CAOS, INCERTIDUMBRE Y ANSIEDAD


Sentirse nervioso o ansioso ocasionalmente puede ser parte de la cotidianidad de la vida que nos toca vivir, pero cuando este nerviosismo o ansiedad es recurrente y tiende a interferir en nuestra vida, en el trabajo, en nuestras relaciones familiares y sociales y por ende en nuestro disfrute, es probable que estemos en presencia de un problema de salud denominado trastorno de ansiedad.
Estos trastornos pueden presentarse en forma crónica, denominándose trastornos de Ansiedad Generalizada, donde la persona afectada constantemente manifiesta preocupación por todo, incluso esperando siempre lo peor a pesar que no existan peligros reales presentes. Se siente ansiosa y tensa y generalmente tiende a manifestar síntomas físicos como irritabilidad, dolores de cabeza o musculares, problemas con el sueño, problemas gastrointestinales y dificultades de atención y concentración.
Para el año 2010, las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, determinaban que uno de cada 20 personas tendrían depresión en algún momento de su vida y uno de cada 10, ansiedad. Estas estadísticas, no solo, están muy por encima de otras enfermedades que aquejan al ser humano, sino que además se han venido ratificando, dado el incremento de las situaciones de estrés a que cada vez está más expuesto el ser humano

EL ROL DE LA INCERTIDUMBRE

A pesar que la incertidumbre es el rasgo más distintivo del entorno en el que nos toca movernos, no pareciera que estamos preparados para vivir en ella. Por el contrario, hemos sido educados para movernos en el mayor margen de certeza posible. En una sociedad tan cambiante, en unas ciudades tan congestionadas, en un día a día de dimes y diretes entre políticos, de amenazas, de atracos, secuestros, etc. Pareciera lógico pensar que lo normal es vivir cargados de angustia y desesperación. Sin embargo, hay un elemento dentro de este caos de vida que suele ser más generador de crisis de ansiedad, como es precisamente la incertidumbre. Esa agonía que suele aparecer con facilidad, cuando no sabemos de un ser querido, cuando esperamos una intervención quirúrgica, cuando vemos amenazada la estabilidad laboral u otras, aun peores, que suelen englobar muchas preocupaciones a la vez, como suelen ser por ejemplo, unos resultados electorales, donde existen expectativas que van desde la posibilidad de perder un empleo hasta la de perder una propiedad o una empresa. Y es que la incertidumbre, ya sea económica, política o social, está asociada a lo desconocido y esto nos provoca inseguridad, estrés, ansiedad y miedo. En consecuencia, se convierte en una generadora de situaciones muy angustiantes que pueden llevar a la persona a desarrollar crisis severas de Ansiedad.

EL EXTREMO DE LA ANSIEDAD, LOS ATAQUES DE PÁNICO

La ansiedad se puede manifestar en forma intermitente pero incluso con intensidades que afectan aun más el estado emocional de la persona que la padece, como es el caso de los llamados Ataques de Pánico. En esta variedad del trastorno la persona experimenta crisis intermitentes y sin previo aviso, con sentimientos de súbito e intenso terror, que duran lapsos aproximados de 10 minutos, pero dejan a la persona emocionalmente exhausta y atemorizada. Estas crisis a menudo involucran: palpitaciones fuertes, hiperventilación pulmonar, dolores de pecho, parálisis, sensación de asfixia, sensación de hormigueo en algunas partes del cuerpo. Dada la intensidad y frecuencia de los síntomas, la persona llega a creer que se va a morir, luego siente mucho temor a salir de casa por la incertidumbre de que le llegue la crisis y que ésta lo agarre solo o en algún sitio donde considere que no va a recibir asistencia

AMENAZAS IRREALES O EL MIEDO A LO QUE PUEDE VENIR

En condiciones relativamente normales, los síntomas del trastorno de ansiedad en la persona que los presenta, se manifiestan con un inmenso temor, con sensaciones que son exageradamente intensas y desagradables, aunque, como se citó antes, no haya un peligro real. Por otro lado, los mismos síntomas suelen aparecer y acrecentarse, ante la incertidumbre y el miedo exagerado y catastrófico de lo que la persona cree que puede suceder. Miedo que resulta ser paralizante y muy frustrante por la cantidad de limitaciones que poco a poco van truncando un normal desenvolvimiento social, familiar y laboral en la persona que padece este trastorno.
En cualquier caso es importante destacar que estos miedos suelen ser extremadamente exagerados, catastróficos y paradójicamente, poco probable que ocurra aquello a lo que tanto se teme.

LOS PENSAMIENTOS

Por supuesto la emoción predominante en los trastornos de ansiedad entonces es el MIEDO. Y como lo he manifestado en otros artículos relacionados a las emociones, toda emoción es el resultado de lo que la persona piensa ante una situación determinada y NO la situación en sí misma. No es el perro lo que me asusta, sino pensar que el perro me va a morder. No es que mi pareja no contestó el teléfono y por eso me molesté, es el pensar que no me quiere contestar, o que no le importa que yo la llame, lo que me va a generar la rabia. Pués de la misma manera funciona el miedo en las crisis de ansiedad. Son los pensamientos de lo que la persona cree que puede ocurrir lo que alimenta sus temores. De ahí que el extremo, por ejemplo de una crisis de pánico, es el creer y pensar que le puede venir un infarto o un paro cerebral o respitratorio y en consecuencia morir. Por eso una vez que pasa, la persona suele acudir al médico, hacerse todo tipo de exámenes para entrar aún en una desesperación mayor, cuando éstos no arrojan problema orgánico alguno, a pesar de la veracidad de su cuadro sintomático.
En este sentido, Las crisis o episodios de Ansiedad, generalmente se presentan en la misma línea en que aparecen las emociones, en este caso la angustia o temor ante:
· Determinadas situaciones u objetos. Ejms. Mucha gente junta, la estación del metro, una noticia negativa, estar de noche fuera de casa, la ausencia del hijo, la expectativa de un cambio de gobierno, etc. y
· Los pensamientos que provocan dicha angustia o temor. Ejms. “Aquí va a faltar el aire y me voy a asfixiar”, “me van a atracar”, “yo creo que me voy a volver loco”, “creo que nunca voy a sanar”, “voy a perder mi trabajo”, etc.

De manera que la ansiedad siempre va emparentada con la incertidumbre, y se alimenta por dos vías:
1.- La respuesta fisiológica: Los mismos síntomas generan más ansiedad debido a que la persona no entiende bien lo que le está pasando. Esta incertidumbre genera aún más repuesta de ansiedad, mantiene y aumenta los síntomas.
2.- Los pensamientos negativos de anticipación: Los pensamientos que alimentan la sensación de incertidumbre hacia lo que vendrá, potencian el miedo y la espiral ascendente de los síntomas. "¿Me sentiré bien cuando llegue?", "¿Podré hacerlo o no?", "¿Y si pasa algo grave?".
LA ACCIÓN VERSUS LA INMOVILIZACIÓN
El peor remedio para la ansiedad es definitivamente la evitación porque tiene un efecto reforzador, dado que cuando la persona evita se siente mejor y esto lo que hace es ir cada vez limitando su vida normal. Entonces, el peligro real de la ansiedad y mucho más, cuando alcanza los niveles de ataques de pánico, es precisamente que la persona por el gran temor a las crisis empieza por salir acompañada, luego empieza a evitar lugares muy concurridos, deja de manejar y poco a poco, son más las limitaciones que se va autoimponiendo, con el peligro de entrar en una severa crisis depresiva por el sentimiento de desesperanza e inutilidad que puede ir cobrando su vida.

Siempre será importante aceptar que se tiene un problema y lo más recomendable es buscar ayuda profesional. El solo hecho de entender el problema ya es un gran paso, porque de lo primero que ha de convencerse es que aunque pueda sentir síntomas tan desagradables, es falzo que se va a morir de eso.
Es necesario poder establecer la diferencia entre los pensamientos racionales y las distorsiones en los mismos. Que existen situaciones que si podemos controlar y por lo tanto modificar y otras en donde no podemos hacer absolutamente nada para cambiar la situación y lo que tenemos que hacer, es cambiar nuestra actitud y manera de pensar y sentir, respecto a dicha situación.

Por otro lado, ante la incertidumbre, siempre considero importante pensar y preparar vias de acción ante lo peor que pudiera suceder y que tanto tememos. Lo que suele suceder es que en ese análisis vamos a encontrar que eso que consideramos “lo peor” tampoco es tan grave como para no tener salidas y que además y paradójicamente suele ser poco probable. De esta manera podemos calcular posibilidades, crear "escenarios" de lo que pueda sobrevenir preparándose mentalmente para cada uno. Preguntarnos ¿Qué haría si se da este o tal escenario? Así al menos tendremos ideas de cómo vamos a actuar en cada caso y se nos disminuirá la incertidumbre, el miedo y por ende la ansiedad. La incertidumbre nunca desaparecerá mientras siga creciendo. La única manera de vencer al miedo es enfrentarlo, no evitarlo. Por ende, el objetivo no es dejar de sentir miedo, sino evitar que éste nos inmovilice.
Gerardo Velásquez

LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD Y LAS NORMAS SOCIALES

Dadas las características particulares de los seres humanos, sería difícil siquiera suponer que una sociedad pueda conducirse sanamente sin parámetros preestablecidos que orienten y hasta obliguen a sus ciudadanos en la manera de convivir los unos con los otros. Sin embargo, y a pesar que estos parámetros siempre existen, bien sea bajos normas legales bien definidas, o por usos y costumbres pautados en cada sociedad, es muy común que sean permanentemente violados o ignorados por una gran cantidad de personas a quienes les cuesta dirigir su comportamiento de manera sana respecto a su interacción con las demás personas.
En este sentido, existen las llamadas “Normas Sociales” que las podemos entender como un conjunto de patrones de comportamiento que se reconocen como “normales” o “sanos” en una determinada sociedad, donde su incumplimiento puede o no implicar una sanción institucionalizada, aunque sí algún tipo de recriminación o reproche social.

MÁS ALLÁ DE LAS LEYES, LA CONVIVENCIA
La violación a las normas sociales, desde mi juicio, en mayor o menor grado, es común a las distintas sociedades, independientemente del nivel de desarrollo de dicha sociedad. Obviamente, suele suceder que en aquellos países donde son estrictos con las sanciones por el incumplimiento de las leyes, las violaciones se presentan en una menor proporción que en otros países, donde, a pesar de existir las leyes, éstas son violadas constantemente sin mayores consecuencias para los infractores. Por supuesto, este es un problema bastante serio, dado que para muy poco sirven las leyes si éstas no se hacen cumplir. Pero no es mi intención abordar este tema, que muy bien pudiera ser analizado desde un enfoque político, social y cultural.
Sin embargo, más allá de las normas legales, hay otros interesantes elementos que podemos encontrar si analizamos el problema enfocado hacia las Normas de Convivencia desde una perspectiva psicosocial, ya que hay situaciones problemáticas que aunque se presentan en cualquier sociedad o estrato social, no son claramente identificadas y peor aún corregidas por la misma naturaleza de tales situaciones. Específicamente, me quiero referir a dos de los llamados trastornos de personalidad que comúnmente se pueden encontrar en cualquier grupo familiar o social. A estos dos trastornos se les conoce de acuerdo al Manual Diagnóstico y Estadístico de Los Trastornos Mentales DSM4 como el Trastorno de Conducta Antisocial y el Trastorno Límite de la Personalidad, que como en otros trastornos de personalidad las características resaltantes están alrededor de su manera de interpretarse y relacionarse con sí mismos y con los otros y una inadecuada manera de manejar su afectividad y el control de sus impulsos.

