EL PODER DE LAS CREENCIAS


Normalmente cuando escuchamos el término creencia, lo asociamos rápidamente al ámbito religioso y a la fe . Sin embargo éste es un concepto mucho más amplio que bien vale la pena dedicarle una profunda reflexión, ya que las creencias, independientemente del contexto o dominio en que nos movemos, sea familiar, social, espiritual, de salud, etc. representan uno de los marcos de referencia más relevantes de cómo una persona dirige su vida. Constituyen el motor fundamental que nos impulsa o la pared que nos frena. Utilizadas en forma apropiada, las creencias pueden ser el mejor incentivo para alcanzar los objetivos que nos proponemos, pero también por el contrario, su efecto puede ser increíblemente limitador y negativo. De allí la importancia de, primero conocer y hacer conscientes las creencias que dominan nuestros pensamientos, para luego elegir cuáles nos conducen al éxito y a los resultados que deseamos y en consecuencia mantenerlas, y cuáles nos frenan o nos desvían para cambiarlas o eliminarlas, en aras de potenciar positivamente el curso de nuestra vida.

La forma como pensamos y actuamos depende mucho de nuestro inconsciente. Por lo tanto, algunas de las creencias que gobiernan nuestros pensamientos y comportamientos las tenemos muy conscientes y otro grupo, mucho mayor, están ocultas en el inconsciente, que es el responsable en buena parte de los éxitos y fracasos que logramos en la vida. Nosotros tenemos distintas creencias que pueden ser muy limitadoras, negativas, dramáticas, de enfermedad, o muy positivas, de logro, de éxito y de salud.

Toda creencia tiene un origen. Por ejemplo, salido del argot refranero, reiteradamente hemos escuchado “loro viejo no aprende a hablar” y el convertirlo en una creencia, nos lleva a cohibirnos de iniciar cualquier tipo de estudios después de cierta edad. Así como otros refranes o afirmaciones, desde mi juicio muy negativos, como “los ricos están contados”, o “yo soy pobre pero honrado”, etc. que una vez arraigadas como creencias se convierten en verdaderas limitaciones para el éxito económico de las personas.

Anthony Robbins, en su muy famoso libro “Poder Sin Límites” cita cinco fuentes o maneras de cómo originamos nuestras creencias, que en forma resumida paso a explicar:
El ambiente que nos rodea. El aprendizaje obtenido en el hogar es una de las fuentes más determinantes en la construcción de las creencias. Si hemos crecido en un ambiente cargado de fracasos o desesperación, es más difícil (por supuesto no es una regla general) que podamos hacernos representaciones internas que fomenten el triunfo. Es por eso que conocemos empresarios exitosos que, por distintas razones, han quedado en bancarrota y sin embargo se levantan de nuevo y vuelven a triunfar. Pero también conocemos por ejemplo a deportistas que han hecho fortuna, o personas que han ganado la lotería y terminan quedando en la misma miseria donde una vez estuvieron.
Los acontecimientos experimentados. Acontecimientos grandes o pequeños, de mucha satisfacción o muy traumáticos, pueden ser fuentes de generación de creencias. Un accidente traumático en una determinada época del año, puede generar una creencia fatalista que impida a una persona hacer cualquier plan de viaje en esa determinada época o fecha. Un simple resultado de una evaluación académica puede ser generador de creencias de “poder” o “no poder” enfrentar satisfactoriamente una determinada carrera profesional.
El conocimiento, bien sea obtenido a través de las experiencias, la lectura, el estudio, etc. permite ver el mundo desde la perspectiva de otras personas. Así el sólo conocer sobre logros de otros, puede despertar una gran fe que impulse creencias también de logro. Siempre ha existido el primer hombre o la primera mujer que alcanzó logros que hasta ese momento parecían imposibles y el conocimiento de eso ha generado importantes creencias en otros hombres y mujeres que han sido fundamentales en el curso del desarrollo de la humanidad.
A través de nuestros resultados anteriores. Basta saber que una vez pude hacer algo para generar la creencia de poder hacerlo nuevamente. De igual manera resultados diferentes a los esperados pueden ser calificados como fracasos y llevar a las personas a formarse la creencia de que no pueden alcanzar tal o cual objetivo porque ya una vez lo intentaron y “fracasaron”.
Representándose mentalmente la experiencia futura como si ya se hubiese realizado. Así como las experiencias pasadas generan creencias, nuestra imaginación puede ser una importante generadora de creencias. No es lo mismo imaginarse que estamos celebrando y disfrutando un logro a imaginarnos las dificultades que vamos a encontrar en el camino, o peor aun un resultado contrario a nuestros intereses.

Identificarlas, ratificarlas, cuestionarlas o cambiarlas
Conocer nuestras creencias nos da pie para actuar sobre ellas, en el entendido que si es una creencia que me ha sido útil y valiosa, ratifico mi pensamiento y la hago cada vez más potenciadora. Si por el contrario, descubro que esas creencias me limitan, me será más fácil intentar cambiarlas.

No tenemos porqué resignarnos a vivir siempre con los mismos patrones de comportamiento. Las creencias limitadoras pueden estar muy arraigadas y ser resistentes pero no invencibles. Por nuestra propia cuenta podemos cuestionarlas y descubrir que son construcciones y juicios que sólo tienen un carácter de veracidad en nuestra mente. Es nuestra realidad la que nos lleva a construir creencias positivas y también a construir creencias negativas.

