor incondicional”, también es cierto que aceptar y tolerar lo “inaceptable” no es un sinónimo de amor.
Otro ejemplo también muy común es el abuso de la madre hacia el hijo o hija, cuyas exigencias van mucho más allá de lo que normalmente él o ella puede dar sin que se vea afectada su autonomía como ser adulto, su derecho a crecer como persona, a vivir en pareja, a tener una familia, etc. Y escuchamos a este hijo o hija lamentándose pero afirmando “es que por encima de todo primero está la madre” o “la hija hembra debe servir a la madre”. Pero, aunque suene duro para quien defiende este tipo de creencias, la verdad es que todo apoyo ha de hacerse sin descuidar los derechos propios. Por ende se han de reemplazar las creencias por otras como por ejemplo “apoyar a mi madre no significa ser su esclavo”, en lugar de quejarse después y hacer responsable a la madre, por ejemplo, de su fracaso matrimonial o de su incapacidad para establecerse en una vida de pareja.
Por otro lado, está el miedo a lo que tememos que pudiera ocurrir si decidimos tomar acción y poner el alto a lo que venimos tolerando. Aquí surge el sentimiento de culpa, sobre todo cuando se trata de situaciones familiares y más específicamente con los padres o hermanos. Este miedo puede ser aún más acentuado cuando se trata de poner límites a la pareja, por la creencia de que podamos estar peor si se llega a romper la relación, o con los hijos, por el temor que les pueda pasar algo malo por su falta de madurez. En todo caso, siempre vale preguntarse repetida y tantas veces como sea posible ¿Qué pasaría sí...?, para llegar al temor más grande y descubrir que lo peor que podría pasar suele ser exagerado y bastante improbable.
Por último también pueden rondar creencias, como "decir No es malo, sobre todo sí se puede", "es vergonzoso cometer errores", "Debes mantener para ti las diferencias de tus opiniones, especialmente ante una posición de autoridad", "Si no ayudo a los demás me van a juzgar mal o cuando yo necesite nadie me va a ayudar" y muchas otra creencias muy imitadoras que sólo van a dificultar más la posibilidad de establecer mis límites.
ACLARANDO LOS LÍMITES
A la hora de establecer los límites es importante que queden bien claros para las partes, así como lo que estaremos dispuestos a hacer si éstos son desbordados. Por supuesto que en toda relación estamos ante una o más personas que tiene sus propias creencias, actitudes y estilo, y que no podemos pretender que todo sea en base a un ideal. Lo que si es importante es precisar lo “inaceptable” en relación al proyecto de vida de cada quien.
Como ya fue expuesto, poner límites no tiene nada que ver con la agresividad, sino con hacernos respetar asertivamente. Se trata de ser sinceros cuando se pide que se nos respete.
Toda relación por íntima que sea tiene que tener límites o parámetros. Para poder establecer relaciones que nos sean satisfactorias y para poder arreglar las conflictivas es necesario examinar nuestros límites. La gente llega a abusar de nosotros hasta donde nosotros mismos les damos permiso. De manera que será necesario hacer una reflexión y precisar todas aquellas cosas que estamos permitiendo de los otros que nos gustaría cambiar, o al menos que NO estamos dispuestos a seguir aceptando. Y eso puede hacerse independientemente del tipo de relación en que estemos involucrados.
• Vivir en pareja no significa que hay que perder u olvidarse de los proyectos personales, hobbies, amistades o familiares, siempre que éstos no choquen con los objetivos y el proyecto común de la relación. Tampoco significa que uno de los dos tenga, por imposición del otro, que hacerse cargo de algo que NO quiere hacer o no ha sido acordado por ambos.
• Ser madre o padre no nos da el derecho de abusar o coartar la libertad de nuestros hijos, pero tampoco lo tienen ellos de abusar de nosotros o coartar nuestra libertad. Por mucho amor que se pueda tener hacia un padre y por supuesto aún mayor hacia un hijo, siempre será necesario aclarar y poner los límites.
