CUANDO LOS HIJOS SE VAN...


“EL SÍNDROME DEL NIDO VACÍO”
La “carrera” o “profesión” de ser padres suele en oportunidades ser vista, sentida y en consecuencia llevada, como un proceso que no tiene fin. La situación, condiciones de vida y oportunidades para los jóvenes, a medida que han ido pasando los años, ha hecho que los hijos permanezcan más tiempo bajo la tutela y dependencia de los padres, situación que en cierta manera ha podido contribuir a que tal “carrera” se perciba de esa manera como que no tuviera fin.

Sin embargo, la realidad es que tarde o temprano, por las razones propias de una sana evolución siempre ha de llegar el momento que los hijos emprendan la retirada y dejen su hogar de origen para dar paso a su independencia, dar inicio a un nuevo proyecto de vida, casarse, tener su propio hogar, etc.

A pesar que como padres estamos conscientes que ese momento llegará, no siempre el mismo es recibido con beneplácito y por el contrario puede surgir uno de los momentos de mayor fragilidad, desde el punto de vista psicológico, que se convierte en una de las etapas más difíciles que han de enfrentar los padres que han construido su proyecto de vida sobre la exclusiva base de una familia regular.

Este problema es comúnmente conocido como el Síndrome del Nido Vacío, haciendo la alusión metafórica al vuelo que inevitablemente ha de dar el pichón una vez que sus alas están lo suficientemente desarrolladas y las condiciones de partida están dadas. Este hecho, que tal vez debería vivirse con una sensación de logro, y, en algunos casos, como un gran alivio, pasa a dejar un vacío tanto físico como emocional en esos padres que de pronto se encuentran con una sensación de vacío en sus vidas.

Si bien es cierto que ambos pueden sentir y experimentar ese vacío, suele ser más difícil para la madre afrontar la separación física y emocional de sus hijos, sobre todo cuando su paradigma de vida, una vez afrontada la maternidad, ha sido volcado a la casi exclusiva razón de ser de su existencia. Problema que se agrava aún más si se trata de una ama de casa que no ha trabajado fuera del hogar o de una madre soltera o separada que dedicó su vida sólo a jugar el rol de madre.

La manifestación del Síndrome
Este Síndrome se puede considerar como un trastorno afectivo emocional, que se puede manifestar de diferentes maneras sin que necesariamente se tenga conciencia de las causas de los síntomas o problemas que se manifiestan. Lo más común es la aparición de un cuadro depresivo donde aparecen los sentimientos de tristeza y de pérdida, problemas de insomnio o exceso de sueño, falta de apetito, cansancio inexplicable, pensamientos de no encontrar motivos para vivir, cuyas consecuencias se hacen sentir no sólo en el plano psíquico, sino también en el físico. Dado que, muchas veces no son conscientes de lo que les pasa, suelen acudir a la consulta del médico por diferentes dolencias físicas, manifestación o reaparición de enfermedades. Situación que, afectará a la persona en forma integral, su cuerpo, su raciocinio, su libido, la autoimagen y valoración, las expectativas hacia el futuro, etc.

El vacío de la identidad
En muchos casos, la identidad de la persona, queda exclusivamente definida por el rol de madre que ha jugado en la custodia y educación de sus hijos, olvidando que además de madre es mujer, hija, esposa, trabajadora, profesional, amiga, etc. de manera que el vacío del nido se traduce en un vacío de identidad, en una pérdida del ser mismo al ya no contar con las responsabilidades propias de su rol de madre.
Esta identidad determinada por el rol de madre no necesariamente cambia porque la mujer mantenga o haya mantenido una actividad laboral o profesional, cuando su percepción de vida y razón de ser y de hacer, siempre ha sido bajo el lema de dar lo mejor de sí en la responsabilidad de velar, criar y educar a sus hijos.

La dinámica de la vida
Asumir conciencia de la situación es ya un paso hacia la adopción de medidas que sirvan de preparación para el momento de llegar a otra etapa más en la vida.
Porque definitivamente es una etapa del ciclo de vida que nos lleva desde el mismo nacimiento a ir experimentando cambios a lo largo de nuestra vida, que van desde la salida de un vientre protector, la niñez, la adolescencia, el matrimonio, el nacimiento de los hijos, y, con ellos, desde el primer día que osamos dejarlos solos en el colegio, hasta el día que dicen adiós y emprenden su propio vuelo.
Es necesario conocer estos ciclos para entender que son cambios normales e inevitables. De tal manera que nos vayamos preparando para enfrentar ese cambio, donde la familia se reduce y los padres vuelven a quedarse solos, como hace ya muchos años pero envueltos en una relación diferente.

¿Qué hacer?
Es muy poco probable evitar el proceso de autonomía de los hijos, y aunque muchos padres, temerosos de su propia inseguridad pueden jugar a la sobreprotección eterna, obviamente no resultaría psicológicamente saludable a sus hijos esa posición. De manera que cuando se acepta como inevitable y saludable ese proceso que ha de llegar, se estará en mejor condición de comenzar a trabajar dándole un cambio de significado. En lugar de vivirlo como una pérdida, podría asumirse como un periodo de crecimiento y posibilidades de autodesarrollo.
Se trata entonces de crecer con los hijos y saber adaptarse a sus distintas evoluciones. Como todo cambio, por positivo que este sea, siempre se experimentará un sentimiento de pérdida, pero también de satisfacción y alegría por el papel preponderante que se ha jugado en todo ese proceso de crecimiento.
Pensar que este proceso no va a afectar a los padres y más aún a la madre es quedarse en la negación de desarrollar y vivir el duelo de esa pérdida. Por eso es importante insistir que toda separación, y mucho más la de los hijos, conlleva un proceso de pérdida que es necesario asumir como normal y en consecuencia elaborarlo para aceptarlo. Es una nueva transición que requerirá ajustes para la continuidad de una vida sana.
Puede pensar en todas las cosas que ahora tiene tiempo para hacer como algunas que podemos señalar:
· Puede ser una ocasión para reavivar la relación de pareja
· Para reconocer los aspectos positivos de lo que acaba de concluir y de las oportunidades de la etapa que se abre.
· Puede ser la oportunidad para retomar aficiones o incluso iniciar nuevos hobbies.
· Vale la pena reordenar el tiempo y dedicar unas horas cada día al ejercicio físico, a las salidas y a entretenimientos diversos.
· Puede ser el momento de mudarse a un lugar más acorde con su nueva etapa. Un lugar a su medida y gusto, entretenido y fácil de manejar.
· Puede ser la oportunidad de organizar un viaje. Con la pareja, un familiar o un amigo o amiga.
· Es importante recordar que el hijo o hijos, estén cerca o estén lejos, están en un proceso de crecimiento y desarrollo pero siguen siendo sus hijos, y siempre se pueden hacer encuentros agradables y placenteros.
Por supuesto, en algunos casos este proceso, a pesar de todo puede ser muy duro. Siempre está la alternativa de conversar con alguien que haya ya pasado por ese proceso, o con un profesional que le ayude a elaborar el duelo de la mejor manera posible.

Gerardo J. Velásquez D.


LOS COMPORTAMIENTOS OBSESIVOS


En el día a día de las personas suelen presentar un sinnúmero de comportamientos que, por ser realizados en forma automática pasan con mucha frecuencia desapercibidos, aunque sin darnos cuenta se pueden convertir en importantes causas de estrés y hasta pasar a ser verdaderos trastornos del comportamiento, con consecuencias muy negativas para el desarrollo de la persona en los distintos espacios de la vida, bien sea el familiar, social o laboral.
Entre estos comportamientos queremos hacer mención a las llamadas obsesiones y compulsiones. Hay algunas personas que tienden a preocuparse demasiado por los problemas de cada día y a dar "vueltas y vueltas" a situaciones, conversaciones o imágenes sin poder controlar y parar en un momento determinado este torbellino de representaciones. También hay personas que presentan unas altas tendencias de perfeccionismo, el orden, la limpieza, el detalle en el vestir, comer, la atención a los hijos, etc.
Algunas personas conviven amigablemente con estas conductas, sin embargo la gran mayoría, por lo menos mantiene un cierto nivel de estrés permanente, dado que en su día a día comienzan a tener dificultades que suelen reflejarse en sus relaciones, en la administración de su tiempo, en ataques de angustia al sentirse incluso esclavas de tales comportamientos.

Del pensamiento al comportamiento En todo comportamiento obsesivo existe un componente básico del pensamiento. Es el pensamiento lo que le da el carácter de obsesivo. En otras palabras, las obsesiones son ideas, pensamientos recurrentes que se experimentan como intrusos, no deseados e inapropiados y causan ansiedad o malestar significativos. Por ejemplo, pensar que todo está contaminado, sentirse o verse siempre con sobrepeso, tener constantes pensamientos sobre la muerte, etc. El problema se agrava a medida que existe una mayor conciencia de que tales pensamientos no necesariamente van cónsonos con la realidad y que suelen ser producto de su propia mente, lo que hace que la persona intente ignorar o suprimir estos pensamientos, impulsos o imágenes, o bien trata de neutralizarlos mediante otros pensamientos o actos, dando lugar a conductas compulsivas como un mecanismo de defensa frente a la angustia que le generan tales pensamientos.
Por su parte las conductas compulsivas se presentan como comportamientos de carácter repetitivo, que el individuo se ve obligado a realizar, como consecuencia de las ideas o pensamientos obsesivos. Su objetivo es la reducción de la angustia o la prevención de algún acontecimiento negativo. De allí que estos comportamientos compulsivos a veces también se llaman rituales. Por ejemplo, una persona puede tener pensamientos obsesivos como tener miedo de los gérmenes y en consecuencia la persona puede pasar horas lavándose las manos después de usar un baño público.

A manera de ejemplo se pueden mencionar algunas de las ideas obsesivas más comunes y conductas compulsivas que suelen derivarse de tales ideas:

Miedo a contaminarse por gérmenes o bacterias: Limpiar exageradamente todo, lavarse repetidas veces las manos, tomar baños varias veces al día o cepillarse los dientes una y otra vez.
Preocupación de no hacer bien las cosas o dudas de haberlas hecho: Revisar puertas y cerraduras de la casa y /o del carro para ver si están cerradas, si puso la alarma, si pasó bien las llaves. Revisar aparatos eléctricos para asegurarse de que están apagados.
Preocupación por el orden, simetría y exactitud: Ordenar y disponer cosas de cierto modo, prestar atención excesiva en los detalles, ponerse la ropa en el mismo orden todos los días, guardar las pertenencias en la habitación en un orden muy especial y molestarse si este orden se altera.
Pensar en ciertos sonidos, imágenes, palabras o números todo el tiempo: Contar una y otra vez hasta cierto número, repetir palabras dichas por uno mismo o por otros; formular en repetidas ocasiones la misma pregunta.
Mantener la idea que todo se puede necesitar en el futuro: Guardar periódicos viejos, objetos que no se usan, publicidad por correspondencia, envases de plástico vacíos.
Preocupación excesiva por las imperfecciones de su cuerpo: Insistir en someterse a varias cirugías plásticas, pasar un número excesivo de horas en el gimnasio, probar todo lo que considere puede mejorar su figura.

Ser perfeccionista o ser obsesivo
Cuando hablamos de una persona perfeccionista no significa que estemos ante un obsesivo. Aunque el perfeccionista suele llegar a estados de angustia porque las cosas no le salen a la perfección, lo que realmente suele manifestar son frustraciones que pueden reflejarse más con síntomas de depresión. Su estructura rígida le impide la plasticidad necesaria para adaptarse a cambios necesarios.
El ser perfeccionista no se considera un problema patológico, sino una forma de ser, un rasgo de personalidad. Sin embargo, como todo rasgo de personalidad puede sufrir descompensaciones por fracasos, frustraciones o resultados negativos, que lo pueden llevar a manifestar un síndrome depresivo. O también puede presentar problemas a nivel de sus relaciones, bien sean estas familiares o laborales.
El obsesivo, por su parte manifiesta una gran angustia que le genera su estado obsesivo. Racionalmente entiende que su manera de pensar es absurda, pero aún así no puede evitar tales pensamientos y comportamientos. Es como si una parte de sí entiende que estos pensamientos obsesivos son irracionales, pero la otra parte teme que los pensamientos sean verdaderos.
En todo caso, existe en mayor o menor grado un problema de comportamiento. Con el desorden en su casa, un perfeccionista puede generar molestias desde reproches hasta actitudes y acciones bastante agresivas, mientras que el obsesivo centrado en el orden, manifiesta una crisis de angustia que genera en él un gran desequilibrio emocional.