EL TRASTORNO ANTISOCIAL DE LA PERSONALIDAD
Anteriormente conocido como Sociopatías y Sicopatías en el extremo del trastorno, es un tipo de trastorno donde la persona muestra un comportamiento caracterizado por una falta de consideración y violación de los derechos de los demás, en muchos casos con una dificultad para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, y con mucha frecuencia con presencia de deshonestidad, mentiras, impulsividad o incapacidad para planificar el futuro, despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás y una irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas. En el extremo de este trastorno, puede estar la falta de remordimiento, en casos de daños, maltratos o robos a otras personas.
Por supuesto en mayor o menor severidad las personas con este trastorno suelen tener muchos problemas en su vida afectiva emocional por su permanente violación a los derechos de los demás. En un extremo y según las características individuales y su historia afectiva y social, unos suelen caer fácilmente en la delincuencia, mientras que otros se mantienen sencillamente engañando y abusando de otros allegados, generalmente familiares cercanos y amigos, a quienes mienten, estafan, meten en problemas, etc.
De acuerdo a las estadísticas del DSM4, antes citado, se estima que en la población general cerca de un 3% de varones y un 1% de mujeres presenta este tipo de trastorno. Este porcentaje suele variar cuando se hacen diferencias poblacionales.

EL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD
Este es otro trastorno de la personalidad, que aunque en una menor incidencia que el Trastorno Antisocial, también puede ser una importante causa a violaciones de las normas y buenas costumbres en una sociedad específica, ya que aunque lo que suele resaltar en estas personas es su marcada incapacidad para establecer y mantener sanas relaciones, existe una dificultad para el autocontrol de sí mismos que en muchas ocasiones los lleva a los excesos, poniendo en riesgo tanto su vida como la de personas cercanas. Algunas de las características tomadas del Manual DSM4, que se pueden encontrar en este trastorno, que inciden en una inadecuada respuesta social, son: esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginado, un patrón de relaciones interpersonales inestables, una impulsividad en al menos dos áreas, potencialmente dañina para sí mismo (gastos, sexo, abuso de sustancias, conducción temeraria, atracones de comida) y episodios de ira inapropiada e intensa con dificultades para controlarla. De acuerdo, igualmente al Manual DSM4, Se estima que la prevalencia del trastorno límite de la personalidad es de alrededor del 2 % de la población general, con un 75% de prevalencia en la población femenina.

LAS DIFICULTADES EN EL ABORDAJE DE ESTOS PROBLEMAS
A diferencia de cualquier otro trastorno de carácter emocional o mental, el problema central que se presenta cuando estamos ante cualquier trastorno de personalidad, por supuesto incluyendo a estos dos que he tratado de explicar de una manera sencilla (sin dejar de reconocer que hay mucho más que aclarar y explicar sobre el tema), está en el hecho que la persona que presenta el trastorno no acepta conscientemente que tiene un problema, de manera que es casi imposible el abordaje terapéutico exitoso de estas personas. Lo que suele suceder es que, en el mejor de los casos acuden a un terapeuta por otras razones, como una crisis depresiva o ansiosa, una fobia, un duelo, etc. o asisten por una presión impuesta por familiares que son, los que suelen padecer con mayor cercanía las consecuencias de los comportamientos de estas personas. De manera que ante esa poca conciencia del problema real que está presentando, será bastante difícil que la persona se deje ayudar hacia una mejora para ella y por ende para su entorno.

Considero importante y necesario un proceso de psicoeducación que pueda ayudar tanto a la persona objeto del trastorno, como a los familiares, primero, a entender el problema, sin que ello signifique una justificación para sus actos violatorios a sí mismo y a los demás, y en segundo lugar, a generar una disposición a dejarse ayudar entendiendo que existen alternativas terapéuticas que pueden ser muy efectivas, pero ninguna posible sin la conciencia del problema y la responsabilidad del sujeto en trabajar en su proceso de cambio.

Gerardo Velásquez
gvelasquez99@cantv.net

LAS EMOCIONES Y LA SALUD

Hoy en día sería absurdo no reconocer que el ser humano es un ser holístico y que por ende, todo aquello que abarque nuestra mente y nuestras emociones va a influir de manera positiva o negativa en nuestro cuerpo y salud física y viceversa. Basta imaginarnos una buena comida para que empecemos a salivar, o darnos cuenta como sentimos un “nudo” en el estómago al pensar en algo que tememos enfrentar. De manera que el pensamiento dispara un determinado estado emocional y como consecuencia una sensación corporal. Entendiendo entonces que mente y cuerpo son un solo Sistema, entonces es fácil aceptar que nuestras emociones van a influir directamente en nuestro estado de salud, bien potenciando la salud o propiciando la enfermedad.

EL SER HUMANO COMO UN SOLO SISTEMA
Esta realidad es más fácil de comprender cuando analizamos cómo está conformado nuestro organismo para hacerse cargo de nuestra salud. Todos los seres humanos estamos dotados de dos importantes Sistemas, el Sistema Inmunológico y el Sistema Endocrino, a quienes se consideran como los dos Sistemas preservadores de la vida. Sin embargo, estos dos Sistemas actúan íntimamente conectados con el Sistema Nervioso Central, de manera que lo que suceda en cualquiera de estos tres Sistemas, irremediablemente repercutirá en los otros dos. En consecuencia, si sabemos que las emociones son por esencia la manifestación del Sistema Nervioso de todo individuo, entonces resulta evidente que todo problema de salud que pueda estar pasando una persona, tiene una cuota emocional importante que hay que atender o, más que una cuota, puede incluso ser la causa fundamental que ha disparado la situación de enfermedad que se está padeciendo.

LA INTERACCIÓN DE LOS SISTEMAS
Para entender el proceso es importante conocer un poco acerca de los Sistemas Inmunológico y Endocrino y su interacción con el Sistema Nervioso Central. El Sistema Endocrino lo forman un conjunto de órganos y tejidos del organismo que liberan un tipo de sustancias llamado hormonas que regulan el crecimiento, el desarrollo y las funciones de muchos tejidos, y coordinan los procesos metabólicos del organismo. Por su parte el Sistema Inmunológico está compuesto por células y proteínas que se encargan de defender nuestro cuerpo contra agentes invasores extraños como bacterias, hongos, parásitos, virus y células malignas.
Ahora, la respuesta de estos dos Sistemas está guiada por el Sistema Nervioso Central, más específicamente a través del Hipotálamo, que es una estructura del cerebro que cumple una importantísima función en la regulación homeostática del organismo, en el comportamiento sexual y muy específicamente en las emociones, ya que recibe instrucciones directamente del Sistema Límbico del cerebro, que es la zona donde se procesan las emociones.
De esta manera, el Hipotálamo envía los mensajes a la Hipófisis que es la glándula del Sistema Endocrino que dirige los influjos hormonales en el organismo, y al mismo tiempo, el Hipotálamo también envía mensajes directivos al Sistema Inmunológico para el proceso de la respuesta inmunológica.

LOS APORTES DE LA PSICONEUROINMUNOLOGÍA Y LA PNL
Dada esta comprobada interacción, con énfasis en el impacto del manejo de las emociones en la salud o la enfermedad, en los últimos años la Psiconeuroinmunolgía y la Programación Neurolingüística (PNL) han venido realizando importantes intervenciones con excelentes resultados, trabajando directamente sobre el estado emocional de las personas, cuya combinación con el tratamiento médico respectivo ha demostrado ser altamente efectivo en la respuesta de recuperación de la salud.

La Psiconeuroinmunología se ha avocado al trabajo combinado de restituir la salud emocional a las personas a través del apoyo psicoterapéutico y la llamada Visualización Curativa, que ha logrado, a través de la imaginación guiada, estimular el aumento de los diferentes tipos de células y defensas a objeto de detener y disminuir el crecimiento de células tumorales, y en consecuencia mejorar notablemente la respuesta inmune. Uno de los más destacados en esta rama es el Dr. Carl Simonton, autor del libro “Sanar es un Viaje”, quien dirige el Simonton Cancer Center en Estados Unidos.

Por su parte la PNL, se ha destacado en el trabajo sobre el cambio de creencias, las cuales son preponderantes para una respuesta estresante o no estresante ante los distintos eventos y acontecimientos a los que estamos sometidos los seres humanos. Las experiencias de Robert Dilts, autor de “Identificación y Cambio de Creencias. Un Camino Hacia la Salud y el Bienestar” entre otros de sus libros, han sido de las más conocidas y difundidas, siendo hoy de gran uso en el trabajo psicoterapéutico.

EL ESTRÉS Y EL SISTEMA INMUNOLÓGICO
Frente a un evento que es percibido y vivido como estresante por el individuo se produce liberación de cortisol, adrenalina y noradrenalina, sustancias que han demostrado ser supresoras de la respuesta inmune. De allí que una situación estresante que se convierta en crónica, sin posibilidad de control real o imaginario de parte del sujeto, puede resultar nefasta y convertirse en un permanente inmunosupresor. Por el contrario, si el sujeto es capaz de percibir, sea real o imaginariamente que puede asumir satisfactoriamente el control de la situación, el evento estresante reduce el efecto inmunosupresor.
Aquí es importante resaltar que es la subjetividad la que determina que un evento resulte o no estresante. Por eso el apoyo psicológico es fundamental para generar un cambio que ayude a la persona a cambiar su percepción ante los acontecimientos que se le puedan presentar como estresantes.

Basado en este supuesto y luego de largos estudios y aplicaciones terapéuticas, el Doctor Carl Simonton, uno de los más destacados, o a mi manera de ver el principal precursor de la Psiconeuroinmunología, propone que ante una situación traumática o un permanente estrés psicológico, que por lo general suele generar otros problemas emocionales como una depresión, ansiedad o desesperación, el Sistema límbico del individuo genera una doble señal o mensaje. Por una parte va un mensaje al hipotálamo que es transmitido al Sistema Inmunológico generando una supresión de la respuesta inmunológica. La otra señal va a la glándula Hipófisis quien controla al Sistema Endocrino creando un desbalance hormonal y en consecuencia el desarrollo de células anormales. Estas alteraciones de los dos grandes Sistemas encargados de mantener nuestro cuerpo sano, por supuesto se va a traducir en la generación de la enfermedad.

Entonces, este mismo modelo plantea, que independientemente del tratamiento médico que se aplique al paciente, éste debe combinarse con una adecuada intervención psicoterapéutica que ayude al reencuadre emocional de la persona, lo que también ayudará al reestablecimiento de los Sistemas Inmunológico y Endocrino y por ende a una recuperación más rápida y efectiva de la salud.