• En un contexto laboral, aceptar maltratos o humillaciones de un superior no nos garantiza que permaneceremos en el empleo, sin embargo sí garantiza que el maltrato y abuso se harán más fuertes. Por ende, bien vale la pena actuar asertivamente para hacer valer nuestros derechos, porque aunque siempre exista el riesgo de ser despedidos, más posibilidades hay de que seamos respetados y tratados como justamente nos merecemos.
Recordemos que siempre seremos responsables de las cosas que permitimos a los demás. Por lo tanto depende de cada uno de nosotros generar los cambios en lugar de quedarnos en el lamento esperando que los otros cambien. Por supuesto es cierto que muchas veces, aunque nos demos cuenta y estemos conscientes del abuso, no contamos o creemos no contar con las herramientas para salir de la situación agobiante, en cuyo caso siempre estará la alternativa de buscar la ayuda terapéutica. No es necesario llegar a situaciones críticas o extremas para decir “ya basta” o aprender a decir NO. Simplemente se trata de buscar un adecuado equilibrio en todas y cada una de nuestras relaciones.
Si nos decidimos podemos hacer que suceda H.Q.S.
Gerardo Velásquez
PENSAMIENTO, EMOCIÓN Y REACCIÓN. LA ESENCIA DE TODA RELACIÓN

Como hemos hablado en otras oportunidades, las emociones son reacciones que surgen ante eventos externos o internos. Pero esta emoción será diferente de acuerdo al pensamiento que experimentamos frente el respectivo evento. Si pienso que me quieren hacer daño, me asusto, me entristezco o me enfado y mi comportamiento puede ir desde paralizarme, cargarme de resentimientos o actuar agresivamente en nuestra defensa. Si con mi mejor intención quiero ayudar a un familiar y éste, como suele suceder y desde mi juicio, no reacciona como yo quisiera o no hace nada por si mismo, entonces siento rabia o frustración.
Muy a menudo entramos en conflicto con otras personas tratando de defender nuestro "punto de vista” sin darnos cuenta que vivimos en un mundo de juicios, donde prevalece lo subjetivo y que cuando hablamos de algo bueno o malo; agradable o desagradable; si algo es mejor o peor, etc. estamos ante la opinión de alguien o de muchos, pero no por ello se puede afirmar que esa opinión sea una verdad irrebatible, ya que su mismo carácter deja claro que dista de ser una verdad absoluta.
Muchos de estos pensamientos o posiciones están basados precisamente en la manera como estructuramos nuestro modelo del mundo, en los “debería ser o hacer” o en los “no debería ser o hacer”, en lo que consideramos correcto o incorrecto, sin detenernos a pensar que tales mandatos responden a creencias y patrones aprendidos que, si bien en algunos casos son una guía muy positiva, muchas veces pueden constituirse en grandes barreras que van a afectar negativamente nuestras relaciones interpersonales y otras áreas de nuestra vida.
La Programación Neurolingüística
Desde que conocí los postulados de la Programación Neurolingüística PNL, quedé enganchado con dos de ellos, que desde mi juicio, su interpretación y aceptación pueden ser dos pilares fundamentales para un establecimiento más sano de toda relación interpersonal, bien sea de pareja, de amistad, familiar, laboral o simplemente de cualquier necesidad o roce social. Me refiero al supuesto que reza “el mapa no es el territorio” y al supuesto que hace referencia a que “todo comportamiento tiene una intención positiva”
Si hacemos una revisión de la cantidad de veces que discutimos, que nos llenamos de sentimientos que alteran negativamente nuestro estado emocional y que reaccionamos emocionalmente fuerte ante otras personas, podemos con toda seguridad darnos cuenta que entre las “razones” más comunes a estas reacciones está el hecho de no poder demostrar lo que de acuerdo a nuestro razonamiento es evidente, o al hecho de sentir que de una u otra manera nos quieren hacer daño. Lo triste y paradójico de este sentir es que en la mayoría de los casos estas reacciones son más comunes y frecuentes ante personas muy allegadas, como la pareja, hijos, hermanos o padres, por quienes sentimos una mayor relación afectiva y a quienes queremos cambiar para que vean, oigan, sientan y en consecuencia se comporten como consideramos es la manera correcta.