Hay que estar alerta
Todas las personas en algunos momentos vamos a presentar tanto pensamientos como comportamientos obsesivos y compulsivos, e incluso pueden resultar positivos en distintas facetas. Por ejemplo un trabajador puede ser obsesivamente responsable y ello resultarle altamente beneficioso en su desempeño y por ende en su desarrollo. No obstante, tal responsabilidad extrema en su trabajo puede ocasionarle problemas en el hogar cuando, como no puede dejar nada para el día siguiente, se lleva trabajo a casa, o se avoca sin medida al trabajo descuidando sus responsabilidades de esposo, padre, hijo, etc.
De manera que el problema se presenta cuando perdemos el control y tales comportamientos comienzan a interferir en el normal desenvolvimiento de nuestras vidas.

En este sentido es importante evaluar nuestros comportamientos y los de nuestros familiares, ya que dependiendo del nivel del problema, la frecuencia, el tipo de pensamientos y comportamientos, se puede estar ante un verdadero problema. Desde situaciones aisladas y simples hasta el Trastorno Obsesivo Compulsivo.
Muchas investigaciones han encontrado ciertos trastornos neurológicos en personas con Trastornos Obsesivo Compulsivos, que sugieren que existe una deficiencia de un neurotransmisor químico que se encuentra en el cerebro llamado serotonina. De allí que medicamentos que pueden regular la serotonina, son en oportunidades recomendados.
En todo caso, siempre es importante saber que, con la ayuda profesional se puede canalizar el proceso para ayudar a las personas a superar tales problemas y que existen distintas alternativas, que van desde los fármacos, la psicoterapia, Programación Neurolingüística, Neuroterapia, Terapias conductuales.
Cada caso siempre es único y la combinación de estas alternativas terapéuticas va a variar según favorezcan en mayor o menor grado a la persona

Gerardo J. Velásquez D.

LA BELLEZA FÍSICA Y EL SÍ MISMO


No cabe duda que lucir bien es un buen incentivo para las personas. Sin embargo, los atributos físicos que se heredan, o los defectos que se adquieren a través del devenir de la vida no siempre favorecen a la mayoría de las personas. Afortunadamente hoy hay muchas alternativas que posibilitan que tales atributos se puedan ir incorporando y muchas veces se logran cambios bastante interesantes que prácticamente hasta pueden transformar a un individuo de pocos o limitados atributos en una esbelta y muy atractiva persona.

En la actualidad, puede considerarse una actividad de rutina el ingresar a un quirófano para embellecer la imagen corporal. Sin embargo, son muchos los elementos que deben considerarse a la hora de tomar la decisión, muy importante por supuesto será la escogencia de la institución o el profesional, pero no menos importante ha de ser las razones de peso que llevan a la persona a aceptar pasar por el proceso quirúrgico, ya que aunque pareciera obvio que la intención es agregar o corregir aspectos para lograr una mejor apariencia física, el resultado emocional pudiera ser muy negativo si los resultados obtenidos no concuerdan con los objetivos “secundarios” que están detrás de la decisión tomada.

Objetivos claros
Además del embellecimiento físico, el someterse a una cirugía estética también brinda a la persona la posibilidad de proporcionarle una imagen más adecuada y positiva, mejorarle su autoestima, otros aspectos de salud y, por lo tanto, su calidad de vida. De manera que, dados los avances modernos y existiendo la posibilidad, bien vale la pena para muchas personas pasar por ese proceso. Ahora, cuando hablo de beneficios “secundarios”, me quiero referir a esas intenciones que consciente o inconscientemente se esconden detrás de todo comportamiento humano. De allí la importancia de una sincera autoevaluación sobre los motivos que lo conducirán a la cirugía.

Si existe la expectativa que con el cambio físico resultante se logrará por ejemplo la recuperación del amor perdido, de ganar la competencia al amante de su pareja, de conseguir en cierto lapso una pareja, de la obtención de un empleo, u otras expectativas similares, la consecuencia emocional puede ser devastadora al no alcanzarse dicha o dichas expectativas. Mientras la cirugía estética sea un complemento para mejorar la imagen de la persona y no para ocultar la insatisfacción o la frustración que ésta tenga, seguramente será beneficiosa. Cuando la persona busca en la cirugía estética un complemento a su figura, los resultados suelen ser favorables. Distinto será si la persona, apoyándose en esta práctica trata de compensar alguna frustración, ya que las probabilidades la llevarán a mayores complicaciones en el ámbito emocional.

La imagen de sí mismo o Autoimagen
¿Qué hace que algunas personas, después de una operación de cirugía plástica, siguen comportándose como si mantuvieran los mismos problemas de estética, los mismos defectos o conservaran las mismas cicatrices?. Evidentemente, aquí el problema va mucho más allá del mero cambio físico. Puede que se trate más de un gran problema de autoestima o del marco de creencias que la persona tiene sobre sí misma.
Cuando la imagen de sí mismo y la autovaloración de una persona dependen del peso corporal o de de sus formas, las conductas obsesivas suelen ser el resultado, surgen entonces problemas como la bulimia o la anorexia, o el permanente tratamiento quirúrgico de embellecimiento, que ya no tiene que ver con la realidad de su apariencia ante los demás, sino con el verdadero problema de cómo se ve a sí misma, alterando en consecuencia tanto su salud mental y emocional como la de sus seres queridos que ven con impotencia el problema de la persona.

De allí la importancia de la autoimagen, que no es otra cosa que el conjunto de creencias u opiniones que la persona tiene de sí mismo, de cómo se ve como persona, cómo percibe sus características y atributos (su autoimagen real), de cómo de gustaría verse (su autoimagen ideal), o cómo cree que es en función de las opiniones de los demás (su autoimagen social).
Por supuesto esta autoimagen, no sólo tiene que ver con el aspecto físico, sino con el aspecto holístico de la persona.

La idea siempre debe ser sentirse bien con uno mismo. Obviamente, una cirugía estética debe redundar en una mejor apariencia física, sin embargo, cuando las personas acceden a las cirugías estéticas buscando con lo externo eliminar conflictos internos, la situación suele complicarse, pues el conflicto no desaparece con el cambio físico. Por el contrario pueden aparecer problemas mayores como la obsesión, la depresión y otros trastornos emocionales.

La armonía mente – cuerpo
Seguramente estamos acostumbrados a escuchar que mente y cuerpo son esenciales para una buena salud integral. Yo me inclino más a la tesis que nos presenta ante el mundo como la sumatoria de cuatro “cuerpos”, a saber, un cuerpo físico que es el que mostramos ante un espejo, el que expresa la salud física o en su defecto la enfermedad, un cuerpo mental, que contiene nuestros pensamientos y manera de pensar, un cuerpo emocional, responsable de cómo enfrentamos y nos comportamos ante las emociones que vivimos, aspecto que se considera básico en la inteligencia emocional y por último, un cuerpo espiritual o energético, que nos conecta con la energía de la vida y todos sus elementos.

Estos cuatro cuerpos trabajan como un sistema en la salud integral de toda persona, y por supuesto una alteración en cualquiera de ellos, alterará el sistema total. De manera que no cabe duda que todo lo que hagamos para mejorar nuestro cuerpo físico, irá igualmente en beneficio del sistema total y por ello será importante todo lo que se pueda hacer a su favor. No obstante, es necesario que en forma paralela también se dedique atención a la revisión de los otros componentes del sistema, tanto a nuestros pensamientos y el manejo de las emociones, como a la alimentación espiritual.

Lograr y mantener el cambioVale también destacar que un esfuerzo de mejora física se puede perder si no se cambian algunos hábitos de vida. Desear estar sano no es lo mismo que estar dispuesto a adoptar un estilo de vida más saludable, y tampoco es lo mismo tener buena voluntad para adoptar nuevos hábitos que ser capaz de practicarlos. Dado que los hábitos son patrones de comportamiento instalados es probable que se requiera ayuda para pasar de los deseos a la práctica y establecer nuevas pautas de comportamiento, ya se trate de establecer una rutina sencilla de ejercicios, comer sano, aprender a manejar el estrés, o un cambio de hábitos más complejos como alejarse de las drogas, dejar de fumar o limitar el consumo de alcohol.

Con la ayuda psicoterapéutica, más específicamente con la aplicación de técnicas desarrolladas en Programación Neurolingüística (PNL) se puede ayudar a la persona a descubrir mecanismos internos que bloquean el cambio de un hábito, que hacen que la persona tenga una autoimagen distorsionada y una baja autoestima y a definir las estrategias para mejorar la autoimagen y desarrollar nuevos hábitos de comportamiento, algunas veces con ejercicios sencillos de cambios en la manera de percibirse a sí mismo, sean estos visuales, auditivos o kinestésicos y otras veces trabajando con los valores personales o profundizando en el cambio del marco referencial de creencias de la persona.

Recordemos que toda persona tiene una imagen mental de cómo cree que es. Esta imagen, que suele ser visual puede estar acompañada de otros componentes sensoriales, tales como mensajes que se manifiestan como voces internas o sensaciones físicas. Si esta autoimagen resulta funcional, facilitará la activación de los recursos necesarios para sentirnos bien y tomar buenas decisiones. Si es disfuncional, se puede cambiar u optimizar con la ayuda respectiva. Lo importante siempre será aprovechar al máximo y en congruencia todo aquello que estemos dispuestos a mejorar para dar la mejor calidad de vida a nuestra existencia

Gerardo J. Velásquez


LA ADOLESCENCIA

El camino para dejar de ser niño y convertirse en adulto 
Más que una crisis, como suele llamarse, me gusta llamar esta etapa de la vida como un camino. Un lindo e interesante camino que se ha de recorrer y que definitivamente será determinante en el resto de la vida de todo ser humano. Determinante porque es en esta etapa cuando se define la esencia de la personalidad, se consolidan los valores, las creencias y la definición del rol que se ha de jugar en la sociedad. 
Son muchos los cambios que se distinguen en esta etapa de la vida. Cambios que van a afectar al joven tanto en su aspecto físico y biológico, como en su desarrollo emocional, social y afectivo. Al mismo tiempo que se hacen más altos, comienzan a afeitarse o llega la menstruación en las niñas, también comienzan a pensar y a sentir de forma diferente. Es durante la adolescencia que comenzamos a aprender sobre el mundo que nos rodea y a encontrar nuestro lugar en él. Los jóvenes a esta edad anhelan la excitación en una forma que la mayoría de los adultos encuentran difícil de comprender, incluso actividades excitantes que pueden resultar peligrosas. También en esta edad se tienen las primeras experiencias con la bebida, el cigarrillo, con drogas, y las advertencias de los padres, educadores y otros adultos al respecto suelen ser ignoradas. Se vuelven más inconformistas y críticos con respecto a los adultos que ejercen sobre ellos algún tipo de autoridad como sus padres y profesores, y buscan el refugio y el consejo de compañeros y amigos de su misma edad. 

