EL MIEDO, UNA EMOCIÓN CONTROVERSIAL


Cuando se habla de emociones, se suelen dar calificativos de “emociones positivas” y “emociones negativas”, dando carácter positivo entre otras al amor, la alegría y negativas a la tristeza, la rabia, el miedo, etc. Sin embargo, vale la pena preguntarse hasta qué punto la emoción se merece el calificativo. ¿Será positivo el amor cuando se sufre por él?, ¿Será negativo el miedo cuando ayuda a evitar un problema?, ¿Es positivo o negativo sentir tristeza ante una pérdida importante?. Definitivamente, no es en la emoción propiamente dicha donde se encuentra lo positivo o negativo de experimentarla, sino en la forma en que ésta afecta a la persona.

En esta oportunidad quiero hacer referencia al miedo, una de las emociones que comúnmente está asociada a aspectos negativos y contraproducentes para las personas. Y antes de seguir, aquí es necesario hacer una distinción, no es lo mismo sentir miedo que vivir asustado. El miedo como tal es sencillamente una emoción que se produce ante la presencia de un estímulo, sea éste externo, por ejemplo ante la presencia de un perro rabioso, o interno, ante un pensamiento de preocupación por un evento específico. En otras palabras es una reacción normal cuando estamos ante una situación real o imaginaria que nos resulta amenazante (un accidente, un examen, una entrevista de selección, la espera de un diagnóstico médico, etc.). Se suele sentir una sensación de opresión en el pecho, mariposeos en el estómago, sudoración, aumento en las palpitaciones u otros síntomas físicos que desaparecen cuando desaparece también la causa que los ha provocado.
Por otra parte, vivir asustado o con temores, suele ser un estado emocional que acompaña a la persona sin que necesariamente exista una causa lógica que esté causando el mismo. Ejemplo, miedo a tener una pareja, a iniciar un proyecto, a cambiar de trabajo, a mudarse, al futuro, o los típicos miedos fóbicos a las alturas, los aviones, hablar en público, etc.

NO TENGA MIEDO DE TENER MIEDO
Tratándose de una emoción, es imposible siquiera pensar que podamos evitar tener miedo. Todos hemos sentido y seguiremos experimentando sentimientos de miedo a lo largo de nuestra vida, independientemente de los motivos que han originado dicho miedo. De manera que no se trata de evitar tener miedo, sino de, por una parte evaluar hasta donde hay razones reales para tenerlo, o si es más producto de nuestra creación, y por otra parte, el cómo estamos actuando ante los miedos que se nos presentan.

Cuando el miedo se presenta, nos avisa de un potencial peligro, e invita a la acción, a la preparación y uso de la energía para protegernos o proteger aquello que apreciamos. Siendo así un excelente impulsor de acciones positivas y por ende un buen motivador.

Viendo las cosas desde esta perspectiva, lo ideal no es tratar de evitar el miedo, sino saber canalizar la energía que éste proporciona y encausarla hacia la acción, en lugar de dispersarla o perderla. Perdemos esa energía cuando negamos el miedo o cuando tratamos de esconderlo o lo derivamos hacia respuestas no productivas. La idea es hacernos dueños de nuestros miedos, reconocerlos, sacarlos hacia afuera, mirarlos cara a cara, apreciar su fuerza, su utilidad, la energía potencial que acumulan y convertirlos en nuestros aliados.

ES QUE NO SE A QUÉ LE TENGO MIEDO, SÓLO SE QUE LO SIENTO…
Una situación que en ocasiones se presenta, es que muchas personas alegan sentir miedo, pero ni siquiera se detienen a evaluar a qué específicamente le tienen miedo, pueden identificar las situaciones que le disparan sus miedos, como salir sólo, usar el Metro, hablar en público, etc. Y se limitan sólo a evitarlas. El problema es que si no hay precisión de lo que se quiere evitar, será muy difícil encontrar alternativas de solución.
Una manera de precisar es preguntándonos, ¿qué pasaría si…? Tantas veces como sea necesario, y tantas respuestas como fueran necesarias, como una conversación consigo mismo, como esta por ejemplo, si la situación fuera miedo a salir solo:
.- ¿qué podría pasarme?
.- que me de un ataque de pánico
.- Y ¿qué puede pasar si me da un ataque de pánico?
.- que me desmaye
.- Y si me desmayo, ¿qué puede pasar?
.- que nadie me ayude o me roben
.- y ¿qué tan probable sería, que me de un ataque de pánico, que además me desmaye y en lugar que alguien me ayude me dejen tirado en la calle o me roben?
Al final, no solo se busca precisar el miedo, sino destacar, eso que tanto se teme luce bastante improbable de que pase.
DE LA EMOCIÓN A LA ENFERMEDAD
Como he expresado, entonces tener miedo puede resultar muy útil cuando nos ayuda a canalizar, actuar o evitar situaciones que pueden ser potencialmente peligrosas. Pero, ¿Qué sucede cuando los miedos son creencias o ilusiones que vivimos como si fueran ciertas? ¿Qué sucede cuando, aún existiendo motivos reales nos sentimos paralizados, incapaces de verificar los hechos y de actuar hacia nuestros propósitos?. Cuando los temores se escapan de nuestro control se pueden convertir en una auténtica enfermedad que acaba por restringir y coartar la vida del afectado.