Vamos a revisar un poco estos postulados:
El Mapa No es el Territorio:Como suelo expresar en mis talleres, la PNL no ha inventado nada, simplemente ha tratado de darle una estructura a la cotidianidad y los efectos positivos o negativos que ésta ejerce sobre las personas, para de alguna manera actuar y buscar un cambio hacia lo que más nos favorezca. De manera que refranes como “todo depende del cristal con que se mire”, “cada cabeza es un mundo”, o “para los gustos se hicieron los colores”, tienen que ver con entender este postulado. Por naturaleza no es posible que existan dos personas exactamente iguales, aunque su conformación biológica y su apariencia física así lo parezca, como es el caso de los gemelos idénticos. Y no es posible porque hay otros factores que forzosamente van a influir en la conformación única de cada ser, como son los factores ambientales, sociales, la calidad de vida, las experiencias, etc. que van estructurando en cada individuo una personalidad muy propia. No importa que sean gemelos, que sean hermanos de padre y madre, que sean criados bajo el mismo techo y los mismos modelos, principios y valores, siempre habrá tanto semejanzas como diferencias, y son precisamente las diferencias lo que muchas veces cuesta aceptar.
Tener o no la razón:
Entender que “el mapa no es el territorio” es aceptar que por mucho que queramos representar el mundo cada quien hará su propia representación. Entonces, si damos como cierto este precepto, es fácil comprender también que cuando me empeño en demostrar a alguien que yo tengo la razón, esa persona probablemente estará igualmente convencida que es ella quien tiene la razón, porque cada quien desde “su mapa” tiene su propia manera de ver, escuchar y sentir. De manera que lo que para una persona resulta lógico, para otra puede resultar totalmente lo contrario. Cree tener la razón el que decide vivir toda su vida “tranquilo” y sin preocupaciones, independientemente de las condiciones en que vive, como también cree tener la razón el que prefiere un esfuerzo mayor para mejorar su estándar de vida. Cree tener la razón el que prefiere descansar durmiendo, como lo cree igual el que prefiere leer, ver televisión o incluso no descansar porque lo considera una “pérdida de tiempo”. Pero el problema en sí estriba en que a pesar que racionalmente podemos entender que somos diferentes, la mayoría de las veces este es uno de los motivos más difíciles de abordar y conciliar en todo tipo de relación.
Todo Comportamiento Tiene una Intención Positiva.
Esta aseveración suele ser un tanto polémica dado que nos cuesta creer que ciertos comportamientos que pueden a veces ser tan dañinos a otras personas, puedan tener alguna intención positiva para alguien. Sin embargo, de lo que se trata no es de defender el comportamiento en sí, el cual puede ser muy negativo, sino entender que la verdadera intención, consciente o inconscientemente busca un beneficio para la persona que ejecuta la conducta. ¿Quiere conscientemente una persona que fuma acortarse su ciclo de vida, o es que piensa que el cigarrillo lo acompaña, lo calma o le evita subir de peso? ¿Quiere una madre hacer que su hijo o hija sea un solterón o solterona cuando le corre todo pretendiente que aparece en su camino, o es que quiere lo mejor para el o ella, o simplemente tiene mucho temor a quedarse sola? ¿Quiere el padre o madre maltratar psicológica o físicamente a su hijo cuando lo castiga o es la manifestación de su impotencia de no poder lograr que su hijo haga lo que desde su criterio es lo correcto?