LOS ASPECTOS PSICOLÓGICOS Uno de los aspectos más importantes a considerar acerca de la adolescencia es el cambio e impacto psicológico que enfrentan tanto los jóvenes adolescentes, como sus padres, quienes suelen olvidar que también les tocó vivir esa etapa en su vida y comienzan a cuestionarse o desesperarse ante la realidad de tener que enfrentar situaciones con su hijo que ha dejado de ser un niño, pero que aún le falta un largo período que recorrer para ser adulto. Por eso es común escuchar a madres y padres de jóvenes en esta edad de la vida que comentan, o consultan porque “La conducta de mi hijo es incomprensible”, “siempre fue un niño muy dócil, pero ahora…”, “pienso que no he sabido educar bien a mi hijo y ya no sé que hacer”, “le hemos dado de todo, hemos intentado hablar, pero es imposible, nos sentimos incompetentes”. Algunos de los problemas que suelen surgir se originan cuando los jóvenes comienzan a desarrollar sus propios puntos de vista que con frecuencia no son compartidos por sus padres. En la búsqueda de su propio sentido de identidad comienzan a aislarse de la familia para pasar gran parte de su tiempo en compañía de personas ajenas a la familia, generalmente otros jóvenes, o hablando por teléfono o chateando. Lo cual también puede irritar a sus padres. En esta época, la manera de vestir y la apariencia física se convierten en algo muy importantes, bien como forma de expresar solidaridad con los amigos o bien como una forma de declarar su creciente independencia de la familia. En consecuencia, los padres suelen sentirse rechazados, y en cierto sentido lo son. Pero este rechazo aparente es necesario para que el joven llegue a ser un adulto con una identidad propia. Aunque los enfrentamientos y discusiones sean frecuentes, los adolescentes suelen tener un alto concepto de sus padres. Los rechazos y conflictos no suelen tener que ver con la personalidad de los padres, sino más bien con el hecho de que es de sus padres de quien tienen que independizarse si quieren tener su propia vida. 

CAMBIOS RELEVANTES EN EL COMPORTAMIENTO Es importante reconocer algunos de los siguientes comportamientos que suelen presentarse en el adolescente y que vale la pena reconocer en aras de entenderlos y aceptarlos como propios de esa etapa de la vida: Comportamiento oposicionista, como consecuencia de la necesidad que tiene de autoafirmarse, de formar un yo diferente al de sus padres a los que ha estado estrechamente unido hasta ahora, con necesidad de autonomía, de independencia intelectual y emocional. Conducta narcisista. Le concede una importancia extrema a su físico, puede lamentarse por un grano en la nariz, obsesionarse por la ropa, por estar gordo o delgado… quiere estar constantemente perfecto aunque su visión de la estética no tenga nada que ver con la de los padres. 
Falta de confianza en sí mismo. Sufre a causa de sus propios cambios físicos que no siempre van parejos con su crecimiento emocional, ya que la madurez física siempre precede a la psíquica, con lo que a veces se encuentra con un cuerpo de adulto, que no corresponde a su mente, generando con frecuencia sentimientos de inseguridad 
Inconsistencia afectiva, a veces con la sensibilidad a flor de piel y otras en las que parece carecer de sentimientos. Un día sorprende a sus padres (o alguno de los dos) con un efusivo abrazo y otro día rechaza cualquier muestra de cariño. Otro, sin motivo aparente, se despierta todo malhumorado, probablemente a consecuencia de un ajuste hormonal. 
Exceso de individualidad, como afirmación del yo, con gusto por la soledad, el secreto, las excentricidades en el vestir, o en su forma de hablar o de pensar. Necesita reformar, transformar el mundo, ser distinto y especial. 
Crisis social, con una rebelión en cuanto a los sistemas de valores de los adultos y las ideas recibidas. Achaca al adulto sobretodo su falta de comprensión y el hecho de que atenta contra su independencia. Sentimientos angustia, como consecuencia de esa incongruencia de no ser niño ni adulto que lo expone a una frustración continua. Por una parte se le exige que actúe como un adulto (en sociedad, con responsabilidad) y por otra se le trata como un niño, se le prohíbe vestir de una u otra forma, o se reglamentan sus salidas nocturnas, etc.… Esta angustia se suele expresar con: 
Agresividad, manifestada con malas respuestas, portazos, peleas con los hermanos, etc.
Miedo al ridículo, sobre todo ante compañeros o amigos por estar haciendo actividades o vestir en forma inapropiada según sus intereses, cuyo miedo puede tener manifestaciones físicas como taquicardia, trastornos gastrointestinales, etc.
Angustia expresada de forma indirecta como miedo a los exámenes (quedarse en blanco), timidez extrema, miedo a desagradar, reacción de rechazo cuando se le dan muestras de cariño, tanto en público como en privado, etc. 

CONSEJOS A LOS PADRES Aunque pueda decirse cualquier cosa en el calor del momento, no cabe duda que los padres todavía juegan un papel crucial en la vida del sus hijos adolescentes, sólo que ahora les toca jugar de una manera distinta. Ya el hijo dejó de ser un niño, pero sigue requiriendo de mucho apoyo. La preocupación de los padres se suele asociar con los períodos de incertidumbre, confusión e infelicidad experimentados por los adolescentes. Pero, a pesar de todo esto, es importante no olvidar que antes de llegar a la adolescencia ya se han sembrado valores y se ha modelado un comportamiento, y aunque pueden venir tiempos difíciles, la mayoría de los adolescentes no desarrollará problemas graves. Si ya se sabe que el hijo adolescente experimentará cambios de humor, entonces hay que prepararse para aceptarlos. Criticarlo generará más conflictos en el futuro.
El ser autoritarios, siempre tomando las decisiones unilateralmente generará hijos incapaces de hacer nada porque siempre tendrán miedo, y si la rigidez ha sido mucha, lo más probable es que la conducta oposicionista sea mucho más severa. 
El mantener la sobreprotección tampoco favorece al adolescente y reforzará conductas de timidez, inseguridad, incapacidad para tomar decisiones. Esa sobreprotección que no es otra cosa que el mismo miedo de los padres a lo que le pudiera ocurrir. 
Por otra parte, la excesiva permisividad puede ser también muy dañina. No hay que olvidar que es una etapa donde el adolescente no es lo suficientemente maduro para evaluar el riesgo que enfrenta en esa nueva independencia. De allí que algunos padres por propia comodidad o por temor a ser impopulares ante sus hijos, exageran en mantener actitudes de concesión constante. 
Como todo en la vida, el equilibrio es la mejor forma. La idea es formar hijos con confianza en sí mismos, con altos niveles de autoestima y una independencia sobre todo responsable. De manera que hay que valorar la autonomía pero también reforzar la conducta disciplinada y ordenada. Hay que saber decir no, dando las explicaciones adecuadas, manteniendo una comunicación amplia y sincera, lo que disminuye las tensiones y por otra parte ayuda a que se detecten con tiempo los problemas que puedan presentarse, como problemas escolares, alcohol, drogas, etc. Hay que alentar la toma de decisiones, dando los consejos adecuados, pero no imponiendo siempre su criterio. 
Es mentira que el hijo adolescente va a dejar de querer a sus padres por las restricciones que han de imponerse en su bienestar. Cuando el proceso se torna muy dificultoso, siempre es conveniente la ayuda profesional. 

Gerardo J. Velásquez D. 

AMAR VERSUS SOPORTAR A MI PAREJA


En el día a día de la actividad psicoterapéutica es muy común la presencia de muchas mujeres que se dan cuenta y se atreven a consultar por el hecho de estar inmersas en una relación, donde es mayor el sufrimiento y la angustia que el placer de convivir con otra persona. Relaciones que se desarrollan en un clima de celos, gritos, reproches, insultos y hasta maltratos físicos, seguidos en el mejor de los casos, de un arrepentimiento o perdón para luego repetir una y otra vez el mismo guión de la insana relación.

En ese darse cuenta escuchamos afirmaciones como “se que debo dejarlo pero no puedo”, “el problema es que lo amo mucho”, “estoy segura que él me ama, pero tiene problemas y no quiere recibir ayuda” y muchas otras parecidas, que encierran a la persona en una angustia mayor por saber que las cosas andan mal pero no sabe qué y cómo hacer para que cambien.

En nuestra cultura era fácil entender que en una relación de pareja las responsabilidades siempre estuvieron predestinadas a que el hombre se encargara del trabajo fuera de la casa en búsqueda del sustento económico para la familia, mientras que la mujer aceptaba el trabajo no menos importante y mucho más exigente de llevar las actividades del hogar, aceptando como parte de su razón de ser el título de “Ama de Casa”. Esa situación se prestó con mucha frecuencia a situaciones de abuso de parte del hombre como “proveedor” sobre una mujer insegura, en una relación de dependencia que podía hasta justificar que muchas mujeres aceptaran y se acostumbraran a vivir soportando maltratos, infidelidades y otros abusos, dado que su preparación en la mayoría de los casos no le permitía acceder a una actividad laborar en igualdad de condiciones.

Hoy, a pesar que la historia ha cambiado y podemos ver a la mujer inmersa en todo tipo de actividades profesionales, incluyendo aquellas que siempre fueron reservadas para los hombres, cuesta un poco más entender como sigue siendo muy alto el número de mujeres que aceptan vivir sufriendo en este tipo de relaciones tormentosas, sintiendo que dan mucho para lo poco que reciben a cambio, o peor aún para recibir solo maltratos y vejaciones.


Culpemos al amor: Como también es común en nuestra cultura, alguien o algo ha de hacerse responsable o culpable por las cosas que nos suceden. Así que ¿por qué no atribuirle al “amor” esa razón que lleva a una persona a sufrir?
Si bien es cierto que el amor es un sentimiento y como tal se pudiera afirmar que no está sujeto al control racional, quién ha dicho que a cuenta del amor ha de aceptarse el sufrimiento. Una cosa es amar y otra cosa es que a cuenta del amor se lleguen a tolerar situaciones que van en contra de la misma integridad de los seres humanos. Amar y tolerar no son sinónimos, tolerar es una decisión de aguantar, de soportar, de resistir una carga. Si el amor es así de pesado, bien vale la pena decidir no cargarlo y acabar con la relación, de lo contrario las consecuencias irán empeorando y se hará cada vez más difícil romper ese círculo vicioso.

Perder el Objetivo:Dos preguntas me gusta precisar cuando hablo con una persona que inicia y decide mantener una relación de pareja: ¿para qué decidió vivir en pareja? y como consecuencia y en concordancia con la respuesta ¿qué significa para ella una relación sana?. En otras palabras, como cito en mi artículo “¿Hasta que la muerte nos separe?”, siempre que decidimos vivir en pareja es porque tenemos un proyecto de vida en el cual queremos tener a nuestro lado a alguien para compartir nuestra vida y generalmente para construir una familia, y en ese proyecto también aspiramos que la relación con esa otra persona a quien hemos elegido para tal proyecto, nos brinde amor, compañía, presencia, respeto, disfrute, hijos, solidaridad, etc.
Sin embargo y a pesar que las respuestas suelen coincidir en el objetivo citado, la realidad nos enfrenta con relaciones donde hay sexo pero no hay placer, hay compañía pero no hay respeto, hay hijos pero no hay un compartir, hay desequilibrio en las responsabilidades y poca solidaridad.¿hay amor?. Lo que si es seguro encontrar son sentimientos de rabia, ansiedad, impotencia, desesperación, desvalorización, falta de confianza y frustración.

Teniendo claro el objetivo y cómo es el camino, entonces es fácil determinar cuando estamos en el barco equivocado y en consecuencia darnos cuenta que el destino será distinto al originalmente trazado. O el capitán vira el curso o nos toca cambiar de barco.