DEL MIEDO A LA ENFERMEDAD
Dado esta interrelación entre los Sistemas, es fácil deducir que el diagnóstico por sí mismo de la enfermedad puede resultar en un impacto emocional muy fuerte, que lejos de ayudar puede ser uno de los principales enemigos del proceso de curación. Y no se trata de que nos oculten un diagnóstico, sino de entender que la enfermedad en sí lo que quiere decir es que estamos ante un proceso de desequilibrio de la salud y que la manera como encaremos dicho proceso, será decisivo en nuestra recuperación de la salud y por ende del equilibrio.
Las experiencias nos revelan que toda enfermedad, incluyendo el cáncer, puede curarse, el aspecto está en asumir con responsabilidad y optimismo que el proceso de la enfermedad y sus síntomas son un aviso de algo que intenta decirnos nuestro cuerpo y al que tenemos que prestar atención y actuar.
La enfermedad no es fortuita, es más bien un proceso que tiene pleno sentido dentro de la vida de un individuo. Ante ella vale la reflexión de porqué ha aparecido en un momento determinado de nuestra vida. Si logramos comprender su mensaje, estaremos en una mejor condición y disposición para trabajar en la recuperación de la salud. La ciencia médica hará su mejor esfuerzo, pero el médico no puede ser lo suficientemente efectivo sino en la medida en que el enfermo asume su cuota de responsabilidad de su enfermedad y se avoca a la resolución de sus conflictos.

Si mente y cuerpo se influyen constantemente entre sí hacia la salud y hacia la enfermedad, usted puede en consecuencia influir en su salud física, ya que tiene la capacidad para evitar pensamientos que perjudican su salud y cultivar los que la potencian.

Gerardo Velasquez
gvelasquez99@cantv.net

CUANDO LA RELACIÓN SEXUAL DEJA DE SER PLACENTERA

Tener sexo puede ser una de las más intensas y placenteras experiencias físicas y emocionales que el ser humano pueda tener. Más intenso y placentero será mientras se tenga una mayor capacidad de sentir y vivir la sexualidad integralmente. Sin embargo, esta experiencia puede no siempre ser tan maravillosa e incluso puede llegar a convertirse en un serio dolor de cabeza para cualquiera de las partes inmersas en una relación sexual, dado que no solo el erotismo y la sensualidad están presente en el acto sexual, sino que hay otros aspectos que suelen igualmente involucrarse como son los sentimientos, las emociones, las actitudes, los pensamientos, las creencias, los comportamientos y por supuesto el autoestima o autovaloración.

UNA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA
Como cualquier otra actividad propia de una relación de pareja, la calidad del sexo también es una responsabilidad compartida, donde no es lógico y mucho menos prudente que uno de los dos culpe al otro por los problemas que se puedan estar presentando al momento del acto sexual. Esto solo tiende a generar mayor frustración y muchas veces a colocar a uno de los dos en la situación de tener la “obligación” de satisfacer al otro, lo que traerá como consecuencia que el acto en sí ya deja de tener el encanto y por supuesto el placer para quien está en esta condición. La pareja debe entender que el placer de ambos es importante y que no es sano tratar de satisfacer al otro por encima de las propias necesidades.
Esta actitud de dejar la responsabilidad sólo en él o en ella, suele ser uno de los ingredientes más dañinos que pueden iniciar o agravar posibles disfunciones que a la larga se van a convertir en verdaderos procesos traumáticos, tanto para el afectado directamente, como para su pareja quien no puede hacerse a un lado asumiendo “el problema no es mío”. Entonces, situaciones temporales, por ejemplo, como el distanciamiento en la frecuencia de las relaciones sexuales, una “mala noche” o una disminución temporal del deseo, que pueden ocurrir por distintos motivos, como presión laboral, enfermedad, duelos, problemas con los niños, pueden pasar a ser generadores de mucha presión, sobre todo cuando uno de los dos en la pareja se ve más afectado, porque “no está cumpliendo” de acuerdo a unos patrones o expectativas que se supone deben satisfacerse. Sí bien es cierto que el sexo puede ser una forma de expresar cariño, también es cierto que el sexo debe ser primordialmente placentero para ambos en la pareja y nunca una obligación.

LAS CREENCIAS, EL PENSAMIENTO Y LAS REACCIONES EMOCIONALES
En toda relación sexual existe un intercambio de emociones, rico en deseos y en sensaciones, donde el objetivo central es dar y recibir placer, pero también puede estar lleno de frustraciones y de matices de las experiencias vitales propias, como sentimientos de miedos, vergüenza y culpabilidad, creencias infundadas y otros factores psicológicos negativos que inhiben la reacción sexual y que perturban las relaciones sexuales.
Estos sentimientos por lo general, como todos los procesos emocionales de las personas, vienen precedidos de pensamientos estimulantes o en su defecto, negativos y limitadores.

Me voy a permitir en este aspecto tomar la postura de la Psicoterapia Cognitiva, que da importancia primordial al curso del pensamiento, como generador de los principales trastornos del estado de ánimo que padecemos las personas en un momento determinado, por supuesto sin dejar de lado, que cada persona piensa, siente y actúa de acuerdo a su propia experiencia de vida, o como reza la Programación Neurolingüística (PNL) desde su propio modelo del mundo. Desde esta concepción, es entonces (salvo problemas orgánicos o biológicos) el pensamiento quien irrumpe de una manera distorsionada para generar los distintos trastornos o disfunciones sexuales que suelen presentar hombres y mujeres, porque para el acto sexual necesariamente han de activarse los mecanismos emocionales que van a generar la excitación, traducida en el hombre con la erección y en la mujer con la lubricación de su vagina. Si el pensamiento fluye sin intromisiones distorsionadas, entonces el acto será placentero, pero si por ejemplo, el hombre está pensando que tal vez no logre satisfacer a la mujer, probablemente tendrá un problema com la erección o una eyaculación precoz.
Veamos en los típicos trastornos por los que las personas suelen acudir al sexólogo, psiquiatra o psicólogo, cómo el pensamiento (descartadas causas orgánicas) puede ser el causante principal del referido trastorno, donde la base central de esos pensamientos está en creencias, por ejemplo en el caso de los hombres, como "Debo ser enormemente sexual para ser un hombre de verdad" y en la mujer "Debo satisfacer a mi compañero para tener su aprobación":
• En el caso del hombre la típica DISFUNCIÓN ERÉCTIL (IMPOTENCIA) donde el hombre no alcanza la erección o no logra mantenerla, o la EYACULACIÓN PRECOZ, donde el hombre termina demasiado rápido y la mujer no alcanza el placer del orgasmo. Supongamos que han ocurrido algunos eventos y el hombre ha tenido una o unas experiencias desagradables en que, desde su juicio o crítica de su pareja, no tuvo una respuesta satisfactoria. Entonces se siente presionado y preocupado. Piensa que no va a ser capaz de mantener su erección el tiempo suficiente como para satisfacer a su mujer, piensa la pena que va a pasar o el ridículo que va a hacer si su mujer ve la flacidez de su pene y en el malestar y críticas por parte de esta. También piensa que esto le va a traer problemas en la estabilidad de su relación. Con estos pensamientos lo invade la ansiedad y la consecuencia puede ser que no haya la erección, o que por miedo a perderla realice el coito sin que su mujer haya siquiera iniciado la lubricación. También puede por ejemplo estar preocupado para mantener el acto dilatando la eyaculación y entonces piensa “debo satisfacer plenamente a mi mujer y no se si pueda lograrlo” “el acto debe durar “equis” cantidad de tiempo y voy a quedar muy mal si no lo alcanzo”. Las consecuencias: Casi inevitablemente ocurre la eyaculación anticipada.
• Por su parte en la mujer, uno de los problemas más comunes es la INHIBICIÓN ORGÁSMICA, donde igualmente antes del acto puede estar pensando que no va a quedar satisfecha, bloqueando la excitación necesaria para la lubricación, o con pensamientos como “el no me ha dicho que le ha gustado, significa que no lo estoy haciendo bien” o “no soy capaz de sentir un orgasmo. Nunca voy a sentir un orgasmo”. Por supuesto ante pensamientos de esta naturaleza, se pierde por completo el disfrute y el placer y pareciera una tortura lo que por naturaleza debiera ser extraordinario.

LA COMUNICACIÓN
Aunque pueda sonar a cliché, si no hay comunicación no es posible que los integrantes puedan conocer más sobre los gustos de cada uno en materia del acto sexual. De manera que puede ser que la otra persona desconozca algunas de las cosas que le gustan y son relevantes para su pareja y que, si son expresadas, van a contribuir a una vida sexual más acorde con los deseos de ambos.
En el sexo de una pareja sana, nada es exagerado o fuera de tono. Basta con que ambos estén de acuerdo y se compenetren en disfrutarlo. De manera que no es lógico sentir pena por expresar cosas que quisieran cambiar, agregar o experimentar en el sexo y por supuesto, hay que expresar a la pareja lo que cada quien necesita, siente o desea. Hay que evitar las suposiciones y preguntar a su pareja lo quiera saber, evitando juicios, reproches y generalizaciones. Por supuesto como lo expresé anteriormente que esta es una responsabilidad compartida, hay que actuar para dar de cada uno lo mejor para el disfrute y el placer de ambos.

LOS LÍMITES QUE IMPONE LA EDAD
Es lógico, que como proceso normal evolutivo en la vida, la actividad sexual se vaya modificando en cada etapa de la vida del individuo. Es por eso que de una edad a otra los intereses sexuales van cambiando, coincidiendo generalmente con los cambios corporales. Sin embargo, el sexo es importante durante toda la vida de la persona, no sólo en la etapa reproductiva, sino también durante la juventud y tercera edad.
Contrario a la creencia popular, nunca se es demasiado viejo para gozar de una vida sexual plena. El problema comienza cuando los prejuicios y las pautas culturales se imponen a las biológicas. Pero la verdad es que los seres humanos, afortunadamente, nunca son demasiado viejos, en términos biológicos, como para gozar de una vida sexual sana y feliz. Sin embargo, con frecuencia, se asume que las personas mayores pierden sus deseos sexuales o que no pueden llevarlos a cabo por razones físicas o peor aun, algunos ven al sexo en las personas adultas como algo feo o indeseable. Por eso, igualmente en esta etapa de la vida, los problemas que se presentan, como principales saboteadores para el disfrute sexual son consecuencia de las creencias, los prejuicios y la distorsión de los pensamientos, por temor a la desaprobación de sus hijos o nietos, que los pueden hace sentir culpables frente a sus legítimos deseos.
Otro problema es la longevidad femenina, ya que si bien la sociedad acepta las relaciones entre hombres mayores y mujeres jóvenes, tiende por el contrario a difamar a mujeres mayores que establecen lazos con hombres más jóvenes. De manera que son falsos mitos la mayoría de las limitaciones que se imponen a las relaciones sexuales entre personas de la tercera edad. Si se goza de una salud razonablemente buena para su edad, se puede esperar seguir siendo una persona sexualmente activa hasta una avanzada edad.

Tener una vida sexualmente sana y feliz no tiene edad, de usted depende cómo y hasta dónde quiere disfrutar de uno de los más grandes placeres que nos ha ofrecido el hecho de estar vivos

Gerardo Velásquez
Psicólogo

SI EL PROBLEMA ES DE LOS NIÑOS ATENDAMOS A LOS PADRES…


Cuando hablamos de problemas en niños, la mejor referencia siempre viene del colegio, es decir del personal docente del respectivo colegio. Niños con problemas de comportamiento, de adaptación, con dificultad para seguir y respetar normas, con conductas oposicionistas, otros retraídos, tímidos, niños violentos, etc. Es decir los comúnmente llamados niños con "problemas de conducta".
Por supuesto que son múltiples las razones o causas que pueden incidir para que estos niños se destaquen más que por habilidades positivas, por comportamientos que podemos llamar insanos, tanto para ellos como para su entorno. En ciertos casos, estos problemas tienen una base orgánica real, por lo general neurológica y la solución se encuentra en distintos tratamientos específicos, muchas veces acompañados de apoyo psicológico. Sin embargo, no es casual que en la mayoría de los casos encontremos que el problema central radica en el tratamiento, aprendizaje o modelaje que está recibiendo en el hogar, y en muchísimos casos es precisamente el reflejo de hogares inestables emocionalmente hablando. Ausencia del padre y en muchos casos de la madre, relaciones tormentosas entre los padres, sobreprotección o descuido, consentimiento exagerado, alcoholismo, violencia familiar y muchos otros comportamientos que son modelados al niño, quien es una “esponja” para copiar y repetir.