El solo hecho de comprender que las personas actúan sólo como saben hacerlo y que no necesariamente es contra mí en lo personal, o incluso creyendo que de esa manera me hacen un bien, entonces mi pensar, sentir y reacción emocional puede igualmente ser distinta y evitar un impacto más negativo en mi sentir. No es lo mismo pensar que mi compañero de trabajo me odia y quiere que me despidan, a pensar que quiere mi puesto y no sabe de que manera actuar para conseguir un ascenso. No puedo reaccionar o sentir igual cuando mantengo un resentimiento con mi padre porque nunca fue muy afectivo o solidario conmigo, que cuando reconozco que su vida se desarrolló bajo creencias como “la vida fácil no hace fuerte a los hombres” o “el abrazo es para las niñas porque a los hombres les puede causar una desviación sexual”. Aceptar este postulado no es estar de acuerdo en que una conducta negativa deba celebrarse o incluso respetarse, pero si encontramos la verdadera intención para el que la ejecuta, además de quitarle el impacto emocional que causa el creer que la intención es solo hacernos daño, podemos ayudarlo a encontrar otras opciones de comportamiento más positivas que se orienten a la obtención del mismo beneficio.
La reacción depende de ti:
Quiero concluir en esta oportunidad, citando a uno de los escritores que ha plasmado con mucha asertividad, algunos aspectos fundamentales que pueden considerar las personas en su búsqueda hacia una mejor calidad de vida, como es Stephen Covey, autor entre otros del Best Seller “Los Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva”, como es su llamado principio 90/10 http://bit.ly/29KO1EC, que reza que “El 10% de la vida está relacionado con lo que te pasa, el 90% de la vida está relacionado por lo forma en como reaccionas”. De manera que independientemente de lo que pueda sucedernos, lo cual generalmente no depende de nuestro actuar, sí somos 90% responsables de la forma como reaccionamos ante tales eventos.
Trasladando este principio a las relaciones interpersonales y aceptando como hemos expuesto, que las personas actúan como saben hacerlo, desde su experiencia, entendimiento y parecer, y generalmente creyendo en una buena intención (aunque sea para sí mismos), siempre tendremos el control de nuestra reacción. En algunos casos, si gustos o posiciones no chocan con nuestros principios y valores, ni afectan la esencia de la relación, bastará con reaccionar aceptando y respetando tales diferencias. En otros casos, solo entendiendo que el otro busca un beneficio, la reacción puede enfocarse a revisar el cómo se puede hacer en lugar de reaccionar de manera contraproducente. Por último, también ante diferencias individuales insalvables como puede suceder, habrá relaciones en las que la mejor salida será el distanciamiento.
No se trata de dejar de sentir, sino de estar alerta a lo que pensamos y controlar la reacción ante lo que se siente.
Gerardo J. Velásquez D.
LA PROGRAMACIÓN NEUROLINGÜÍSTICA EN LA SALUD ORGANIZACIONAL
Me atrevería a asegurar que cuando una organización, sea esta con fines o sin fines de lucro está marchando en armonía con su propósito o Razón de Ser, es porque las personas, en su mayoría están actuando e interactuando los unos con los otros en sintonía con sus intereses personales, sus estilos de personalidad, sus capacidades, sus creencias, en otras palabras se sienten bien haciendo lo que hacen, se sienten bien en sus relaciones con los otros, se consideran atendidos, entendidos y bien tratados por sus superiores, compañeros y sus supervisados. Y es que no importa como queramos definir a una organización, siempre vamos a coincidir en que se trata de un grupo de personas que interactúan para llevar adelante un propósito. De manera que es una fórmula sencilla: Organización es igual a Gente y Gente es igual a Relaciones. Organización = Gente = Relaciones.No creo que esté diciendo nada nuevo con esto, sin embargo es importante destacar que a pesar que esta fórmula luce muy real y que muchas organizaciones permanecen predicando que lo más importante es su gente, suelen descuidar elementos muy importantes sobre los aspectos motivacionales, caracteres de personalidad, diferencias individuales y muchos aspectos que pueden ser invalorables para obtener el mejor provecho de la gente y desarrollar en consecuencia organizaciones “sanas” y bien alineadas.
Del abordaje individual a la salud organizacional.