Algunas consideraciones que llevan a la aceptación:Cuando interactuamos con personas que están viviendo en este tipo de relaciones que podemos llamar insanas o tormentosas, encontramos que hay ciertas características que se repiten, destacándose y generalmente combinadas, el poco amor a sí mismos, las creencias, los miedos, la defensa del machismo y por supuesto la propia responsabilidad de encarar y asumir los riesgos involucrados en toda decisión.
La baja autoestima: No es difícil encontrar que el elemento de mayor peso que lleva a una persona a aceptar este tipo de relaciones, tiene que ver con el valor que se ha dado a sí misma, al extremo de creer que no será capaz de encontrar otra persona que pueda valorarla y quererla. De esta manera se encuentra con alguien que se encarga de llenarla de críticas, insultos y toda clase de mensajes negativos que son asumidos como auténticos en su muy deteriorada autoestima. Al extremo que no sabría que hacer cuando se presenta otra persona que contradice los juicios negativos que tiene sobre sí misma.
Las creencias: A través de la historia individual las personas venimos recibiendo mensajes y viviendo experiencias que dan lugar a generalizaciones que se transforman en las “verdades” de la vida para cada quien. Solemos escuchar a mujeres afirmando creencias como “ya no hay hombres disponibles, o están casados o son homosexuales”, “si me cela es porque me quiere”, “el amor lo puede todo y se que cambiará”, “en toda relación hay uno que ama más”, “hay que sacrificarse por los hijos”, etc. Si a estas creencias le sumamos la baja autoestima, obviamente será muy difícil enfrentar los miedos que se conectan a la pérdida de la relación.
Los miedos: Evidentemente el miedo que se presenta tiene que ver con el miedo a la soledad y el temor de no ser capaz de conocer a otra persona que le brinde una sana compañía. Y en casos más patológicos el miedo ante amenazas de agresión a la pareja o a sí mismo, llegando en estos casos a la coerción a través de constantes amenazas utilizando el miedo para controlar a la otra, como el caso de amenaza de suicidio si lo dejan, que la va a dejar de querer, que va a contar sus secretos, etc.
El llamado machismo: Por supuesto también unido a las variables anteriores, donde encontramos a una mujer que ha vivido aprendiendo que el hombre tiene derechos que ella no posee. Creciendo en una sociedad que sigue reforzando al machismo, empezando por la misma mujer que lo critica, pero que educa a sus hijos quitándoles toda responsabilidad en el hogar por ser cosas de mujeres y hasta delegándolas en las hermanas. Donde se celebra que el hijo varón tenga más de una novia y hasta le llegan a expresar abiertamente a las hijas que “a los hombres hay que aguantarles muchas cosas” trasladándole a esas hijas el miedo e indecisión que han llevado en su propia relación.
La responsabilidad: Desde mi juicio el elemento más importante en esta situación es aceptar responsablemente que todos tenemos el poder para realizar un cambio, que es absolutamente falsa la idea de que podemos cambiar a la pareja. De ese cambio sólo él podrá hacerse responsable.

¿Qué hacer?:Sí como hemos visto, las razones fundamentales que llevan a una persona a aceptar este tipo de relaciones insanas y tormentosas tiene su base en la autoestima, el miedo y las creencias, es lógico también suponer que el proceso empieza por la reflexión de la persona sobre el valor que se tiene a sí misma, y que ha de comenzar un trabajo individual que la ayude a desarrollar una autoestima sana, que la persona aprenda a valorizarse íntegramente, que se sensibilice frente a sí misma, que despierte su asertividad y su autorespeto. Un trabajo que también la ayude a encontrar y modificar las creencias que se esconden como verdades en su impresión de la vida y por supuesto aclarar sus miedos que son en definitiva los que ha de enfrentar con valor, entendiendo que esta emoción o sentimiento es imposible no sentirlo ante cualquier incertidumbre que acompaña todo proceso de cambio.
En otras palabras, es fundamental sanar heridas propias antes de intentar sanar las de la relación, de lo contrario se pondrán solo parches o se recaerá en otra relación de características similares.
Si ya se ha dado cuenta que está soportando a su pareja, en lugar de amándolo, lo mejor es actuar. Si ha hecho todos los intentos con pocos o nulos resultados, es momento de convencerse que la relación no va en el rumbo deseado y lo mejor es terminarla y vivir el dolor de la pérdida, que con toda seguridad lo sanará el tiempo y se abrirá el camino para una nueva y sana relación.

Cuando el juego es de los dos:Igualmente estamos ante una relación insana cuando ambos en la pareja se han acostumbrado al juego de vivir en el maltrato, las peleas frecuentes y por tontos motivos, gritos e insultos, celos, distanciamiento y silencios entre ellos, en fin, aquellas cosas muy distintas a las que planearon en su objetivo de vivir en pareja.
Siempre es importante darnos cuenta que para jugar se necesitan dos. Por lo tanto el darse cuenta debe venir acompañado con el retiro del juego. Aquí si se puede plantear que además del trabajo individual ambos estén de acuerdo en buscar quien los ayude a encontrar el retorno al camino, o en algunos casos a canalizar sanamente la inevitable separación.

Gerardo J. Velásquez D.

TRABAJAR PARA VIVIR O VIVIR PARA TRABAJAR


Hoy día vivimos cada vez más inmersos en un mundo competitivo y un tanto congestionado, donde parece natural que la inmersión en los negocios o en el trabajo se convierta para muchas personas en una carrera contra el destino, lo que los conduce a convertir su negocio u oficio prácticamente en la razón de su existencia, dejando de lado todo aquello que no esté asociado a ello, incluyendo muchas veces el descuido de compartir con la familia, amigos y más trágico aún el encuentro consigo mismo. Para estas personas resulta muy difícil desprenderse de los conflictos de la oficina y siguen conectados dejando toda su energía en ellos. Es gente que suele vivir exhausta, sin tiempo para otra cosa que no sea sus obligaciones de negocio o trabajo. No tienen tiempo para concentrarse en el resto de su vida y en consecuencia se genera un desequilibrio que se iniciará afectando su entorno, para luego ir poco a poco mermando sus capacidades físicas, mentales y emocionales.
En el mejor de los casos, de vez en cuando se dan el permiso para salidas a cumpleaños, reuniones familiares, salidas románticas o con amigos. Sin embargo, no llegan a disfrutar lo que se les presenta ya que sus pensamientos siguen conectados con la preocupación y compromisos que se derivan de su actividad laboral.

Estos problemas se han estudiado desde el punto de vista psicosocial y se ha hecho la comparación e incluso denominación de adicción, como a cualquier otra adicción como a las drogas, el alcohol, los juegos, en el entendido que se convierte en una suerte de patología, donde sólo existe el deseo de trabajar o producir a todas horas, cuantas más mejor. Algo así como emborracharse de trabajo. De allí que se maneje el término de workaholism, concepto que emerge en la sociedad estadounidense en la década de los setenta y que surge de la unión de dos términos: work (trabajo) y alcoholism (alcoholismo).

El adicto al trabajo se caracteriza por encontrar más satisfacción en su centro de negocios o su mundo laboral. En otra actividad ajena a ese mundo, se les nota inquietos, desconcertados, sin saber que hacer distinto en su tiempo libre, ya que prácticamente se han ido desconectando del resto de su entorno, incluyendo a la pareja, los hijos y demás familiares. Las personas que sufren esta alteración suelen tener dificultades para querer y ser queridos, los aterra el tiempo libre y cuando lo tienen se deprimen.

De la eficiencia a la enfermedad
Aunque para el negocio, las empresas o incluso el provecho económico que pueda derivar a la familia, en momentos se pueda pensar que contar con personas que padecen esta adicción, es altamente beneficioso, la realidad es que el beneficio no durará lo suficiente antes que surja la crisis, ya que estas personas suelen vivir en una constante angustia, porque sus compromisos no tienen límites, suelen ser controladoras y en consecuencia suelen asumir responsabilidades de otras persona, socios, compañeros de trabajo, lo que se va a traducir en enfermedades, problemas de pareja, con los hijos y en definitiva una autodestrucción.

Ya en otras oportunidades hemos destacado como el estrés crónico, al que están expuestas estas personas es un permanente generador de adrenalina y cortisol, ambas, sustancias que suprimen la respuesta inmunológica y alteran la respuesta endocrina, dando paso a cualquier enfermedad, desde leves alteraciones que inconscientemente están pidiéndole al cuerpo que asuma un descanso, así sea a través de un obligado reposo, a problemas de hipertensión, enfermedades coronarias, úlceras gástricas, hasta el desarrollo de enfermedades mucho más fuertes y peligrosas como el cáncer.

Qué se esconde detrás estos comportamientos
Desde la perspectiva de la PNL (Programación Neurolingüística) existe la presuposición que “todo comportamiento siempre tiene una o varias intenciones positivas”, y no necesariamente esta intención es evidentemente consciente. De manera que, prestando atención a esta presuposición, vale la pena hacer una reflexión de la ganancia secundaria que, aparte de la seguridad del empleo o el beneficio económico del negocio, le puede estar aportando esta manera de vivir.
En muchos casos es fácil encontrar que existen problemas familiares o consigo mismo que no sabe como solucionar y en consecuencia utiliza su oficio o negocio como una medida de evasión. Muchas veces enfrentar problemas con la pareja o con los hijos, puede ser muy dificultoso o comprometedor y para escapar de ellos se imbuyen mucho más en su oficio o terminan convirtiendo su propia casa en la oficina.
Otro problema que se puede estar escondiendo radica en una autoestima desregulada, con casos que presentan una autoestima devaluada o hiperinflada, con muchas dificultades para aceptarse realmente como son, que los pone siempre a realizar esfuerzos exagerados por rendir más de lo que podrían naturalmente, o por otro lado a demostrar lo poderosos y autosuficientes que pueden ser.
También sucede que dada la experiencia de situaciones frustrantes, fracasos, etc. llegan a sentir que en su trabajo encuentran el éxito que no logran en otras áreas de su vida.

Tomando conciencia del problema
Tanto la persona que está actuando de esta manera compulsiva, como los familiares, pueden hacer una reflexión y revisar, primero si el comportamiento responde a una situación puntual o si se ha convertido en una rutina de vida, Por ejemplo tomar conciencia qué tantas horas le está dedicando al trabajo, cuántas veces se lleva el trabajo a la casa, cuál es el tema de conversación rutinario, cuándo fue la última vez o con qué frecuencia se tomó un descanso o unas vacaciones totalmente alejado del negocio o el trabajo.
Por otro lado, realizar una evaluación de la cotidianidad familiar, las relaciones, cómo han manejado los conflictos, qué situaciones se pueden estar evadiendo y todos aquellos otros aspectos que pudieran representar una ganancia secundaria a estos comportamientos.

Sí de esta reflexión o análisis se sospecha que existe un problema de adicción al trabajo, vale la pena hacer un esfuerzo y entender el beneficio de superarlo. Para ello hay que:
· Aceptar que el problema existe
· Tener el deseo y la decisión de cambiar
· Revisar y abordar todo problema o potencial problema que se pueda estar evadiendo
· Dar prioridad a los asuntos personales antes que a los temas laborales
· Darse tiempo para realizar actividades personales y en familia
· Apreciar el tiempo de descanso y no verlo como un lujo
· De ser necesario buscar ayuda psicoterapéutica

Siempre será importante balancear nuestra vida y tratar de hallar tiempo para dedicarnos a nosotros mismos, a disfrutar la dicha de pertenecer a esta raza de seres vivos, a percibir el mundo en primera persona, a vivir…

Gerardo José Velásquez D.