Lo invito a que sea usted el principal crítico de sus propias creencias. Cuando se encuentre diciendo “no puedo hacer...”, pregúntese qué se lo impide, o diciendo “yo soy así”, pregúntese qué le impide ser de otra manera. Ante afirmaciones como “es que los hombres son…., las mujeres…, el matrimonio…” y otras generalizaciones transformadas en creencias, busque personas y situaciones con características similares cuyos comportamientos o estilos de vida son muy distintos, que obtienen logros que usted cree imposibles, que mantienen relaciones sanas que su creencia manifiesta como fuera de alcance. Analice sus “debería”, sus “yo puedo o no puedo”, sus afirmaciones o juicios acerca de usted mismo y busque en su experiencia momentos que su actuar y sus resultados han sido contrarios a esas creencias. Lo importante es entender que toda creencia puede cambiarse. Anímese ¿Usted cree que puede? ¿o cree que no puede? Yo estoy seguro que puede, por sí mismo, o tal vez con cierta ayuda y eso también es válido.

A través del trabajo psicoterapéutico y con la ayuda de técnicas que nos brinda la Programación Neurolingüística (PNL) se pueden aprender y desarrollar habilidades que le hagan más fácil ese cambio. El mundo está lleno de experiencias de personas que han hecho historia rompiendo creencias. Ellos pudieron, usted también puede.

Gerardo J. Velásquez D.

PSICOTERAPIA, COMUNICACIÓN Y TECNOLOGÍA


Es una realidad que, como consecuencia del avance tecnológico, el mundo de las comunicaciones se ha venido transformando radicalmente. Por eso hoy tenemos formas de comunicarnos que apenas unos años atrás creíamos que podían existir solo en las películas de ciencia ficción.
Éste es un proceso irreversible, ya no se trata solamente de la utilización de la plataforma tecnológica para comunicarnos y estar en contacto con amistades y familiares, sino que cada vez es más frecuente su uso en múltiples actividades profesionales, que se han ido desplazando desde el trabajo, educación y negocios en sitio real, a las operaciones virtuales.

Las Redes Sociales
La forma en que nos relacionamos los seres humanos ha sufrido cambios interesantes en los últimos años, interfiriendo de forma positiva y negativa en las relaciones interpersonales. Son muchos los estudios que se han dedicado a analizar este fenómeno del uso y abuso de las nuevas tecnologías que posibilitan de manera increíble la forma instantánea de interacción entre las personas, independientemente de donde estén, se conozcan o no, con un nivel de eficacia comunicacional como si los interlocutores estuvieran en el mismo lugar.
Gracias a la tecnología y el desarrollo de estas redes sociales ha sido y es posible establecer relaciones entre personas que, en otro contexto, tal vez nunca llegarían a cruzar una sola palabra en el mundo real. Ya que plataformas como  Whatsapp, Facebook, Twite, Instagram, Skype y muchas otras, permiten esta comunicación con la utilización de los respectivos equipos como PCs, laptops, teléfonos móviles o tablets y otros equipos que siguen apareciendo día a día con una velocidad sorprendente.
Como no podemos revertir esta realidad y mucho menos frenar la velocidad con que se está experimentando este cambio, que actúa fuerte y directamente en la manera de establecer y mantener nuestras relaciones, sólo nos toca comprender sus limitaciones o desventajas y enfocarnos a trabajar en la orientación y buen uso de los medios y sus ventajas.
Esta nueva forma de comunicación puede ser muy efectiva y útil para ayudar a aquellas personas que se encuentran aislados producto de alguna minusvalía o aislamiento geográfico, también facilita la comunicación y el establecimiento de lazos entre personas con intereses y necesidades comunes, permite el mantenimiento de contacto frecuente con familiares y amigos sin que la distancia sea un impedimento y por supuesto, también representa importantes ventajas en los ámbitos profesional, académico y laboral, ya que permite la asistencia a eventos como reuniones, entrevistas, cursos y consultas sin necesidad de desplazamiento alguno, aunque el evento ocurra en otro país.
Por supuesto, siempre está el riesgo de las desvirtualización o deterioro de la calidad de las relaciones interpersonales, el riesgo de hacer relaciones insanas, caer en redes criminales, perder el roce o contacto real con seres queridos. Sin embargo, estos aspectos son mas probables que ocurran cuando no existe una adecuada orientación y sobre todo un adecuado modelaje en la base del núcleo familiar.

El impacto y adaptación del inmigrante
Suelo recordar en mi época de estudiante universitario cuando la palabra globalización parecía solo un tema de moda en los estudios gerenciales. Hoy vemos que la operación, diversificación y expansión de los negocios, está efectivamente globalizada, ya no pertenece a un país o región, se lleva y se desarrolla en cualquier lugar del mundo donde se puedan obtener o brindar  beneficios. De esta manera, los profesionales de cualquier nivel o experiencia son requeridos en lugares muy distantes a su lugar de origen, con la consecuente adaptación a nuevas culturas y en muchos casos con la obligación y necesidad de aprender y vivir con un idioma distinto.
Por otra parte, es un hecho conocido que las condiciones de los países cambian, muchas veces para bien y otras no tanto. Basta hacer una revisión de la historia reciente de Latinoamérica, la que por supuesto conozco mejor en mi carácter de Venezolano, donde casi todos los países han tenido serias crisis política, económica y social, que se han mantenido por años, en cuyos períodos, sus habitantes se han visto en la necesidad de buscar opciones de vida en otros países, como es el caso actual de Venezuela, que pasó de ser un país acostumbrado a recibir inmigrantes, a un país “exportador” de inmigrantes.
Por supuesto que el hecho de que una persona decida dejar su país de origen, bien sea por razones profesionales, o peor aun, motivada con la creencia de que encontrará en otro país una mejor calidad de vida para sí mismo y para sus hijos, lo va a llevar a convivir y enfrentarse con múltiples problemas, desajustes emocionales, sentimientos de pérdidas, frustraciones y un sin número de nuevas situaciones que ameritan una atención especial, como lo explica muy bien el Psiquiatra Harry Czechowicz en su excelente libro Inteligencia Migratoria, donde aborda la gran diferencia entre “el turista” y “el inmigrante” y resalta el desbalance emocional que este último ha de transitar.