Visto de esta manera, luce razonable pensar que en función de lo bien que se sientan las personas en las empresas, los logros y objetivos que éstas se tracen tendrán una mayor probabilidad de éxito. En este sentido bien vale la pena trasladar a las organizaciones modelos que han nacido específicamente con la intención de ayudar a los seres humanos en el manejo de sus emociones y las de los otros, a mejorar sus relaciones, a desarrollar y potenciar habilidades y competencias, entre otras. Uno de esos modelos, el cual considero puede ser de gran utilidad es el que nos ofrece la Programación Neurolingüística (PNL), partiendo de algunos de sus postulados o presuposiciones y extrayendo por lo menos dos elementos como son la importancia de ampliar nuestra agudeza perceptiva y la comprensión de los otros en aras de fortalecer y hacer más funcionales las redes sociales y obtener de todos y de cada uno lo mejor.
Los Postulados de la PNL
Siempre pensando en la organización como una suma de personas, vamos a citar y a tratar de explicar de la manera más sencilla posible aquellas presuposiciones de la PNL que el sólo considerarlas puede resultar muy útil para entender, ayudar y sacar provecho de la gente:
El mapa no es el territorio: La esencia de este postulado es que los seres humanos somos diferentes. Por lo tanto percibimos y reaccionamos ante los hechos y las personas de acuerdo al significado que desde nuestra experiencia de vida damos a los eventos y situaciones que encontramos en el camino. Entendiendo esta idea nos lleva también a entender y aceptar diferencias individuales y hasta aprovecharlas según el contexto donde estemos.
Las personas actúan perfectamente: En vez de pensar que los seres humanos son defectuosos porque no hacen lo que parece adecuado, convencional o efectivo, es aconsejable pensar que son extremadamente eficaces para conseguir determinados resultados, aunque estos quizás no sean lo mejor para las circunstancias.
Si algo es posible para una persona, lo es también para los demás: Salvando las consecuencias de limitaciones físicas o biológicas, podemos aprender y ayudar a otros a desarrollar y potenciar habilidades, modelando y tomando de otras personas sus estrategias y formas de actuar.
Todas las personas tienen todos los recursos que necesitan: Las personas tienen dentro de si mismas una gran reserva de habilidades y atributos. El hecho de que algunos recursos no se usen o se usen muy raras veces, no significa que no se poseen, de manera que lo que ha de hacerse es ayudar a las personas a encontrar y utilizar sus recursos.
No hay fallos, solamente información acerca de los resultados: Si no se consigue el objetivo buscado, esto se puede utilizar como una información útil que sirva de ayuda en futuros intentos, en vez de tomarlo como una evidencia de la propia incapacidad para conseguir lo que se desea.
Si lo que hace no funciona intente hacer algo diferente: La flexibilidad es una clave para la efectividad. Si se modifica la forma de hacer las cosas hasta obtener un resultado esperado, será mas probable conseguirlo que si se persiste en mantener una conducta que no permite llegar al objetivo deseado.
Agudizando nuestra percepción:
Normalmente encontramos personas con las cuales en un primer contacto surge una especie de simpatía o “química” que va a permitir que se inicien y se mantengan relaciones productivas, bien sean por actividades sociales o laborales. Por supuesto también se da al contrario, donde sin saber porqué evitamos relacionarnos con otras personas que nos resultan hasta desagradables. Esa “química” o desagrado normalmente se da porque hay coincidencias que nos asemejan o diferencias importantes que conscientemente no sabemos percibir. De ahí que la PNL promueva y nos de herramientas para aprender a percibir muchos detalles en la interacción con otras personas que luego podemos utilizar para de una manera entrar en “su mapa del mundo”.
En este sentido nos resalta la importancia de prestarle atención consciente a aspectos que van desde posturas corporales, su manera de expresarse, hasta sus cambios de coloración de la piel.
Otros dos aspectos a prestarle atención conscientemente son los llamados Sistemas de Representación y los Metaprogramas.