LAS FOBIAS

USTED NO TIENE POR QUÉ VIVIR ATEMORIZADO Son muchas las oportunidades que, sin existir una razón aparente sentimos una sensación de temor inexplicable, clínicamente esto es comúnmente denominado angustia, es decir el miedo sin saber a qué. Por otro lado, sentimos lo que llamamos el “miedo normal” que es una simple reacción emocional ante un estímulo determinado. El miedo y la angustia forman parte de la respuesta normal del individuo, con reacciones psicológicas y corporales necesarias para la supervivencia. Tanto el miedo como la angustia, son reacciones originalmente normales y útiles para la supervivencia. Esta utilidad se desvirtúa al aumentar tanto en intensidad y frecuencia que, en lugar de ser un mecanismo defensivo provechoso, se convierte en una fuente de sufrimiento y de incapacidad. Cuando esa intensidad y/o frecuencia se presenta en forma irracional y desproporcionada con la situación, generalmente nos estamos refiriendo a uno de los trastornos que más afectan a las personas como son las Fobias. La fobia se define como el miedo o temor patológico que experimenta un individuo ante objetos o situaciones que no representan en sí mismos un peligro real para su salud o para su vida. Una persona fóbica evitará por todos los medios posibles el exponerse o enfrentarse con las causas de ese miedo irracional, no acorde a las circunstancias u objetos que lo generan. Caso contrario, sea por accidente o porque no pudo evitarla, la situación le generará un comportamiento muy ansioso y con mucho displacer. Las fobias se pueden catalogar en tres categorías: Fobias simples, Agorafobia y Fobias Sociales: Fobias simples: Con un miedo específico a algún objeto, animal, o situación determinada. Muchas personas experimentan este tipo de fobias, con miedos intensos e irracionales a ciertos objetos o situaciones. Algunas de las más frecuentes son las fobias a la altura, a la oscuridad, a las tormentas, a ciertos animales, a la visualización o extracción de sangre, a los ascensores, a los aviones, etc. La fobia simple se caracteriza por un marcado y persistente miedo irracional y excesivo, originado por la presencia o anticipación a objetos o situaciones concretos. El estar frente al estímulo fóbico provoca en el sujeto una respuesta ansiosa. La mayoría de las veces este estímulo es evitado, por lo que la calidad de vida de la persona con este trastorno no llega a verse seriamente afectada, pero si es experimentado se desencadenará un episodio de intensa ansiedad Agorafobia: es un tipo de trastorno de ansiedad muy frecuente. Puede tratarse de miedo a estar en espacios abiertos, o miedo a estar en espacios o situaciones donde la huída es difícil porque implica un compromiso. Como la persona tiene miedo a padecer la crisis y a no poder ser ayudado, o simplemente perder el control en ausencia de conocidos de confianza, acaba por recluirse en su casa sin salir. Las situaciones que son más comúnmente evitadas son el encontrarse lejos del hogar, en un ascensor, en un avión, en un lugar cerrado, en medio de una multitud o en espacios abiertos. Algunos sujetos pueden enfrentar estas situaciones pero a expensas de sufrir severas ansiedades, miedo o síntomas equivalentes. Las pensamientos mas frecuentes son las siguientes: "Voy a desmayarme", "Voy a perder el control", "Voy a volverme loco", "Voy a quedar paralizado por el miedo", "Voy a asfixiarme hasta morir", "Voy a tener una ataque al corazón".La gravedad de la ansiedad anticipatorio, o miedo al ataque de pánico ("miedo al miedo") repercute invariablemente en la conducta del afectado: En los casos leves, el agorafóbico evitará muy pocas situaciones o ninguna, pero su nivel de ansiedad para afrontarlas será elevado. En los casos moderados, su movilidad será más restringida; si bien podrá manejar algunas situaciones solo, para otras requerirá de compañía. En los casos severos, su movilidad se verá absolutamente restringida, requiriendo de compañía aún para caminar cerca de su hogar. En muchos casos, los agorafóbicos severos no pueden permanecer en sus casas sin compañía. Fobias sociales: Es el miedo por parte del sujeto a estar expuesto bajo la observación de otros. La fobia social suele aparecer típicamente en la adolescencia, y puede haber antecedentes infantiles de timidez o inhibición social. También la aparición de la fobia social puede surgir bruscamente luego de haber experimentado una situación humillante o estresante, o bien puede aparecer lentamente. Un sujeto que padece de fobia social, al estar frente a un evento en público, ya sea hablar frente a un grupo de gente, comer, beber o escribir, experimenta una constante preocupación por la posibilidad de que los demás los perciban como loco, ansioso, débil, además suele creer que la situación puede resultar embarazosa. Quien padece de fobia social tiene la idea que las otras personas son muy competentes en público y que él o ella no lo es. Pequeños errores que cometa podrán parecerle mucho más exagerados de lo que en realidad son. Puede parecerle muy vergonzoso ruborizarse y siente que todas las personas lo están mirando. Puede tener miedo de estar con personas que no sean las más allegadas. O su miedo puede ser más específico, como el sentir ansiedad si se tiene que dar un discurso, hablar con un jefe o alguna otra persona con autoridad, o bien aceptar una invitación. Existen dos tipos de Fobia Social, las de ejecución, como hablar en público, comer en público, hacer deportes o usar baños públicos, y las de interacción, como ir a fiestas, socializar, pedir ayuda a un profesor o hablar con el jefe. Según la gravedad, pueden ser Específicas, que implican miedo a una o dos actividades, generalmente de ejecución, y que resultan poco incapacitantes, y las Generalizadas, que implican múltiples actividades temidas (de ejecución y de relación) y que pueden resultar profundamente incapacitantes y frustrantes para el desenvolvimiento del individuo en su devenir diario. ¿Qué hacemos ante las fobias? Dependiendo del tipo de fobia y la gravedad de la misma, la persona puede “aprender a vivir” con esa limitación, generalmente a través de la evitación. Sin embargo, también puede llegar a ser una condición inhabilitante para la persona y requerirá de un tratamiento que al menos aminore el sufrimiento y le proporciones recursos que lo ayuden a enfrentar la vida, o incluso en muchas ocasiones a erradicar la fobia. Vía farmacológica existen distintos tratamientos específicamente dirigidos al tratamiento de la ansiedad. Por otra parte existen tratamientos no farmacológicos que han tenido buenos resultados, sobre todo con la combinación de ellos, como son la Psicoterapia, generalmente trabajando sobre experiencias traumáticas que permanecen en la historia inconsciente del sujeto, las Técnicas Cognitivo Conductuales, que buscan el desprendimiento de la persona de aprendizajes anómalos y el afrontamiento controlado de los estímulos aversivos, la Neuroterapia, con mucha efectividad en el entrenamiento para equilibrar la respuesta electroencefalográfica y controlar las crisis de pánico y la Hipnosis, con trabajos directos al inconsciente de la persona, para con sus propios recursos aprender nuevos patrones perceptivos y de comportamiento ante las situaciones fóbicas. Es muy importante es que la persona conozca que existen estas alternativas y no permita que esos miedos irracionales limiten su vida normal 

Gerardo J. Velásquez D.

El STRESS LABORAL


DE LA SALUD INDIVIDUAL A LA SALUD ORGANIZACIONAL“Realmente no se que me pasa, me siento a veces angustiado o no me provoca hacer nada, ni siquiera el amor,... llego a casa molesto, agresivo, mi esposa y mis hijos pagan mi mal carácter... vivo cansado, profundamente fatigado y con sueño atrasado...” Estas afirmaciones, algunas veces expresadas verbalmente o sólo rondando nuestros pensamientos, son generalmente típicas expresiones sintomáticas de lo que comúnmente llamamos Estrés.
Es inevitable experimentar cierto grado de estrés en la vida, que dependiendo de la ocasión puede resultar hasta beneficioso. No obstante, demasiado estrés es peligroso para la salud en general, ya que se alteran en forma prolongada y perjudicial las funciones de muchos sistemas del organismo.

El estrés es una respuesta normal de nuestro organismo
Ante cualquier situación que represente peligro, sobre exigencia, amenaza, etc. el organismo se prepara para enfrentar o huir de la situación,. En este proceso se segregan sustancias como la adrenalina, la cual se disemina por toda la sangre y es percibida por receptores especiales en distintos lugares del organismo, que responden para prepararse para la acción, generando palpitaciones más fuertes y rápidas, agudeza de los sentidos, aumento en el estado de alerta, reacciones propias de esa situación específica, que luego de pasar, el organismo regresará a su estado habitual.
Los episodios de estrés que duran poco o que no son muy frecuentes representan poco riesgo. Pero cuando las situaciones estresantes continúan no resueltas, se queda el cuerpo en un estado constante de activación, lo que aumenta la tasa del desgaste a los sistemas biológicos. Hay situaciones que el individuo puede experimentar, consciente o inconscientemente, como amenazantes, como las presiones económicas, la sobrecarga de trabajo, el ambiente competitivo, etc., que pueden generar una situación estresante más permanente, que lo hace reaccionar constantemente a la defensiva, tornándose irritable, generando consecuencias nocivas sobre todo el organismo como: elevación de la presión sanguínea (hipertensión arterial), gastritis y úlceras en el estómago y el intestino, disminución de la función renal, problemas del sueño, alteraciones del apetito y mucho agotamiento físico. Como resultado final, el individuo queda preso de una enfermedad mayor.

El trabajo y el estrés
Apartando las horas dedicadas al sueño, las personas pasan mucho más de la mitad de su tiempo inmersos en su trabajo (por supuesto, no nos referimos a las personas que están desempleadas, aspecto del que podemos hablar en una próxima edición), conviviendo en un espacio físico determinado, compartiendo con gente específica, o alternando lugares que en ocasiones ameritan viajes o traslados permanentes.
En este sentido, es obvio suponer que el trabajo puede con facilidad ser la principal fuente de situaciones estresantes que enfrenta todo trabajador, no importa el nivel al que pertenezca. El tener que tomar decisiones importantes, cumplir con las exigencias de horario en una ciudad permanentemente sumergida en un intenso tráfico, la necesidad de lidiar diferencias individuales con compañeros, supervisados o superiores, los miedos conscientes o inconscientes a quedar sin trabajo ante nuevas tecnologías o cambios en el rumbo de los negocios que inducen a reducciones de personal, son situaciones muy propias del entorno laboral de hoy en día.
Ante esta situación, la persona comienza a mostrar alteraciones de orden físico y psicológico, destacándose la irritabilidad, ansiedad, pérdida de energía, desgano, fastidio, relaciones insatisfactorias tanto en el trabajo como en la casa, insomnio, confusión mental, agotamiento, inapetencia, temores muy diversos, grados de impotencia y sentimiento de invalidez psíquica.

El trabajador y la organización ante el estrés
El estrés causado por el trabajo representa una amenaza para la salud de los trabajadores y, como consecuencia, para la salud de las organizaciones, que redunda en un alto costo y una baja de la productividad organizacional.
Es importante no confundir el estrés de trabajo con el reto o desafío, esto es algo distinto, una situación de reto puede ser un interesante estímulo psicológico que tiende a motivar al trabajador en su aprendizaje y desarrollo de nuevas habilidades. De pronto la persona se puede sentir cansada, un poco nerviosa, pero un reto significativo suele convertirse en un ingrediente importante para un trabajo sano y productivo.
En el trabajo podemos encontrar como estresantes más comunes:
El diseño del trabajo: descansos infrecuentes, actividad muy rutinaria o con poco significado, subutilización de las habilidades de los trabajadores, responsabilidades que dan poco sentido de control.
El estilo de dirección: falta de participación por trabajadores en la toma de decisiones, falta de comunicación en la organización, excesivo control sin delegación de responsabilidades.
Las relaciones interpersonales: Chisme y falta de apoyo o ayuda de compañeros y supervisores.
Exigencias y expectativas: Expectativas mal definidas o imposibles de lograr, demasiada responsabilidad, demasiadas funciones, inseguridad y falta de oportunidad para el crecimiento personal, cambios intempestivos para los cuales los trabajadores no están preparados.
Las condiciones ambientales: Condiciones desagradables y peligrosas como las áreas de trabajo atiborradas, el ruido, la contaminación del aire, o los problemas ergonómicos.

¿Quién asume la responsabilidad ante el estrés laboral?
Tanto el trabajador como la organización donde presta sus servicios deben asumir su cuota de responsabilidad para aliviar el estrés y aprender a vivir en forma más saludable. Obviamente la persona, responsablemente, debe entender que una situación permanentemente estresante puede llegar a consecuencias muy graves en su salud, tanto física como emocional y mental. De manera que la salida no es negar o ignorar su problema o tratar de ocultar los síntomas del estrés ingiriendo fármacos, ya que la ausencia de síntomas no quiere decir que se ha eliminado el estrés. De hecho, el estrés continúa haciendo su labor destructiva dentro del organismo y en lugar de aliviar el estrés, lo que hacemos es eliminar las señales de alerta que el cuerpo nos provee y que nos indican que debemos reducir la carga que estamos imponiendo a nuestro organismo.
Por otro lado, la experiencia demuestra que las condiciones estresantes de trabajo están asociadas con el ausentismo laboral, la tardanza, y un aumento en la rotación de personal, lo cual afecta considerablemente la “salud” de la organización. Una organización sana se caracteriza tanto por tener bajas tasas de enfermedad, accidentes, lesiones e invalidez en su personal, como por su productividad y competitividad en el mercado.