LA PSICOTERAPIA ONLINE
La psicoterapia es una de las actividades que con mucho éxito se ha venido incorporando en este mundo virtual de las comunicaciones, dado que cuenta con muchas ventajas tanto para pacientes como para los profesionales. Como suele suceder, al principio la respuesta y por ende la actividad fue un poco tímida, sin embargo, con el tiempo el usuario le ha ido sacando provecho y se ha cambiado bastante la creencia de que esta función es sólo efectiva en un consultorio, cara a cara, o con el viejo paradigma del paciente en el diván.
Desde mi juicio, la psicoterapia online ha resultado ser una excelente alternativa para aquellas personas, que por distintas razones, han decidido o han sido forzadas a residenciarse en un país distinto a su lugar de origen. Esta opción terapéutica les ha brindado la sensación de poder expresarse y sentir que son escuchados y sobre todo entendidos en sus inquietudes, lo cual resulta más difícil cuando les toca expresarse en otra idiosincrasia o idioma.
Gracias a la tecnología, se pueden citar algunas ventajas de este modelo psicoterapéutico como:
·      La relación y el contacto terapeuta y paciente independientemente la ubicación física, distancia y horarios entre ambos.
·      No es necesario acudir al centro de psicología y el paciente recibe la asistencia desde su propia casa u oficina.
·      Evita la incomodidad que muchas personas sienten en una sala de espera para ser atendido por el psicólogo.
·      Tiene la gran ventaja que aun estando en países y latitudes distintas pueda efectuarse con un psicoterapeuta en su mismo idioma e idiosincrasia.
·      Facilita la continuidad del proceso aunque el paciente o terapeuta se muden a otra país o ciudad.
·      Esta modalidad terapéutica suele ser mas económica que la psicoterapia tradicional
·      Permite una mayor flexibilidad en la elección de los horarios para las sesiones.
·      facilita que los pacientes, aquellos que se van a otros lugares, puedan seguir teniendo contacto con su psicoterapeuta.


El cambio, siempre va a existir. El avance tecnológico en las comunicaciones no lo detiene nadie. De manera que nos toca aprender a vivir con estos avances, estar muy alertas con los riesgos y sacar el mayor provecho.

Gerardo Velásquez



EL MIEDO AL ÉXITO




Es muy frecuente encontrar a alguien que se lamenta de no obtener los logros en los objetivos y metas que se plantea, también hay personas que emprenden proyectos personales, de estudio, negocio, etc. dejándolos a medio camino y en otros casos sencillamente vemos como muchas personas viven en un aparente conformismo con la vida. Sin embargo al analizar muchos de estos casos podemos detectar que detrás de esos lamentos, frustraciones, indecisiones o aparente conformismo, se esconde con mucha frecuencia un gran miedo a no saber como manejar su vida con las consecuencias que acarrea el solo hecho de haber alcanzado el éxito.
Y es que, aunque todos de una u otra forma desean o sueñan con el éxito, son muy pocos los que empiezan y se mantienen en su proceso hasta alcanzar ese sueño.

El miedo y el precio a pagar: 
Como hemos compartido anteriormente, sabemos que el miedo es simplemente una emoción y que esta emoción la vamos a experimentar cada vez que nos toca enfrentar un cambio. El problema se presenta cuando a causa de este miedo generamos una especie de parálisis disfrazada en excusas, saboteos, indecisiones, desconociendo o peor aún negando, que es el miedo lo que está generando esos obstáculos.
¿Qué pasaría si alcanzo mi proyecto?, ¿cómo sería si alcanzo mi objetivo?, ¿y qué tal si fracaso?, ¿cómo me verán mis familiares o amigos que se han quedado estancados?. Estas y muchas preguntas parecidas pueden ayudarnos a precisar a qué específicamente le tenemos miedo. En otras palabras jugando con la imaginación acerca de nuestras actitudes y por supuesto analizando las creencias sobre los supuestos fracasos, el cambio, lo desconocido, los juicios de los familiares, amigos, compañeros de trabajo, la envidia, o la posibilidad de mantenernos o no con el éxito alcanzado.

Como un gran aliado del miedo está lo que suelo llamar “el precio a pagar” antes y durante el camino, y una vez alcanzado el objetivo planteado. Porque como dice el refrán, si tiene mérito llegar, mucho más lo tiene el mantenerse.
En este sentido, no solamente nos vamos a ver afectados por el miedo, sino también porque necesariamente, queramos o no, toda decisión o acción de cambio en la vida viene acompañada de un precio, que no tiene nada que ver con lo económico, sino con aquellas cosas que hemos de hacer o dejar de hacer como consecuencia de lo que emprendemos o alcanzamos. Así que, aunque sea muy bueno lo que estamos obteniendo, también hay cosas muy buenas que nos toca soltar y otras no tan buenas que hemos de incorporar. Aquí algunos ejemplo sencillos, me puedo independizar, pero ahora tengo que cocinar y hacerme responsable de las actividades que me hacían en casa, puedo cambiarme de trabajo, pero no me puedo llevar conmigo a mis compañeros de trabajo que son como mi familia, puedo realizar el postgrado que tanto quiero, pero mi rutinas de fiestas y actividades que disfruto se va a reducir para poder dedicar tiempo a los estudios y puedo llenar páginas con ejemplos de esta naturaleza, unos más sencillos y otros más complejos, pero la realidad es que, aunque no suelo usar las generalizaciones, siempre tenemos que pagar un precio y por ende, si alguna parte nuestra, consciente o inconsciente considera este precio es muy alto no estará dispuesto a pagarlo.