La PNL nos resalta que hay tres grandes sistemas de cómo las personas procesamos la información que percibimos del entorno, que son el Visual, el Auditivo y el Kinestésico, y que algunos tendemos a dar más uso a uno de esos sistemas en particular. Detectar ese sistema predominante suele ser muy efectivo para hacer sintonía con el otro. Por otra parte, hay aspectos como los estilos de interacción y motivación que engloba la PNL con el término de Metaprogramas, para explicar como las personas tenemos unos programas internos o rutinas que usamos para decidir a qué prestamos especial atención y hacia donde se dirigen nuestras preferencias, en qué ponemos interés, qué conclusiones sacamos de nuestras experiencias y en qué dirección nos conducen éstas. Así podemos por ejemplo entender que mientras unos se mueven hacia lo positivo, otros se mueven para evitar lo negativo. Algunos se motivan por las posibilidades y otros por la necesidad, algunos se sienten muy cómodos trabajando en equipo, mientras otros prefieren trabajar solos. Y así muchos otros metaprogramas que al poder identificarlos nos van a servir para motivar y alcanzar de los demás y de nosotros mismos una mayor efectividad.
La importancia del LenguajeEl lenguaje es el medio que utilizamos como sistema representacional de nuestra experiencia, de nuestro “mapa del mundo”, por lo tanto, lo que expresamos es procesado primero por un filtro que va de un contenido que se encuentra en la llamada estructura profunda, que es la representación lingüística completa de la experiencia de una persona, para luego transformarla en una estructura superficial la cual se va a expresar a través de tres grandes modalidades que son: generalización, eliminación y distorsión. Siendo que en la generalización, algunos elementos del modelo de la persona se desprenden de la experiencia original y llegan a representar la categoría total. Así por ejemplo, un problema con una persona de un departamento puede expresarse como “la gente de Contabilidad no quiere darnos apoyo”. O en las eliminaciones, donde prestamos atención de forma selectiva a ciertas dimensiones de nuestra experiencia, al tiempo que excluimos otras. Por ejemplo afirmamos que viene un cambio organizacional, pero no expresamos quién lo dijo ni cuál es el cambio. Por último las distorsiones expresando cambios en nuestra experiencia de los datos sensoriales que percibimos, por ejemplo con expresiones como “ese cliente me hace enfadar” dejando a un lado que es la persona la que se enfada y sin precisar cómo es que lo que hace el cliente genera en él tal enfado.
Ante esta transformación que damos a lo que expresamos, muchas veces es necesario precisar y llevar a la persona a conectarse con su experiencia real que viene derivada de su estructura profunda. Para ello la PNL, ha desarrollado el llamado Metamodelo del Lenguaje que proporciona técnicas interrogativas para especificar en las generalizaciones, completar en las eliminaciones y clarificar en la distorsiones, para acceder a la estructura profunda del sujeto a fin de identificar y eliminar la raíz de los problemas.
Son muchas y variadas las alternativas y técnicas que nos proporciona la Programación Neurolingüística que bien pueden ser utilizadas en el medio organizacional, pero al menos con los aspectos aquí resaltados se puede intervenir de manera individual y colectiva buscando lo mejor de las personas en un ambiente de armonía, respeto y comprensión de los unos por los otros.
Gerardo J. Velásquez D.
ALCANZAR LA VEJEZ CON FELICIDAD
Dadas las características de la vida actual, los avances médicos y tecnológicos, los seres humanos tenemos cada vez una mayor probabilidad de alcanzar más años de vida. Sin embargo, sabemos que no basta llegar, sino llegar lo más sano física, mental y espiritualmente dentro de las limitaciones propias de la vejez. Envejecer No es una elección, es una ley de la vida. Ahora, envejecer saludablemente si viene a ser una elección personal.