¿Qué hacer frente al estrés?
No existe una fórmula sencilla e infalible que pueda "curar" el estrés. Para el trabajador seguramente le resultará muy difícil cambiar el ambiente desestabilizador por uno más equilibrante en el trabajo, pero si puede “reaprender” la forma como maneja su día a día laboral, y por lo menos, disponer de un ambiente más armónico con los familiares, amigos y relaciones habituales. Entre otras cosas puede:
- Dedicar tiempo al ejercicio físico, una excelente forma para canalizar la agresividad y la tensión.
- Aprender y practicar técnicas de relajación
- Programar las actividades para que no se acumulen ni se conviertan en "incendios".
- Establecer prioridades claras.
- Delegar responsabilidades.
- Aprender a decir NO a los compromisos que no se pueden cumplir.
- Hacer bien y pronto lo que se puede hacer y olvidarse por completo de lo que no se puede.
- Asumir los grandes retos como secuencias de pequeños pasos.
- Practicar terapias antiestrés y sobre todo estar alerta de sus pensamientos y el manejo de sus emociones ante las situaciones que suelen resultarles estresantes en su actividad laboral.

En cuanto a las organizaciones, la situación la complica las diferencias individuales de sus trabajadores, ya que lo que es estresante para una persona podría no ser problema para otra. De manera que la estrategia puede ser de tipo organizacional enfocada en la prevención, y de tipo individual, con apoyo directo a casos particulares, para ayudarlos a mejorar sus habilidades para sobrellevar las situaciones difíciles de trabajo.
Como reglas generales preventivas se puede sugerir:
- Diseñar los trabajos para proveer el significado, el estímulo y las oportunidades para que los trabajadores usen sus habilidades.
- Definir claramente los papeles y responsabilidades de los trabajadores.
- Fijar el volumen de trabajo acorde a las habilidades y los recursos de los trabajadores.
- Dar oportunidades a los trabajadores de participar en las decisiones y acciones que atañen a sus trabajos.
- Mejorar las comunicaciones y reducir la incertidumbre sobre el desarrollo de carrera y las posibilidades de trabajo en el futuro.
- Proveer oportunidades para la interacción social entre los trabajadores.

Acerca de la ayuda terapéutica
A muchas personas, lamentablemente y por muy diversas razones, les cuesta aceptar que están padeciendo de un problema cuando éste guarda relación con sus emociones y sus pensamientos. Pero es una realidad, difícilmente cuestionada, que mente y cuerpo se influyen constantemente entre sí hacia la salud y bienestar o hacia la enfermedad. De manera que la salud no está por completo en el cuerpo o en la mente, sino en ambos. Hoy en día existen diversas formas de ayudar a las personas a enfrentar el estrés, o mejor aún al desarrollo de las habilidades para reencuadrar la percepción de los eventos y situaciones que le resultan estresantes a una persona.
Aparte de los masajes antiestrés, a través de la Psicoterapia se trabaja, entre otros, cambios de paradigmas, la calidad de las relaciones consigo mismo, con su entorno laboral, social y familiar, la ayuda a la persona para identificar claramente sus metas de vida, para reorientar el curso de sus acciones, y sobre todo desarrollar flexibilidad en su comportamiento, aspecto sumamente necesario en este mundo tan cambiante que nos ha tocado vivir.
Existen otras modalidades terapéuticas más dirigidas al aprendizaje y desarrollo de respuestas cerebrales inconscientes, que ayudan al individuo a encontrar rápidamente el equilibrio emocional ante cualquier situación estresante para él, como es la Neuroterapia o Neurofeedback, entrenamiento dirigido a reequilibrar los patrones de la respuesta electroencefalográfica, que como consecuencia del estrés permanente que ha vivido la persona, han sufrido alteraciones que se traducen en falta de memoria, de concentración, estados de ansiedad y/o depresión o problemas con el sueño. También están las terapias antiestrés con la tecnología Megabrain, para buscar, la sincronización en el funcionamiento de los dos hemisferios cerebrales hasta alcanzar la frecuencia rítmica y la interrelación adecuada.
En todo caso, asumir la responsabilidad del proceso personal y organizacional, es el paso fundamental.

Gerardo J. Velásquez D.

PRESTANDO ATENCIÓN A NUESTRAS RELACIONES

PENSAMIENTO, EMOCIÓN Y REACCIÓN. LA ESENCIA DE TODA RELACIÓN Como hemos hablado en otras oportunidades, las emociones son reacciones que surgen ante eventos externos o internos. Pero esta emoción será diferente de acuerdo al pensamiento que experimentamos frente el respectivo evento. Si pienso que me quieren hacer daño, me asusto, me entristezco o me enfado y mi comportamiento puede ir desde paralizarme, cargarme de resentimientos o actuar agresivamente en nuestra defensa. Si con mi mejor intención quiero ayudar a un familiar y éste, como suele suceder y desde mi juicio, no reacciona como yo quisiera o no hace nada por si mismo, entonces siento rabia o frustración. Muy a menudo entramos en conflicto con otras personas tratando de defender nuestro "punto de vista” sin darnos cuenta que vivimos en un mundo de juicios, donde prevalece lo subjetivo y que cuando hablamos de algo bueno o malo; agradable o desagradable; si algo es mejor o peor, etc. estamos ante la opinión de alguien o de muchos, pero no por ello se puede afirmar que esa opinión sea una verdad irrebatible, ya que su mismo carácter deja claro que dista de ser una verdad absoluta. Muchos de estos pensamientos o posiciones están basados precisamente en la manera como estructuramos nuestro modelo del mundo, en los “debería ser o hacer” o en los “no debería ser o hacer”, en lo que consideramos correcto o incorrecto, sin detenernos a pensar que tales mandatos responden a creencias y patrones aprendidos que, si bien en algunos casos son una guía muy positiva, muchas veces pueden constituirse en grandes barreras que van a afectar negativamente nuestras relaciones interpersonales y otras áreas de nuestra vida. La Programación Neurolingüística Desde que conocí los postulados de la Programación Neurolingüística (PNL), quedé enganchado con dos de ellos, que desde mi juicio, su interpretación y aceptación pueden ser dos pilares fundamentales para un establecimiento más sano de toda relación interpersonal, bien sea de pareja, de amistad, familiar, laboral o simplemente de cualquier necesidad o roce social. Me refiero al postulado que reza “el mapa no es el territorio” y al que hace referencia que “todo comportamiento tiene una intención positiva” Si hacemos una revisión de la cantidad de veces que discutimos, que nos llenamos de sentimientos que alteran negativamente nuestro estado emocional y que reaccionamos emocionalmente fuerte ante otras personas, podemos con toda seguridad darnos cuenta que entre las “razones” más comunes a estas reacciones está el hecho de no poder demostrar lo que de acuerdo a nuestro razonamiento es evidente, o al hecho de sentir que de una u otra manera nos quieren hacer daño. Lo triste y paradójico de este sentir es que en la mayoría de los casos estas reacciones son más comunes y frecuentes ante personas muy allegadas, como la pareja, hijos, hermanos o padres, por quienes sentimos una mayor relación afectiva y a quienes queremos cambiar para que vean, oigan, sientan y en consecuencia se comporten como consideramos es la manera correcta. Vamos a revisar un poco estos postulados: El Mapa No es el Territorio: Como suelo expresar en mis talleres, la PNL no ha inventado nada, simplemente ha tratado de darle una estructura a la cotidianidad y los efectos positivos o negativos que ésta ejerce sobre las personas, para de alguna manera actuar y buscar un cambio hacia lo que más nos favorezca. De manera que refranes como “todo depende del cristal con que se mire”, “cada cabeza es un mundo”, o “para los gustos se hicieron los colores”, tienen que ver con entender este postulado. Por naturaleza no es posible que existan dos personas exactamente iguales, aunque su conformación biológica y su apariencia física así lo parezca, como es el caso de los gemelos idénticos. Y no es posible porque hay otros factores que forzosamente van a influir en la conformación única de cada ser, como son los factores ambientales, sociales, la calidad de vida, las experiencias, etc. que van estructurando en cada individuo una personalidad muy propia. No importa que sean gemelos, que sean hermanos de padre y madre, que sean criados bajo el mismo techo y los mismos modelos, principios y valores, siempre habrá tanto semejanzas como diferencias, y son precisamente las diferencias lo que muchas veces cuesta aceptar. Tener o no la razón: Entender que “el mapa no es el territorio” es aceptar que por mucho que queramos representar el mundo cada quien hará su propia representación. Entonces, si damos como cierto este precepto, es fácil comprender también que cuando me empeño en demostrar a alguien que yo tengo la razón, esa persona probablemente estará igualmente convencida que es ella quien tiene la razón, porque cada quien desde “su mapa” tiene su manera de ver, escuchar y sentir. De manera que lo que para una persona resulta lógico, para otra puede resultar totalmente lo contrario. Cree tener la razón el que decide vivir toda su vida “tranquilo” y sin preocupaciones independientemente de las condiciones en que vive, como también cree tener la razón el que prefiere un esfuerzo mayor para mejorar su estándar de vida. Cree tener la razón el que prefiere descansar durmiendo, como lo cree igual el que prefiere leer, ver televisión o incluso no descansar porque lo considera un “perdida de tiempo”. Pero el problema en sí estriba en que a pesar que racionalmente podemos entender que somos diferentes, la mayoría de las veces este es uno de los motivos más difíciles de abordar y conciliar en todo tipo de relación. Todo Comportamiento Tiene una Intención Positiva. Esta aseveración suele ser un tanto polémica dado que nos cuesta creer que ciertos comportamientos que pueden a veces ser tan dañinos a otras personas, puedan tener alguna intención positiva para alguien. Sin embargo, de lo que se trata no es de defender el comportamiento en sí, el cual puede ser muy negativo, sino entender que la verdadera intención, consciente o inconscientemente busca un beneficio para la persona que ejecuta la conducta. ¿Quiere conscientemente una persona que fuma acortarse su ciclo de vida, o es que piensa que el cigarrillo lo acompaña, lo calma o le evita subir de peso? ¿Quiere una madre hacer que su hijo o hija sea un solterón o solterona cuando le corre todo pretendiente que aparece en su camino, o es que quiere lo mejor para el o ella, o simplemente tiene mucho temor a quedarse sola? ¿Quiere el padre o madre maltratar psicológica o físicamente a su hijo cuando lo castiga o es la manifestación de su impotencia de no poder lograr que su hijo haga lo que desde su criterio es lo correcto? El solo hecho de comprender que las personas actúan sólo como saben hacerlo y que no necesariamente es contra mí en lo personal, o incluso creyendo que de esa manera me hacen un bien, entonces mi pensar, sentir y reacción emocional puede igualmente ser distinta y evitar un impacto más negativo en mi sentir. No es lo mismo pensar que mi compañero de trabajo me odia y quiere que me boten a pensar que quiere mi puesto y no sabe de que manera actuar para conseguir un ascenso. No puedo reaccionar o sentir igual cuando mantengo un resentimiento con mi padre porque nunca fue muy afectivo o solidario conmigo, que cuando reconozco que su vida se desarrolló bajo creencias como “la vida fácil no hace fuerte a los hombres” o “el abrazo es para las niñas porque a los hombres les puede causar una desviación sexual”. Aceptar este postulado no es estar de acuerdo en que una conducta negativa deba celebrarse o incluso respetarse, pero si encontramos la verdadera intención para el que la ejecuta además de quitarle el impacto emocional que causa el creer que la intención es solo hacernos daño, podemos ayudarlo a encontrar otras opciones de comportamiento más positivas que se orienten a la obtención del mismo beneficio. La reacción depende de ti: Quiero concluir en esta oportunidad citando a uno de los escritores que ha plasmado con mucha asertividad algunos aspectos fundamentales que pueden considerar las personas en su búsqueda hacia una mejor calidad de vida, como es Stephen Covey, autor entre otros del Best Seller “Los Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva”, como es su llamado principio 90/10, que reza que “El 10% de la vida está relacionado con lo que te pasa, el 90% de la vida está relacionado por lo forma en como reaccionas”. De manera que independientemente de lo que pueda sucedernos, lo cual generalmente no depende de nuestro actuar, sí somos 90% responsables de la forma como reaccionamos ante tales eventos. Trasladando este principio a las relaciones interpersonales y aceptando como hemos expuesto, que las personas actúan como saben hacerlo, desde su experiencia, entendimiento y parecer, y generalmente creyendo en una buena intención (aunque sea para sí mismos), siempre tendremos el control de nuestra reacción. En algunos casos, si gustos o posiciones no chocan con nuestros principios y valores ni afectan la esencia de la relación, bastará con reaccionar aceptando y respetando tales diferencias. En otros casos, solo entendiendo que se busca un beneficio la reacción puede enfocarse a revisar el cómo se puede hacer en lugar de reaccionar de manera contraproducente. Por último, también ante diferencias individuales insalvables como puede suceder, habrá relaciones de las que la mejor salida será el distanciamiento. No se trata de dejar de sentir, sino de controlar la reacción ante lo que se siente. 