Si hacemos una reflexión acerca de los “inconvenientes” que presentamos que nos impiden conseguir nuestros objetivos o metas en el camino de nuestros sueños, será necesario revisar las consecuencias que van implícitas con el éxito. Solo identificando nuestros temores podremos enfrentar y actuar sobre los mecanismos que consciente o inconscientemente desarrollamos para auto sabotearnos.


Mecanismos de sabotaje:
Cuando la dupla miedo y precio se combinan producen una especie de parálisis, que se va a manifestar con el desarrollo de una serie de mecanismos para torpedearnos el camino y de una u otra manera encontrar justificaciones que nos convierten muchas veces en victimas y en consecuencia libres de “culpa”, ya que me siento mejor cuando digo “es que no puedo o no he podido”, a cuando digo “no he querido, o tengo miedo de…”. Entre estos mecanismos podemos citar como muy comunes los siguientes:

La postergación: Es muy común evitar o postergar conscientemente lo que se percibe como desagradable o incómodo. El problema se presenta cuando esta postergación se convierte en una estrategia de nuestro vivir cotidiano, haciendo una rutina la evasión a través de este mecanismo. De manera que se convierte en un hábito el aplazar o postergar en forma sistemática las tareas que se imaginan dificultosas, desagradables o incómodas. Muchas veces esta conducta no termina en el "no hacer" sino que se complementa con una serie de actividades sustitutas que resultan más placenteras y una batería de justificaciones que solo alejan la posibilidad de alcanzar el objetivo deseado.

El no asumir la responsabilidad: Es imposible generar un proceso de cambio si no asumimos plenamente la responsabilidad de ese cambio. Cuando un objetivo no depende de lo que yo haga, sino de lo que pase en el entorno, de lo que hagan o decidan otras personas, de que me gane la lotería, evidentemente será un objetivo mal formulado y estará muy lejos la posibilidad de verlo alcanzado. Es necesario hacerse cargo responsablemente de todos los elementos envueltos, como la administración del tiempo, de los recursos, de las decisiones y sus consecuencias. Las personas exitosas, se ocupan en descubrir qué hicieron mal, reconocen sus fallas y enseguida proceden a corregirlas, en vez de culpar a otros. Esta disposición de admitir y corregir errores es consecuencia de su sentido de responsabilidad.

La falta de perseverancia: En todo camino vamos a encontrar obstáculos. Si cada vez que estamos ante una interferencia vamos a pararnos o a desviar el curso, jamás vamos a lograr el trayecto trazado. Se puede decir que la perseverancia es una característica común que marca y separa a los triunfadores del resto de las personas que no lo son, sea este triunfo en la ciencia, los negocios, el deporte o cualquier proyecto que se establezca como meta. Muchas veces se emprende un proyecto con mucho convencimiento que todo será muy fácil y pronto nos damos cuenta que la tarea no es tan sencilla. En ese momento viene la sensación de desánimo y en consecuencia el abandono. Lo cual suele repetirse con mucha facilidad no importa el objetivo que se trace.

Si nos damos cuenta que estamos postergando mucho, que encontramos muchas circunstancias ajenas que entorpecen nuestros proyectos, o que abandonamos fácilmente ante las dificultades, probablemente estemos utilizando estos mecanismos para evadir y no enfrentar al miedo. O porque el precio a pagar es muy alto y no estamos dispuestos a pagarlo.


Revisando algunas creencias:
Muchas veces el miedo al éxito está en las creencias, las cuales suelen constituirse en el principal elemento motivador o inhibidor.
Por ejemplo la creencia de que las personas exitosas no comenten errores. La verdad es que los errores son parte de todo proceso de aprendizaje. Es entender que el problema no está en no cometer errores, sino aprender de tales errores y NO repetirlos.
Otra creencia es que para ser exitoso hay que sacrificarse, sacrificar la familia, el disfrute y hasta trabajar de sol a sol. Siendo la realidad que el éxito no depende de un exagerado sacrificio, sino de una adecuada planificación, ejecución y constancia.
Otras veces está en creer que el triunfador es autosuficiente y no requiere ni recibe ayuda, lo que obviamente se convierte en una gran limitante. El pedir ayuda y apoyarse en otros es algo absolutamente normal y que en ningún momento ha de restar mérito a los logros alcanzados.
Por último, el significado que le damos al fracaso, se puede convertir por sí solo en un gran miedo, al extremo que preferimos quedarnos estancados y renunciar a nuestros sueños sólo para evitar la derrota. Si en lugar de hablar de fracasos los tomáramos como resultados distintos a lo esperado, o como lo plantea la Programación Neurolingüística, como una información para aprender y corregir, tal fracaso pasa en realidad a ser un medio de aprendizaje y el empuje para seguir en el proceso.