Cuando su objetivo es llamar la atención
El niño requiere atención y la va a buscar a como de lugar, el problema es que muchas veces aprende una manera muy insana para conseguir esa atención y puede desarrollar una serie de comportamientos que pueden ir desde la desobediencia hasta la total oposición a todo aquel que para él represente la autoridad, con mayor énfasis en sus padres o figuras que los representen y por supuesto con el docente de turno. Hay muchos hogares en que los padres están muy preocupados por sus propios problemas y les prestan poca atención a los niños. Se ven entonces casi obligados a prestarle atención cuando se portan mal o tienen alguna enfermedad. De manera que aprenden a llamar la atención de sus padres si ellos mismos están en dificultades o si les crean problemas a éstos en forma deliberada.
La mayoría de los problemas de conducta de los niños suele ser una llamada de atención para que los adultos hagamos algo, pero ante la aparición del “mal” comportamiento, los adultos también reaccionamos como niños y en lugar de ocuparnos del problema iniciamos la acostumbrada repartición de culpas entre los mismos adultos, la madre, el padre, la maestra, con el refuerzo implícito de exponer una pelea donde el niño es por supuesto el centro de atracción.

La desobediencia y su relación con la autoridad
Al hablar de desobediencia, es necesario entender que ésta está íntimamente ligada con el manejo de la autoridad y de la tolerancia por parte de los padres. Unos padres autoritarios exigirán "obediencia ciega" por la simple razón de ¡"porque lo mando yo”!, nunca reconocerán un error propio porque "hay que mantener el principio de autoridad". En este caso, la desobediencia es casi inevitable. Pero la desobediencia puede surgir también de un ejercicio demasiado blando de la autoridad. El niño aprende fácilmente o intuye que puede abusar puesto que las amenazas nunca se realizan o los castigos impuestos se levantan siempre apenas comenzados. De manera que el problema de la desobediencia es también entonces un problema de los padres que deben someter a examen su propio concepto de obediencia y tolerancia. En esta polaridad el niño o va a expresar su oposición y se va a revelar ante la implacable autoridad, generalizando su desobediencia hacia todo aquello que la represente, o sencillamente hará siempre lo que mejor le provoque, independientemente de las órdenes que reciba, porque no hay consecuencias negativas para él por su mal comportamiento.
Otras razones que inducen a la desobediencia está en la incongruencia de lo que se espera del niño, que hace que se presenten situaciones en las cuales haga lo que haga, el resultado será siempre el mismo, lo castigan si actúa de una forma y lo castigan si actúa de otra forma.

El bajo rendimiento
Es cierto que muchos niños tienen problemas de aprendizaje y también es cierto que muchas veces estos problemas vienen acompañados de problemas de atención y concentración, que en ambos casos pueden tener su origen en componentes genéticos o ciertos desajustes orgánicos. Pero en la experiencia también encontramos con frecuencia que el bajo rendimiento también es consecuencia de muchos problemas en el hogar que el niño no sabe enfrentar, porque incluso no tiene la capacidad para poder entender las situaciones que le toca a veces vivir. Problemas éstos que se traducen en los síntomas típicos del Déficit de Atención (DDA), dado que el niño aprende a “desconectarse” y aislarse lo que le resulta más fácil que tratar de entender lo que está sucediendo.
Por otra parte, también se presentan los problemas cuando los padres delegan la formación académica única y exclusivamente en la escuela y los maestros, ocupándose solamente de que sus hijos tengan todo el material que se les solicite, el pago del colegio y de ahí en adelante que la institución educativa se haga responsable del desarrollo educativo y académico del niño, quien por su propia iniciativa y naturaleza de niño, tenderá a la apatía dentro del salón de clases, prefiriendo otras actividades más placenteras para él, en lugar de contar con la motivación necesaria para aprender y realizar las actividades propias de su formación.

Cuando el niño sufre
No solo los típicos problemas de comportamiento como los antes expuestos son los que se suelen presentar, también existen situaciones de angustia y desasosiego emocional que afectan al niño y que se convierten para él en un sufrimiento, sobre todo aquellos que dificultan su normal desenvolvimiento social y escolar, como miedos exagerados, bien a la oscuridad, a estar solos, a los animales, a fantasmas, etc. Miedos estos que dejan de ser normales para convertirse en miedos fóbicos asociados a síntomas de ansiedad, hasta el extremo de desarrollar fobias sociales, expresada con miedo a la interacción con otros, a no dar la talla en clase y desarrollar trastornos de evitación, generando grandes dificultades para su desarrollo y desempeño social.
Por supuesto, aquí también existe mucha responsabilidad en la manera como los padres se comportan con sus hijos y el modelaje de sus actos. Por ejemplo, dormir con el niño, la manifestación de preocupación excesiva, temores que no se corresponden con un peligro real, son algunos de los comportamientos que delimitan el perfil ansioso que será transmitido al niño.
Muchas veces es la sobreprotección que se manifiesta por el temor de los padres a que le pase algo al niño o que cometa errores que lo puedan hacer “sentir mal” ante otros, llegando al extremo de no dejarlo hacer hasta las cosas más sencillas como anudarse sus zapatos o hacerle las tareas, atrofiando el normal proceso de aprendizaje de las cosas que ha de ir haciendo por sí mismo. Por supuesto, la consecuencia en el niño es la ansiedad como respuesta biológica para protegerse anticipando posibles peligros que suelen estar exagerados en su proceso de aprendizaje.

Haciéndonos responsables
La intención de los aspectos expuestos no es cargar de culpa a los padres o responsables de la crianza y desarrollo de los hijos. Pero la experiencia nos dice que si problemas como los expuestos u otros similares, en una proporción muy alta, tienen su raíz en el núcleo familiar, es importante que quien tenga la responsabilidad, que muchas veces recae sólo sobre la madre, el padre, los abuelos u otros familiares, tenga en consideración que más que presentar al niño como el problema, efectúen una reflexión en todas las variables que pueden en un momento dado estar interviniendo y que estén también a su alcance corregir, por ejemplo escasa atención de los padres, padres que aspiran a la perfección, privación al niño de satisfacciones y privacidad cuando no cumple con exigencias desmedidas, celos por el nacimiento de un hermano, etc.
Si sabemos que muchas de los problemas son consecuencia de la llamada de atención por parte del niño a los padres, es importante compartir con el niño tiempo suficiente para establecer dichos vínculos. Es importante preguntarnos si el niño se siente querido dentro de su núcleo familiar. Los lazos afectivos bien establecidos son fundamentales para la estabilidad del niño y para prevenir posibles conductas disruptivas.
Por otra parte, para un adecuado desarrollo emocional-conductual del niño, es muy positivo que los padres, atiendan sus propios procesos emocionales, o por lo menos puedan controlarlos para que el niño no los perciba de forma angustiosa. Por supuesto esto puede resultar difícil en caso de situaciones de maltrato o separaciones traumáticas, pero en todo caso el niño es el menos responsable de la situación.

Por último, siempre es importante recordar que la mayoría de los problemas emocionales que podemos presentar como adultos, vendrán gestados en la calidad de vida que llevamos como niños. Es muy cierto eso que tanto escuchamos que los niños no vienen con el “manual” y educarlos es una tarea que requiere mucha dedicación. Vale la pena encontrar y aplicar ese “manual”

Gerardo Velasquez
gvelasquez99@cantv.net

"SOY FELIZ, ERES FELIZ… SOMOS FELICES"


Comúnmente vemos y escuchamos acerca de personas que tienen mucho dinero, pero no son felices, que tienen una familia sana pero no son felices, que tienen un buen trabajo, pero y pero y pero… pareciera que, a pesar que la Real Academia Española define La Felicidad como el "estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien" no basta “tener” para ser feliz y de eso todos podemos tener cientos de ejemplos. También sabemos de personas que han alcanzado objetivos que lucen muy importantes como obtener el título profesional deseado, tener hijos, mudarse, aprender nuevas cosas, etc. e igualmente manifiestan no ser felices, de manera que tampoco pareciera ser que los logros hacen la felicidad. Unos están acompañados y quieren estar solos, otros están solos y quieren estar acompañados…

Por otro lado también conocemos muchas personas que tienen muy “poco”, que sus logros no son muy relevantes, que adolecen de muchas virtudes y manifiestan ser felices, y nos preguntamos, ¿Será que estas personas son muy conformistas? ¿Será que son mentirosos y ocultan su infelicidad? ¿O realmente será que la felicidad es como citan algunos autores, que la felicidad es sencillamente un estado de ánimo?

La Felicidad o Ser Feliz
Considero que ante estas manifestaciones a favor o en contra de la felicidad, bien vale la pena hacer una reflexión sobre ¿Qué es lo que específicamente requieren las personas para ser felices? ¿Es que realmente se puede considerar a la felicidad como un objetivo de vida? ¿Es posible que esta felicidad sea un estado permanente?
Algo que sí parece ser muy cierto es que no necesariamente las cosas que hacen feliz a una persona, siempre van a ser las mismas que harán felices a otras, porque como dice el dicho “cada cabeza es un mundo” o como reza la Programación Neurolingüística (PNL) “el mapa no es el territorio”. De manera que en lo que si podríamos coincidir es que la felicidad es muy relativa, en consecuencia va más asociada al sentir de cada persona que a lo que rodea a esa persona.
Entonces, muchos dirán que el secreto estará en que cada quien pueda descubrir cuáles son los elementos o variables que sumarán a favor de ese “ser o sentirse feliz”, sin embargo, si pensamos en la felicidad como algo que hay que conseguir, como un estado de bienestar ideal y permanente al que hay que llegar, lo que vamos a conseguir con mayor probabilidad es un continuo sentimiento de frustración, ya que va a ocurrir como sucede con todas aquellas cosas que vamos alcanzando en la vida, que se convierten en pasos o metas que vamos alcanzando, pero nunca considerando que hemos llegado al final. No me imagino como sería la vida si en algún momento consideráramos que somos un “producto terminado”. Definitivamente, la felicidad no es un objetivo y mucho menos el final del camino. Cada vez que vamos alcanzando nuestros deseos, seguirán apareciendo otros y otros y otros… y eso le da sentido a la vida.

Felicidad y Bienestar
Claro que obtener muchas cosas nos da un sentido de bienestar. Un bien material como un buen carro, una buena casa, buenos amigos y buena salud, son por supuesto sinónimos de bienestar, que pudiéramos decir que nos brindan felicidad. El problema es que perderíamos igualmente esa felicidad cuando por razones lógicas de la vida, dejáramos de contar con algo de eso que nos está dando felicidad, entonces de un día a otro nos podemos encontrarnos afirmando que “somos infelices”. Por eso es que muchas personas viven en una permanente frustración en la búsqueda de la felicidad, dado que incluso cuando creen estar más cerca, ocurren hechos, como la pérdida del trabajo, de un ser querido, el rompimiento de una relación u otras situaciones que interrumpen ese bienestar al que están asociando su felicidad.