Gerardo J. Velásquez D. 

LA JUBILACIÓN


El disfrute o la tragedia de una nueva etapa en la vida

La vida de los seres humanos está caracterizada por importantes cambios que necesariamente se han de producir como consecuencia de la dinámica misma del desarrollo de la humanidad. De niños enfrentamos la separación temporal de la protección maternal cuando iniciamos la etapa escolar, de adolescentes pasamos por el proceso de dejar la niñez para entrar en la adultez, luego viene la importante fase de independizarnos de nuestros padres e iniciar un nuevo proyecto de familia, que a su vez lleva varias etapas que habrán de ser recorridas, y todo ello, enfrentando en cada faceta nuevas situaciones que en mayor o menor grado requieren grandes cambios para lograr la necesaria adaptación que dichas facetas implican.
En este transcurrir de la vida existe una etapa, que viene a ser de un gran impacto, este es el caso de un momento de la vida profesional del hombre o mujer que algunos temen y otros esperan con ansiedad, pues crea expectativas positivas y negativas en las personas: El momento de la jubilación. Una nueva etapa, que al igual que las anteriores, trae consigo el cambio del estilo de vida de la persona y la adopción de nuevos roles, y que, dadas una serie de circunstancias y características muy particulares de la misma, afecta de una manera muy especial la vida, no sólo de la persona, sino de su pareja y su entorno familiar.
Esta, definitivamente es una etapa en la que se suelen sentir diferentes emociones como miedo, alegría o tristeza, nostalgia por los tiempos pasados, e inclusive, algunos comienzan a padecer dolencias y a tener cualquier tipo de malestares físicos.

Para algunos, lamentablemente no la mayoría, la jubilación es tomada con mucho optimismo, como el muy merecido descanso y a la vez la oportunidad para hacer cosas nuevas. Estas personas manifiestan un sentimiento de libertad, se sienten dueños de su tiempo y lo utilizan para realizar distintas actividades, lo que les permite una rápida adaptación al cambio y logran disfrutar esta nueva fase de su vida. Otros, aunque su primera reacción ante la jubilación pareciera ser positiva, rápidamente son invadidos por cierta nostalgia, debido al cese de una actividad laboral a la que venían acostumbrados por tantos años, donde el “tiempo” siempre estaba cubierto, su función tenía un significado de valor para él y su entorno. Se sentía parte de una familia compuesta por sus compañeros de trabajo que ahora extraña y de sólo pensar que ya no se verán todos los días, aumenta la nostalgia y la tristeza.

Lo que se pierde y lo que se gana con la jubilación
Es importante entender y aceptar que, como todo cambio, con la jubilación hay cosas que quedan en el pasado y que no volverán, pero también se abre paso a nuevas oportunidades, aunque con características muy diferentes.
Cuando evaluamos las pérdidas, éstas, como consecuencia de la falta de preparación y aceptación del cambio, suelen ser muy dolorosas y traumáticas. Es evidente que los compromisos adquiridos en el mundo profesional y del trabajo ya no existen. Terminó la rutina de levantarse temprano y cumplir un horario que deja un vacío que hay que llenar. Cesa la relación formal con los compañeros de trabajo, al mismo tiempo que se van distanciando e incluso tiende a desaparecer la relación informal que siempre existió con ellos. Así, compañeros, proveedores y clientes que conforman un importante núcleo de relaciones sociales con la jubilación desaparecen. Se deja un status que le otorgaba la respectiva posición en su trabajo. El aspecto económico también cambia, pues se pasa de inmediato de un sueldo a una pensión que rápidamente sufre el impacto de la devaluación. De manera que no se puede negar que lo que está quedando atrás obviamente debe afectar al jubilado.
Sin embargo, tarde o temprano todo trabajador ha de llegar a ese nuevo estado, donde también se va a encontrar con muchos aspectos positivos que ha de considerar para reencuadrar esta nueva etapa, en la que le ha de tocar vivir mucho tiempo dada la larga expectativa de vida de hoy en día. Si la persona se levantaba temprano, ahora puede hacerlo más tarde. Si no tenía tiempo para hacer cosas que quería pero no podía hacer, ahora sí lo tiene. Ahora puede compartir más con la familia. En definitiva, la jubilación es un período de transición de un estilo de vida a otro totalmente diferente, que debe ser tomado con absoluta normalidad.

Aspectos que hacen más difícil este proceso
Muchas veces el jubilado hace más difícil la adaptación y le cuesta aceptar su nuevo rol en la vida. La actividad laboral suele ser uno de los aspectos fundamentales que las personas asumen para definir su IDENTIDAD, de manera que ahora no es “Carlos el gerente”, “Luis el jefe de ...”, “Alicia la maestra”, “Carmen la secretaria”, “Roberto el cartero”, etc. y queda como si le hubieran robado su identidad. Ahora ha de reencontrarse con muchos “yo soy” que siempre han existido, pero que no consideraba en su definición como persona. De manera que ha de empezar a identificarse no sólo como el “jubilado de...”, sino a darle más fuerza a su identidad reconociendo que es una persona, un padre, abuelo, miembro de una familia, miembro de una sociedad, y tantas otras que igualmente lo definen y definirán como persona.
Hay que aceptar que los excompañeros de trabajo siguen su día a día y una visita corta y esporádica puede ser agradable, pero caso contrario puede tener un peor efecto si se percibe rechazado o no tratado como lo esperaba.
Otro problema que suele presentarse, sobre todo con los jubilados hombres cuya esposa siempre asumió las riendas de la rutina hogareña, es que comienzan a tomar iniciativas con cambios inconsultos sobre aspectos que toda la vida coordinó su pareja, que incluso pueden ser tonterías como cambiar un matero de un lugar a otro. Estos y otros aspectos en el hogar suelen ser considerados por la pareja como una invasión a su espacio y en consecuencia dan origen a peleas e incomodidades.

De la inadaptación a la enfermedad
Si el jubilado no está preparado y se deja llevar por la sensación de inutilidad del triste estereotipo que ahora ha de matar el tiempo sentado en una plaza alimentando palomas, viendo televisión, peleando en casa o quejándose por lo que dejó atrás, el impacto emocional traerá consecuencias muy severas que probablemente acaben con su salud mental y física.
En primer lugar son frecuentes los cuadros depresivos acompañados de astenia, trastornos del sueño, angustia o manifestaciones de hipocondría. Hay personas que se vuelven agresivas, intransigentes, muy críticos y desconfiados con los demás. También es bastante frecuente la persona inadaptada que se vuelve solitaria, aburrida con su vida, sin encontrar metas ni nada que le ilusione.
Hoy está altamente demostrado que estos cuadros alteran la respuesta de los Sistemas Inmunológico y Endocrino, que se traduce en el deterioro físico y la aparición de enfermedades delicadas.

Cómo enfrentar la jubilación
Si estamos conscientes que un día llegaremos a esta etapa, lo ideal es comenzar a tiempo la preparación para cuando llegue el momento. Si el caso es que ya llegamos, sólo nos queda entender y poner en práctica las acciones necesarias.
Aunque el tema económico parece preocupar a la mayoría y ciertamente es uno de los aspectos más importantes, ya que supone una merma en los recursos de la persona y de su familia, éste no es sino uno de los cambios a los que habrá de enfrentarse el nuevo jubilado. Si nos preparamos psicológicamente el proceso seguramente será más interesante y la adaptación más gratificante.
Es importante tomarse un tiempo para reflexionar sobre todo lo que cambiará y sobre las muchas cosas que una vez jubilado se pueden empezar a hacer. De manera que hay que primeramente soltar lo que “fui” y prepararse para "seguir siendo" rescatando y/o incorporando muchos otros "yo soy...". Recordemos que es una larga etapa la que se está iniciando. Entre otras cosas es recomendable:
- Mantener una vida físicamente activa. Desde caminar, hasta practicar cualquier disciplina deportiva acorde con las condiciones de la persona. Si nunca se ha hecho deportes, no se puede pretender ser un futbolista. Sin embargo, previa evaluación médica son muchas las nuevas actividades en las que se puede incursionar.
- Mantenerse intelectualmente activas. Actividades como leer, mejor aún incorporándose a círculos de lectores donde se comparten y discuten los temas leídos, sacar crucigramas, escribir, e incluso iniciar nuevos estudios.
- Iniciar actividades que siempre se quisieron realizar pero que el poco tiempo disponible no lo permitía, como ir al cine o teatro, eventos deportivos, etc.
- Aprender nuevas destrezas como jardinería, cocina, computación, arte.
- Conversar con la familia y llegar a acuerdos sobre nuevas responsabilidades que está dispuesto a asumir en el hogar.
- Realizar cualquier actividad con o sin ganancia económica, que aporte beneficios a la comunidad
De cada quien dependerá hacer de esta nueva etapa el disfrute pleno de una nueva vida.

Gerardo J. Velásquez D.

¿HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE?


Establecer una sana relación de pareja es una ardua tarea que requiere la participación activa, alerta y creativa de dos personas que en un momento determinado sienten un gran amor el uno por el otro y deciden compartir sus vidas, con la común promesa de amarse y ser felices por el resto de sus vidas, promesa que ninguno de los dos puede asegurar que cumplirá. De ahí que lo que realmente se presenta es un deseo que puede llegar o no a ser una realidad y que jugará en ello la voluntad de ambos para hacer todo lo que esté a su alcance para que ese deseo sea posible. Y hablamos de vivir juntos con amor y no sólo de vivir juntos para siempre, porque la diferencia es altamente significativa.
Vivir juntos porque así lo prometimos, por los hijos, la religión, la familia, es muy distinto a vivir juntos porque nos amamos, compartimos valores, disfrutamos la compañía del otro, y somos capaces de inyectar pasión sin apartar la razón. Es la relación que podríamos llamar “sana”, donde sigue existiendo la atracción y el deseo, la alegría de un compartir recíproco y el amor que se da sin esperar nada a cambio, donde no existe esfuerzo para amar, se disfruta la buenaventura y se sufren las desventuras de la otra persona.
La atracción y el amor son sentimientos que surgen, que no se planifican. Por su parte, una pareja sí se construye, aunque obviamente, su origen parta de esa atracción inicial que poco a poco, o en algunos casos muy rápido, se va transformando en amor. Y en esa construcción y mantenimiento está implícita una tarea bastante laboriosa, tarea que, si así lo deciden ha de durar toda la vida.
Por supuesto no existe una receta o una guía que aplicada rigurosamente garantice una sana y funcional relación de pareja. Cada pareja es un ente distinto y en cada caso habrán de determinar las vías y elementos que los conducirán a su propio estilo. Lo que si es cierto, es que no importa cómo lo logren, lo sano o funcional de la relación siempre va a depender del mantenimiento del amor, el deseo y la reciprocidad compartida de los sabores y sinsabores.