Algunos factores a considerar:
Si nos hemos dado cuenta que el problema radica en el miedo a enfrentar las consecuencias que conlleva el triunfar, entonces nos queda identificar las estrategias que hemos venido utilizado para sabotearnos las posibilidades de ese triunfo. Así, además de los mecanismos antes citados hemos de revisar por ejemplo:
¿Con qué tipo de personas nos estamos relacionando?. ¿Estas personas nos inspiran la motivación o nos desaniman o refuerzan nuestras limitaciones?. Podemos asegurar que es fácil contagiarnos con el entusiasmo o el desánimo de las personas que nos rodean.
¿A qué le prestamos más atención, al trecho recorrido o a lo que nos falta recorrer?. Muchos abandonan la lucha porque tienen la impresión de que les falta mucho trecho que recorrer para llegar a la meta. Esta actitud conlleva a una predisposición a abandonar.
¿Qué tan convencidos estamos de lo que queremos?. ¿Es real el deseo o es parte de la ficción o el juego para bloquearnos la voluntad?. Sabemos que la voluntad es lo que nos impulsa a movernos en la dirección que queremos, de manera que todo lo que interceda en esa voluntad será discordante en el camino hacia los objetivos o metas propuestas.
¿Se ha hecho un hábito o costumbre el no terminar lo que se inicia?. Esta costumbre puede estar anclada de algunos resultados poco satisfactorios en la vida de la persona. Al no haber conseguido las recompensas que esperaban, algunas personas desarrollan una actitud mental que los inclina a no querer esforzarse inútilmente según su manera de ver o sentir las cosas, por algo que no se da rápidamente.


Sí puedes convertirte en triunfador: 
Una vez aclarados los verdaderos temores, las estrategias y mecanismos que solemos utilizar y la certeza de lo que realmente queremos hacer, será entonces más fácil pasar a la acción en aras de hacer realidad nuestros sueños. La gran diferencia entre el que triunfa y el fracasado, es que el triunfador enfrenta problemas y temores igual que el fracasado, pero el triunfador se sobrepone, aprende y sigue adelante.
Vale la pena descubrir qué queremos de la vida, plantearnos las metas que nos permitirán alcanzar eso que queremos y ejecutarlas. Entender y enfrentar nuestros miedos, en lugar de negarlos, será tan importante como la confianza en nosotros mismos y la convicción de que podemos alcanzar los logros propuestos.
Gerardo Velásquez


GERENCIANDO NUESTRA CALIDAD DE VIDA


Hablar de Calidad de Vida nos lleva a pensar en los diferentes aspectos que atañen a todos los seres humanos, es hablar en primer lugar de estar sanos física, emocional y espiritualmente, es hablar de las condiciones en que se vive, es hablar de las relaciones a todo nivel, sean éstas familiares, sociales o laborales. Es pensar que una buena Calidad de Vida debe ir asociada a la mejor sintonía del ser humano con su entorno y por supuesto, consigo mismo. Y esta sintonía no se puede dejar al azar o al destino. Esto ha de ser en definitiva la responsabilidad de cada uno. No es el médico el responsable de mi salud física, no es el sacerdote o el sanador el responsable de mi salud espiritual, no son mis amigos, mi pareja ni mi familia, los responsables de mi tranquilidad emocional. De manera que vale la pena reflexionar y tomar acciones en aras de ir asumiendo la total responsabilidad por nuestro Bienestar General.

Por distintas razones muchas veces vamos dejando pasar el día a día, inmersos en una rutina de vida donde solo nos abocamos al trabajo o a las rutinas del hogar. En ocasiones ni siquiera prestamos atención a los alertas que nos envía nuestro cuerpo y solo cuando llegan las enfermedades acudimos al médico. Por otra parte, sin darnos cuenta nos pasamos el tiempo quejándonos de uno o varios aspectos de nuestra vida por los cuáles nos sentimos insatisfechos, pero sin hacer nada para buscar mejorías en esos aspectos, o peor aun, justificando o justificándonos para acentuar y paralizarnos ante tales insatisfacciones.

ASUMIR LA “GERENCIA” DE NUESTRO SER

Cuando utilizo la palabra “Gerenciar” quiero hacer énfasis en que al igual que se maneja un proyecto, un negocio o una empresa, donde hay que planificar, organizar, dirigir, controlar y supervisar para hacer los ajustes permanentes en la búsqueda del éxito del proyecto o negocio, de la misma manera podemos vernos a nosotros mismos como una empresa, como un proyecto, el cual nos ha sido delegado para que seamos nuestros propios gerentes y como tales, sepamos dirigir el rumbo de nuestras vidas. En otras palabras me toca ser mi propio Gerente.
En este sentido, y pensando en términos gerenciales nos toca visualizar a dónde queremos llegar, qué es lo que realmente queremos en nuestra vida. Sin embargo, no siempre tenemos claro qué es lo que queremos y en algunos casos dejamos que la inercia nos lleve, sin ningún plan de acción y muchas veces completamente desorientados.

Como buenos gerentes de nuestra vida podemos empezar por establecer nuestra propia Visión. En ocasiones esta visión puede parecer confusa, sin embargo basta con soñar despierto, luego hacer los ajustes en términos de factibilidad y poner en acción los elementos necesarios para encaminarnos en dicha visión. En ese camino hacia nuestra visión personal es importante:
* Hacer una revisión de nosotros mismos, de nuestras capacidades y habilidades, de nuestras creencias y cambiar aquellas que puedan ser limitantes.
* Observar y analizar el ambiente donde nos movemos, incluyendo las personas que están en ese entorno para hacer los ajustes necesarios.
* Establecer estrategias anticipativas y proactivas, previendo posibles situaciones y anticipando lo que pudiese suceder.
* Estar alertas y ser lo suficientemente flexibles para enfrentar y si es necesario ajustar las acciones, de acuerdo a las situaciones que necesariamente van a ir apareciendo como consecuencia de la dinámica cambiante de nuestra vida.
* Y por supuesto, asumir el liderazgo en nuestras decisiones y acciones

Cada visión personal tendrá sus aspectos particulares, pero podemos asegurar que en esencia lo que se busca es el bienestar general, es decir 
el óptimo estado de bienestar físico, emocional, espiritual y social. Y aunque cada una de estas áreas forzosamente va a incidir en las otras, podemos segmentarlas como “Departamentos” interdependientes para precisar con mayor efectividad los planes y acciones en esa conexión con la Visión Personal.