Creencias acerca de la felicidad
Por supuesto que asociar la felicidad a algo específico como la salud, bienes, logros u objetivos, va de la mano con las creencias que vamos aprendiendo a lo largo de nuestras vidas. Por ejemplo:
Creemos que “la felicidad es algo que tenemos que alcanzar” y pasamos la vida haciendo cosas para obtenerla, llenos de miedos, conflictos y hasta saboteos en esa “búsqueda” de algo que, realmente no es una “cosa” que se pueda alcanzar.
Otra creencia es que “no se puede ser feliz si no se tiene a nuestro lado las cosas y personas que tanto estimamos”. Resulta que sencillamente es imposible mantener para siempre todo lo que amamos o estimamos en nuestra vida. De manera que desde esta creencia, sería imposible llegar a ser feliz.
Otras veces nos quedamos con la creencia que “seré feliz si logro generar los cambios en algunas situaciones y/o personas” Algo que resulta ser aún más frustrante porque no tenemos, o tenemos muy poco poder para generar los cambios que deseamos en los otros, y como ya lo he expresado, aún consiguiendo algunos cambios, la naturaleza nos lleva a aspirar otros cambios.
Y así como esos ejemplos, una peor es sencillamente creer que “la felicidad no existe” o muchas otras asociadas a los deseos que tenemos en la vida y las creencias que el hecho de alcanzarlos nos hará felices, cuando la realidad nos dice que el cumplimiento de un deseo es un instante de placer, satisfacción o bienestar y como ya lo hemos hablado, esto no es felicidad.

Una cuestión de actitud
Para algunos pensadores y filósofos, todos los bienes como dinero, honores, fama, talento, no son más que elementos que ayudan a la felicidad, pero no la felicidad en sí misma. Para otros pensadores, la felicidad es una actitud mental que el hombre puede asumir conscientemente, es decir, es una decisión. Desde este enfoque se asume la felicidad como una experiencia totalmente subjetiva que normalmente se resume por el grado de satisfacción que uno tiene en la vida. En lo que a mi respecta, coincido con ambas posturas y más aún con esta última. Es una cuestión de actitud mental ante la vida, por eso vemos algunas personas, que no importa todo lo bueno que pueda rodearlas, sólo resaltan siempre lo malo. El que una persona sea optimista no significa que todo le sale siempre bien, sino que aunque algunas cosas salgan mal, confía en que siempre habrá vías para superar las dificultades.
Es nuestra actitud ante la vida, ante los problemas y las preocupaciones, lo que va a darnos ese sentido de ser o no ser felices. No quiero con esto decir que no importan los bienes, el dinero, los logros, el sentirnos amados, lo que sí quiero resaltar es que la felicidad es una actitud constante y que sin ese valor en nuestra vida no importa lo que se tenga, lo que se logre o quienes nos rodeen, seguiremos viendo la felicidad como una utopía o algo que quien sabe Dios porqué sólo le llega a algunas personas.

La felicidad, una decisión
Si a este momento llego convencido que lo más importante para ser feliz es la actitud para vivir y enfrentar los obstáculos, sabores y sin sabores de la vida, entonces concuerdo con que para ser felices debemos ante todo decidirlo, incorporando a mis creencias "yo puedo y merezco ser feliz", "yo escojo ser feliz". Una actitud positiva y una esperanza continua son mucho más útiles que una actitud pesimista o una visión "amarga" de la existencia. A mi en lo particular me gusta la idea tener creencias que afiancen mi identidad de tal manera que yo pueda aseverar “Yo soy feliz”.
El ser feliz no es un simple estado de ánimo, es una actitud constante, que podemos incorporar en nuestro estilo de vida, entre otras cosas:
• Aprendiendo a disfrutar tanto las grandes como las pequeñas y cotidianas cosas de nuestra vida como la amistad, la familia, la naturaleza, el trabajo, nuestra salud, etc.
• Haciendo lo que hacemos, cualquiera que sea nuestra ocupación, con entusiasmo, bien hecho y con mucha satisfacción
• Agradeciendo no sólo lo que tenemos, sino también lo que hemos tenido, sean experiencias agradables o desagradables, bienes materiales, familiares o amistades. Porque esas experiencias son las que nos permiten aprender, crear valores y crecer como personas
• Aceptando nuestras cualidades y limitaciones sin renunciar a mejorar, por el contrario aprovechando toda oportunidad que se nos brinde para aprender y mejorar

Lo más importante es estar consciente que el camino de la vida está lleno de momentos placenteros y otros no tan placenteros, ¡esa es la vida! No es en el futuro donde encontraremos la felicidad, es “aquí y ahora”. Por supuesto, “yo soy feliz, “tu eres feliz” y “todos podemos ser felices”

Gerardo Velásquez
Psicólogogvelasquez99@cantv.net

EL ESTRÉS Y EL AMOR EN LA RELACIÓN DE PAREJA


Mucho se ha dicho y escrito acerca del Estrés, y no cabe duda que en una época como la que vivimos, con cambios tan constantes y abrumadores a los que nos toca irnos adaptando y desadaptando, así como los compromisos y actividades en las que nos vemos envueltos en un día a día, donde muchas veces no somos ni capaces de hacer un alto para el descanso, el compartir y las muchas cosas agradables que también tiene la vida, entonces pareciera inevitable que el Estrés sea el denominador común en la vida de la persona moderna.

Normalmente al hablar del Estrés, el énfasis mayor se hace en los problemas de salud que suelen surgir en las personas, como consecuencia de las alteraciones que sufren nuestros dos grandes sistemas que se ocupan de mantenernos sanos, como son el Sistema Inmunológico y el Sistema Endocrino, lo cual es absolutamente cierto. Sin embargo, hay otras alteraciones que se van a presentar en nuestras vidas si no prestamos atención a la manera en que la estamos llevando y a cómo hemos podido permitir que grandes niveles de Estrés imperen en nuestra cotidianidad.

EL IMPACTO EN EL AMOR Y LA PAREJA
En esta ocasión quiero hacer referencia a las consecuencias que por el Estrés se pueden generar en el amor y por defecto en las relaciones de pareja. Es común escuchar que el amor es el sentimiento más noble que existe, pero también es sabido que este sentimiento no responde a una planificación racional, es decir, las personas NO planifican enamorarse de alguien, esto sencillamente ocurre. Sin embargo sí va a entrar la razón en el cómo llevar ese amor para que perdure y no se apague como una llama a la que le quitamos el oxígeno.

En la actualidad es muy común que ambos en la pareja cumplan roles laborales y profesionales que pueden muchas veces representar una demanda de tiempo, esfuerzo y compromiso que exigen más allá de lo que pueden dar, mientras que por el solo hecho de vivir en pareja, también han de cumplir una serie de responsabilidades propias de la relación, la familia, los hijos, etc. que igualmente pueden llegar a la sobre exigencia y caer en una fórmula sencilla generadora de Estrés, que no es otra que un desequilibrio que se va a presentar cuando las demandas a las que somos sometidos exceden a nuestra capacidad de reacción.

Este problema a su vez va a incidir en la estabilidad emocional de la pareja, generando discusiones que generalmente sólo suelen ser desahogos a las presiones que cada uno vive, para luego convertirlas en hábitos mal sanos en la relación. También se crean problemas en la intimidad y desavenencias varias que, de no tratarse y corregirse van poco a poco acabando con el amor, hasta que el daño es irreversible y lo que queda es la separación.

EL SEXO, UNA ALTERACIÓN COMÚN
Estando claros que nuestra mente es la que gobierna nuestro cuerpo, es de suponer que ante situaciones de angustia y ansiedad, propias de una vida estresada, el disfrute se va quedando de lado y en las relaciones de pareja, esto comienza a reflejarse precisamente en la disminución del deseo sexual. De manera que en el hombre y la mujer ocurre un desplome del deseo sexual, con un marcado desinterés por la pareja y el resquebrajamiento del frenesí y la pasión en la relación íntima.
Esta disminución en el apetito sexual, ocasiona que la frecuencia disminuye y se aparta cada vez más de los momentos en que ambos se buscaban para dar rienda suelta a unos originalmente desenfrenados deseos de hacer el amor, o por otra parte, actúa de una forma más dañina, cuando el acto sexual se convierte en una obligación, más que en un disfrute y por supuesto, dado que va contrario a la naturalidad del “querer y desear” por el “tener que”, comienzan a sumarse otros elementos que de igual manera son acrecentadores del Estrés, como son en el hombre, los problemas de impotencia o eyaculación precoz y en la mujer la incapacidad para llegar al orgasmo. Efectos que van a dificultar aún más la capacidad de sobrellevar una relación placentera.
En un acto sublime en la relación de pareja como es el hacer el amor, deben abundar en el cerebro las sustancias químicas que generan la tranquilidad, el placer y la alegría. De allí la importancia de apartar todo tipo de alarma o nerviosismo, que pueda producir la baja del deseo sexual.

MOMENTOS PARA ESTAR ALERTA
Existen momentos o etapas en la vida que pueden hacernos más susceptibles ante el Estrés y ante los cuales hay que estar más alerta. Con frecuencia, los casos de Estrés afectan al varón durante la etapa madura (a partir de los 35 años), no sólo porque su capacidad sexual se reduce, sino debido a factores de su entorno, como el incremento de la carga laboral o la presión familiar, que lo ponen en alta tensión. Igualmente, a partir de los 55 y 60 años, ocurren otros cambios en el hombre como la andropausia y la culminación de la etapa laboral. Lo primero hace que gradualmente disminuyan las hormonas sexuales, mientras que lo segundo, cuando no se ha planificado o han tomado las respectivas previsiones, suele ser un gran estresor, por no saber a qué dedicarse, qué hacer en esta nueva etapa de su vida y cómo mantener los ingresos económicos del pasado.
Por su parte en la mujer, y más específicamente con el nuevo rol que ha venido asumiendo en la sociedad actual, al alcanzar una independencia laboral y ocupar puestos de relevancia profesional, tienden a confundir su rol en las relaciones diarias en el trabajo con el encuentro sexual con su pareja. Esto hace que tiendan a adoptar muchas veces un papel masculino y perturbar así su capacidad de placer y de alcanzar el orgasmo.

CUANDO EL AMOR SE CONVIERTE EN ESTRÉS
También vale la pena traer a colación que el mismo amor, o mejor dicho, la manera como nos comportamos ante el amor, puede por sí misma convertirse en una fuente de Estrés que ha de llevar a la persona o a la pareja a sufrir
Y aquí, desde mi juicio, el problema mayor se presenta ante la inseguridad consecuente de problemas subyacentes, de uno de los miembros de la pareja que tiene mucho temor a perder a la persona amada, desatando una sobreprotección, inhabilitación del otro o hasta acosos que son insostenibles para una relación sana.
De manera que el amor se convierte en obsesión y lleva a la persona a colocar a su pareja en el lugar más importante y casi el único en su escala de prioridades. Convirtiendo así la relación en una dependencia emocional hacia su pareja, al extremo de creer que no podría vivir sin el otro, intentando hacer todo tipo de actividades con la otra persona, llamando continuamente y controlándola a través de mensajes, como asegurando que siempre esté “ahí”. Por supuesto, es fácil imaginarnos el nivel de Estrés que se presentará en una persona que desarrolla este tipo de obsesión, al extremo de anularse a sí mismo para subordinarse completamente a su pareja, generando una relación que pasará a ser insoportable tanto para el miembro que sufre de la obsesión, como para la contraparte que se ve sometida a tales niveles de presión y tensión.