Si bien es cierto que el proceso mismo del envejecimiento va acompañado de una degeneración de muchas de las facultades físicas y mentales en la persona, eso no significa que la vejez sea sinónimo de enfermedad, en otras palabras envejecer no es enfermar y el deterioro de las facultades físicas tampoco implica un déficit en las capacidades cognoscitivas y psicológicas de las personas. De allí que de lo que se trata es que hagamos las cosas que tenemos que hacer para llegar a esa etapa final de nuestras vidas en las mejores condiciones posibles. Los aspectos Psicológicos y Emocionales
Como iniciamos en esta reflexión, existen numerosas alternativas que van a ayudarnos en lo referente a la salud física, pero es la actitud ante la vida lo que desde mi parecer va a ser preponderante para tener una vejez sana en todos los aspectos. Y no se trata de lo que debemos hacer una vez que estemos en la llamada tercera edad, lo cual es obviamente muy importante, sino de lo que hemos de cultivar en el camino de la vida.
Es ese aspecto que le va a decir a la persona que vale la pena seguir viviendo, es tener, adicional a la salud física una adecuada salud mental y emocional.
Pudiéramos ver el proceso en tres grandes etapas, una primera donde se tiene poca conciencia de que algún día llegaremos a viejos, que abarca la juventud y la edad plena de desarrollo de realizaciones personales y familiares, que pudiera llegar hasta una edad cercana a los 50 años, luego una etapa donde comienzan a ocurrir cambios significativos en relación a diferentes facetas de la vida como son la separación de las actividades laborales, la separación de los hijos, la aparición de la menopausia o la andropausia y una tercera etapa donde van a prevalecer las deficiencias físicas en la vejez propiamente dicha.
Las actitudes que desarrollemos en cada una de esas etapas van a ser relevantes para llegar y vivir la vejez de manera positiva, con la mayor autonomía personal y funcional posible.
Pendientes del camino
La primera de las etapas citadas va a estar regida por las relaciones tanto familiares, como laborales y sociales. De estas relaciones, las familiares y las sociales es donde ha de hacerse más énfasis. Los familiares y los amigos van a estar cerca, siempre y cuando, seamos capaces de cultivar buenas relaciones, de dar amor, de estar “presentes”.
Por distintas razones, algunas personas han descuidado sus relaciones familiares y de amistades y sin darse cuenta se van aislando, muchas veces porque se dejan absorber por el trabajo, porque no saben como enfrentar sus procesos emocionales ante las diferencias naturales con los otros, por rebeldías, al extremo que en muchos casos hasta se separan y pierden contacto con sus propios familiares. En otros casos, muy frecuentemente se aferran al trabajo o a los hijos, sin darse cuenta que tarde o temprano va a llegar el momento que los hijos han de dejar el hogar y que forzosamente también han de separarse de sus compañeros de trabajo.
Las consecuencias de estos aspectos se van a ver y sentir en eso que he llamado la segunda etapa. Si hemos descuidado nuestros nexos familiares y/o sociales es probable que el impacto emocional y la manera en que vamos a enfrentar esas pérdidas que son propias de los procesos humanos, sea más traumático que para una persona que haya sabido llevar de una manera sana sus relaciones, que se haya preparado psicológicamente para el momento que los hijos tomen su camino, que tenga fortalecida su relación de pareja si la tiene, que haya diversificado sus actividades y cultivado nuevas relaciones.
Las pérdidas no son sólo de las facultades físicas
Por supuesto que tenemos claro que la vejez va acompañada de una merma en nuestras condiciones físicas, sin embargo, así como en la etapa previa a la vejez nos toca enfrentar la pérdida del trabajo y como hemos dicho la no menos traumática separación de los hijos, en la vejez hemos de enfrentar otras pérdidas, como son la muerte de familiares muy queridos, de amigos muy allegados o de la pareja, lo que representa uno de los duelos más difíciles de enfrentar. Estas situaciones van a ser abordadas de una mejor manera si la persona ha podido desarrollar un entorno que le sirva de apoyo y que le siga dando el sentido de pertenencia, sea éste su grupo familiar, los vecinos, la iglesia o un grupo de personas contemporáneas que se reúnen o conviven en algún centro especializado.