Bienestar Físico
En el nivel físico, lo ideal sería estar libre de enfermedades o lesiones, por ende, el plan ha de estar dirigido a la prevención de la enfermedad y al cuidado personal de esta estructura que nos sostiene como es nuestro cuerpo. Y al mismo tiempo, estar atentos para que en esos momentos que pueden aparecer crisis de salud, podamos lidiar exitosamente con ellas. En procura de este bienestar nuestra estrategia debe abarcar:
* La manera como nos alimentamos.
No es un secreto que la mayoría de las enfermedades vienen asociadas al estilo de nuestra alimentación y en este proceso de hacernos cargo de nosotros mismos, vale la pena reflexionar y preguntarnos ¿Cuál es la frecuencia y qué solemos comer típicamente en un día? ¿Qué entendemos por una buena nutrición y qué podemos hacer para mejorar lo que comemos?
Una buena alimentación requiere estar pendientes y tener una disciplina tanto de lo que se come, como de la cantidad y la frecuencia con que se come. Para algunos esto significa comer más, mientras que para otros comer menos o comer alimentos diferentes. El mantenimiento del peso y la prevención de la pérdida de masa corporal, promueven la salud general y la capacidad del organismo para combatir la enfermedad.
* Dedicar tiempo para el ejercicio
Hay muchas razones por las cuales el ejercicio es bueno para nosotros, desde ayudarnos a que los músculos y huesos se mantengan fuertes hasta mejorar el funcionamiento del corazón, los pulmones y el cerebro. A pesar de saber esto muchas personas se mantienen en un absoluto sedentarismo. Sobre este aspecto nos toca preguntarnos ¿Qué tanto dedico a hacer ejercicios? ¿Qué puedo hacer para iniciar una rutina de ejercicios o mejorar la clase y la cantidad de ejercicio que hago cada día? No necesariamente hay que estar en un gimnasio, si bien a algunas personas les encanta y pueden ir a un gimnasio, basta con por lo menos dedicarse a caminar rutinariamente unos cuantos minutos al día.
* Un espacio para la relajación y el descanso
Para ese proceso de estar más en contacto con uno mismo, de darse el tiempo para sentir el cuerpo, la respiración, el contacto con los recursos en general, en la agenda de ese proceso de gerenciarse a sí mismos, puede incluirse el practicar frecuentemente técnicas de meditación y relajación. El contacto cotidiano, habitual, íntimo, con el yo interior, con la esencia de la persona. Incluir en la medida de lo posible recibir un masaje, descansar en un jacuzzi y por supuesto, tener todos los días un sueño con las horas y la calidad que garantice el descanso y permita al organismo la recuperación total. Pregúntese a usted mismo ¿Duermo lo suficiente cada noche? ¿Tengo un espacio para estar conmigo mismo? ¿Le doy a mi cuerpo la atención y el descanso que se merece?


Bienestar Emocional
El aspecto emocional y psicológico es uno de los más importantes en la búsqueda de una buena calidad de vida. Algunas preguntas que podemos hacernos son: ¿Cuál es el nivel de estrés al que nos enfrentamos cotidianamente? ¿Cómo hacemos lo que hacemos? ¿Qué es lo que vemos, leemos y conversamos rutinariamente? ¿Qué cosas ocupan la mayor parte nuestros pensamientos? ¿Cómo actuamos o reaccionamos ante nuestras emociones? ¿Cómo están mis relaciones con mi familia, con mi pareja, con mis amigos? ¿Podemos identificar las cosas que nos causan estrés y hacer algo para eliminarlas de nuestra vida? Esto nos hará reflexionar y en consecuencia tomar las acciones pertinentes por nosotros mismos o, de ser necesario buscar apoyo terapéutico u orientación, para el mejor manejo del Estrés, para tener una mente activa y alerta, para aprender a canalizar nuestros pensamientos y creencias limitadoras y perturbadoras, para ocuparnos en lugar de preocuparnos. En otras palabras es desarrollar un plan que nos permita el mayor control sobre nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos. Un plan que abarque aprender a expresar nuestros sentimientos y emociones en formas adecuadas, a controlar la impulsividad y pensar antes de actuar, a concentrarnos y sacar ventaja de los aspectos positivos que nos da la vida y a dirigir adecuadamente aquellos que no son tan positivos, pero que igual son parte del precio o inversión que hacemos por sencillamente estar vivos y ser parte de una sociedad.

Bienestar Espiritual
El término espiritual va a estar muy en consonancia con las creencias y elecciones espirituales de cada quien, entendiéndose como un sentido de armonía interna que incluye la relación con el propio ser, con los otros, con el orden natural, con Dios o un poder superior. Por lo tanto el camino que decida seguir cada persona para explorar su bienestar espiritual es algo único y muy personal. Espiritualidad no es necesariamente religión. Lo que importa no es cuáles sean nuestras elecciones espirituales, sino que podamos incluir en nuestro plan de vida una manera de vivirla en sintonía con nuestras creencias y convicciones, con la capacidad y la disposición de experimentar amor, disfrutar paz y un sentido de autorrealización.