INYECTANDO LA RAZÓN AL AMOR
Como cita Walter Riso en su libro “Deshojando Margaritas”, en su distinción entre “el amor pasional, el amor racional y el amor incondicional”, sólo el amor “racional” podrá ser exitoso para mantener en el tiempo al mismo amor y por supuesto una relación de pareja dentro de lo que podamos llamar funcional y emocionalmente estable. Y es que, como hice mención al principio, el amor no se planifica, sencillamente de acuerdo a las circunstancias va a surgir, pero serán las personas involucradas en ese amor quienes han de estar alerta a todas las situaciones que se van a presentar en la dinámica de la relación y fuera de la relación.
En el caso que nos motiva este artículo, por supuesto el aspecto más importante a abordar es el manejo del Estrés y no permitir que éste sea un elemento discordante que puede a la larga matar al amor. De manera que nos toca hacer una revisión de los distintos ámbitos, como el trabajo, la familia, el entorno social y político y por supuesto nuestra relación de pareja propiamente dicha y procurar detectar las situaciones que nos están llevando a generar y mantener un estado de Estrés permanente y tomar las acciones necesarias para contrarrestar su efecto, reducirlo o hasta eliminarlo de nuestra vida.

La vida será más placentera si estamos psicológicamente tranquilos. Por más compleja que pueda parecernos una situación siempre existe una salida. Por tal motivo, es de gran importancia escuchar o abrirnos a otros puntos de vista, esto nos mostrará otras alternativas para resolver todo aquello que vemos nublado y parece no tener solución. Siempre será importante reconocer que el amor requiere atención para no perder el vínculo que nos une con nuestra pareja.

Gerardo J. Velásquez D.
gvelasquez99@cantv.net

PONIENDO LÍMITES EN NUESTRAS RELACIONES


Si ha llegado el momento en que te sientes presionado u obligado a complacer a otra persona, si sientes que tu tiempo y espacio no son respetados por los demás o alguien en particular, es que definitivamente no has sido capaz de entender y hacer entender a los otros, que en toda relación deben existir ciertos límites sobre lo que se permite o no debe permitirse. Y por supuesto, cada quien ha de tener claro hasta donde define sus límites, para que pueda sentirse equitativamente tratado en las relaciones que participa.

Como he afirmado en otros artículos, pertenecemos a un mundo donde sería imposible vivir sin relaciones. De cualquier forma, siempre vivimos compartiendo con otras personas y cada una de estas relaciones son de una determinada manera e importancia. Así, hablamos de las relaciones familiares en general con padres, hijos, hermanos y relativos; relaciones de pareja, de amistad, laborales, sociales y políticas. El hecho es que dadas las características e importancia de estas relaciones, la manera como las llevemos va a ser fundamental para el logro de objetivos comunes y acuerdos, que resulten beneficiosos para las partes involucradas, o por el contrario, nos lleven a sentir que una o más relaciones en la que estamos involucrados se ha convertido en una carga o en un permanente malestar, que nos agobia y genera desdicha en nuestra vida. Entonces nos escuchamos y sentimos haciendo generalizaciones como que “las personas abusan de uno”, “a uno no le hacen caso ni lo respetan”, “porque es que ellos abusan de mi”, que no se puede decir que NO cuando se trata de los hijos, del jefe, de la pareja, etc.

Por supuesto que hay relaciones que nos vienen “impuestas” como son las familiares y otras en las que incursionamos por decisiones que vamos tomando en nuestras vidas. Lo importante es que bien sean impuestas o debido a las decisiones o circunstancias, hay tener en cuenta que estamos en el derecho de manejarnos asertivamente en lo que se refiere a los límites, que tácita o claramente definidos hemos de poner en cada una de nuestras relaciones, en aras de hacerlas funcionales, agradables y beneficiosas.

LA ASERTIVIDAD, EL EQUILIBRIO ENTRE LA PASIVIDAD Y LA AGRESIVIDAD
En las relaciones nos movemos, al igual que en la comunicación, dentro de una polaridad que tiene por un lado un comportamiento pasivo, donde la persona permite cosas que no quiere permitir, acepta de otros insultos, imposiciones, reglas; no dice lo que quiere decir y no es capaz de hacer valer su posición o punto de vista ante cualquier situación. En el otro polo está el comportamiento agresivo donde la persona, si bien no permite el abuso del otro, actúa con agresividad, la persona antepone y defiende sus derechos de una manera ofensiva, deshonesta y/o manipulativa, pasando por encima de los derechos de los demás. Trata de imponer su punto de vista a través de la dominación, utilizando técnicas de degradación, humillación, manipulación, etc.
Es lógico suponer, que en ambos extremos a la larga las consecuencias suelen ser negativas, por un lado termino cargándome de resentimientos y sentimientos de minusvalía, al permitir que los otros abusen de mí, mientras que por el otro, termino siendo rechazado de tantas tensiones que mi comportamiento va generando en las relaciones.

En el punto intermedio de esta polaridad está la llamada ASERTIVIDAD, que no es otra cosa que el comportamiento que nos permite hacer valer y defender nuestros derechos, sin violar o alterar los derechos de los demás. Y esto último es muy importante tenerlo claro, dado que muchas veces un comportamiento asertivo puede generar molestia en el otro, si éste ha estado acostumbrado a una actitud pasiva ante sus demandas, pero al actuar y pensar asertivamente no nos hacemos responsables de su molestia, por lo tanto será su problema y responsabilidad manejar su molestia. También hay que tener claro que, saltar del polo pasivo al polo agresivo, aunque sea por cansancio y explosión ante el abuso exagerado, nos pondría en la misma situación que hemos estado rechazando ante los demás.

De manera que la conducta asertiva implica la expresión directa de nuestros sentimientos, pensamientos y necesidades, respetando los derechos de los demás. Específicamente cuando se trata de poner límites, primero tenemos que tener claros nuestros derechos y que éstos son tan valiosos como los demás piensan que son los de ellos. Así por ejemplo es muy asertivo decirle a la mamá, “entiendo que te sientas sola o quieras mi ayuda, pero hoy voy a salir con mi esposa”, o al hijo, “ahora quiero descansar y no voy a prepararte la cena”, o a la pareja, “está bien, este fin de semana vamos a visitar a tu mamá y el otro fin de semana nos vamos a la playa…”. En lugar de actuar pasivamente y quejarse del agobio en que lo tiene la mamá, el hijo, la pareja, etc.

LO QUE PASA ES QUE EL (ELLA) ME MANIPULA
Es muy común escuchar en algunas personas que aceptan pasivamente los abusos de otros que lo que sucede es que “él, ella o ellos, son unos manipuladores”. Lo cual generalmente es cierto, pero igualmente cierto es que no es posible manipular a quien no se deja manipular. Y aquí vale la pena hacer una distinción. Una de las herramientas o habilidades que desarrollamos muy bien desde pequeños es el arte de la manipulación, que sencillamente utilizamos las personas para obtener un beneficio o mantener uno que ya poseemos. De manera que todos manipulamos o hemos manipulado a alguien en alguna oportunidad, bien sea porque era la mejor herramienta que teníamos en el momento o por costumbre o hasta de manera inconsciente.
Cuando hablamos de manipulación en las relaciones, generalmente y desde mi juicio, ésta será mucho más efectiva cuando quien manipula logra que la otra persona sienta culpa o miedo de lo que pueda suceder si no actúa en consonancia con las demandas del manipulador. Algunos se valen del vínculo afectivo para la satisfacción de sus propias necesidades, sin tener en cuenta las de los otros. Entonces el niño manifiesta que no es querido, el adolescente amenaza y actúa asumiendo riesgos exagerados, la pareja manifestará que no se siente atendida, la madre se quejará del abandono de sus hijos, etc. y el manipulado actuará evitando la culpa, huyendo del miedo, pero jugando por su parte a ser la victima, que sin querer o queriendo, consciente o inconscientemente, se traduce también en una manipulación.
Asumir el riesgo y enfrentar el miedo es una manera responsable de evadir la manipulación. De igual manera aceptar que poner límites NO es hacer daño a los demás, entonces cualquier cosa que le suceda al otro, más específicamente hablando de adultos, independientemente del vínculo, no puede ser nuestra responsabilidad y por ende no tiene lógica asumir la responsabilidad de lo ocurrido.

LAS CREENCIAS LIMITADORAS Y EL MIEDO
Es necesario hacer una revisión de nuestras creencias, principios y valores, para prepararnos de una mejor manera a la hora de establecer los límites. Ya que muchas de las cosas que aceptamos, vienen aprendidas con creencias adquiridas desde nuestra infancia y que no vamos a cambiar a menos que empecemos a cuestionarlas. Por ejemplo, es común el abuso de adolescentes e hijos adultos que aun viven en la casa materna y tratan a la madre como su esclava y ésta se queja pero hace manifestaciones como “¿y qué puedo hacer? para eso estamos las madres” o “una madre siempre debe ser tolerante con sus hijos” o “hay que ser madre para entender eso”. Si bien es cierto que el amor de madre es el único que para muchos ha sido catalogado como “amor incondicional”, también es cierto que aceptar y tolerar lo “inaceptable” no es un sinónimo de amor.
Otro ejemplo también muy común es el abuso de la madre hacia el hijo o hija, cuyas exigencias van mucho más allá de lo que normalmente él o ella puede dar sin que se vea afectada su autonomía como ser adulto, su derecho a crecer como persona, a vivir en pareja, a tener una familia, etc. Y escuchamos a este hijo o hija lamentándose pero afirmando “es que por encima de todo primero está la madre” o “la hija hembra debe servir a la madre”. Pero, aunque suene duro para quien defiende este tipo de creencias, la verdad es que todo apoyo ha de hacerse sin descuidar los derechos propios. Por ende se han de reemplazar las creencias por otras como por ejemplo “apoyar a mi madre no significa ser su esclavo”, en lugar de quejarse después y hacer responsable a la madre, por ejemplo, de su fracaso matrimonial o de su incapacidad para establecerse en una vida de pareja.
Por otro lado, está el miedo a lo que tememos que pudiera ocurrir si decidimos tomar acción y poner el alto a lo que venimos tolerando. Aquí surge el sentimiento de culpa, sobre todo cuando se trata de situaciones familiares y más específicamente con los padres o hermanos. O este miedo es aún más acentuado cuando se trata de poner límites a la pareja, por la creencia de que podamos estar peor si se llega a romper la relación, o con los hijos, por el temor que les pueda pasar algo malo por su falta de madurez. En todo caso, siempre vale la pregunta repetida tantas veces como sea posible ¿Qué pasaría sí...?, para llegar al temor más grande y descubrir que lo peor que podría pasar suele ser exagerado y bastante improbable.