Antes de caer en una patología negativa como consecuencia del miedo, es necesario empezar por aceptarlo y examinarlo para determinar su origen y si está o no infundado. Puede que se trate de miedos que se remontan a la niñez, tal vez como consecuencia de falsas creencias implantadas por nuestros padres en su afán protector, o a un aprendizaje que nos llevó a tener miedo de las cosas nuevas, de lo desconocido o de todo aquello para lo que no teníamos explicación. Aprendizajes que están muy bien almacenados en nuestro inconsciente y que aún siendo ahora adultos funcionan bajo el mismo esquema de cuando fuimos niños.
Cuando la persona no es capaz de discernir entre las situaciones que realmente son amenazantes y las que está creando ella misma, lo que sucede es que la realidad se convierte en un caos y así toda su vida se vuelve insegura.

A veces, sencillamente utilizamos nuestros miedos para justificar nuestra imposibilidad de llevar a cabo ciertas cosas. Elegimos tener miedo con tal de no salir de nuestra zona de comodidad. Y odiamos admitirlo porque creemos que tener miedo está mal.

COMO ABORDARLO EN LUGAR DE EVITARLO
Entendiendo que como toda emoción, el miedo es algo que no se planifica o que se puede hacer a un lado sólo con la razón y la intención. Lo recomendable es reflexionar acerca del mismo y canalizar lo mejor posible las acciones respectivas.
Una manera que puede ayudarnos es siguiendo los postulados que plantea Susan Jeffers, autora del libro “Aunque Tenga Miedo, Siga Adelante”, que se expresan como sigue:
- El miedo nunca desaparecerá mientras, siga creciendo.
- La única manera de liberarse del miedo a hacer algo es hacerlo.
- La única manera de sentirme mejor es... enfrentarlo.
- No soy el único que siente miedo en un terreno poco familiar, les pasa igual a todos los demás.
- Vencer el miedo asusta menos que convivir con un miedo subyacente que proviene de la impotencia.
- Entender y encarar al miedo bajo estos postulados debe conducir, en lugar a un caos o una parálisis emocional, a una postura de autocrecimiento y aprendizaje.

Igualmente, Susan Jeffers, en el citado libro ofrece algunas sugerencias, que pueden ser útiles ante situaciones que generan temor, y que me permito traer en esta oportunidad:
ESTABLEZCA SUS PRIORIDADES
Deténgase a pensar en lo que quiere conseguir en la vida. Para la mayoría de nosotros esto es muy difícil de descubrir, ya que nos han adiestrado a edad temprana para hacer lo que otros quieren que hagamos. No tenemos contacto con lo que realmente nos brinda satisfacción. Es importante recordar que los objetivos cambian sin cesar a medida que se avanza por la vida y que uno debe seguir revaluándolos constantemente. En cualquier caso, mediante la confusión se llegará finalmente a la claridad.
CONFÍE EN SUS IMPULSOS
Muy a menudo su inconsciente manda mensajes bien fundados sobre la elección preferible en determinado momento. Cuando empiece a prestarle atención a sus impulsos, le sorprenderá comprobar qué bueno es el consejo que se está dando a sí mismo.
NO SE OBSTINE... ¡CORRÍJALO!
Es muy importante confiar en cualquier decisión que uno tome y entregarse a ella. Pero si no resulta... ¡Cámbiela! Muchos estamos tan consagrados a tomar la decisión “correcta” que, aunque descubramos que no nos gusta el camino que hemos elegido, nos atenemos a él a toda costa. Lo que realmente es una locura. Tiene un valor enorme aprender que si a uno “no” le gusta algo, se trata, simplemente, de que hay que cambiar de camino.
Cuando se decida a variar el rumbo, será criticado a menudo por los que le rodean. Mucha gente se queda atascada en situaciones poco satisfactorias porque han puesto demasiado en ello y sienten que sería una pena desperdiciarlo.
En la vida, el secreto no está en preocuparse por haber tomado una decisión errónea: ¡Es aprender cuándo hay que corregirla!

Cuando canalizamos el miedo mediante acciones concretas, siempre existirá una mayor probabilidad de reducir los daños que pueden ocurrir. Si evitamos cualquier situación de riesgo también evitamos la posibilidad de crecer. Para que una vida sea más plena es necesario tener un poco de valor, asumir un poco más de riesgo en nuestras decisiones y aprender cada día tanto de nuestros aciertos como de nuestros errores.
Gerardo J. Velásquez D.
Psicólogo
gvelasquez99@cantv.net