Bienestar Social
Por último, tratándose de que como seres humanos vivimos en un mundo de relaciones, no es posible pensar en Calidad de Vida y Bienestar General sin considerar de una manera muy especial el tipo de contacto social que vivimos. Es reflexionar con quiénes mantenemos relaciones y cómo son tales relaciones. Algunas preguntas válidas pueden ser ¿Dedico tiempo a las personas que amo? ¿Me siento parte de algún grupo en especial? ¿Suelo compartir con amigos, salir con ellos, reír, disfrutar su compañía? ¿Qué hago cuando estoy de vacaciones? ¿Cómo y con quién comparto mí tiempo libre? ¿Me gusta y disfruto mi trabajo? Un plan dirigido al mejor estado de bienestar social, debe considerar una adecuada relación con su entorno inmediato como es la pareja, los hijos, los padres y hermanos. Un tiempo para compartir con amigos. Una sana escogencia de las relaciones. Aunque parezca trillado el dicho “dime con quien andas y te diré quien eres”, la verdad es que las personas con las que compartimos suelen contagiarnos su entusiasmo o desánimo, su optimismo o pesimismo, su empuje al éxito o su parálisis. De manera que en esta selección no es que se trate de ser discriminativo, sino realistas y dispuestos. Lo que sí implica, es que es importante desarrollar relaciones significativas que incluyan la posibilidad de dar y recibir apoyo.

NO ESTAMOS SOLOS
Hacerse responsable de nuestro bienestar no significa que tenemos que ser autosuficientes. De hecho, siguiendo la analogía gerencial, no existe el gerente autosuficiente ya que precisamente una de las habilidades gerenciales está en saber apoyarse en los otros. Por ende, la responsabilidad también nos lleva a entender que existen muchas maneras de ayudarnos y usar de esa ayuda todo lo que esté a nuestro alcance. Y en ese procurar el bienestar y una mejor calidad de vida lo importante es saber cómo y cuándo buscar la ayuda, bien sea del médico, del nutricionista, del coach, del asesor psicológico o de las distintas disciplinas alternativas que ven al ser humano como un todo: mente-cuerpo, espíritu-materia en relación con su entorno.
En todo caso, lo importante es siempre tener presente que la responsabilidad no es del que suministrará el apoyo o la ayuda necesaria, sino que eres tu mismo el que ha de escoger y encaminar la ruta de tu destino para encontrarte con tu felicidad y la plenitud global que mereces. Tu puedes Hacer que Suceda (H.Q.S.)
Gerardo Velásquez


QUERER Y ELEGIR Vs. ESTAR OBLIGADO



Reflexionando sobre el tono emocional y lenguaje que utilizamos cuando nos referimos a las cosas que hacemos, estudios, trabajo, relaciones, etc. podemos con facilidad darnos cuenta que el mismo suele expresarse con verbos y adjetivos asociados a deberes, obligaciones y prohibiciones, que parecieran dejar como un hecho que las cosas que hacemos o dejamos de hacer siempre nos vienen impuestas y por eso lo hacemos, o nos son prohibidas y por eso no las hacemos.
En mi opinión esto es una consecuencia del aprendizaje y las creencias que vamos adoptando como verdades en nuestras vidas. Entonces nos expresamos con afirmaciones como “es que tengo que trabajar”, “es que debo criar y educar a mis hijos”, “es que no puedo dejar de ver a mi madre los fines de semana”, “es que tengo tal o cuales obligaciones…” y así un sinnúmero de maneras de expresar las cosas que definitivamente hacen entender que CASI TODO lo que hacemos pareciera ser por obligación.
Cuando buscamos el significado de la palabra obligación, vamos a encontrar, entre otras, definiciones como: Imposición o exigencia moral que debe regir la voluntad libre; Vínculo que sujeta a hacer o abstenerse de hacer algo, establecido por precepto de ley, por voluntario otorgamiento o por derivación recta de ciertos actos; Correspondencia que alguien debe tener y manifestar al beneficio que ha recibido de otra persona; Carga, miramiento, reserva o incumbencia inherentes al estado, a la dignidad o a la condición de una persona.
En estas definiciones me permito resaltar palabras o expresiones como imposición, vínculo que sujeta, deber, carga. Palabras y expresiones que suelen por sí solas generar indisposición y desagrado con las cosas que enfrentamos en nuestra vida.

¿A quién le gusta hacer las cosas obligado?
Por supuesto sería difícil creer que las cosas que hacemos por obligación se van a disfrutar como aquellas que hacemos porque queremos. ¿Y es que realmente son obligaciones?. Si empezamos por cuestionar eso, podemos preguntarnos: ¿Es verdad que yo estoy obligado a criar o educar a mis hijos?, ¿Es verdad que yo tengo la obligación de estar en este trabajo?, ¿Es verdad que tengo que comprarle un regalo a una persona porque cumple años o por cualquier otro motivo?, ¿Es verdad que yo no puedo irme ahora de mi casa?, ¿Es verdad que yo no puedo realizar una u otra actividad, cualquiera sea ésta? Por supuesto que si evaluamos lo que hacemos o dejamos de hacer, pues seguramente, en muchas de esas cosas vamos a afirmar que lo hacemos porque no nos queda otra alternativa o por evitar las consecuencias de ese hacer o no hacer. Pero dándonos el permiso de reflexionar un poco más, nos podemos fácilmente dar cuenta que no existe tal obligación y que son decisiones que tomamos.