ACLARANDO LOS LÍMITES
A la hora de establecer los límites es importante que queden bien claros para las partes, así como lo que estaremos dispuestos a hacer si éstos son desbordados. Por supuesto que en toda relación estamos ante una o más personas que tiene sus propias creencias, actitudes y estilo, y que no podemos pretender que todo sea en base a un ideal. Lo que si es importante es precisar lo “inaceptable” en relación al proyecto de vida de cada quien.
Como ya fue expuesto, poner límites no tiene nada que ver con la agresividad, sino con hacernos respetar asertivamente. Se trata de ser sinceros cuando se pide que se nos respete.
Toda relación por íntima que sea tiene que tener límites o parámetros. Para poder establecer relaciones que nos sean satisfactorias y para poder arreglar las conflictivas es necesario examinar nuestros límites. La gente llega a abusar de nosotros hasta donde nosotros mismos les damos permiso. De manera que será necesario hacer una reflexión y precisar todas aquellas cosas que estamos permitiendo de los otros que nos gustaría cambiar, o al menos que NO estamos dispuestos a seguir aceptando. Y eso puede hacerse independientemente del tipo de relación en que estemos involucrados.
• Vivir en pareja no significa que hay que perder u olvidarse de los proyectos personales, hobbies, amistades o familiares, siempre que éstos no choquen con los objetivos y el proyecto común de la relación. Tampoco significa que uno de los dos tenga, por imposición del otro, que hacerse cargo de algo que NO quiere hacer o no ha sido acordado por ambos.
• Ser madre o padre no nos da el derecho de abusar o coartar la libertad de nuestros hijos, pero tampoco lo tienen ellos de abusar de nosotros o coartar nuestra libertad. Por mucho amor que se pueda tener hacia un padre y por supuesto aún mayor hacia un hijo, siempre será necesario aclarar y poner los límites.
• En un contexto laboral, aceptar maltratos o humillaciones de un superior no nos garantiza que permaneceremos en el empleo, sin embargo sí garantiza que el maltrato y abuso se harán más fuertes. Por ende, bien vale la pena actuar asertivamente para hacer vales nuestros derechos, porque aunque siempre exista el riesgo de ser despedidos, más posibilidades hay de que seamos respetados y tratados como justamente nos merecemos.

Recordemos que siempre seremos responsables de las cosas que permitimos a los demás. Por lo tanto depende de cada uno de nosotros generar los cambios en lugar de quedarnos en el lamento esperando que los otros cambien. Por supuesto es cierto que muchas veces, aunque nos demos cuenta y estemos conscientes del abuso, no contamos o creemos no contar con las herramientas para salir de la situación agobiante, en cuyo caso siempre estará la alternativa de buscar la ayuda terapéutica. No es necesario llegar a situaciones críticas o extremas para decir “ya basta” o aprender a decir NO. Simplemente se trata de buscar un adecuado equilibrio en todas y cada una de nuestras relaciones.

Gerardo Velásquez
Psicólogo
gvelasquez99@cantv.net

EL MAL HÁBITO DE VIVIR EN LA QUEJA


Si nos detuviéramos un poco a revisar las cosas buenas que rodean nuestra vida, seguramente muchos quedaríamos sorprendidos al ver aspectos de nuestra vida que son muy valiosos y que sencillamente aceptamos como “normales” sin darnos cuenta que esa “normalidad” no es así en el común de las personas.
Elementos como la salud, techo, comida, vestido, agua, electricidad, familia, amistades, no siempre están presentes en todas las personas, de manera que los que tenemos la dicha de contar con ellos, tenemos motivos para celebrar. Si agregamos otros como un trabajo, tiempo para disfrutar, el dinero suficiente para cubrir las necesidades básicas o algunos bienes materiales, entre otros, las razones para dar gracias a la vida se incrementan.

Sin embargo, a pesar de todas estas cosas buenas que tenemos, muchas personas viven en un permanente lamento y se empeñan en resaltar todos los aspectos negativos que se les pueden presentar como consecuencia lógica del devenir de la vida. Quieren tener un carro, pero les molesta pagar el seguro o el mantenimiento, quieren vivir en pareja, pero se quejan de los defectos de la que tienen, deciden tener hijos y se quejan de los hijos, no les gusta el trabajo que tienen, pero en lugar de cambiarse arrastran los pies para ir a trabajar, y así se les va el tiempo quejándose de las cuentas por pagar, del calor, del frío, de la sequía, de la lluvia, del jefe, de los compañeros de trabajo, etc. etc.

El problema se torna más serio, porque las personas “adictas” a la queja no suelen reconocer que han hecho de la queja un estilo de vida, un hábito dañino que les coarta la posibilidad de disfrutar y vivir la vida de una manera más plena y agradable, haciendo no sólo su vida insoportable, sino la vida de sus seres queridos más cercanos quienes no encuentran la manera de lidiar con esas actitudes y algunas veces optan por apartarse, cansados de intentos frustrados de generar un cambio.

Abrir Posibilidades y Pasar a la Acción
No podemos confundir la insatisfacción con la queja, históricamente es la insatisfacción la que ha movido a la gente a cambiar. A crear cosas, soluciones, inventos, mejoras. Por lo tanto la insatisfacción suele ser saludable cuando se convierte en la motivación a la superación. Ahora, deja de ser saludable cuando se queda estancada en forma de queja y no de acción creativa para la mejora de nuestras circunstancias.
La queja es apartarse del problema y no reconocer que uno tiene responsabilidad para poder abordar una solución. Entonces me quejo de que estoy gordo y no cuido mi alimentación ni salgo a realizar algún ejercicio, me quejo de la rutina y no hago nada para cambiarla, me quejo de mi trabajo pero no soy capaz de buscar otro o de prepararme y adquirir nuevas capacidades y relaciones que abran el abanico de opciones.
Nada ganamos con mantenernos en la queja esperando que las cosas cambien. Es necesario asumir la responsabilidad y actuar en procura de aquello que queremos cambiar.

De acuerdo a la Física Cuántica, en la llamada Ley de la Atracción, se expresa que todo lo que está llegando a tu vida, tú lo estás atrayendo. Sin embargo, de acuerdo a esta ley nuestro cerebro no hace diferencia de que lo que estás pensando sea bueno o malo, o si lo quieres o no lo quieres. Simplemente asocia y atrae al estímulo que está presente en el pensamiento. De manera que las cosas o situaciones de las que te quejas, son más atraídas en lugar de ser alejadas. Por ende la queja pasa a ser absolutamente negativa y destructiva de toda posibilidad de cambio para bien.
Esta posición nos la presenta esta metáfora de Jean-Claude Carriére, guionista y escritor francés:
“En los tiempos de Salomón, el mejor de los reyes, un hombre compró un ruiseñor que tenía una voz excepcional. Lo puso en una jaula donde al pájaro nada le faltaba, y este cantaba durante horas y horas, para admiración de los vecinos.
Un día en que la jaula había sido colocada en un balcón, se acercó otro pájaro, le dijo algo al ruiseñor y se fue volando. Desde aquel instante el incomparable ruiseñor permaneció en silencio.
El hombre, desesperado, llevó a su pájaro ante el rey profeta Salomón, que conocía el lenguaje de los animales, y le pidió que le preguntase por las razones de aquel mutismo. Así lo hizo el profeta y entonces el pájaro le dijo a Salomón:
‘Antes yo no conocía ni cazador ni jaula. Entonces me enseñaron un apetecible cebo y, empujado por mi deseo, caí en la trampa. El cazador de pájaros que me atrapó, me vendió en el mercado, lejos de mi familia, y me encontré en la jaula del hombre que aquí ves. Empecé a lamentarme día y noche, lamentaciones que ese hombre tomaba por cantos de agradecimiento y alegría. Hasta el día que otro pájaro vino a decirme: “Deja ya de llorar porque es por tus gemidos por lo que te guardan en esta jaula.” Entonces decidí callarme.’
Salomón tradujo estas frases al propietario del pájaro. El hombre se dijo: ‘¿Para qué guardar un ruiseñor si no canta?’ Lo puso en libertad y el pájaro volvió a cantar.”


La Queja Vs. El Reclamo. Un problema de comunicación
Aparte del hábito de la queja del que hemos venido comentando. Cuando se trata de relaciones hay otra variedad que se disfraza en los supuestos reclamos.
Cuando se trata de diferencias que tenemos con otras personas con las que nos relacionamos, bien sea la pareja, familiares, compañeros de trabajo o amigos, muchas personas dirán que es necesario quejarse porque si no lo hacen pueden abusar de ellos. En este caso vale la pena traer a colación una importante distinción que una vez aprendí en mi formación como Coach Ontológico, donde se hacía una clara diferenciación entre la QUEJA y el RECLAMO, los cuales aunque parecen sinónimos, no lo son.
Cuando se hace referencia a la queja, lo que suele suceder es que la persona se lamenta y protesta porque tiene una expectativa de algo que no se cumplió o no se está cumpliendo, sin que necesariamente haya existido un compromiso previo, sino porque, por ejemplo, la persona piensa que las cosas deben hacerse de una determinada manera, porque eso “es así”, porque “al buen entendedor pocas palabras” o sencillamente porque eso “es obvio”.
Por otra parte, el reclamo, es el derecho que tiene una persona ante otra de expresar su malestar ante una promesa que no se le cumplió o, por ejemplo, ante un servicio que ha pagado. Por ende, abstenerse de quejarse no necesariamente significa soportar malas conductas o actitudes. No hay nada de malo y estás en tu derecho cuando reclamas asertivamente ser respetado, o cuando le dices al mesonero que tu sopa está fría y que necesita ser calentada. Lo importante aquí es entender bien esa diferencia y precisar lo que esperamos de los demás sin dar por sentado que ellos lo tienen claro.

Romper el Hábito
Como lo expresaba al inicio, el mantenernos en la queja es un hábito, una cuestión de actitud. Por lo tanto no es fácil darnos cuenta que estamos en él y de ahí que cambiarlo se haga más difícil, porque siempre será muy fácil encontrar algo de que quejarnos. Del clima, del tránsito, de la inseguridad, de las mentiras de los políticos, de la salud, del dinero que no alcanza, etc., etc. Pero la gran verdad es que todos tenemos muchas más cosas y motivos para agradecer.
Es necesario deshacernos de la costumbre de quejarnos y eso se logra tomando consciencia de que nos estamos quejando, para poder corregirlo. Para romper un hábito hay que procurar tenerlo lo más consciente posible y hacer cambios previamente pensados, que han de introducirse justo en los momentos en que se suelen presentar las actitudes del hábito que queremos cambiar.
Por ejemplo, puedes darte un tiempo para reflexionar sobre todas las cosas positivas que tienes y aprecias en tu vida, y cada vez que sientas ganas de quejarte (de lo que sea) lee tu lista de cosas positivas que aprecias en tu vida o piensa en algo agradable que te hace sentir feliz. También puedes encontrar siempre un lado positivo ante la queja. Por ejemplo “que trabajo tan aburrido” se puede cambiar por “que bueno que tengo trabajo” “se que puedo encontrar otro mejor más adelante”.
Manteniendo una observación especial de tus pensamientos y palabras, en lugar de la queja siempre podrás encontrar algo por qué agradecer de corazón.

El Reto de los 21 Días
Una excelente propuesta para romper el hábito de la queja lo propuso el pastor dirigente de la Unidad de la Iglesia de Cristo, en Kansas (EEUU) Will Bowen, a quien se le ocurrió crear, en julio de 2006, el "Reto de los 21 días" con el propósito de ayudar a los miembros de su comunidad a eliminar la cultura de quejarse y sus nocivos efectos.
Su propuesta fue muy simple: “Te colocas una pulsera morada con la leyenda UN MUNDO SIN QUEJAS y lo mantienes durante 21 días sin emitir ningún tipo de queja o crítica”; así sea "me duele la cabeza" o "nada me está saliendo bien". Si durante este período emites algún lamento, debes cambiar la pulsera de muñeca y debes volver a empezar”.
La mayoría de los participantes logró superar este reto, pero les tomó un mínimo de 5 meses, un tiempo que evidencia la presencia de la cultura de la queja en nuestras vidas.
En el análisis de esa propuesta destacan que muchas personas que decían que no se quejaban demasiado, con el ejercicio se dieron cuenta que lo hacían unas 20 veces en promedio al día.
Tú también puedes, usando cualquier cosa, no necesariamente una pulsera morada, asumir este reto de 21 días sin quejas, sin críticas y sin chismes. Si lo logras seguramente tendrás mejor ánimo, menos dolores, relaciones más favorables, mayor autoestima, etc.
Ya sabemos que lo único que ganamos con la queja es sentirnos peor. Es importante recordar siempre que no es la situación el problema, lo que lo convierte en un problema es la forma como la afrontamos, y en lugar de quejarnos del problema lo sano es avocarnos a resolverlo.