UNA TAREA INTERESANTE:
Cuanto más entregamos en una relación, cuanto más nos preocupamos por la pareja, más fuertemente nos influirá todo lo que a ésta le suceda, nos toque directamente o no. En este proceso hay muchas cosas que se deben considerar y que trataremos de abordar.

El tiempo y la atención:
El tiempo y la atención que se dedique al otro son dos elementos muy importantes. Si disponemos de ambos y estamos preparados para ofrecérselas a esa relación, tendremos la mitad del camino abonado para recorrerlo con mayores probabilidades de éxito.
La mayoría de los fracasos matrimoniales y de pareja, así como la ruptura de las amistades, se deben a que las personas, o bien no tienen el suficiente interés en mantenerlas o no les dedican el tiempo y la atención suficiente.
Metafóricamente hablando, si no dedicamos tiempo para regar y cultivar una planta, ésta irremediablemente morirá. Al igual que las plantas mismas, las relaciones necesitan mucha dedicación, mucho tiempo y los frutos siempre aparecerán. Falta de tiempo y atención a la relación, termina siendo sinónimo de desinterés, que suele derivarse en otros intereses que se manifestarán en más salidas con los amigos, más trabajo, nuevas actividades, cada vez hay menos cosas de las que hablar, menos cosas que compartir, menos interés por las cosas del otro, comportamientos que obviamente irán poco a poco deteriorando la relación hasta la muerte irremediable del amor, con la consecuente separación o el ficticio y traumático mantenimiento de la misma, por razones muy distintas a las originalmente proyectadas. Aquí me permito citar a Walter Riso en su libro Deshojando Margaritas donde afirma “La responsabilidad asumida de compartir una vida sin nada de amor, es una de las formas más terribles de la esclavitud”

La comunicación:
Éste es uno de los aspectos más trillados. Es común escuchar “es que tenemos un problema de comunicación”. El punto está en precisar ¿Qué es lo que no estamos comunicando, qué específicamente en la comunicación está fallando?, estoy expresando lo que quiero o estoy esperando que mi pareja adivine, porque “...es que es tan obvio, que no tengo porque pedírselo...”. Esta especificidad puede dar un camino para abordar y tratar el problema, caso contrario estaremos girando en un círculo sin soluciones.
¿Qué tanto estamos asumiendo la responsabilidad de nuestra comunicación?. Si al hablar para tratar los problemas acusamos al otro, la reacción lógica será una defensa e inmediatamente un contraataque con su respectiva acusación, que convierte la posible conversación en una contienda donde difícilmente se puedan dilucidar acuerdos de mejora. Distinto sería si al hablar partimos de un yo o un nosotros. No es lo mismo decir tu me ofendes o tu me agredes, a decir yo me siento agredido cuando dices o actúas de esta u otra manera. No es lo mismo decir ya no me invitas al cine, que decir hemos dejado de ir al cine.
Otro aspecto muy importante en la manera como nos comunicamos tiene que ver con qué tanto escuchamos Vs. qué tanto interpretamos y sacamos conclusiones de lo que oímos o creímos haber oído, o incluso hasta agregamos a lo que oímos.
El saber escuchar es todo un arte. Escuchar es tener una actitud activa en la conversación, es mostrar interés y preguntar por aquellos aspectos que más le interesan también a su interlocutor. Es hacer que el otro se sienta escuchado. Es aclarar dudas en lugar de sacar conclusiones. Es dar retroalimentación de lo escuchado. No es “ya yo se lo que me quieres decir” es oír y luego repreguntar e incluso pedir también retroalimentación. Es dejar hablar sin interrumpir.

No es como yo creía
A muchas personas se les hace muy difícil lograr una relación de pareja duradera, y se ven inmersas en situaciones relativamente fugaces. Al principio de la relación todo marcha sobre ruedas. Todo es color de rosa. Con el correr del tiempo, comienza a ver los defectos de la otra persona que al principio no notaba. Desafortunadamente, la persona con la que se encuentra no es como realmente suponía y viene el desencanto. Esto es algo que siempre puede pasar, ya que es imposible conocer el 100% de quienes nos rodean aunque convivamos con ellos durante largos años.
El concepto de nuestra media naranja, el príncipe azul o la dama de rosas, hace que endosemos a la otra persona la responsabilidad de nuestra satisfacción personal y plenitud emocional.
Nuestras creencias, las actitudes que adoptamos en relación con nosotros mismos y otras personas, las experiencias pasadas, nuestras expectativas sobre el momento actual y la manera en la cual experimentamos toda esta información, terminan convirtiéndose en grandes barreras para llegar a una sana y duradera relación. Todos tenemos virtudes y defectos y no hay un ser igual a otro. Es importante la flexibilidad. La otra persona puede complementar algunos aspectos pero no puede llenar un vacío existencial.
Una relación de pareja sólo es posible cuando ambos tienen la capacidad de danzar con sus afinidades y semejanzas, al mismo tiempo que reconocen y respetan sus diferencias.

Los valores
Este es otro de los aspectos fundamentales que van a permitir o impedir una sana relación de pareja que vale la pena considerar con cuidado.
Todos tenemos principios y valores que en más o menor medida son determinantes para el bienestar personal en función de la permanencia con la persona con la que se ha decidido compartir una vida.
La misma relación lleva implícita una serie de valores que deben ser compartidos y aportados por ambos. Es importante reflexionar sobre ¿cómo y cuáles son los valores que se establecen en mi relación de pareja?, ¿cuáles benefician la relación y cuáles no están y me gustaría tener o pedir? De la misma manera, ¿cómo estamos interpretando o entendiendo estos valores? Por ejemplo, cómo yo defino Respeto y cómo lo define mi pareja ¿estamos de acuerdo en esa definición? Una revisión, acuerdo en su definición y jerarquización de la importancia que damos a estos valores puede ser de mucha utilidad para la relación. Una lista de valores puede ser muy larga. Sin embargo, según las personas que conformen la pareja, siempre habrá los que se considerarán más importantes. Podemos citar algunos como el respeto, la libertad, el placer, la confianza, el compañerismo, la diversión, el compartir, la fidelidad, la unidad espiritual, el reconocimiento, el sexo, la tolerancia, etc.

El amor y la monotonía
Cuando nos referimos al amor en una relación de pareja, podemos y es necesario hacer una distinción entre una primera fase donde existe mucho romanticismo y mucha pasión y una segunda fase donde entran a jugar otros elementos y donde la razón juega un papel fundamental. La primera fase es relativamente muy corta, es la fase comúnmente llamada de “enamoramiento”. Ambos quieren estar juntos la mayor parte del tiempo, todo es disfrute, no hay defectos y sobre todo hay mucha pasión. Sin embargo, nos guste o no, esa intensidad del enamoramiento suele acabarse para dar paso a un amor más racional, que sí será la base para lograr una relación duradera, donde se da cabida a la razón, al esfuerzo y a la responsabilidad contraída cuando se ha tomado la decisión de llevar adelante un proyecto de vivir en pareja.
No es que el amor haya decaído, es simplemente una fase por la que se ha de pasar. El problema se presenta cuando en la siguiente etapa, que en definitiva será la más permanente, nos vamos descuidando y dejamos de avivar el fuego. Este amor necesita estimularse y “sazonarse”, caso contrario la relación se irá haciendo más tediosa. Requiere de creatividad para revivir y mantener emoción, deseo y atracción. Si bien es cierto que el enamoramiento por definición dura poco, a toda relación se le puede inyectar ciertas dosis para “reenamorarnos” con cierta frecuencia a lo largo de la relación. Un alto en el día a día para salir a cenar o compartir cualquier actividad que solía ser frecuente y agradable, unas “escapadas” sin los hijos, juegos sexuales, sorpresas. Sólo hay que poner a jugar la creatividad. A propósito de avivar y mantener al amor quiero compartir un cuento que una vez recibí por e-mail, cuyo autor desconozco, titulado “Muere El Amor” y narra así:

......Hubo una vez en la historia del mundo un día terrible en el que el odio que es el rey de los malos sentimientos, los defectos y las malas virtudes convocó a una reunión urgente con todos ellos. Todos los sentimientos negros del mundo y los deseos mas perversos del corazón humano llegaron a esta reunión con curiosidad de saber cuál era el propósito.
Cuando estuvieron todos habló el Odio y dijo: “Los he reunido aquí a todos porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien”.
Los asistentes no se extrañaron mucho pues era el Odio que estaba hablando y él siempre quiere matar a alguien, sin embargo todos se preguntaban entre sí quién sería tan difícil de matar para que el Odio los necesitara a todos.
“Quiero que maten al Amor”, dijo. Muchos sonrieron malévolamente pues mas de uno le tenia ganas. El primer voluntario fue el Mal Carácter, quien dijo: “Yo iré, y les aseguro que en un año el Amor habrá muerto, provocaré tal discordia y rabia que no lo soportará”.
Al cabo de un año se reunieron otra vez y al escuchar el reporte del Mal Carácter quedaron tan decepcionados. “Lo siento, lo intenté todo pero cada vez que yo sembraba una discordia, el Amor la superaba y salía adelante”. Fue entonces cuando muy diligente se ofreció la Ambición que haciendo alarde de su poder dijo: “En vista de que El Mal Carácter fracasó, iré yo. Desviaré la atención del Amor hacia el deseo por la riqueza y por el poder. Eso nunca lo ignorará”. Y empezó la ambición el ataque hacia su víctima quien efectivamente cayó herida pero después de luchar por salir adelante renunció a todo deseo desbordado de poder y triunfó de nuevo.
Furioso el Odio, por el fracaso de la Ambición envío a los Celos, quienes burlones y perversos inventaban toda clase de artimañas y situaciones para despistar al amor y lastimarlo con dudas y sospechas infundadas. Pero el Amor confundido lloró, y pensó, que no quería morir y con valentía y fortaleza se impuso sobre ellos y los venció.
Año tras año, el Odio siguió en su lucha enviando a sus mas hirientes compañeros, envió a la Frialdad, al Egoísmo, la Cantaleta, la Indiferencia, la Pobreza, la Enfermedad y a muchos otros que fracasaron siempre porque cuando el Amor se sentía desfallecer tomaba de nuevo fuerza y todo lo superaba.
El Odio convencido de que el Amor era invencible les dijo a los demás: “Nada que hacer. El Amor ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo logramos”.
De pronto de un rincón del salón se levantó un sentimiento poco conocido y que vestía todo de negro y con un sombrero gigante que caía sobre su rostro y no lo dejaba ver, su aspecto era fúnebre como el de la muerte. “Yo mataré al Amor”, dijo con seguridad. Todos se preguntaron quien era ese que pretendía hacer solo, lo que ninguno había podido.
El Odio dijo, “ve y hazlo”.
Tan solo había pasado algún tiempo cuando el Odio volvió a llamar a todos los malos sentimientos para comunicarles que después de mucho esperar por fin EL AMOR HABIA MUERTO.
Todos estaban felices pero sorprendidos. Entonces el sentimiento del sombrero negro habló: “Ahí les entrego el Amor totalmente muerto y destrozado” y sin decir más se marchó. ”Espera” dijo el Odio, “en tan poco tiempo lo eliminaste por completo, lo desesperaste y no hizo el menor esfuerzo para vivir. Quién eres??” El sentimiento levantó por primera vez su horrible rostro y dijo: “SOY LA RUTINA”


Salvo intereses muy ajenos al deseo verdadero de conformar una familia y vivir una vida compartida con la persona que amamos, la promesa de “hasta que la muerte nos separe” es auténticamente un deseo. De manera que bien vale la pena la participación de ambos para que ese deseo sea una feliz realidad.

Gerardo J. Velásquez D.