El aprendizaje que nos deja la niñez
La sola palabra obligación, inconscientemente se ha instalado en nosotros con cierto displacer. Desde mi juicio precisamente porque, de niños es lo que estamos escuchando constantemente. Como parte del proceso de crecimiento y la falta de entendimiento y madurez, propios de la niñez, vamos creciendo prácticamente odiando las obligaciones. El placer es lo que llama mi atención de niño y si lo tengo sin esfuerzo alguno pues será muy agradable y divertido. De niño no se distinguir lo que me conviene o no me conviene y por lo tanto en ese proceso de aprendizaje me obligan a comer, a bañarme, a cepillarme los dientes, a estudiar, a hacer las tareas, a acostarme temprano, etc. etc. Ante ese bombardeo de obligaciones, es normal que se vaya generando un rechazo a todo lo que resulte obligado. El problema se va a seguir presentando si una vez adultos seguimos pensando que las obligaciones guían nuestras vidas, en lugar de aceptar que son nuestras decisiones las que nos van a mantener haciendo lo que hacemos.

Las creencias y el miedo
Si bien es cierto que existen leyes y dentro de ellas obligaciones y prohibiciones, casi todo lo que realizamos o dejamos de realizar, va más en sintonía con nuestros deseos, criterios, principios y valores, y generalmente encausados dentro de un marco de creencias, que todos poseemos y que desde mi juicio representan el motor que nos impulsa o el obstáculo que nos frena. Sólo imaginemos que tenemos la creencia que apoyar y educar a los hijos es un sacrificio que debemos cumplir. ¿Cuánta carga lleva consigo solamente esa palabra sacrificio? Y esa misma carga la vamos a trasladar a nuestros hijos, cuando la realidad es que tal crianza y educación suele realizarse sencillamente por el amor que les tenemos y el gran deseo de verlos crecer sanos, bien encaminados y preparados para cuando les toque dirigir por si mismos sus vidas.
Así también vamos a encontrar creencias sobre la familia y las amistades como “hay que darlo todo por la unión de la familia”, o insertadas en los “deberías” como “siempre debes ayudar al que está en problemas”. Estas últimas, aunque puedan parecer muy sanas, no necesariamente lo son, puesto que no “siempre” por diferentes circunstancias podremos, estaremos en la disposición o realmente vamos a querer hacer algo por otro, independientemente de la relación o vínculo que nos una a esa persona. Y desde luego, también anclado a esas creencias, está el miedo de lo que pueda ocurrir si dejamos de hacer algo, de lo que van a pensar de nosotros, lo que puede suceder si mañana necesitáramos de los otros, de que no me amen, de que me abandonen y muchos miedos que ni siquiera nos detenemos a evaluar y que suelen ser de consecuencias improbables y exageradas.

Revisemos el para qué hacemos lo que hacemos
¿Qué tan convencidos estamos en que lo que hacemos tiene sentido? Cuando el propósito de lo que hacemos no es estimulante lo vamos a procesar como una obligación. Como cuando hacemos lo que hacemos para que alguien se sienta bien pero que es algo que preferiríamos no hacer, por ejemplo pasar la navidad con mis padres cuando preferiría quedarme sólo con mi pareja, ir de vacaciones al mismo lugar para evitar molestias de mi pareja o de mi familia, o el simple hecho de “tener” que llamar frecuentemente a un pariente para que no me reclame que no lo llamo. Por simples que estas cosas puedan parecer terminaremos odiando eso que hacemos.
Hay por supuesto otras acciones más complejas, como lo que hacemos para vivir o con quien vivimos. Solo imaginemos la carga que representa sentir como obligación el trabajo, el mantener un matrimonio, educar a los hijos. Cuando en realidad en la mayoría de los casos lo hacemos porque hemos decidido hacerlo y punto. Sabemos que hay padres y madres que abandonan a sus hijos. ¿Estaría usted dispuesto a regalar los suyos? Sabemos que hay personas que nunca han trabajado y viven de la limosna o lucrándose de actividades ilícitas. ¿Estaría usted dispuesto a vivir de la limosna o asumir bajo sus principios, valores y riesgo una actividad ilícita para su sustento? 

Prestando atención al lenguaje
Bajo el pensamiento de la obligación, nos vamos cargando de resentimiento, frustración, poco respeto  hacia nosotros mismos y hacia los demás, limitamos nuestro derecho de decir “no” y golpeamos nuestra autoestima. Por ello es necesario estar alertas sobre todo con nuestro lenguaje, que es el que más fácilmente nos va a delatar. Vamos a revisar y cada vez que nos encontramos afirmando “yo debo…”, “yo tengo que…”, vale la pena preguntarnos ¿tengo o quiero?, ¿qué pasaría si no lo hago?, ¿es realmente una obligación o es mi elección? Se trata definitivamente de reflexionar sobre esas cosas que hemos creído que hacemos por obligación y con estas simples preguntas podemos precisar, reconocer y corregir si lo que hago:
.- Lo hago porque lo quiero hacer, entonces le quito la carga emocional y el peso de sentirme obligado a…, porque cuando soy consciente de que elijo hacer lo que hago, le doy sentido el esfuerzo y al tiempo que invierto en ello, y por ende, no importa lo tedioso que pueda ser, podrá resultar estimulante.
.- Lo hago porque siempre creí que debía hacerlo y nunca lo cuestioné, sino que lo acepté, aún con el sentimiento de la obligación, pero que si dejara de hacerlo NO pasaría nada.
.- No lo quiero hacer, pero tengo miedo de lo que pudiera pasar si dejara de hacerlo, en cuyo caso, es más importante ocuparme del miedo y enfrentarlo que vivir con esa carga emocional.

Salvo los aspectos legales y sus consecuencias, que en todo caso serían las razones para hacer o no hacer algo, nadie está obligado a hacer lo que no quiere hacer. Es importante ser conscientes de que siempre nos queda otra opción para elegir hacer algo diferente y somos libres de elegir esa otra opción.

Gerardo Velásquez