Gerardo J. Velásquez D.
Psicólogo

gvelasquez99@cantv.net

GERENCIANDO NUESTRA CALIDAD DE VIDA


Hablar de Calidad de Vida significa abarcar varios aspectos que atañen a todos los seres humanos, es hablar en primer lugar de estar sanos física, emocional y espiritualmente, es hablar de las condiciones en que se vive, es hablar de las relaciones a todo nivel, sean éstas familiares, sociales o laborales. Es pensar que una buena Calidad de Vida debe ir asociada a la mejor sintonía del ser humano con su entorno y por supuesto, consigo mismo. Y esta sintonía no se puede dejar al azar o al destino. Esto ha de ser en definitiva la responsabilidad de cada uno. No es el médico el responsable de mi salud física, no es el sacerdote o el sanador el responsable de mi salud espiritual, no son mis amigos, mi pareja ni mi familia, los responsables de mi tranquilidad emocional. De manera que vale la pena reflexionar y tomar acciones en aras de ir asumiendo la total responsabilidad por nuestro Bienestar General.

Por distintas razones muchas veces vamos dejando pasar el día a día, inmersos en una rutina de vida donde solo nos abocamos al trabajo o a las rutinas del hogar. En ocasiones ni siquiera prestamos atención a los alertas que nos envía nuestro cuerpo y solo cuando llegan las enfermedades acudimos al médico. Por otra parte, sin darnos cuenta nos pasamos el tiempo quejándonos de uno o varios aspectos de nuestra vida por los cuáles nos sentimos insatisfechos, pero sin hacer nada para buscar mejorías en esos aspectos, o peor aun, justificando o justificándonos para acentuar y paralizarnos ante tales insatisfacciones.

ASUMIR LA GERENCIA DE NUESTRO PROCESO
Cuando utilizo la palabra “Gerenciar” quiero hacer énfasis en que al igual que se maneja un proyecto, un negocio o una empresa, donde hay que planificar, organizar, dirigir, controlar y supervisar para hacer los ajustes permanentes en la búsqueda del éxito del proyecto o negocio, igualmente podemos vernos a nosotros mismos como un proyecto, el cual nos ha sido delegado para que seamos nuestros propios gerentes y como tales, sepamos dirigir el rumbo de nuestras vidas. Y uno de los elementos claves de un proceso gerencial es tener claro a donde se quiere llegar, sin embargo, como personas no siempre tenemos claro qué queremos de nuestra vida y en algunos casos dejamos que la inercia nos lleve. Por lo tanto, como buenos gerentes de nuestra vida podemos empezar por establecer nuestra propia Visión. En ocasiones esta visión puede parecer confusa, sin embargo basta con soñar despierto, luego hacer los ajustes en términos de factibilidad y poner en acción los elementos necesarios para encaminarnos en dicha visión. En ese camino hacia nuestra visión personal es importante:
* Hacer una revisión de nosotros mismos, de nuestras capacidades y habilidades, de nuestras creencias y cambiar aquellas que puedan ser limitantes.
* Observar y analizar el ambiente donde nos movemos, incluyendo las personas que están en ese entorno para hacer los ajustes necesarios.
* Establecer estrategias anticipativas y proactivas, previendo posibles situaciones y anticipando lo que pudiese suceder.
* Estar alertas y ser lo suficientemente flexibles para enfrentar las situaciones que necesariamente van a ir apareciendo como consecuencia de la dinámica cambiante de nuestra vida.
* Y por supuesto, asumir el liderazgo en nuestras decisiones y acciones

Cada visión personal tendrá sus aspectos particulares, pero podemos asegurar que en esencia lo que se busca es el bienestar general, es decir el óptimo estado de bienestar físico, emocional, espiritual y social. Y aunque cada una de estas áreas forzosamente va a incidir en las otras, podemos segmentarlas como “Departamentos” interdependientes para precisar con mayor efectividad los planes y acciones en esa conexión con la Visión Personal.

Bienestar Físico
En el nivel físico, lo ideal sería estar libre de enfermedades o lesiones, por ende, el plan ha de estar dirigido a la prevención de la enfermedad y al cuidado personal de esta estructura que nos sostiene como es nuestro cuerpo. Y al mismo tiempo, estar atentos para que en esos momentos que pueden aparecer crisis de salud, podamos lidiar exitosamente con ellas. En procura de este bienestar nuestra estrategia debe abarcar:
* La manera como nos alimentamos.
No es un secreto que la mayoría de las enfermedades vienen asociadas al estilo de nuestra alimentación y en este proceso de hacernos cargo de nosotros mismos, vale la pena reflexionar y preguntarnos ¿Cuál es la frecuencia y qué solemos comer típicamente en un día? ¿Qué entendemos por una buena nutrición y qué podemos hacer para mejorar lo que comemos?
Una buena alimentación requiere estar pendientes y tener una disciplina tanto de lo que se come, como de la cantidad y la frecuencia con que se come. Para algunos esto significa comer más, mientras que para otros comer menos o comer alimentos diferentes. El mantenimiento del peso y la prevención de la pérdida de masa corporal, promueven la salud general y la capacidad del organismo para combatir la enfermedad.
* Dedicar tiempo para el ejercicio
Hay muchas razones por las cuales el ejercicio es bueno para nosotros, desde ayudarnos a que los músculos y huesos se mantengan fuertes hasta mejorar el funcionamiento del corazón, los pulmones y el cerebro. A pesar de saber esto muchas personas se mantienen en un absoluto sedentarismo. Sobre este aspecto nos toca preguntarnos ¿Qué tanto dedico a hacer ejercicios? ¿Qué puedo hacer para iniciar una rutina de ejercicios o mejorar la clase y la cantidad de ejercicio que hago cada día? No necesariamente hay que estar en un gimnasio, si bien a algunas personas les encanta y pueden ir a un gimnasio, basta con por lo menos dedicarse a caminar rutinariamente unos cuantos minutos al día.
* Un espacio para la relajación y el descanso
Para ese proceso de estar más en contacto con uno mismo, de darse el tiempo para sentir el cuerpo, la respiración, el contacto con los recursos en general, en la agenda de ese proceso de gerenciarse a sí mismos, puede incluirse el practicar diariamente técnicas de meditación y relajación. El contacto cotidiano, habitual, íntimo, con el yo interior, con la esencia de la persona. Incluir en la medida de lo posible recibir un masaje, descansar en un jacuzzi y por supuesto, tener todos los días un sueño con las horas y la calidad que garantice el descanso y permita al organismo la recuperación total. Pregúntese a usted mismo ¿Duermo lo suficiente cada noche? ¿Tengo un espacio para estar conmigo mismo? ¿Le doy a mi cuerpo la atención y el descanso que se merece?

Bienestar Emocional
El aspecto emocional y psicológico es uno de los más importantes en la búsqueda de una buena calidad de vida. Algunas preguntas que podemos hacernos son: ¿Cuál es el nivel de estrés al que nos enfrentamos cotidianamente? ¿Cómo hacemos lo que hacemos? ¿Qué es lo que vemos, leemos y conversamos rutinariamente? ¿Qué cosas ocupan la mayor parte nuestros pensamientos? ¿Cómo actuamos o reaccionamos ante nuestras emociones? ¿Podemos identificar las cosas que nos causan estrés y hacer algo para eliminarlas de nuestra vida? Esto nos hará reflexionar y en consecuencia actuar sobre nosotros mismos para el mejor manejo del Estrés, y para tener una mente activa y alerta que nos ayude a gerenciar nuestras emociones perturbadoras y ocuparnos en lugar de preocuparnos. En otras palabras es desarrollar un plan que nos permita el mayor control sobre nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos. Un plan que abarque aprender a expresar nuestros sentimientos y emociones en formas adecuadas, a controlar la impulsividad y pensar antes de actuar, y a concentrarnos en los aspectos positivos que nos da la vida.

Bienestar Espiritual
El término espiritual va a estar muy en consonancia con las creencias y elecciones espirituales de cada quien, entendiéndose como un sentido de armonía interna que incluye la relación con el propio ser, con los otros, con el orden natural, con Dios o un poder superior. Por lo tanto el camino que decida seguir cada persona para explorar su bienestar espiritual es algo único y muy personal. Espiritualidad no es necesariamente religión. Lo que importa no es cuáles sean nuestras elecciones espirituales, sino que podamos incluir en nuestro plan de vida una manera de vivirla en sintonía con nuestras creencias y convicciones, con la capacidad y la disposición de experimentar amor, disfrutar paz y un sentido de autorrealización.

Bienestar Social
Por último, tratándose de que como seres humanos vivimos en un mundo de relaciones, no es posible pensar en Calidad de Vida y Bienestar General sin considerar de una manera muy especial el tipo de contacto social que vivimos. Es reflexionar con quiénes mantenemos relaciones y cómo son tales relaciones. Algunas preguntas válidas pueden ser ¿Dedico tiempo a las personas que amo? ¿Me siento parte de algún grupo en especial? ¿Suelo compartir con amigos, salir con ellos, reír, disfrutar su compañía? ¿Qué hago cuando estoy de vacaciones? ¿Cómo y con quién comparto mí tiempo libre? ¿Me gusta y disfruto mi trabajo? Un plan dirigido al mejor estado de bienestar social, debe considerar una adecuada relación con su entorno inmediato como es la pareja, los hijos, los padres y hermanos. Un tiempo para compartir con amigos. Una sana escogencia de las relaciones. Aunque parezca trillado el dicho “dime con quien andas y te diré quien eres” la verdad es que las personas con las que compartimos suelen contagiarnos su entusiasmo o desánimo, su optimismo o pesimismo, su empuje al éxito o su parálisis. De manera que en esta selección no es que se trate de ser discriminativos, sino realistas y dispuestos. Lo que sí implica, es que es importante desarrollar relaciones significativas que incluyan la posibilidad de dar y recibir apoyo.

NO ESTAMOS SOLOS
Hacerse responsable de nuestro bienestar no significa que tenemos que ser autosuficientes. De hecho, siguiendo la analogía gerencial, no existe el gerente autosuficiente ya que precisamente una de las habilidades gerenciales está en saber apoyarse en los otros. Por ende, la responsabilidad también nos lleva a entender que existen muchas maneras de ayudarnos y usar de esa ayuda todo lo que esté a nuestro alcance. Y en ese procurar el bienestar y una mejor calidad de vida lo importante es saber cómo y cuándo buscar la ayuda, bien sea del médico, del nutricionista, del asesor psicológico o de las distintas disciplinas alternativas que ven al ser humano como un todo: mente-cuerpo, espíritu-materia en relación con su entorno.
En todo caso, lo importante es siempre tener presente que la responsabilidad no es del que suministrará el apoyo o la ayuda necesaria, sino que eres tu mismo el que ha de escoger y encaminar la ruta de tu destino para encontrarte con tu felicidad y la plenitud global que mereces.

Gerardo Velásquez
Psicólogo