La llamada Edad Psicológica:
Algunas veces escuchamos que no importa estar viejo si nos sentimos jóvenes. Y es que efectivamente, la edad cronológica y la edad biológica no van agarradas de la mano con la edad psicológica, y no se trata de negar que hemos llegado a viejos, sino la manera psicológica como vamos a vivir esa última etapa de la vida. De allí que personas que apenas rondan los 60 años de dad se sientan, perciban y actúen como si fueran unos seres a quienes la vida ya se les fue, mientras que vemos a otros que superan los 80 años de edad y se mantienen haciendo deportes, participando en actividades sociales, sonriendo y agradeciendo a la vida. A esto se le ha denominado la Edad Psicológica, siendo determinante en la adaptación de la persona en su vejez. Esta va a ser producto de sus experiencias, estilo de vida, su flexibilidad ante el entorno con sentido holístico de mente, cuerpo y espíritu.
Una vez alcanzada la vejez hay que seguir intelectualmente activos, seguir con la intención y el entusiasmo de aprender cosas nuevas. Seguir encontrando una razón de vivir, que por supuesto va a ser distinta a las razones que visualizábamos y sentíamos en las etapas previas.
El Decálogo de la Vejez
En algunas oportunidades cuando he estado estudiando o investigando aspectos sobre la vejez he leído, el llamado decálogo de la Vejez, de autor anónimo, que en esta oportunidad lo he extraído de un artículo publicado en la Web por un grupo argentino que se autodenominan Mayores en Movimiento, y que lo presentan como los 10 mandamientos para una vejez feliz, que a continuación presento:
1.- Cuidarás tu presentación todos los días. Vístete bien, arréglate como si fueras a una fiesta. Qué más fiesta que la vida.
2.- No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación. Nada de jugar al enclaustrado o al preso voluntario. Saldrás a la calle y al campo de paseo. El agua estancada se pudre y la máquina inmóvil se enmohece.
3.- Amarás al ejercicio físico como a ti mismo. Un rato de gimnasio, una caminata razonable dentro o fuera de casa. Contra la inercia ¡diligencia!
4.- Evitarás actividades y gestos de viejo derrumbado. La cabeza gacha, la espalda encorvada, los pies arrastrándose. ¡No! Que la gente diga un piropo cuando pasas.
5.- No hablarás de tu vejez ni te quejarás de tus achaques. Con ello, acabarás por creerte más viejo y más enfermo de lo que en realidad estás. Y te harán el vacío. Nadie quiere estar oyendo historias de hospital. Deja de autollamarte viejo y considerarte enfermo.
6.- Cultivarás el optimismo sobre todas las cosas. Al mal tiempo buena cara. Sé positivo en los juicios, ten buen humor en las palabras, sé alegre de rostro, amable en los ademanes. Se tiene la edad que se ejerce. La vejez no es cuestión de años sino un estado de ánimo.
7.- Serás útil a ti mismo y a los demás. No eres un parásito ni una rama desgajada voluntariamente del árbol de la vida. Bástate hasta donde sea posible y ayuda. Ayuda con una sonrisa, con un consejo, un servicio.
8.- Trabajarás con tus manos y tu mente. El trabajo es la terapia infalible. Cualquier actitud laboral, intelectual, artística… Medicinas para todos los males, la bendición del trabajo.
9.- Mantendrás vivas y cordiales las relaciones humanas. En las del hogar, intégrate a todos los miembros de la familia. Ahí tienes la oportunidad de convivir con todas las edades, niños, jóvenes y adultos, el perfecto muestrario de la vida.
10.- No pensarás que todo tiempo pasado fue mejor. Deja de estar condenando a tu mundo y maldiciendo tu momento. Alégrate de ser parte del mismo y poder ver muchas cosas lindas y nuevas.
En definitiva la idea es llegar sano y feliz a esta etapa de la vida. No es sentarse a esperar que la muerte llegue, se trata de vivir plenamente hasta que el Señor lo tenga decidido. Seguir compartiendo, hablando, riendo. Entender que no importa la edad que se tenga, el equilibrio mental y psicológico, es el mejor y más calificado síntoma de salud.
Gerardo Velásquez
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